jueves, 23 de septiembre de 2021

Círculo rojo


Una sorprendente capacidad para trascender las historias del hampa, elevándolas a algo casi metafísico, y una tendencia a transformar a sus protagonistas en socias de sí mismo. Yo señalaría estas dos características como de las más singulares del cine de Jean-Pierre Melville, y “Círculo rojo” (1970), la película que pudo verse anoche en la Filmoteca puede servir muy bien como ejemplo de ello.
Quizás fuera en “Le samurai” (“El silencio de un hombre”, 1967) donde se alcanzaba ese estadio metafísico de forma más palpable, con ese Alain Delon que solo se sentía bien en su claustrofóbico apartamento, en el mundo subterráneo o nocturno de la ciudad o circulando en su Tiburón negro. Pero en ésta su siguiente película Melville también hizo que, por el final, esos hombres confabulados para perpetuar un espectacular robo dieran la impresión de que primara en ellos la perfección del proceso antes que disfrutar del fruto de sus esfuerzos.
Por otro lado, en “Círculo rojo”, al tratarse de un film más coral, se reparte entre los diferentes protagonistas las características que en “Le samurai” estaban concentrados en el personaje de Delon. Unas características, huelga decirlo, que tienen como modelo al mismo Melville. Por ahí aparecen sus gabardinas, sus gafas de sol, hasta el gusto por los coches de estilo americano…
Por lo demás, es divertido ver cómo en el film los personajes se entienden con unos pocos gestos, prácticamente sin necesidad de hablarse entre sí. Produce un gusto grande ver reunidos para encarnarlos a Alain Delon, Gian María Volonté, Bourvil (aquí, supongo que para denotar que hace un papel serio, André Bourvil) e Yves Montand (que aparece en una escena muy alejada de aquellas a las que solía responder, nada menos que en pleno Delirium Tremens, para luego ya volver a mostrarse de punta en blanco, como nos tiene acostumbrado).


 

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