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domingo, 12 de julio de 2026

Merlusse

Lo dicho…


Anoche quedé encantado de haber podido ver “Merlusse” (1935; en Arte). ¿Estaba “The holdovers” (“Los que se quedan”, Alexandre Payne, 2023) inspirada en esta obra de Marcel Pagnol? Porque el rema de ambas es el mismo: unos profesores -y entre ellos un cascarrabias- deben quedarse durante unas vacaciones para atender a los niños no reclamados por sus familias. Una historia sobre las posturas de la educación dura y la educación blanda, sobre críos que se buscan cada uno la vida que pueden, y que acaba como un cuento de Navidad.
Unas imágenes con aire documental del Lycée, muy alejadas del aspecto habitual de Pagnol, dan paso a un interior, una sala donde los padres esperan a sus hijos, que van acudiendo, avisados, para llevárselos, pero la cámara pasa al corredor, donde el bedel y chico para todo está barriendo y entona con convicción artística una canción.
Y es que lo mejor de la película, además de su perfecto ambiente, en la línea de “Zéro de conducirte”, está en lo bien dibujados e interpretados que están todos sus personajes, como éste.
Además de éste, entre los chicos de variadas edades aparece un supuesto hijo del rey de un país de por la indochina, que dice cosas bajo la idea de una jocosa mirada imperialista que hoy sería políticamente tan incorrectas que me temo nos lo perderíamos, o también el mismo subdirector y su carácter de lo uno y lo contrario, que elevan la comedia muchos enteros.
Pero, para mí, además de la confirmación de por qué Pagnol se hizo tan popular y sus obras constituían invariablemente grandes éxitos, la película supone el descubrimiento de una especie de Míchel Simon pequeño, en el papel del más veterano de los alumnos. Sus frases, sus gestos…alcanzan la genialidad.



El de la izquierda, con sus aires de connaisseur, es el que digo: tronchante.

Cada uno con su carácter muy bien marcado.


 

domingo, 15 de febrero de 2026

César


Me faltaba por ver “César” (1936), la última película de la trilogía de Marcel Pagnol basada en sus famosas obras teatrales marsellesas. En tiempos no eran fáciles de ver y pescabas la que se ponía a tiro, en el orden que fuera. Y cuando, hace poco, Filmin felizmente colgó las tres, iba atrasando el momento al ver su duración. Todas alcanzan o pasan de dos horas, pero ésta, con sus 168 minutos, es la más larga. Eso sí: como las anteriores se pasa en un santiamén.
Sabiendo ya el argumento básico de todas ellas, en el fondo bien sencillo, he podido concentrarme en las actuaciones de sus actores, principales y secundarios (en general bastante histriónicos, pero no por ello menos divertidos).
Firmada como director por el mismo Pagnol, que debió ver que ya no era necesario parapetarse tras el nombre de Korda o Allegret, diría que es la que presenta un mayor minutaje de exteriores, pero conservando los diálogos que hicieron inmensamente populares las obras teatrales de partida.



 

martes, 25 de junio de 2024

Marius


Por fin he podido ver, grabado de TV5Monde, “Marius” (1931), la primera película de la trilogía de Marcel Pagnol.
En la estantería de libros de cine tenía durante muchos años (hasta que quedó irreconocible, quemados sus vivos colores por la luz) una postal que reproducía el cartel de esta película, aunque nunca la había visto. Representaba, en plan caricatura, la partida de cartas del fotograma, segunda imagen de las que ahora cuelgo.
Si “Fanny” (1932), la segunda de la trilogía, la dirigió Marc Allegret y la tercera, César (1936), el mismo Marcel Pagnol, esta primera lleva, sorprendentemente, la firma de Alexander Korda, aunque poco tenga que ver con su universo, de no ser la intuición de esas aventuras a las que se puede enfrentar aquel que va a la otra punta del mundo en un barco.
Es igual: las tres parten del mundo marsellés, del Vieux Port, ideado por Pagnol, que escribió inicialmente las correspondientes obras teatrales, de tanto éxito en Francia como las películas en todo el mundo.
Son las pequeñas historias del propietario del bar, encarnado por Raimu, de sus amigos, de Honorine y su bonito y emplumado sombrero,… en sus diálogos pero más bien monólogos teatrales, llenos de apoyos y subrayados.
Historias divertidas y finalmente melodramáticas, de carpintería teatral, que se desarrollan pues en el Bar de la Marine, frente al puerto y junto al puesto de “coquillage”, historias de indecisos amores de Marius, el hijo de César, entre Fanny y su ansia de recorrer mundo en uno de los barcos que surcan los océanos partiendo de allí..





 

jueves, 21 de enero de 2021

Les trésors de Marcel Pagnol



Otro de los programas por los que hurgo en la programación de TV5Monde a ver si encuentro algo que grabar y llevarme luego al gaznate.
En esta ocasión se trata de “Les trésors de Marcel Pagnol” (Fabien Béziat,2019), en la que la voz en off de Fabrice Luchini va engranando cosas de archivo y otras rodadas en la actualidad para recorrer toda la biografía de Pagnol.
Toda una filmografía, por cierto, que, salvo “La vieja molinera”, es para mí como una enorme mina por explorar. Lo digo para dar ideas de retrospectivas a la Filmoteca, ahora que con este documental ya tengo bastante buen situado a personaje y obra.



 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

La bella molinera


Hoy, sobre las 14h, el espectáculo -que no calificaré aquí-, estaba en el Parlament, y lo retransmitía la televisión. Poco después se aplazaba hasta más tarde, pero al volver a conectar, el espectáculo había cambiado por completo, para pasar a ser una representación muy formal y ordenada: Se levantaba una chica, leía un papelito informando de que la crisis había afectado a la enseñanza, pero que se habían hecho buenas cosas, y preguntaba que qué tal se esperaba el curso. Le daban la palabra a la Consellera d'Ensenyament, que volvía a decir más o menos lo mismo y acababa con que se esperaba un curso glorioso, que era lo que se necesitaba. Luego otra chica a la que le daban el turno nos decía a todos que ICAT, la emisora cultural de radio catalana, se había apagado por las ondas debido a las restricciones de gastos, pero que había resistido varios años subterráneamente, en internet y en una aplicación para móviles y ahora iba a volver de nuevo a las ondas. De hecho, no sé muy bien que le preguntaba al Conseller de Cultura que a su vez, cuando le daban el turno, venía a decir lo mismo, y que iría muy bien para la Cultura y todo eso.
Así las cosas, he apagado el televisor, y he ido a la Filmoteca, para ver "La bella molinera" (1949), aunque no es, ni de lejos, una de las más reconocidas películas de Marcel Pagnol, que son -creo- las anteriores a la guerra.
Al principio me he ilusionado, porque daba toda la impresión de que nos iban a ofrecer una especie de "Si Versailles m'était conté" (Sacha Guitry, 1954), cambiando el repaso histórico acerca de los reyes que habitaron el palacio por las trifulcas entre los músicos e intelectuales alemanes de la época de Schubert, de quien aparece un retrato que se convierte en un actor de carne y hueso nada más empezar la película, entristecido y dudoso de su futuro al leer una carta de Goethe en la que éste le dice que su obra le ha parecido compuesta por un niño.
Pero resulta que Schubert se va entonces en busca de arroyos y molinos como fuente de inspiración para su música y eso da ocasión a una serie de planos campestres de lucimiento del nuevo sistema de fotografía en color Rouxcolor -auténticamente francés- que se dice empleado por primera vez en este film. Aparece la típica escena en que ve a la hija del molinero (interpretada por la joven nueva mujer de Pagnol) bañándose en el río, y se queda ahí para cortejarla. Hete aquí que los planos generales y nocturnos demuestran que el Rouxcolor se ha deteriorado con el tiempo, pese a la restauración efectuada, provocando una cierta distorsión de la imagen. Y hete aquí también que la película se convierte entonces en una comedia musical romántica -un género que nunca me ha atraído- en la que el bueno de Schubert no hace más que componer y cantar cancionillas, pese al giro hacia fábula moral del final.
A la salida la gente, que ha ido mayormente por Schubert en vez de por Pagnol como yo, se ha lamentado de que las canciones fueran en francés y no en alemán -la verdad es que quedaba un poco raro- y de que no fuera la grabación del Deutsche Gramophon de "La bella molinera" de no sé qué músicos de postín, dirigidos por no sé qué virtuoso. Y aquí enlazamos con el principio en el Parlament. Que posiblemente se esperase una grabación irreprochable, y surge en cambio otra cosa que, a su lado, ha perdido todo tipo de nobleza.