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viernes, 15 de mayo de 2026

El último suspiro


Anoche preferí contemplar “El último suspiro” (Costa Gavras, 2024; en Movistar), que llevaba mucho tiempo grabada en espera de verse, con riesgo de desaparecer, que una película nueva.
Ya solo empezándola, constato que Costa Gavras la afronta con la decisión con la que hacía, por ejemplo, una película sobre la indiferencia de la Iglesia Católica sobre los crímenes nazis.
Una música que utiliza los inolvidables ritmo y sonoridad de un aparato de resonancia magnética me mantiene el interés ante un tema árido…con riesgo de ser afrontado de forma radicalmente edulcorada: la atención médica durante el inexorable final de la vida.
Costa Gavras tiene ahora 93 años. Por mucho que siga en plena forma, desarrollando muchísimo trabajo, entre otros menesteres como presidente de la Cinemateca Francesa, se debió sentir llamado por más de una razón a adaptar el libro de conversaciones de Régis Debray con el doctor Claude Grange, en el que ambos hablaron largo y tendido sobre muchos casos de cuidados paliativos.
Se le nota quizás demasiado sus ganas de entender los comportamientos de la gente joven, y ciertas frases se lanzan con afán de sorprender y hasta escandalizar a los espectadores, pero al menos a mí me convencieron y me hicieron poner de parte de la película cosas como el personaje de Léonie, interpretado por Françoise Lebrun, o la literal instantánea desaparición del interpretado por Charlotte Rampling.
Y, pese a la comprensible tendencia a ofrecer casos de cuidados paliativos que hasta levanten un poco el ánimo, ahí está también la aterrada mirada de Denis Podaydes al saber de una sospechosa mancha revelada por la prueba médica


Charlotte Rampling.

La gran Françoise Lebrun.


 

martes, 18 de julio de 2017

Costa-Gavras en la Filmoteca


Dirías que la segunda quincena del mes de julio es mala época para convocar una entrevista con un director de cine, porque la gente no acudiría, al estar para otras cosas. También dirías que en una sesión con un tiempo máximo de una hora y media, compuesta por una entrevista y un pequeño coloquio posterior con un director de cine que acaba de recibir un premio institucional, poca sustancia va a poder salir a flote. Pero resulta que hoy, con Costa-Gavras, la sala Laya de la Filmoteca estaba llena, y el panel de la taquilla señalaba que se habían agotado las entradas. Y también resulta que no ha estado nada mal lo que primero Esteve Riambau en su conversación con él, y luego algún que otro espectador, han podido llegar a hacer rememorar y precisar a Costa-Gavras, actual presidente de la Cinemateca Francesa y un realizador -activo- que consta por méritos propios en todas las historias del cine.
Esteve Riambau ha canalizado muy bien la sesión, iniciando las preguntas sobre el "cine político" con el que todo el mundo lo relaciona. "Todas las películas son políticas", ha sido lo primero que ha contestado Costa-Gavras, quien ha recordado el bautizo del término de "Docudrama" por parte de un juez que, absolviendo así a "Missing" de las acusaciones que le lanzaron, sentó jurisprudencia. Ha defendido el cine que hace como "aquel que le gustaría ver como espectador", para aclarar que "No voy al cine a ver un discurso político, sino un espectáculo que crea sentimientos".
No he aplaudido a Riambau, pero se lo merecía, cuando ha hecho ver el buen ojo del director al escoger a Jack Lemon, vestido precisamente del Jack Lemon de "El apartamento", como protagonista de "Missing". Gavras ha explicado que sólo ese pequeño burgués, metido en el mundo del business, con ideas políticas bastante de derechas, era quien realmente podría resultar creíble a los espectadores como un tipo inicialmente crédulo ante las aseveraciones de los militares, ante "el orden".
Ha habido luego preguntas y respuestas sobre Semprún, sobre sus trabajos con grandes realizadores franceses como ayudante de dirección, sobre Francia, sobre sus trabajos en Estados Unidos, y hasta sobre la próxima aparición de sus memorias.
A/ Sobre Semprún: Se aislaba con él en una casa en medio del campo, y en seis semanas tenían un guión construido. A la pregunta de Daniela Aparicio sobre cómo había dejado escapar una película sobre la dictadura franquista teniendo como posible guionista a Semprún, nos ha informado de que querían haber hecho una película sobre ETA, centrada en el caso Yoyes, pero que en ese momento Semprún era ministro de Cultura, haciendo imposible la jugada. Y que sí iban a trabajar más recientemente en otro guión, pero un aplazamiento por una operación en la espalda del escritor se convirtió en definitivo, al descubrírsele en la operación un tumor maligno, que acabó con él.
B/ Sobre Francia: Ha mostrado su agradecimiento al país que, procediendo él de Grecia, lo acogió, le dio estudios y trabajo ("lo que debería ser siempre así"). Tras sus estudios en la escuela de cine le posibilitaron hacer de ayudante de dirección de René Clair, de René Clement, y de Jacques Demy, toda una práctica impagable. Francia ha vuelto a salir después en la conversación, cuando ha explicado diferentes detalles de la protección al cine en su país de adopción.
C/ Trabajos en Estados Unidos. Ha hablado del conocimiento de la "América profunda" que le ofrecieron los rodajes de sus películas en el país. Aún abre mucho los ojos cuando explica alucinado las argumentaciones y propuestas de los "buenos (e ignorantes de todo lo que no sea local) ciudadanos" que dan soporte al Ku klux Klan, cuando no son miembros del mismo.
D/ Sus memorias. No sé si lo he entendido bien: Esteve Riambau, que hizo hace unos años una biografía sobre él, le ha ayudado a sacar adelante unas memorias que no se centrarán tanto en su biografía como en ciertos aspectos que le ha dado a conocer la elaboración de sus films. (Todo mal: Ver el comentario de Esteve Riambau más abajo, que lo aclara todo muy bien).
Para los que recuerden su película "La caja de música", una última, de esas que entran hasta el fondo, anécdota: Había hecho "El sendero de la traición" en Estados Unidos con el americano de origen húngaro Joe Eszterhas de guionista, que fue también quien escribió el guión de su posterior "La caja de música". Como se recordará, en esta última película Jesica Lange defiende judicialmente a su padre de las acusaciones de criminal de guerra nazi que pesan sobre él... hasta que un hecho fortuito le revela dolorosamente que esa fue realmente su condición. Pues bien. Bastante después del estreno del film, compró y leyó el libro de memorias que Eszterhas acababa de publicar. Leyéndolo Costa-Gavras descubrió, porque así el autor de las memorias lo confesaba, que su padre fue también un criminal de guerra nazi húngaro.

jueves, 3 de diciembre de 2015

El poder sense límits


La instalación para audiovisuales del Istituto Italiano di Cultura se estrenaba esta tarde. La proyección de los quince minutos de "El poder sense límits", el cortometraje ideado por Luis Carceller, con guión de Josep Torrell y montaje de Oriol Sánchez, elaborado -según palabras de este último- mediante la apropiación de escenas de cinco películas sabiamente confrontadas, ha sido, entonces, técnicamente perfecta. Eso, junto a la música de Luigi Nono reproducida a fuerte volumen, y a las puertas y ventanas de la sala cerradas a cal y canto, ha hecho que los asistentes al último acto del Projecte Pasolini Barcelona para este año no tuvieran escapatoria alguna: Han debido ver y sentir el abusivo sometimiento del cuerpo de Artur London y de los de los jovencitos de la República de Salò a su captura, retención, y tortura por un poder ante el que no cabe ninguna posibilidad de escape.
Sin apenas dar tiempo a los espectadores para recuperarse del palo infringido, Luis Carceller ha explicado cómo se le ocurrió confrontar dos películas tan antitéticas como "Salò" y "La confesión", y desvelado que llegó a conocer y entablar una cierta amistad con Lise Ricol, la viuda de Artur London, ex-viceprimer de Asuntos Exteriores checo y a la sazón protagonista histórico de la película de Costa Gavras, en la que le encarnaba Yves Montand. Lise London, ferviente comunista desde su nacimiento, era hija de aragoneses, como el propio Luis, con el que tuvo un emotivo encuentro en su casa rural familiar.
Ha seguido Luis definiendo el proceso a London y otros dirigentes comunistas caídos en desgracia como una auténtica obra de arte teatral, como las que entusiasmaban a Joseph Stalin. Y recordando cómo Xavier Albertí le confirmó los mimbres teatrales del difícilmente soportable "Salò" de Pasolini.
Josep Torrell ha entrado en más detalles sobre la gestación de la pieza vista, pero ha aprovechado también para, dando un giro a su ponencia, acabar ofreciendo una hermosa proclama política, no rehuyendo aspectos de las situaciones que sufrimos en la actualidad diariamente. Sólo mediante nuevas formas de política que empoderen a la gente, ha concluido, habría posibilidad de victoria en este combate tan desigual.
Al acabar, Mumma ha recordado que hoy, a la salida, quien quisiera podría comprar hasta la una de la madrugada, porque era la "Shopping Night Barcelona". He emprendido el camino hacia casa con un amigo, quien me ha comentado que, para completar el grupo de películas que no puede soportar física y mentalmente, sólo se habría de añadir a las vistas las escenas de los mataderos de "La sang des bêtes", el cortometraje de Georges Franju. He visto entonces que, efectivamente, el Paseo de Gracia, la Rambla de Catalunya y las calles adyacentes estaban anormalmente repletas de gente, entrando en tiendas con reclamos dorados o plateados que hacían juego con las luces navideñas, o siguiendo la invitación de azafatas que ofrecían una copa de cava. He recordado entonces, y viene muy a juego con la reflexión a que invitaba la sesión, que quizás lo que me alteraba más del cortometraje de Franju era que, entre método y método -a cada cual más bestia- de eliminación de la vida de los diferentes animales en el matadero de La Villette, aparecían unas casi idílicas imágenes nocturnas del Sena, fluyendo bajo los puentes. Está bien chunga, la batallita de marras.