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domingo, 28 de junio de 2026

La copa del mundo en Recife




Para que no se diga que no estoy yo con la rabiosa actualidad, he aquí un enlace sobre la Copa del Mundo de Fútbol… de 2014.
Nada menos que Kleber Mendonça Filho rodó el cortometraje “La copa del mundo en Recife”, que puede verse en el enlace de abajo hasta el viernes, por gentileza de Le Cinéma Club.
Sobre todo su primera parte me ha parecido un documental de gran agudeza (y montaje consecuente), del orden o hasta superando a su “Retratos fantasmas”, por momentos muy cercana a “Sonidos de barrio”.




 

domingo, 22 de febrero de 2026

El agente secreto



Ayer, en una sala repleta del cine Balmes, el gozo de haber seguido (otros querían que acabase más rápido) “El agente secreto” (Kebler Mendonça Filho, 2025).
En una primera imagen, descontextualizada del resto, vemos caer una pelota a un patio vecinal, rodeado de rejas. He dado un saltito en la butaca, recordando ese plano en sus anteriores “Sonidos de barrio” (2012) o “Retratos fantasma” (2023), ya dejando pues claro que lo que iba a ver tocaba muy de cerca a su director. Más adelante, cuando el protagonista, tras moverse por su pórtico -donde se anuncia “Tiburón”-asciende a la cabina de proyección del cine Sao Luiz de Recife, te asombras de que el proyeccionista se parezca mucho al de su anterior film documental, el último real proyeccionista del cine de su infancia. Y, para rizar el rizo, antes de esas magníficas y añoradas fotos que ayudaban a identificar a los actores de la función ya acabada, la anécdota final sobre otro cine de Recife, en este caso el Boa Vista.
Pero “El agente secreto” no va únicamente de la añoranza del director por esos cines que tanto frecuentó hoy perdidos. Va mucho más, desde luego, del retrato del gran país -Brasil- durante la dictadura que, además de los destrozos físicos y espirituales que ocasionó, puso el punto de partida al proceso de hundimiento moral en pos de pingües beneficios económicos obtenidos a base de pocos escrúpulos. Y, en eso, la figura de ese bochornoso ingeniero que va en expedición punitiva a Pernanbuco es muy, pero que muy, significativa.
Pero vayamos al prólogo de la película. Las fotos de otra época con esa samba contemporánea dan paso a una imagen estéticamente muy atractiva, que liga con los colores del año que aparece rotulado en la pantalla, 1977: un Volkswagen “escarabajo” amarillo avanza por una carretera rodeada de plantaciones de maíz, hasta dar con una perdida estación de servicio. Allí, el cuerpo de un ladrón agujereado a balazos espera, dando signos de una putrefacción que luego veremos que se extienden a diversas instancias del país, que la policía llegue para investigar lo que sucedió y hacerse cargo del cadáver. Más adelante, entrando ya de lleno en el meollo de la historia, otro amarillo nos llama la atención y nos conduce a otro entorno. Es el uniforme de un empleado de Correos que lleva un telegrama.
Tres capítulos (La pesadilla del niño, Instituto de Identificación y Transferencia de sangre) nos van adentrando en una trama múltiple que va dejando a las claras las arenas movedizas en el que se asentaba el país bajo el dictado del que Kleber Mendonça Filho recalca su imagen, encuadrada y presidiendo las paredes de toda una serie de organismos oficiales.
Por algún momento he sentido esa sensación tan excitante de estar ante una buena película, que sabe ir llevándote. Y, en otro momento posterior, después de la reunión universitaria protagonizada por ese ingeniero visitante (uno de esos iniciales depredadores), un pequeño flashback muestra una tempestuosa cena de compromiso y el discurso de la pequeña pero decidida Fátima, que me ha emocionado en lo más profundo -como hará en la ficción, cuando se lo expliquen, con su padre-, me ha hecho lamentar el que ya no exista La Charca Literaria y que, por tanto, ya no pueda escribir ahí uno de los articulitos de “Casi lloré de emoción al ver esta escena en el cine”.
Y una última consideración: con su película, Kleber Mendonça Filho, en cualquier caso, lo que queda fuera de toda discusión es que ha logrado hacer volver a la vida a ese cosmopolita Recife de los años 70, con sus cines, sus soportales llenos de gente, sus comercios rebosantes de género. Parece que lo llevaba dentro y se lo debía.






 

viernes, 13 de septiembre de 2024

Francesc Muñoz presenta "Retratos fantasma"

Francesc Muñoz, griposo, quien luego se quejó de que un incremento de intensidad del aire acondicionado le había dado la puntilla (cuando en realidad yo creo que tomó por él el ambiente más bien fresquillo que había tomado, pese a la fecha, el exterior), haciendo una breve introducción al debate.


Pese a estar saliendo de una gripe… que aún no le ha desaparecido del todo, como otras veces que he ido a oírlo donde intervenía para hablar de los procesos de evolución de las ciudades, Francesc Muñoz volvió a convencerme ayer en la sesión de Cine y Geografía de la Filmoteca, organizada por la Societat Catalana de Geografía, en la que se proyectó “Retratos Fantasmas” (Kleber Mendonça Filho, 2023).
Un espectador se acercó una vez ya despedida la sesión y le explicó que había asistido a una visita guiada por él a la exposición Suburbia (en la que se encargó del apéndice final, con ejemplos locales) y eso le había decidido a seguirlo también en esta ocasión. Según él, son pocas las personas que al explicar temas como el que refleja la película enriquecen, ayudan a pensar a la gente, y le pedía siguiera haciéndolo.
Yo creía que en su presentación y comentario tras la proyección efectuaría una intervención genérica global, independiente de lo visto en la película, pero resulta que se ciñó mucho a ella, valorando desde su mismísima escena inicial (una pelota queda muerta entre los muros de un patio entre edificios) hasta su final, con un taxista que se difumina, como se han esfumado los cines de Recife.
Recordó cómo había ido cambiando el acto cultural de ir al cine, desde el ritual que la película muestra se seguía en los grandes cines de los años 70. Un primer cambio muy significativo, precisó, tuvo lugar con la aparición de los Multiplex. Parecía que todo seguía igual, pero el rito varió sustancialmente en esos centros -en general alejados del núcleo de la ciudad- con muchas pantallas, cada una de ellas ofreciendo una película diferente, y no esa única que se iba a ver antes combinándolo con otras formas de gozar de la ciudad.
Francesc Muñoz evidenció que lo que Kleber Mendonça explica sobre los cines era un magnífico reflejo de lo que ha pasado con la ciudad, y se puso a definir lo que caracterizaba desde siempre a la ciudad: que es un espacio que nos interpela y es capaz de hacernos cambiar de opinión.
La ciudad -siguió- es reflejo de la sociedad a la que acoge. Una sociedad postindustrial como la actual tiene forzosamente su reflejo en la ciudad, crea una ciudad diferente.
Tuvo palabras para la forma actual de ver cine, a partir de lo distribuido por diferentes plataformas. Éstas, indicó, funcionan con los ahora famosos algoritmos, que se van acercando paulatinamente a tus gustos. Vivimos, de hecho, bajo la dictadura de esos algoritmos, que consiguen todo lo contrario a lo que caracterizaba a la ciudad. En vez de confrontarte a las diversas formas y opiniones, las plataformas te van encerrando en lo tuyo, al ofrecerte sólo aquello con lo que saben estás conforme.
Quiso finalizar, para no llevar a ningún malentendido, mostrando su disconformidad con la nostalgia, esa nefasta tendencia que hace surgir el disparate de entornos y elementos ‘vintage’, anacrónicos, tras destruir los originales. No cree que su mirada, como la de Kleber Mendonça Filho, sea, pese a lo que se dice del film, una mirada nostálgica: esos majestuosos cines ya no volverán y así hemos de aceptarlo, pero, en cualquier caso, lo que tiene claro es que tenemos la imperiosa necesidad de espacios que tomen el papel que antes tenían esas salas de cine.

Rafael Giménez (presidente de la Sociedad Catalana de Geografia) y Francesc Muñoz (profesor de Geografía en la UAB), ayer, en la presentación de “Retratos fantasmas” en la Filmoteca.
 

domingo, 4 de octubre de 2020

Sonidos de barrio


En Filmin han colgado “Sonidos de barrio” (“O som ao redor”, 2012), el primer largometraje de ficción del ahora muy famoso cineasta brasileño Kleber Mendonça Filho. Creo que es el que más me ha resultado de todos los suyos.
No salimos del barrio, una zona compuesta por pequeñas casas que están siendo sustituidas por rascacielos de viviendas. Una familia, con abuelo fundador al frente -aunque no viven juntos, sino repartidos por diferentes casas y apartamentos- es la propietaria de casi todo el barrio.
Pequeños robos, parece haber habido un suicidio, las rejas se extienden por todos lados, unos tipos bastante sospechosos ofrecen sus servicios como seguridad nocturna para la calle. Propietarios y sirvientes. La tensión está servida.