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domingo, 7 de marzo de 2021

Paris vu par...

Todos los realizadores de la película de episodios.

El desencanto de la joven pareja de “Gare du Nord”

La irrupción de un cuento de hadas.

Me reafirmo, después de ver de nuevo “Paris vu par...” (1965, colgada hoy en Mubi) que es “Gare du Nord” (Jean Rouch) su pieza que me sigue gustando más. Pasado el tiempo de su primera visión en el Alexis, aún alterada en ciertas cosas, me volvía muchas veces a la memoria. Pequeña historia pero punzante, con elementos de la vida cotidiana (las esperanzas puestas en la vida futura, el suplicio de una obra vecina, la decepción que supone la rutina) y la irrupción del cuento de hadas pronto convertido en drama, he apreciado ahora tanto el descubrir que era Barbet Schroeder (Les films de Losange produjeron la película) el que interpretaba al marido que se volvía acomodaticio como, sobre todo, la forma de rodar de Jean Rouch, como si de uno de sus films etnográficos se tratase, con un seguimiento de ella por la calle que ríete de “Rosetta”.
La otra que también recordaba con agrado, de un Chabrol atroz para con un grotesco matrimonio burgués que ahora descubro interpretado por él mismo y por Stéphane Audran, entonces matrimonio en la vida real, es “La muette”
Pero también me ha agradado mucho ver la pieza que abre el largometraje, que no recordaba. Se trata de “Saint-Germain-des-Prés”, y en ella Jean Douchet presenta una divertida historia de ligues alrededor de una escuela de arte, pero sobre todo hace previamente un resumen documental del barrio fantástico.


Fotograma de la introducción documental sobre “Sant-Germain-des-Prés”.

Y la historia del barrio.

 

viernes, 25 de enero de 2019

Eustache le voyou

A de Autodidacta. El Dictionnaire Eustache avanza lenta, pero muy sólidamente. En esta entrada el mismo editor del volumen, Antoine de Baecque, introduce un tema muy interesante, a la vez que califica paralelamente a prácticamente toda la Nouvelle Vague y lo que la siguió. Va de extracción social de sus miembros:
“Jean Douchet (...) ha expresado hasta qué punto la llegada de Jean Eustache al seno de los herederos de la Nouvelle Vague había sido resentida como la irrupción de otro mundo, el de la gente humilde y su cultura material autodidacta, de su aprendizaje a través de sus dificultades superadas (o no) de existencia: ‘Quedamos estupefactos, era la intrusión de un pijoaparte (un ‘voyou’) en nuestro mundo pequeño burgués, la primera intrusión de otro medio social y cultural’. “

viernes, 8 de enero de 2016

La saga. Cinéastes de notre temps


No sus preocupéis ustedes, que ya he acabado la lectura de "La Saga. Cinéastes de norte temps" (André S. Labarthe, Capricci, 2011), y ésta será la última entrada que le dedicaré.
Por lo visto leyendo sus declaraciones a lo largo del libro, Labarthe juega con la amistad a prueba de fuego de unos cuantos personajes, lo que le permite soltar unas cuantas con bala, sin que la sangre llegue al río. Uno de ellos, sin duda, es Godard, de quien en varias ocasiones deja ir que una serie de circunstancias afortunadas le dan una apariencia de profundidad que en absoluto posee. Paralelamente, su complicidad llega a divertirse con bromas crueles del estilo de la vertida por JLG con respecto a Antonioni: cuando Labarthe le discutía que fuera un buen momento para hacer un episodio sobre él, dado que era afásico, y no podía hablar, Godard le respondió que "entonces lo llamarían 'Los silencios de Antonioni' ". Para quitar hierro a la cosa, Labarthe explica que se lo contó a Antonioni y éste rió.

Otro amigo a prueba de fuego debe ser, sin duda, Jean Douchet. Era quien entrevistaba a Rohmer en el episodio dedicado a éste en 1996, y no es en este capítulo la primera vez en que se mete con su extremado peso, que le conduce a situaciones como ésta, que suelen ocultarse al menos en libros de venta pública: "Douchet, que llevaba la entrevista, siempre era filmado de espaldas, cara a Rohmer. Un día pedí al cámara que girase alrededor de la mesa y entonces hacer una panorámica de 180 grados para encuadrar al contracampo, es decir, a Jean Douchet... ¡que dormía! La secuencia está en los descartes, porque no la monté. Rohmer se dio cuenta que Douchet hacía la siesta, claro. Pero, como gran profesional, le hablaba como si éste le escuchara con una atención sostenida. Rohmer era realmente de una delicadeza sideral.

También es verdad que no debe ser amigo, y eso no le evita cargar contra, por ejemplo, de Alain Bergala, relatando la sutileza de Érice para intentar completar un episodio falto de sustancia. O de Abel Ferrara (de quien explica con pelos y señales cómo debieron atarlo en corto para que no se la jugara continuamente con sus trapicheos con las drogas). O en su día de Georges Franju, de quien deja clara su tendencia a la bebida.
Pero es este tipo de malvadas anécdotas, normalmente ausentes en un libro como éste, juntamente con algún planteamiento de puesta en escena, lo que hace interesante su lectura.