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miércoles, 19 de abril de 2023

Cine y pintura


Àlex Mitrani, entre otras cosas nombre asociado a lo más nuevo del MNAC, demostró ayer que se toma las cosas en serio. Debía presentar en la Filmoteca una sesión del ciclo “Per amor a les Arts” dedicado nada menos que a la relación “Cinema i pintura” y, donde otros se limitan a recoger información del director, película y/o obra de arte sobre los que versa la cosa y trasmitirla -a veces de forma inacabable- al auditorio, ha ofrecido, por el mismo precio, dos por uno.
Ahí estaban los datos que había podido recabar sobre los films -no demasiados, porque se trataba de cortometrajes, el pariente pobre del cine-, pero previamente vertió una serie de reflexiones en voz alta sobre el tema de la sesión, esto es: ¿cómo debe enfrentarse, o de qué formas afronta el cine a la pintura? Quizás tenga precisamente -se dijo-, el papel de animar, de dar vida a la obra de arte.
Para concretar un poco las ideas dispuso de un programa de películas cortas de lo más variado (que volverá a pasarse el próximo viernes, pero ya sin Alex Mitrani para preparar un poco el camino), tanto por sus años de producción como por cómo responden a esa pregunta.
Yo había visto los nombres de Pialat, Resnais, Pollet, Gilles… e, impreciso, había apuntado en la agenda “17h F- Cortos NV”. Sï que los cuatro primeros pueden verse así, pero el quinto y último (Dutta) se escapa de la Nouvelle Vague, de Francia y de los años 60 para alcanzar hasta la India y el 2015. Para más confusión, creía que el corto que se pasaba sobre “Van Gogh” era el de Resnais, y no el de Pialat, y tuve un diálogo de besugos previo a la película en la que coincidimos en señalar el gran valor de los cortos iniciales de Resnais y le comenté a Mitrani la bronca que me echó un amigo que por la época iba para pintor a la salida del cineclub porque pasamos su “Van Gogh” sin el preceptivo color tratándose de ese pintor.
Sobre ese tema del color empezó él su exposición, explicando haber estudiado toda la carrera viendo las obras en el Summa Artis, impreso en blanco y negro. Y una aseveración: que puede resultar mucho más fiable que cientos de reproducciones por la red o incluso impresas que tergiversan los colores de mala manera.
Esbozó otro posible tema de reflexión: cuál es el mejor espacio para ver una pintura: ¿el museo? ¿El taller del artista? …
Siguió luego con el tema de la mirada, pero será mejor que no me extienda demasiado, para no tergiversarlo, poniendo en su boca cosas que nunca dijo pero que yo me situé, a partir de sus explicaciones, por mi cabeza.
Sólo decir que pasó una panorámica clasificatoria sobre películas que idealizan hasta extremos increíbles las obras de arte, películas que intentan construir una mirada neutral -por definición cosa imposible-, otras que actúan de forma académica, otras que se toman hasta el fondo eso de dar vida al cuadro.
Sobre las películas de la sesión,
A/ Señalar lo que dijo sobre la de Pialat (que personalmente me entusiasmó, y forma un doblete de una fuerza casi explosiva con su largometraje de ficción de 1991 rodado en el mismo sitio -Auvers- y del mismo título). Concretamente: que describe la pintura de Van Gogh como si fuera un paisaje
B/ Que creo le debió pasar lo mismo que a mí con la de Gilles (llena de efectismos): me ha parecido detestable, perpetuando el sentimiento adquirido al descubrir, recientemente, su obra, yendo del entusiasmo inicial al desengaño. Claro que tampoco me interesaba la pintura de su artista representado…
C/ Una única disparidad de criterios. Es verdad, como señaló, que posiblemente ahora la película de Pollet sería criticada con esa idealización de la esencia de la mujer, centrada en su belleza, pero la verdad es que me sentó la mar de bien, con la música de Antoine Duhamel haciéndote sentir en un Truffaut y recuperar a marchas forzadas los buenos momentos de la NV.
D/ Por último, hizo notar la culminación de la sesión con el documental “Chitrashala” (“House of paintings”, Amit Dutta, 2015), en el que finalmente elementos de las preciosas pinturas de la región del Himalaya (coetáneas de las de Fragonar, indicó) son finalmente animadas. Pude ver recientemente alguna otra película de Dutta y en ella ya no salen las pinturas, sino que son representadas sus disposiciones por personajes reales.





 

domingo, 3 de julio de 2022

La portera de Pialat


Otra entrada del Dictionnaire Pialat es sobre uno de esos personajes “de la vida real” a los que Pialat convencía para aparecer en sus películas.
En este caso se trata de Lise Lamétrie, portera del edificio donde vivían Maurice y Sylvie Pialat en París, quien hizo de la entrañable Madame Ravoux, la posadera de Van Gogh, en la película de Pialat, cuidando a su huésped hasta el final.
Lo divertido es que ese papel le hizo entrar en el mundo del cine como actriz, pero sin abandonar su trabajo de portera. Señala Sonia Buchman en el artículo que trabajó en films de gente como Valérie Lémercier, Cédric Klapisch, Claude Lelouch o Laetitia Masson, y que en una entrevista que le hicieron comentaba:
“Cuando me llaman de una productora para enviarme billetes de tren y pedirme si hay una portera en el edificio para dejar el sobre, les digo ‘¡Claro que sí: soy yo!’ ¡No creen lo que están oyendo!”


 

domingo, 10 de abril de 2022

Actores secundarios y paternidad en Pialat




He acabado de leer el librito de Jérôme Momcilovic sobre Maurice Pialat, que nos aporta a los que tenemos una relación especial con las películas de este último, buenos ratos de lectura, reflexión y ensoñación.
En sus últimas páginas, deslumbra entre otras cosas con esa idea de que su “Van Gogh” no fue tanto una película sobre el pintor como tenía por protagonista a un personaje aparentemente secundario, Marguerite, la hija del Dr. Gachet (y resulta que éste iba a ser por momentos el título del film…), a quien reserva sus últimos planos, ya fallecido en la trama el pintor.
Eso le da pie a Momcilovic para dedicar unas cuantas frases a los numerosos, enjundiosos y especiales actores secundarios de Pialat. Uno sería Henri Saulquin, alguacil en “La maison des bois”, viejo empujando a su hijo a ver en el hospital a su mujer/madre en La Gueule Ouverte, y algún otro pequeño papel. Pialat lo sacó del bistrot cercano a donde vivía, al que iba a comer.
Esa forma de proceder queda claro que no fue ocasional. Momcilovic cuenta que la portera que aparece en “Loulou” es la portera real del inmueble, y que la Madame Ravoux que lleva el albergue en “Van Gogh”, es Lisa Lamétrie, la portera de Maurice y Sylvie Pialat en el momento de rodaje del film:
Pero el libro acaba con otra cosa, de una forma muy emocionante, evocando una escena de su última película, “Le Garçu”, rodada cuando Pialat se convirtió, muy tardíamente, en padre y se sentía, como explicaba, enormemente feliz por el poder ver y estar con su hijo y a la vez terriblemente desgraciado sabiendo que podría hacerlo ya durante poco tiempo. La escena en concreto es la de Depardieu (que hace de Pialat) yendo al entierro de su padre. Entierro de su padre, mientras se ha convertido a su vez en padre de Antoine. Maurice Pialat -dice Momcilovic- ya es, pues, un padre -y un cineasta- completo.




 

lunes, 5 de diciembre de 2016

Van Gogh

El retrato de la hija en la casa del Dr. Gachet.
Ayer en la Filmoteca, mi despedida a Maurice Pialat. 158 minutos llenos de intensidad, con momentos de belleza expléndidos y otros reflejo de una fatalidad que conocemos por varios lados. Llenazo, no sé si por Pialat o por “Van Gogh” (1991), el pintor. Las notas tomadas en la oscuridad que he logrado interpretar ahora:
- Aparición de Jacques Dutronc (¡quien le iba a decir que haría de Van Gogh el cantor de París a las cinco de la mañana!) bajando de un vagón de tercera clase, las manos en los bolsillos, en la estación de Auvers sur l’Oise.
- Van Gogh pasando sin mirar delante de un cuadro de Renoir, mientras que su dueño esperaba orgulloso su reacción.
- En medio de la más absoluta miseria, delante de su decrépita choza, padre alcohólico e hijo de pocas luces lanzan un brindis al pintor: “¡Prosperité!”
- Llegamos también al final de una comida, cuando sólo sobreviven los restos de champagne.
- Despedida en baile junto al río. Algo así como la “Partie de campagne” que intentó reproducir Bonello en la coloreada y llena de luces excursión de las pupilas en “L’Apollonide”.
- Una desfilada, antes del can-can en el local de Montmartre, a lo “Fort Apache” de John Ford.
http://www.vodkaster.com/extraits/massacre-fort-apache-grande-marche/931926

- Un inesperado puñetazo al médico.
- Las contradicciones entre una secuencia y la siguiente: “”J’ai faim” seguido del “C’est fini”
- La cría enamorada que pasa página.
Un Bonnard que recuerda a Rohmer.


Cierta melancolía, por el fin de mis sesiones Pialat.