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martes, 20 de diciembre de 2016

El extraño caso de Gonzalo Suárez


Así, emulando el título de uno de sus films, como dando la clave de su contenido, se pasó ayer en "Imprescindibles" "El extraño caso de Gonzalo Suárez", el nuevo documental de Alberto Bermejo y David Herranz sobre la figura y el mundo de Gonzalo Suárez, Martín Girard en sus inicios periodísticos. Ahora puede verse en "rtve.es A la carta".
Para la ocasión Gonzalo Suárez ha ofrecido a los autores del documental, que han dispuesto también de los derechos de escenas de buena parte de sus películas, magníficas fotografías familiares que le retratan en su infancia y la posibilidad de rodar en su ya legendaria casona asturiana (que gracias a la visión del programa he sabido 

que compró e hipotecó para el rodaje de "Epílogo"), dando pie a los momentos más reveladores y emotivos del documental.

Pero lo que contiene en mayor proporción el documental son escenas de sus películas y emulaciones del propio Gonzalo Suárez, grabadas hoy en día, de escenas de sus películas, sobre las que habla de forma extensa y directa, y entre ellas la más repetida y significativa él paseando por la impresionante playa de Borizu, que ha salido en varias de ellas, desde "Aoom". Todas estas imágenes son las que se entremezclan sin aviso previo enlazados por su relato biográfico y autoral, como "un puzzle en el que -según su propia frase- no encajan las piezas".
Otro momento a destacar: el repaso a su relación con San Peckinpah, de la que presenta fotografías y cartas que me han dado la impresión de inéditas.
Sólo un pero a un programa, "Imprescindibles", que está dando los mejores momentos de TV de los últimos tiempos: Quizás por la procedencia e intereses de los autores de este capítulo, casi toda la supuesta biografía se centra en su obra cinematográfica, mientras que apenas si se habla de la literaria, tanto o más importante de la otra, y cuando menos íntimamente ligada a la más personal de ella. Es una pena, porque habría sido la ocasión para que también desfilaran por su metraje Boris Vian, Julio Cortázar o Guillermo Cabrera Infante.
Acaba Gonzalo Suárez, muy en su papel, "arrepentido de haber contado su vida, por pereza, aburrimiento del pasado".
Si alguien, bastante improbable, acudiera a Rtve A la carta a ver el programa sin haber visto previamente sus películas, estoy convencido que saldría lleno de dudas, no sabiendo si le habían dado gato por liebre, metiéndole en un baño de escenas a cada cual más sugerente, y hablándole de un autor seguramente inventado.

martes, 25 de octubre de 2016

Volver a casa con 50 años


Sergi Garriga, a la vez uno de los protagonistas y colaborador de Victoria Bermejo.

En su día no lo vi y ahora, gracias a su incorporación en el catálogo “on line” de Filmin, he podido por fin hacerlo. “Volver a casa con 50 años” (Victoria Bermejo, 2016) es un documental sobre lo que nos está quemando, la crisis que se ha llevado casi todo por delante, pero que entra por una rendija especial, que le añade un plus de interés. Su directora se concentra en un medio que conoce muy bien, el artístico, azotado de lleno en estos últimos años, y entrevista por bloques a unos cuantos amigos de su edad aproximada que, incapaces de caer más abajo que el suelo, han recibido refugio, parcial o definitivo, en casa de sus padres.
Las literas de un youth hostel, inesperado escenario de vida.
Alguno de los escogidos para representar el caso fueron en su día el rey del mambo. Otros tenían un ritmo modesto de vida, pero suficiente como para mantener su independencia, que se hizo inviable cuando todo dejó de funcionar y las actividades artísticas fueron consideradas secundarias o, con la ayuda de la presión, de elaboración sin remuneración alguna.
Llegó entonces el intento de subsanar una situación que se creía coyuntural. Uno de los personajes frecuentó un tiempo un youth hostel, durmiendo en una sala de literas junto a quince jovencillos que venían a la ciudad a hacer turismo. Luego, como todos, se hizo a la idea y aceptó el ofrecimiento de sus padres.
Victoria Bermejo, en una foto extraída de internet, creo que de Ana Portnoy.
Entra entonces el reportaje en unas rondas alternativas de sus declaraciones, de las de sus madres. Es un círculo que se llega a hacer en fases algo cansino, pero que podría serlo -dada la situación- mucho más. Aún tiene la suficiente habilidad como para dejar mostrar a los personajes su relativo fondo de buen humor, que han conservado pese a todo. O para dejar ver el cierto proceso de infantilización que la convivencia con sus padres a tan alta edad les ha supuesto a alguno de ellos.
Un buen recordatorio de que la línea que separa nuestro confort de la total inestabilidad se puede hacer permeable en cualquier momento.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Dos películas españolas

Me suele molestar bastante cuando leo a uno que habla de las dos películas que acaba de ver comparándolas sólo por el simple hecho de haberlas visto una tras la otra, pero lo voy a hacer con dos españolas que han pasado en días sucesivos por la 2, ninguna maravillosa, una, a mi entender, bastante mejor que la otra, las dos de gran interés sociológico sobre los años en que fueron rodadas. La primera es "La niña de luto" (Manuel Summers, 1964). La segunda "Vecinos" (Alberto Bermejo, 1981).


Sus dos realizadores estudiaron en la EOC, y fueron en sus momentos respectivos considerados representativos del cine joven que surgía. Tienen ambas, como primer protagonista, más que a los personajes representados por sus actores principales, al ambiente en el que viven: la ciudad provinciana andaluza, atenazada por unas costumbres represoras en la de Summers; los nuevos edificios de las afueras de Madrid a donde se ven obligados a ir a vivir las jóvenes parejas, simulando una libertad de costumbres que en realidad no tienen interiorizada, en la de Bermejo.
Ambos aún con pelo en sus cabezas sus dos protagonistas masculinos: Alfredo Landa y un penoso Antonio Resines protagonista de escenas (una borracho, sobre todo) vergonzantemente malas. Ellas María José Alfonso y Assumpta Serna (simplemente Assumpta en los títulos de crédito), ambas en un papel de sometimiento, adorablemente dispuesta esta última a contentar al cafre de su marido.
Con personajes secundarios también muy significativos las dos. En la de Summers, a parte de alguno surgido directamente de sus dibujos, como ese palurdo que ha entrenado a su perro a saltar para sacarle la gorra, toda una familia de sacrificada gente vestida de negro. En "Vecinos" la retahíla de amigos generacionales de la peña, con un impresentable Carlos Boyero haciendo de sí mismo, o apariciones en cameo de gente como Felipe Vega.

Por un quíteme allá está película facha se ha criticado últimamente un montón el inacabable ciclo "Historia de nuestro cine" de esta cadena. A mí ya me va bien que no se acabe nunca. Para bien o para mal, con películas buenas, malas y hasta horribles, está realmente dando elementos para conocer bien la historia del cine español, pero también, simplemente, nuestra historia.