Mostrando entradas con la etiqueta Vega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vega. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de junio de 2023

Francesc Català-Roca. Noves mirades


Carmelo Vega (izquierda), iniciando su exposición).

Las tres chimeneas, convertidas en icónicas por su insistencia. Todos recordamos otras fotografías suyas -la de la gitanilla, por ejemplo-… y luego de otros fotógrafos.

Laura Terré iniciando su exposición.


Una de las entresacadas del fondo del COAC por Laura Terré. Fuerteventura. Vi como Carmelo Vega, distinguiendo la fisonomía de su Canarias en una desconocida fotografía de Català, después de mirarla varias veces, sacó bolígrafo y papel y tomó la referencia.

Madrid, con iconos que, en color, podemos relacionar rápidamente con Català-Roca.

En ésta -que por su objetivo podría corresponder a un Maspons, sí juega mucho más con los colores.


A ver quién sería el guapo que quisiera comer estos huevos fritos de estar en blanco y negro… Eso convenció a Català-Roca.

Parece que exista una cierta resistencia a que acabe el curso y en pleno junio se encadenan -si no se solapan o chafan uno a otro- los actos. Si esto sigue así, no habrá forma de vaciar de fotos la tableta.
Ayer, en la Virreina, un Año Català-Roca que aún no ha culminado con la esperada macro-exposición que tocaría en el MNAC, se prolongaba en el tiempo. La excusa fue la presentación de un número de la centenaria Revista de Catalunya con un dossier dedicado a tres aspectos concretos sobre el fotógrafo.
Carmelo Vega, profesor de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, esbozó dos o tres ideas muy interesantes en su análisis sobre las “Lógicas fotográficas del turismo: mirada y destino de Francesc Català-Roca”, que van a hacer que me lea con suma curiosidad su artículo.
Tras ubicar los trabajos de Català-Roca en las guías sobre Barcelona y Cataluña, pero también de toda España, de la editorial Destino y otras como Noguer en la época del turismo de masas de los 60/70 (señalando también los trabajos, más olvidados, de Ramón Dimas), recordó que, con su aspecto voluminoso, tenían mucho más de literatura de viaje bien ilustrada fotográficamente que de guías turísticas, de bolsillo, al uso.
Nos hizo ver la aparición, en esas fotos, del turista, que iba a irse convirtiendo en parte del paisaje, pero además marcó unas cuantas ideas base de análisis, como digo, muy interesantes, como las siguientes:
-que Català-Roca -y me parece ver detrás la figura de Vergés, sacando jugo a sus inversiones- aprovechaba la misma foto para su uso en la revista, pero también en diferentes guías de la editorial Destino.
-cómo Català-Roca convirtió en icónicas ciertas piezas del paisaje urbano que retrató, como las tres chimeneas de la central del Paralelo.
-que a lo largo del tiempo, Català fue persistiendo en unas cuantas ideas recurrentes. No tuve tiempo de sacar foto, pero nos mostró unas cuantas fotografías, por ejemplo, de hamacas tomadas por detrás, a contraluz, en las que se vislumbra la silueta de una bañista.
-que, aunque puedan parecer en sus antípodas, el proyecto de Català en sus guías de España no está tan lejos del de Ortiz Echagüe. Mientras éste veía sus fotografías como un documento de la España que desaparece, Català-Roca nos hablaba, eso sí, de la España que estaba apareciendo.
Ya en alguna ocasión he comentado por aquí que conocí a Francesc Català-Roca en un momento en que defendía a fondo la fotografía en color, en un mundo que era en color. Laura Terré, comisaria del año Català-Roca, ha centrado su artículo en sus fotografías en color, y ayer intentó ofrecer las razones por las que ese tipo de fotografías suyas son hoy aún muy desconocidas.
Nos explicó que en 1973 Català-Roca fotografiaba ya exclusivamente en color, mientras que sus primeras fotos en color (aunque yo recuerdo los rojos de sus tempranas placas de vidrio para el Clínico) serían de por el año 1963.
Varias cosas que retuve de su exposición:
-Fue su fotografía predominantemente monócroma, ofreciendo las formas más por la oscuridad que por el color.
-Mientras que Cartier-Bresson llegó incluso a destruir buena parte de sus fotos en color, Català-Roca hacia una defensa encarnizada de ellas.
-Debía luchar contra una comparación desfavorable, sobre todo, por razones técnicas. Mientras que el Kodachrome resiste bien el paso del tiempo, no es así con el Ektachrome.
-Comisarios y montadores de exposiciones que quieren estudiar un fondo que, en el caso de Català-Roca, está aún por explorar (ella ofreció una primera cata a vuelapluma sobre lo que el archivo del COAC tiene digitalizado) tienen que pensar en una reconstrucción laboriosa y llena de dudas, cosa que no pasa con el blanco y negro.
-Fue en el libro “El que hem menjat” (con texto de Josep Pla), donde, ante la evidencia de unos huevos fritos, dice Laura Terré, Català-Roca acabó por ver claro que su apuesta debía ser por el color. Como le entresacó de sus memorias: “Si la fotografía se hubiera inventado en color, nadie habría echado en falta al blanco y negro”.
Por último, no pudieron evitar pedir a Martí Rom, aunque ha escrito un texto sobre los documentales cinematográficos de Francesc Català-Roca, que hablase de su experiencia personal con él.
Ahí apareció, como no podía ser de otra forma, Montroig y su amado Joan Miró, a quien le ha dedicado tres voluminosos libros centrados principalmente en su relación con la tierra de sus padres.
Català-Roca fue, entre otras cosas, el discreto fotógrafo de Miró en el trabajo, una persona discreta, casi invisible, para un taciturno Miró que estaba acostumbrado a su presencia.
Sorprendió Martí-Rom al auditorio con varias exclamaciones “pour épater”, pero también precisando exactamente la fecha del encuentro entre Català-Roca y Joan Miró: el 1 de abril de 1953. Explicó el por qué de tanta precisión en esa fecha, pero es lo de menos. Lo importante está, me parece a mí, en el razonamiento que hizo para dar a entender que el fotógrafo sabía mirar a Miró. Un razonamiento que es la base de sus libros, en los que también explica a Miró a través de su conocimiento mutuo de Montroig.
Si alguien ha llegado hasta aquí en esta desconsideradamente larga crónica de una presentación, tiene premio. Aquí va el enlace al documental “Francesc Català-Roca: apunts”, que Martí Rom hizo para la monografía -libro y documental- del Cineclub Associació d’Enginyers, que resultó ganador al premio al mejor videograma (sic) que daba en aquel entonces la Generalitat. Fue con el que se acabó el acto:

Y, por fin, ya presentan a Martí-Rom, pidiéndole que hable como conoció a Català-Roca y de su experiencia con él.



Por último, el pase del documental…

Y la atención de los tres ponentes al mismo.

Final, ya tarde, sin coloquio demasiado animado.
 

sábado, 5 de septiembre de 2020

Paris. Clair-Obscur






Después de haber practicado el cine de autor y luego ensayado comedias en las que la puesta en escena tenía un papel importante, Felipe Vega se ha refugiado últimamente en el campo del documental.
Ahora la Filmoteca Española nos sorprende ofreciendo (enlace abajo; hay copia sin subtítulos también en Vimeo) “Paris. Clair-Obscur”. (2019), que ha co-dirigido con Cécile O. Carvallo.
Los seguidores de Modiano están de enhorabuena. Durante 12 minutos vamos viendo una sucesión de extraordinarias fotografías actuales y antiguas, todas ellas impregnadas de la atmósfera de sus novelas, mientras que un narrador nos hace llegar extractos de varias de ellas que parecen realmente sacadas de lo narrado. El París de la ocupación, de los terrenos marginales, de las denuncias, de una memoria que quizás sea errónea, se respira.


 

miércoles, 11 de marzo de 2020

Azul Siquier


Una de las más famosas fotografías de La Chanca. Siquier explica en el documental que vía una hija que vio en El Pais la foto, pudo conocer recientemente a la entonces niña y entablar contacto de ella, sabiendo de su reacción de entonces y su vida posterior.
En la actualidad, recordando en su emplazamiento la fotografía de entonces.
Pues habrá que ir a ver la exposición sobre sus fotografías, en la Mapfre. Ya lo tenía previsto, pero la visión anoche de “Azul Siquier” (Felipe Vega, 2019), me reafirmó la decisión, y eso es lo que se espera de un documental sobre un fotógrafo, ¿no?
Si me respondo con sinceridad creo que mi respuesta sería “Si, pero”. Me explico un poco. El documental, al margen de esa muy positiva incitación a contemplar la obra del fotógrafo, tuvo para mí cosas buenas y otras no tanto. Alguna que llegó a desconcertarme.
Una que me hizo ir rápido a verlo fue que iba firmado por Felipe Vega. Cuando apareció Felipe Vega yo no podía ignorarlo. Su papel, junto a Fernando Trueba, en la revista de cine Casablanca primero, sus largometrajes de ficción después. Su regreso, tras bastantes años de ausencia, con este documental, te hace pensar en qué habrá en él de puesta en escena, puesto que eso, la puesta en escena, era lo que, para mí, más destacaba en sus primeras películas, incluidas unas comedias que ahora veo con sorpresa son muy mal valoradas, cuando a mí siempre me resultaban, por ejemplo, por cómo hacía surgir por ahí la forma de hacer de Rohmer.
Hay cosas de éstas en la aproximación al personaje objetivo de su documental por parte de Vega. Tras la emocionante constatación de que está dedicado a la memoria de Basilio Martin Patino (ayer, en el Ombres Mestres dedicado a la correspondencia, pasamos los títulos de crédito de las “Flores rotas” de Jarmusch, y otro ramalazo de emoción me recorrió al ver su dedicatoria, discretas letras blancas sobre pantalla negra, a Jean Eustache), hay una serie de planos como de situación, yendo como de lo general y más lejano hasta lo más próximo, la casa donde, en un rincón, se descubre a Siquier, que me hizo interesarme de verdad por la sesión.
Siquier hablando de la fotografía que me me recuerda a las de Martin Parr. Explica en el documental que al cabo de mucho tiempo alguien le hizo fijarse -pues él no había reparado en ello- en la mano de la que toma el sol maquillada. ¿Alguien lo había hecho?
Pero hay otras cosas (lo que dicen esos que conversan con él, las mismas declaraciones de Carlos Pérez-Siquier, todo y contener cosas valiosas) que me la aplanaron. Me siento muy orgulloso de, cuando Martí Rom hizo un documental sobre Francesc Catalá-Roca, haber simplemente intervenido en lo que era especialista -entreteniendo al protagonista del documental en las tediosas esperas del rodaje- y en una única, muy simple intervención sobre su resultado final: convencer a Martí Rom de que el documental fuera puramente visual, pues aunque pueda explicar cosas de mucho interés, lo más interesante de un buen fotógrafo es su mundo visual y no siempre lo que teorizando, dice.
Bueno, pues. Quedamos en que hay que ir a ver las fotos en blanco y negro que Carlos Pérez-Siquier hizo en La Chanca para el libro de Juan Goytisolo y sus fotos posteriores en color, en estallido de color, diría, incluida esa famosa que te hace venir a la mente a Martin Parr.