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sábado, 27 de abril de 2024

Érice sobre El Sur


Pesqué en la Librería París Valencia este “Los grandes maestros del cine” (Juan Cobos, Editorial Almuzara, 2023) y, aunque no estaba entre los de ocasión, no me resistí a comprarlo. Luego he visto que se trata de una recopilación, efectuada por su hijo David, de entrevistas que Juan Cobos realizó a lo largo de su vida. Alguna menciona que se publicó en antiguas revistas de cine en las que colaboró, como Film Ideal o Griffith, pero otras, como ésta con Victor Érice, que es la que por el momento me ha deslumbrado, no consta dónde salió, si es que lo hizo.
Por YouTube o la web de RTVE pueden pescarse las declaraciones que finalmente, pasado un tiempo de su estreno, hizo Érice a creo que Días de Cine, en las que, por primera vez, aclaraba públicamente su frustración ante lo que se había convertido su película “El Sur” (1983), y las razones por las que consideraba que, sin su coronación con el viaje de Estrella al Sur, perdía su sentido profundo.
Esa es, sin duda, una de las mejores explicaciones de viva voz que pueden escucharse de Victor Érice sobre ese asunto. Ahora que he encontrado y leído esta entrevista que concedió a Juan Cobos, en la que se aprecia la confianza y entendimiento que había entre ambos, creo que esta pieza aclara también muy bien la cosa. Extraeré por aquí algún fragmento.
En su entradilla, el mismo Juan Cobos resume muy bien, a mi modo de ver, el significado final de la película: “Érice iba más allá (…) del trauma de la guerra civil española, y describía el fracaso de los adultos provocados por aquella herida y las posibilidades de vida de los jóvenes, una vez trascendida su trágica herencia”.
Y, a partir de ahora, frases entresacadas por aquí y por ahí de las declaraciones de Érice sobre sus intenciones al realizar “El Sur” y alguna más genérica:
“Así que me volví a ver trabajando en una historia que se centra, al menos parcialmente, en la infancia y en una cosa que siempre me ha interesado mucho: confrontar dos tipos de paisaje, dos mundos”.
(El relato de Adelaida García Morales) se basa, fundamentalmente, en las relaciones de la protagonista con su padre. (…) Es un relato sin diálogos. Se basaba sólo en la infancia. El período de la adolescencia -que sólo parcialmente se muestra en lo que ahora es ‘El Sur’, ya que la parte que transcurría en Carmona completaba la adolescencia- era ya una aportación mía.”
“(El padre), antes de morir, deposita debajo de la almohada de su hija aquel objeto que más les ha unido. Y, al hacerlo, pienso que deposita un mandato muy oscuro; que Estrella cumpla ese viaje al sur que él no ha podido hacer. Finalmente, Estrella llegaba al sur, descubría ese lado oscuro de la vida de su padre y, al completar la figura paterna, trazaba los primeros signos de identidad para un adolescente. Es abandonar definitivamente la infancia.”
“En mi proyecto, ‘El Sur’ era, en realidad, una película sobre el fin de la infancia. Y en este sentido entiendo que era una superación de ‘El espíritu de la colmena’ (…).”
“El padre no sólo tiene un carácter casi bíblico,sino que es un amante. En ‘El sur”, como habéis visto, no hay escena de primera comunión, sino una escena de boda.”
“(…) El sur inauguraba en la película una luminosidad nueva. La visión que Estrella tiene del sur, infantil, fantástica, literaria, de tarjeta postal, se iba a contrastar con el Sur auténtico. Yo trataba de contar la historia de amor con su padre y otra historia de amor que se daba justamente en el sur.”
“Las películas, primero tienen que ser y luego tienen que significar. Muchas veces se peca por exceso de significación ‘apriorística’. Los personajes han de transmitir emoción, hemos de sentirnos concernidos por su destino, y luego habrá ahí una significación, que a veces se escapa.” Érice habla ahí también del cine de Nicholas Ray, sobre el que en ese momento estaba trabajando, junto a Jos Oliver, hasta llegar a entregar el libro sobre él que publicó la Filmoteca Española. Más adelante dice, directamente sobre su cine: “Sus películas podrán parecer incompletas, pero en determinadas escenas late el cine más vivo de la época.”
“En un mundo como el presente, ¿cómo seguir alimentando el mandato que hemos recibido de los grandes cineastas del pasado? El cine debe divertir, pero, además, ha de contener una cierta reflexión.” Esto lo completa al final con su respuesta a la pregunta de Cobos sobre qué admira más de los grandes cineastas: “La trasparencia, el ser maestros sin pretender serlo, que den una lección moral sin ser moralistas. No niegan la conciencia del que contempla la obra. Y todo eso lo hacen divirtiéndote, conmoviéndote.”
¡Chapeau!



 

jueves, 31 de marzo de 2022

El Sur y las penalidades


Uno se repite como el ajo, aunque lo va pasando por la sartén, adquiriendo así diferentes tonalidades.
El caso es que en la cabecera de La Charca Literaria aparece hoy un escrito mío surgido viendo hace nada , una vez más, “El Sur”, en plena proyección entre la presentación y el coloquio de una sesión sobre la película que llevé.
Pero es que ya se sabe que se va cambiando y sintiendo según el momento que se atraviesa.
Aquí, el escrito:


 

De nuevo, El Sur

—¿Otra vez, García?


Me veo reflejado en unas viñetas de un periódico que vi hará la bonita cifra de unos cincuenta años y que los que me conocen saben que saco a menudo a colación.


En la primera viñeta se ve frontalmente a un pobre oficinista en su mesa de trabajo. Está reflexionando filosóficamente, con esa mirada hacia el techo, útil para estos menesteres. No es, desde luego, la primera vez que entra en un trance de este estilo.


—Siempre las eternas preguntas —se dice.


Y entonces, a viñeta por pregunta, se extiende:


—¿Quién soy?


—¿De dónde vengo?


—¿A dónde voy?


Es el momento en que, desde el interfono situado en su mesa, en la última viñeta se oye un grito —evidentemente de su jefe, que ha oído la múltiple reflexión previa y ya está harto de la misma— que espanta a nuestro oficinista:


—¡Usted es García, ha venido de la calle y se vuelve a la calle inmediatamente!


Pues bien: pasa que me identifico con ese probo tocayo. No por sus reflexiones filosóficas, que yo he sido siempre muy tocho para pescar como se debe la cosa filosófica, pero sí por su reiteración, en mi caso mentando una y otra vez esa película.


Y es que, en una muy reciente nueva visión, como por otra parte siempre pasa, una escena en la que nunca había reparado demasiado me ha sorprendido percutiéndome de lo lindo, encontrándome a mí particularmente sensible.


Estamos en “La gaviota”, la casa de por el norte de España en la que viven Estrella (Sonsoles Aranguren) y su familia. La niña está nerviosa porque del sur, de donde es originario Agustín, el padre, llegan por fin unos visitantes muy especiales.


Esos visitantes tan especiales son su abuela, la madre de Agustín, y sobre todo Rafaela, la mujer que ha criado realmente a Agustín y que, siguiendo una costumbre muy arraigada en Victor Érice (recuérdese a Ana -Torrent-, Isabel -Tellería-, Teresa -Gimpera- y Fernando -Fernán Gómez- de El espíritu de la colmena) lleva el nombre de la actriz que la encarna, Rafaela Aparicio, que tanto me recuerda por su físico y carácter extrovertido, en ocasiones avasallador, a mi abuela.


Frente a la distante y hasta fría reacción de la madre de Agustín en el encuentro, que en seguida marca su posición social dando instrucciones a la muchacha de servicio de los que la reciben, todo es proximidad y calor en Rafaela, quien, tras abrazar a Agustín, le dirige, pero de una forma que es más bien una reflexión que se hace a sí misma en voz alta, la frase que me cogió desprevenido en esta ocasión:


—¡Cuántos años y cuánta desgracia por todas partes!


Evidentemente, ahí, detrás de esa reflexión, uno intuye el dolor que proporciona una guerra, seguido, en ese caso, del atroz destino para muchos de la consecuente postguerra.


Y, con todo esto, está visto que no ganamos para desgracias.

domingo, 13 de febrero de 2022

El Sur completo


Perdí la apuesta. Me habían propuesto presentar ayer “El Sur”, de Victor Érice y, aún aceptándolo, había intentado convencer al organizador de que recapacitara: ¿Quién, a estas alturas, no ha visto la película más de una vez y no se la conoce casi de memoria? ¿Qué decir de nuevo sobre ella? Él siguió en sus trece, aunque luego me confesó que también creía que estaría casi vacío. Y no.
La respuesta que hubo de público, superando incluso la media de estas sesiones, fue una sorpresa positiva, pero también tiene su punto de inquietante: ¿Cómo es que gente de más o menos mi edad, en principio tildada de culta, no había visto nunca “El Sur”? Me parece inaudito.
Por suerte dieron muestra de salir contentos de la sesión, emocionados por el film. Una de las claves, creo, fue apostar por dejar hablar al mismo Victor Érice, mediante alguna contestación suya en entrevistas en las que siempre resulta brillante y, sobre todo, pasando después de la proyección esta especialísima entrevista que le hizo en su día Días de Cine en TVE, en donde explica que la película, tal como la vemos, es un film brutalmente mutilado y qué es lo que perdimos con la mutilación.
Respecto a mi nueva experiencia viendo la película, que no revisé antes expresamente, para poder gozar más -de una forma más fresca- viéndola, constatar lo familiares que se me han hecho todas sus secuencias (cosa rarísima para un desmemoriado como yo), ver que los colores del Blu-Ray utilizado en su pase mejoran un montón la experiencia de la fotografía de José Luis Alcaine con respecto a la copia en DVD que vendió en su día El País, corroborar lo fructífera que es la lectura de la película como emparentada (gracias a la devoción de Érice por Jean Renoir) con “The river”, hacer pensar de nuevo que el tema de “Confinaments” que escogimos para un nuevo “Ombres Mestres” que estamos preparando es demasiado amplio (porque el personaje de Omero Antonutti puede ser considerado también, como tantos, un confinado) y, por último, sacar la idea de un nuevo “Casi lloré de emoción al ver esta escena en el cine”. Toda la primera parte del film fue reafirmar las emociones ya sentidas en otras ocasiones, pero una secuencia (que no es la de la foto) que hasta entonces había pasado bien, pero sin especial emoción, ayer se me descubrió como nunca.


 

martes, 28 de septiembre de 2021

La arboleda del Sur



Aunque sea muy tarde, ya oscureciendo totalmente, no puedo olvidar la cita con la Arboleda de El Sur.
Por cierto que la casa sigue en pie, parece -por las luces- habitada y conserva la veleta en forma de gaviota en su tejado, apuntando, precisamente, hacia el sur.
Pero no sé si habrá cambiado de propietarios o será una nueva generación de los previos la que ha talado buena parte de la vegetación que la cubría y tapaba bastante la casa mirando desde la carretera. Por otra parte, no sé si es que las obras de mejora están a medio hacer, pero el parterre y esa estructura verde para sostener rosales y plantas trepadoras que conducía a Rafaela Aparicio siguen ahí, pero hechos unos zorros, por lo que yo diría que puede temerse por su futuro.





 

jueves, 20 de febrero de 2020

Ombres Mestres: raccords


Hace ya bastante tiempo anuncié por aquí que en el Cineclub Associació d'Enginyers (Via Laietana, 39) íbamos a presentar el IX Ciclo de Ombres Mestres.
Ha pasado el tiempo y el próximo martes 25 de febrero, puntualmente a las 18h, iniciaremos el ciclo con la sesión dedicada a "Raccords". Tenemos la intención de pasar y analizar 38 cortas secuencias en las que consideramos que se ideó un buen cemento -visible o no tanto- para unir dos planos de una película vecinos entre sí.
Si a alguien se le pasó por la cabeza apuntarse a la sesión y no lo hizo, aquí está el enlace que posibilita hacerlo: 

Aviso, para cahieristas ortodoxos, que como Michel Déville juega mucho con este tipo de cosas en sus películas hemos explorado una de ellas y saldrán unas cuantas escenas de la misma (lo que decimos para que no hayan luego reclamaciones de que no lo hemos advertido).
Perdón por el anuncio, gracias por la atención y un saludo...

martes, 12 de abril de 2016

El sur


Ya lo he explicado por aquí un montón de veces, porque con la edad (o al menos yo sí) nos repetimos. Pero lo escribí así bien, veo ahora que quizás con demasiadas comas, y lo entregué a "La charca literaria", que hoy lo publica.

El Sur

Ya lo he explicado por aquí un montón de veces, porque con la edad (o al menos yo sí) nos repetimos. Pero lo escribí así bien, veo ahora que quizás con demasiadas comas, y lo entregué a "La charca literaria", que hoy lo publica.

El Sur


Ya lo he explicado por aquí un montón de veces, porque con la edad (o al menos yo sí) nos repetimos. Pero lo escribí así bien, veo ahora que quizás con demasiadas comas, y lo entregué a "La charca literaria", que hoy lo publica.


En er mundo

Cuando mis hijas eran muy crías les pasé varias veces medio El Sur (Víctor Erice, 1983).


Digo medio, no por esa historia, ya muy conocida, de que Querejeta dio por terminada la película antes de que su protagonista viajase en busca de los lugares de su padre hacia el país de la luz al que aludía el nombre de la película. Eso iba a posibilitar que Víctor Erice, rodándolo, dejase atrás definitivamente todo un ambiente de oscuridad que tenía muchas ganas de olvidar. Encalló, pues, en su mitad el asunto, pero no voy por ahí.


Digo medio, en realidad, porque cuando llegábamos a la escena central, con la niña Estrella saliendo de su casa, cogiendo su bicicleta y alejándose seguida de su cachorro por la carretera que pasa justo delante de la casa de la veleta para, a continuación, en una de las más hermosas elipsis del cine español y universal, regresar por la misma carretera ya en otoño, hecha toda una adolescente, en una bicicleta de tamaño adecuado a su edad y acompañada por el perro lobo ya muy crecido, en ese preciso momento, digo, las enviaba a dormir. Les decía que ya verían por su cuenta la segunda parte de la película, con Estrella mayor, cuando fueran ellas también mayores. Aguantaba estoicamente, pero inflexible, el consecuente berrinche porque la querían seguir viendo: ni la acabarían de entender —les decía— ni tenía ningunas ganas de pasarles una segunda parte en que Estrella ya no guardaba con su padre esa relación ideal, llena de admiración y adoración, que había mostrado hasta ese momento.


Poco antes, yo creo que sabiendo lo poco de iglesia que era su padre, habían disfrutado viendo conmigo unas de las más emocionantes escenas de la película, motivo de este relato. Estrella va a hacer su Primera Comunión. Está en la iglesia y, por el rabillo del ojo, ve como su padre —agnóstico reconocido— se ha acercado hasta la puerta. Corre hacia él, loca de alegría del detalle que ha tenido para con ella, y le dice que se quede fuera si quiere, pero que no se vaya. A continuación enlazamos con la fiesta pagana en casa, donde padre e hija bailan el pasodoble En er mundo, al son de un acordeón de un vecino y las palmas de su familia.


Ellas ya no veían, pues, la escena complementaria, en la que también suena En er mundo, como repara y se lo hace notar su padre a Estrella, ya mayor. Ambos están en una mesa de un hotel intercambiando una conversación desencantada. Estrella lo deja ahí y, al irse, echa un vistazo de refilón al salón vecino, donde se celebra una boda con esa música. Pero acaba yéndose del todo, lanzando un saludo con la mano que su padre responde desde lo lejos, ahí solo, detrás de la mesa. También emocionante, pero desolador.


Señores jueces: Sean Vds. magnánimos. Actué de esa forma únicamente para retrasar el descrédito que sabía que, tarde o temprano, iba a llegar.

lunes, 2 de noviembre de 2015

El río


Entre Pasolini i otros cineastas dialogando con Pasolini, esta tarde Jean Renoir, y nada menos que "El río" (1951). Es un salto muy grande. Es verdad que siempre se dijo que Pasolini le daba un nuevo aire, una nueva vida al neorealismo, y que gente como Luchino Visconti fueron herederos directos del cine de Renoir. Pero el propio Pasolini se encargó de dejar claro que su cine, e incluso sus primeros films, dejaban atrás el neorealismo (estaba formando parte de lo que vino en llamarse el cine moderno) y la propia "El río" estaba a su vez lejos de los films de Renoir de los años treinta, esos cercanos a la Unión Popular en los que llegó a mamar Visconti, con el que Pasolini, por otra parte, no mantuvo buenas relaciones, más allá incluso de las trifulcas relacionadas con María Callas.
Pero dejando en paz estériles clasificaciones y distinciones, qué placer volver a dar con una película como "El río", que maravilla por una cosa u otra en cada visión. En las últimas ocasiones me ha dado por confirmar la fuente que, indudablemente, supuso para "El sur" (Víctor Érice, 1983), con las similitudes enormes entre sus narradoras (en ambas su protagonista conduce con su voz en off, cuando ya hace tiempo que ha dejado de ser adolescente, la película). Puede ser, además, una buena fuente de debate.
Será un pase muy temprano. Casi sin dejar tiempo para hacer la siesta a los que pueden hacerla y la tienen por costumbre. Habrán de contentarse, en su caso, con la de una de las escenas más bellas que nos ha ofrecido el cine.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Arboleda del Sur



Lo descubrí un invierno, hará unos diez años. Tuve que ir a uno de esos “ejercicios espirituales” que, bajo el nombre de “Discusión de objetivos” organizaba la empresa. La cosa acababa nada menos que en el “Echaurren” de Ezcaray y, tras la comilona, salimos a estirar las piernas. Ya en la carretera, alcé la vista, y vi el escenario de aquella magnífica elipsis de “El Sur” (Víctor Érice, 1983). Excitado, me puse a observar por la derecha, y encontré la valla de la casa. El éxtasis llegó al ver que, en el último caserón, arriba del tejado, se distinguía una gaviota. Ahora he regresado al lugar, para enseñárselo a Teresa.
La emoción aumenta al distinguir un caserón entre la vegetación.
Aquí "El carioco" escribió su declaración.
Y, por fin, se ve la veleta.






Hasta juraría que Rafaela Aparicio pasa bajo una glorieta como ésta...

Han sido tan discretos que mejor que siga siendo un secreto su ubicación, para que no se convierta en un parque temático. Que solamente alguno de vosotros, como quien no quiera la cosa, se deje caer por ahí...

Cuando me iba, vi llegar a un ciclista, pero ni iba por el medio ni era Estrella...