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domingo, 21 de noviembre de 2021

Los Belov


Del mismo realizador de un documental tan curioso como “¡Vivan las antípodas!” (2011) o mejor esa divertida película con cerdos como protagonistas, “Gunda” (2020), Viktor Kossakovsky, hay temporalmente en Filmin, gracias a L’Alternativa, “Los Belov” (1992), el que pasa por ser su primer documental.
El film, de una hora, muestra una serie de escenas de la vida de una pareja de ancianos hermanos, ambos medio idos mentalmente, a cargo de una destartalada granja. Ella canturreando canciones constantemente y desesperada por los destrozos que ocasionan constantemente las vacas, él casi siempre borracho, discurseando de lo lindo.
Por las discusiones que oímos cuando les visitan otros dos hermanos, con los que él emprende una discusión a voz en grito, sabemos que estamos en la época de Boris Yetslin. En un momento, pues, decisivo, de enfrentamiento entre ideas en la URSS, sin saber hacia dónde se iba a decantar la cosa.
Kossakovsky tiene acceso hasta a discusiones brutales entre hermanos y en la música pone tanto una canción cubana que habla de un “Caballo viejo” como una dulzona canción en inglés, que sorprende por contraste con la dureza del entorno.




 

viernes, 2 de julio de 2021

Gunda




En “Gunda” (2020, en Filmin), Victor Kossakovsky sitúa sus cámaras para que podamos seguir el desarrollo de la nueva camada que ha tenido una cerda en su establo. Una numerosa y nerviosa prole tropieza, se apelotona, pelea entre sí por extraer de las mamas de Gunda su alimento. Más tarde vamos viendo su crecimiento, sus salidas por el bosque con la vigilancia algo distante de su madre.
Sobre la mitad de la película hemos visto también la loca carrera de unos terneros saliendo de su establo hacia los pastos. Y antes hemos visto también unas gallinas viajando en una jaula, con incierto futuro. Una de ellas, aunque prudente, ve con sorpresa que puede abrir la puerta de la jaula y salir a picotear por ahí.
Volvemos con la familia porcina. De tanto en tanto alguna cría, ya por momentos robusta, mira directamente a cámara, curiosa o desafiante, y apreciamos enseguida un cambio de plano. Solo en un momento eso pasa con Gunda, la cerda madre. La vemos descansando en el establo tras haber dado de mamar a toda su ya madura descendencia, asomando sólo el hocico al exterior. Nos dirige una resignada mirada, que parece estar diciéndonos: “¡Esto era la vida!”
Pero si alguna escena se quedará en el recuerdo quizás sea la final. Vemos a la cerda madre, desolada, recorriendo solitaria una y otra vez establo y los terrenos colindantes. La vida también tiene, sabemos ahora, jugadas de éstas.




 

domingo, 7 de junio de 2020

¡Vivan las antípodas!

El punto perdido inicial de Argentina, junto a un puente que ocasiona el poco trabajo.
Por una vez, la sinopsis que pone Filmaffinity de “¡Vivan las antípodas!” (Viktor Kossakovsky, 2011, en Filmin) sí que te aclara un montón sobre la película:
“Viajando en una remota región de Argentina, llegué a un pequeño poblado con sólo tres casas al borde de un acantilado y un pequeño río que corría por el cañon distante. Bajo la luz del atardecer, este parecía ser uno de los más hermosos y pacíficos lugares de la Tierra. La imagen de un hombre parado en un puente que atravesaba el cañon pescando con una línea de 25, 30 metros, me hizo preguntarme: ¿Qué pasaría si extendiera esta tanza mucho más lejos, a través del centro de la Tierra? ¿Qué encontraría al otro lado del mundo? Resultó ser Shangai, uno de los lugares más poderosos, explosivos y ruidosos del planeta. Fue así como nació la idea de esta película.
Girando, el Skyline de Shanghai.

Y el ajetreo de la salida de un ferry.
Luego descubrí que la mayor parte del planeta está cubierto por agua, hay muy pocos sitios con lugares habitados que tengan antípodas. Por ejemplo, en todo Europa, sólo España tiene antípodas, Nueva Zelandia. En los Estados Unidos sólo Hawai, que es antípoda de Botswana, a su vez la única verdadera antípoda africana. Filmamos en los más bellos lugares del mundo que son en mi opinion, Lago Baikal y Cabo de Hornos. A veces uno tiene una buena idea para una película, pero una vez que la haces, te das cuenta que la idea era mejor que la realidad. En ¡Vivan Las Antípodas! fue al contrario. La idea estaba bien, pero luego descubrí que la realidad es todavía más increíble y sorprendente."
Con imágenes de enorme belleza, kossakovsky va haciendo, por ejemplo que la lava de una erupción en Hawai se convierta en la piel de un elefante en Botswana. A las conexiones que, aunque aventuradas, no se hacen tan evidentes, les hace un juego con la banda sonora. Así, para un ilustrativo travelling por un barrio antiguo de Shanghai, echa mano de un bandoneón de sus antípodas.
Un viaje por ocho puntos del mundo, bien distantes, desde el sofá de casa. Confirmando la redondez y finitud de la Tierra.