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martes, 28 de diciembre de 2021

Le bassin de J. W



“Le bassin de J. W.” (Joao César Monteiro, 1997; enlace de YouTube con subtítulos en español abajo) ya es otra cosa, ésta sí inmersa en la locura de las últimas películas del cineasta portugués (aunque sea principalmente en francés con un rabioso acento portugués).
Está dedicada nada menos que a la pareja Straub/Huillet y, por si fuera poco, en seguida se comenta que el título (y todo el leitmotiv del film) surge de una frase de Serge Daney, que decía haber soñado que veía a John Wayne en el polo norte moviendo con su forma peculiar su pelvis.
Los cantos pseudoreligiosos (de una irreverencia subida) de los títulos de crédito no auguran nada bueno, pero a continuación empiezan las sorpresas: Monteiro -no es la primera vez- ejerce De Dios Todopoderoso y desde unas golfas inicia un repaso a las escrituras sagradas, que le llevan un buen trozo del film.
Inicialmente los textos que se oyen tienen el soniquete de los que pronunciaba Dalí cuando adoctrinaba. Luego lo religioso declina, dando paso en otros escenarios a citas de aquí y de allá, con el burro de Apuleyo como elemento clave.
Poco importa por dónde transite, si por el mundo clásico o diciendo en ese francés macarrónico cochinerías. Se trata de una película de Monteiro y, como tal, te mantiene expectante, sin saber nunca hacia dónde irá. ¿Que si Monteiro estaba loco? Yo no guardo a este respecto ninguna duda. Por eso atraen tanto sus películas.




 

lunes, 27 de diciembre de 2021

Silvestre




“Silvestre” (Joao César Monteiro, 1981) sigue parcialmente la senda de “Veredas”, con historias populares y aparición del Maligno, esta vez engarzadas en una sola trama continua coherente, sin interferencias del presente, intervalos filosóficos ni otras altisonancias, pero se acerca un poco a “La venganza de Don Mendo” en el sentido de montar cuadros y decorados como si de tablas medievales se tratase.
La niña casadera de la posesión agrícola, luego alfeñique, es María de Madeiros y aparecen famosos actores portugueses del nombre de Teresa Madruga o Luis Miguel Cintra.
Una tarde de fantasía medieval con ella.




 

Veredas





He visto por vez primera “Veredas” (1978; enlace en YouTube abajo), que se aleja mucho de las películas posteriores de João César Monteiro.
Tiene en sus entrañas un poco de la realizada un par de años antes “Tras os montes” de Antonio Reis y Margarida Cordeiro (ese dolor ante la dureza de la vida en esa tierra, ese caminante señalando con su brazo a la lejanía a la que se dirige), así como unas cuantas medidas de ese cine de Raul Ruiz que engarza historias y leyendas entre sí.
Y un sermón en la capilla de los terratenientes mezclándolo y tergiversándolo todo bien divertido.





 

domingo, 28 de noviembre de 2021

Sophia de Mello Breyner Andresen



¿Quién iba a sospechar que Joao Cesar Monteiro había empezado su filmografía con un cortometraje (19 min) dedicado a la gran figura femenina de la poesía portuguesa del s.XX y que, además, lo había dedicado a Carl Th. Dreyer?
Quizás la evocación a Dreyer le viniera del origen familiar de la poeta, cuyo abuelo paterno era danés. El caso es que el corto “Sophia de Mello Breyner Andresen” (1969j contiene por momentos en su estética mucho de la austeridad nórdica, mostrando a la escritora escribiendo junto a una ventana con vistas al mar en una desnuda mesa sólo decorada por una fuente con frutas. Pero hay más: esas escenas con toda la familia en barca por la rocosa costa del Algarve tienen, con su contrastado blanco y negro, el aroma de ciertos Bergman…
Aparece en el corto la poeta que se carteaba con Jorge de Sena en la “Correspondencias” (2016) de Rita Azevedo Gomes también en su casa, leyendo un cuento a su hijo pequeño y siendo protagonista directa o indirecta de varias bromas. Así, la película se mueve entre alturas poéticas de lo más culto y lo doméstico, en una mezcla que, en todo caso, no dejaba pronosticar la evolución posterior del cineasta.
Aquí, el enlace al cortometraje, agradeciendo a José Luis Márquez su descubrimiento:





 

jueves, 25 de noviembre de 2021

El último remojón




Ayer avisó José Luis Márquez que en YouTube había unas cuantas películas de ese singular cineasta que fue Joao César Monteiro y, como entre ellas se encontraba “El último remojón” (1992), que no había visto, me faltó tiempo para ponérmela.
La amenazante descripción inicial de “esbozo de película” me hizo temer encontrarme ante un experimento tipo “Blancanieves” (2000), pero no hay que asustarse, que no es así.
-El cielo puede esperar - le asegura el señor Eloi, el marinero jubilado que ha visto como Samuel, indeciso, estaba, ya oscurecido, un par de horas en un muelle decidiendo si se tiraba o no al agua para desaparecer de este mundo. Lo coge del hombro y se lo lleva a recorrer las miserias y las glorias de la ciudad. Como esa ciudad, señoras y señores, es la inconmensurable Lisboa de antes de la Expo, todo está ya dicho.
Eloi se lleva a Samuel a su casa y de ahí a varios cafés. Le abastece en comercios tradicionales, van a un barbero que ejerce su oficio al son del ‘“Fígaro” y llegan a un café de variedades en el que actúa una Carmen Miranda que, para dar el papel, baila con un plátano en la mano. Allí se hacen con compañía femenina con la que pasean por calles y plazas de la Lisboa antigua en fiestas, con bailes populares, que es una auténtica delicia, para acabar en una pensión.
Al día siguiente sigue la fiesta: surgen por todos lados tranvías, elevadores, mercados repletos de vida. La Lisboa de verdad en todo su esplendor.
En esta ocasión no actúa Monteiro. Por un momento parecía él el hombre delgaducho y desgarbado que sale a bailar con Carmen Miranda, pero no. Sí aparece luego, como figurante, no sé si entrando a unos lavabos públicos. La batuta la llevan Eloi y sus chicas, por un lado, y Samuel (que se parece mucho, por cierto, a Benjamin Prado, con su reluciente conquista nocturna.
Llegado un momento, sobre los dos tercios de su metraje, empiezan a aparecer unos cuantos tours de force: hay una inacabable danza de los siete velos, aunque quizás se descuenten, que acaba hasta con el sonido durante un buen rato, una caminata de una rapaza por la Avenida da Libertade, los intentos de articular palabras de la muda o un cruce de un campo de enormes girasoles. Pero es que si no hubiera rarezas, no sería un Monteiro.
Tampoco he entendido nada, a parte de su indudable belleza, de una correspondencia entre Hyperión y Diotima que le debe dar un sentido mítico a lo visto. Pero no importa: la historia principal, que esa sí que se entiende muy bien, tiene, antes del final, su cumplido desenlace.





 

lunes, 31 de julio de 2017

À flor do mar

Convesración después de la cena, fuera de la casa, una noche veraniega. El tiempo fluye, pero parecería que lo hace más despacio.
Ha aparecido un Monteiro por la Filmoteca Shangrila, y eso merece detener todas las máquinas (anoche dejé de ver mi capítulo diario de "Judex") para darle toda la prioridad que merece.
En "À flor do mar" (João César Monteiro, 1986), un par de niños que corretean por ahí y tres mujeres emparentadas, cada una de ellas en plena aunque ocultada contienda con una oscura infelicidad que la acosa, pasan el verano en un caserón junto al mar. Un misterioso hombre, que aunque tenga aire de venir de película de acción de los años 70 también recuerda al Terence Stamp de "Teorema", hace su aparición.
La cena familiar en el caserón.
En la casa todos parecen tener un gran sentido escenográfico. La mayor pone en el tocadiscos una ópera y avanza por el pasillo a la luz del quinqué. La criada, la Sra. Amelia, también con su drama familiar a cuestas, prepara el pescado al horno como si de una representación teatral de gran tradición se tratase, cautivando a los niños. Y así unos tras otros.
Lucía Morante, Sara, entre la luz y la sombra.
El poso y las disertaciones literarias dominan unas conversaciones, nunca carentes de humor, pero también llenas de reflexiones de peso ("Pasan por nuestra vera, incólumes en lo que ellos proyectan", se oye, en referencia a los niños que ahí crecen). Todo un fondo de historia clásica envuelve y conduce la trama. Se habla en portugués, italiano, inglés (el recién llegado), y hasta alemán (asaltantes) y español (la canción de la disco). La belleza de la música que escuchan las ocupantes de la casa, envolviéndolo también todo, está a juego con la belleza de las imágenes -una continua disputa entre la luz y las sombras- y de las protagonistas (Laura Morante, Teresa Villaverde). Y en un par de ocasiones, extradiegética, también bellísima, aparece música de Bach para completar la sesión.
Ante el espejo, sorprendida: "¡Pero si tú estabas muerta!"
No hay que asustarse. Es quizás la película con más clara línea argumental de entre las que he visto de Monteiro. Incluso incorporando, aunque sea con afán de carácter mítico, un cierto aroma de thriller. Y toda ella podría verse también como un magnífico retrato, muy observador, sobre la familia y sus cosas. Basta ver mínimamente lo plausibles que nos resultan esa niña y su hermano, sus actividades y la relación que con ellos tienen todos los adultos.
En definitiva: un regalo.
Aquí su enlace: https://vimeo.com/227535822

La última de las tres luces de las ventanas del caserón, a punto de apagarse.

jueves, 18 de junio de 2015

Va e vem


Anoche la sala grande de la Filmoteca presentaba un aspecto más bien desolado durante la proyección (tres horas) de "Va e vem" (Joao César Monteiro, 2003). No esperaba tampoco multitudes, pero es algo que no entiendo, y que en todo caso creo debido a desconocimiento sobre la singularidad del cineasta, que suponía que tendría una parroquia de incondicionales nutrida.
El "va y ven" del título se debe, sin duda, a los viajes que Joao Vuvú, peculiar viejo ya en los huesos -el mismo Monteiro-, emprende diariamente en autobús urbano desde su casa hasta un parque donde dejarse llevar, sentado en un banco, por la contemplación, siempre participativa. En los trayectos no para quieto, observando en posturas malabares las partes altas de las casas por las que pasa el bus, cambiándose de sitio, conversando con las antiguas conocidas con las que va encontrándose, y participando en los saraos musicales que ahí tienen lugar. Luego hace el trayecto inverso, y regresa a casa, quizás pasando antes por la Farmacia Confiança.
El caso es que el Sr. Vuvú ve la necesidad de contratar a una mujer de hacer faenas, y se le presenta para ello una especie de hada joven, que permite aportar los siempre presentes elementos eróticos de sus películas. La recibe rendido, la hace pasar ofreciendo sentido homenaje al póster gigante de "Pickpocket" y, a partir de entonces Monteiro hace esperar al espectador contraplanos como el de él, de rodillas, limpiando a cepillo enérgicamente la moqueta a ritmo de música. Al final llega el contraplano: La bella Adriana, vestida de una cómoda y casi traslúcida combinación está tan ricamente tumbada en una tumbona, para después pasar indolentemente a pintarse las uñas de los pies.
Quizás, no obstante, el plano casero más habitual de la película los abarca a ellos dos, enfrente de una ventana o foco de luz, dándose a la conversación o el juego, bebiendo unos zumos que él ha preparado. En todo el film el Sr. Vuvú habla con las viejas conocidas con las que se encuentra utilizando proverbios, versos, contando leyendas e historias, quizás canciones, siempre con un lenguaje culto, instruido, de lo más jocoso. En una ocasión ensaya en casa con la misma Adriana "La verbena de la Paloma", y ya los vemos a los dos, disfrazados ad-hoc, cantando aquello de "¿Dónde vas con mantón de Manila?..."
Siempre Monteiro lleva hasta el final cada escena, completa las músicas que pone, y eso, aunque se trate de algo festivo, es posible que enerve a algún ocasional espectador. Como ese larguísimo plano fijo del ojo del mismo Monteiro, tras haber visto a otra hada agradabilísima subida en un árbol de encima del banco de su parque habitual y, más tarde, el mismo árbol ya vacío. Sabiendo que ésta fue la película póstuma de Monteiro, ágil pero ya en las últimas en el film, ese plano aparta de tu mente todo lo festivo de la película y te hace entrar en otro tipo de reflexiones, mucho más trascendentes.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Joa Cesar Monteiro en el recuerdo

Un recuerdo de los de “Les Inrockuptibles” celebrando su número mil y un deseo a los que me adhiero, al tener presentes, regocijado, sus singulares películas.


martes, 22 de julio de 2014