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martes, 10 de enero de 2017

Últimos días en el Pratz


En "Sette opere di misericordia" (2011) Ludimila dormía con una familia rom en un barrio de barracas cercano a Turín mientras tramaba su plan para hacerse con papeles que le permitieran vivir su vida. En "Últimos días en el Pratz" ("I ricordi del fiume", 2015, en Filmin/Atlántida Film Festival) Gianluca y Massimiliano De Serio vuelven al barrio de barracas, pero ya no siguen un guión muy planificado, a ejecutar fielmente. Llevan consigo un equipo de filmación y sonido ligero, y ruedan todo lo que pueden sobre la vida en esas barracas. Hacen un documental, no una ficción.

Se nota, no obstante, que no es la vida normal lo que captan, y no sólo por la presencia continua de la cámara por cualquier rincón. Todos, de una u otra forma, recogiendo pertenencias para llevárselas, conversando sobre el tiempo que llevan ahí, o haciendo mecánicamente lo habitual, pero sintiéndolo quizás más profundamente, denotan que eso se acaba.

Alguna familia descubre los detalles de los pisos donde, cumpliendo ciertos requisitos, vivirán en el futuro (para unos jovencillos, "la nueva casa está bien, pero es aburrida"). Otros siguen en las barracas con sus programas religiosos televisados o en directo, en una gran barraca también condenada. Algunos protestan de discriminaciones y trampas en la obtención de las nuevas viviendas.

Deja una sensación fría como parte del tiempo registrado. He estado pensando qué puede hacerme recordar la película entre tanto documental hecho de esta forma, con pocos medios, pocas alegrías. Por un momento he pensado que iba a ser la escena en que un policía local accede a la zona en una barca, saliendo de la ciudad, adentrándose en la niebla matutina, y pregunta a los ocupantes del barrio cuánta gente, cuántos niños quedan, y si no tienen miedo de hacerse daño entre tanto derribo que rebosa hasta el río. Pero creo que no, que en todo caso me quedará la sensación de tristeza (porque no da la impresión ni de que los que han obtenido un buen piso vayan a tener una vida boyante) y esos bulldozer derribando las elementales casuchas restantes.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Sette opere di misericordia

Ésta es la “Sette opere di misericordia” de Caravaggio, pintura colgada en una pared de la iglesia del Pio Monte di Misericordia de Nápoles. Allí puede verse directamente, sentado en un banco de la iglesia (está en un altar frontal de la izquierda) o, mucho mejor, puede irse a un piso superior desde el que llega a divisarse, mediante un efecto escenográfico impresionante, en plan casi cenital.
Arriba, rodeada de ángeles, la virgen y el niño contemplan diversas escenas, como a una mujer que da el pecho a un prisionero (Visitar a los que sufren pena de prisión / Dar de comer a los hambrientos), a un caballero que cede su capa a un hombre con el torso descubierto (Vestir a los que van desnudos) o a un par de hombres dispuestos a enterrar a un muerto –aunque a éste sólo se le vean los pies-.
Hoy, en la Filmoteca, en el “Pasoliniana” se ha pasado la película de 2011 de Gianluca y Massimiliano De Serio del mismo título, originada –según sus declaraciones- por la visión de este cuadro. En ambos, cuadro y película, señalan, tocándose un tema aparentemente espiritual, se efectúa un retrato de la sociedad de cada época, justo a través de esos cuerpos representados. A nuestra época, la de la película, correspondían esos personajes dejados de la mano de dios y de sus semejantes, esforzándose cada uno de ellos, buscando un camino, una salida. La inmigrante moldava Luminita se topa en su camino con el viejo Antonio. Un choque en un camino de iluminación que es la película.
Me ha satisfecho la sesión. Ha acudido bastante gente (hasta he llegado a conocer “en persona” a una amiga del Facebook), muchos espectadores se han quedado a los escasos minutos de discusión en la sala posteriores a la proyección y, lo que es más importante -confirmando que se trata de un film muy apto para su pase por cine clubs- en el vestíbulo de la Filmoteca y luego en un café cercano, donde unos explicaban a los otros aquellos detalles argumentales que habían quedado oscuros. Ha habido reacciones de todos los colores. Desde una persona que había quedado impresionada por la “preciosidad” de la película, una “hermosura” que ha justificado con voz pausada, admirada, exponiendo diversos argumentos e interpretaciones sobre su significado último, hasta algún miembro del Projecte Pasolini Barcelona que no la ha disfrutado al encontrarla –y también entiendo su postura- muy constreñida a un guión previo, sin aire para dejar respirar cinematográficamente lo inesperado, u otro que, demasiado sujeta a esa cintura, “no se la ha creído”. Posiblemente veía demasiado que era cine.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Sette opere di Misericordia


Un thriller moral. Así, con este feliz slogan para quitarle hierro a su propuesta y añadirle un cierto condimento ligero que la haga más atractiva al gran público, califican los hermanos De Serio a su "Sette opere di Misericordia" (2011), la ya antepenúltima propuesta de la "Pasoliniana" del Projecte Pasolini Barcelona, que se verá hoy sábado en la Filmoteca a las 19 h.
Es también el emotivo choque en el camino entre dos cuerpos, la inmigrante moldava que tiene un plan Luminita, con un rostro digno de Piero della Francesca (Olimpia Melinte), y un anciano que sobrevive cultivando un campo a las afueras de Turín, Antonio (el enorme actor, que vale por sí sólo por toda la película, Roberto Herlitzka), ambos fotografiados por Piero Basso en un film en el que la luz es también una gran protagonista, y contada toda la historia -llena, como no podía ser de otra manera, de claroscuros- a través de una estructura marcada, las más de las veces en forma irónica, por siete capítulos: cada una de las siete obras de misericordia que -¿te acuerdas?- debía hacer durante su vida todo buen cristiano para poder acceder a su muerte al cielo.
En el festival de Locarno del 2011 un jurado de la Federación Internacional de Cineclubs del que formaba parte gracias a la Federación Catalana, valorando entre otras cosas la minuciosa planificación en cuanto a estructura y composición en el cuadro de esos neófitos en una película que va iluminándose y creciendo a la medida que aumenta su metraje, le concedió el Premio Quijote. En el reglamento de ese premio consta el que sería distribuida por la red de cineclubs. Por cuestiones económicas no se ha conseguido ese objetivo. Por ese motivo estoy personalmente muy satisfecho de que el ppb la haya programado. Como lo fue ayer "Three sisters", es casi una primicia. Que yo sepa en España sólo se ha visto hasta ahora en el Festival De Gijón y en una Semana de Cine Italiano.
Lamentablemente, una vez superadas las dificultades económicas para la venida de al menos un De Serio a la sesión, el cruzamiento de películas en la parrilla de hoy de la Filmoteca no dejaba más que unos escasos quince minutos para su eventual presentación y coloquio, y nos parecía mal traerlos para decirles -a ellos, que son de natural expansivos hablando- que no tenían más tiempo. Como la he visto un par de veces, he hablado ocasionalmente con ellos y he mirado los coloquios de la película en los que aparecen y que han colgado por la red, procuraré dar yo mismo a vuela pluma, aunque no sea evidentemente lo mismo, algunas claves para que los que asistan a la sesión se vuelvan a casa valorando la película -bien o mal- aderezando las sensaciones adquiridas con ellas.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Sette Opere di Misericordia


“Sette Opere di Misericordia” (Gianluca y Massimiliano De Serio, 2011) ayer abrió el “Cinema Italiano ed Immigrazione” dentro de la tercera “Mostra di Cinema Italiano di Barcellona”. En el Verdi, a sala llena y gente que se quedó fuera, sin entrada. Es verdad que una razón puede verse en que era gratuito, pero, salvo cuatro o cinco contadas deserciones (la película no es amable), todo el mundo se quedó hasta el final, la vista pegada a la pantalla. Sorprendentemente, muy poca gente se quedó al coloquio con uno de los hermanos realizadores, Gianluca, venido ex profeso para la ocasión. Y digo sorprendentemente porque sigo considerándola una película más que apropiada para pasarla por cine-clubs de todas partes y –esta vez sí, con el correspondiente coloquio. Por eso me reafirmo en que se trata de un premio Don Quijote (el que otorga la Federación Internacional de Cine-clubs; en este caso en el Festival de Locarno) muy adecuadamente otorgado…
Gianluca De Serio (quien, por cierto, da muestras muy frecuentes de querer huir de su apellido) desveló en ese coloquio cosas muy interesantes: La fuente de inspiración que supuso la contemplación del cuadro de Caravaggio, que se conserva y exhibe teatralmente en el Monte Pio de Nápoles, y sobre todo su tratamiento de la luz, auténtica protagonista, de principio a fin, de la función; su consideración de que no se trata de un film religioso (se definió como no bautizado, ni creyente), pero que desde luego no rehúye, sino que busca, hablar de una cierta espiritualidad; su explicación de que muchos de los ambientes de la película (bidonvilles y huertos de los alrededores de Turín) los veían cada día yendo a trabajar; cierto tratamiento del sonido para apoyar el efecto de la luz; la poca evidencia del mundo exterior;…
Yo volví a ver que, al margen de ser una película muy bien escrita, planificada previamente, en cuanto a su estructura (que sigue esas siete obras de misericordia que todo buen cristiano ha de hacer a lo largo de su vida, si quiere gozar de los placeres del cielo, pero siempre ejecutadas de forma sorprendente) y leitmotiv (la luz), se trata también de un meticuloso trabajo de puesta en cuadro, que vigila siempre muy bien qué aparece en él, cómo están dispuestos en él sus personajes (entre sí y en relación con los elementos que les rodean) y qué queda fuera.
El Grupo “Projecte Pasolini Barcelona” ha propuesto a la Filmoteca esta película para un ciclo de “Diàlegs cinematogràfics amb Pasolini”, planificado para noviembre 2015. Esperemos, pues, que por esas fechas podamos volver a ella con más profundidad.