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viernes, 21 de junio de 2024

Une simple histoire


Aviso a navegantes.
Aunque ya ha cambiado mucho la cosa, sigue habiendo mucha gente que no conoce esta hermosa y rompedora película. Le Club Cinéma ofrece la visión de “Une simple histoire” (Marcel Hanoun, 1959) en su versión original francesa subtitulada en inglés, gratuitamente hasta el próximo viernes en este enlace:

 

jueves, 22 de julio de 2021

L’automne


Supongamos que un nuevo cineasta actual hiciera ahora una película como ésta y que, aunque no es tan fácil que eso ocurra, se pudiera ver en varios festivales de referencia. Yo creo que la sorpresa sería inaudita. Por todos lados se hablaría del descubrimiento de un cineasta increíble, consciente del medio con el que trabaja, que sabe como integrarlo y expandirlo en su obra. Todos se desharían en halagos interminables. Y es que es casi imposible dar con películas de hoy en día busquen y hagan con el cine como “L’automne” hizo en su día.
Pues bien. Aunque ya no se hacen películas como ésta, tan pensadas, que te sorprenden, sacuden y atrapan, “L’automne” (1972), como casi todas las películas de Marcel Hanoun sigue por ahí, muy lejos de ser considerada una obra capital del cine contemporáneo.
En 1977 la Filmoteca de la calle Mercaders dedicó una completa retrospectiva a Marcel Hanoun. Sé cuando fue porque escribí un artículo en la revista “Cinema 2002” sobre ella y ahora, cuando he visto de nuevo, gracias a la amabilidad de Xcèntric, la película, lo he encontrado y leído.
Es un artículo que me ha resultado muy inocente (1977…), en el que describía -más que otra cosa- en detalle, muy asombrado, lo que había visto. Pero es que no era para menos, pues sus films se alejaban mucho de la producción media a la que teníamos alcance.
Seguramente producto de esa retrospectiva y el pase en ella de su ópera prima y obra maestra, “Une simple Histoire” (1959), pero sobre todo de las buenas palabras que escribió sobre ella Noel Burch en su célebre y divulgado “Praxis del cine”, Hanoun pasó a ser un mito para cierto tipo de proyecto de cineastas. Hubo unos cuantos de por aquí que hasta hicieron las maletas y se fueron a vivir a su campestre “factoría”, ciertamente paupérrima en cuanto a medios materiales, para aprender cine a la vera del gurú.
El dispositivo de la película, que me parece un auténtico desafío para los actores, que solo puede ser cubierto por monstruos como Michel Lonsdale, ya explica muy bien que es cIne dentro del cine pero no únicamente en cuanto a la anécdota, sino todo un afinado profundizar en el lenguaje cinematográfico. Explicaba en “Cinema 2002”:
“En ‘L’Automne’ (1971-72) el juego actor-espectador se evidencia desde el primer momento. Michel Lonsdale y Tamia trabajan en una mesa de montaje cuya pantalla es la nuestra (la de los espectadores) por el otro lado. Nos miran, por lo tanto, fijamente, a la vez que sus ojos reflejan los focos del rodaje. Nos miran a nosotros que estamos pendientes de ellos. (…)
“Julien (Michel Lonsdale) es un ‘autor’ cinematográfico que precisa de un ayudante ‘preferentemente mujer’ para el montaje de su filme. Ella será Anne (Tamia). Los dos observan una y otra vez el filme (nos observan), hacen las mezclas imagen-sonido, descansan de vez en cuando (nos ‘apagan’ la pantalla, que queda completamente a oscuras) y van desarrollando una relación amoroso-sentimental que se presenta desde el primer momento (‘Je t’aime Anne’ parece repetir algo, sobra una palabra. En mi próximo film haré aparecer tu nombre…’).
(…) Habría que saber hasta qué punto Marcel Hanoun habla por boca de Julien o incluso de Anne. Porque Julien va elaborando -sincera o insinceramente: está Anne a su lado- toda una confesión a lo largo del film. Desde la de directores favoritos (Dreyer, Bergman, Bresson, Visconti, ‘El evangelio según Mateo’, de Pasolini, y ‘un cineasta mal conocido’, Chris Marker), pasando por teorías de ensamblaje del cine pornográfico con cierto cine político (entonces de moda…) (el ‘cine pornopolítico’), hasta la de una auténtica preocupación por el resultado definitivo de sus films (en Cinema 2002 me cambiaban automáticamente la palabra a filmes) y la impresión que éstos pueden causar (las miradas de reojo a Anne mientras pasan las secuencias).
“Pero aunque nos fijemos en una trama argumental, el film quiere ser primordialmente planteador de reflexiones sobre la relación autor-actores-espectadores. Los espectadores somos los actores para los actores del film (filme en Cinema 2002…). Éstos se plantean continuamente nuestra reacción (‘¿tú crees que aguantarán ésto?’, tras un larguísimo plano fijo). La última escena muestra la mesa de montaje que da sobre la calle, donde coches, personas, siguen su ritmo normal. Y vuelve el color que sólo ha aparecido en contadas escenas.
Hasta aquí lo que escribí en ese artículo global sobre este film que, visto ahora de nuevo, me ha vuelto a impresionar, sobre todo situado en su época y yo conociendo ya un poco más sobre la historia del cine, anterior y posterior. En ese año, por ejemplo, ese programa del Anthology Film Archives que hay siempre en la pared posterior a los actores en su supuesto estudio, me sonaba a celestial música cultural, pero ni idea de a qué hacía referencia…


 

martes, 15 de agosto de 2017

Marcel Hanoun Wedding


Rumiaba qué colgar esta mañana por aquí, y he pensado que estaría bien el enlace a una miniatura (poco más de dos minutos) que ofrece la Filmoteca Shangrila en Vímeo. Se trata de "Marcel Hanoun wedding" (Jones Mekas, 1971).
Está rodado como todas las cosas de Mekas, con esa cámara vertiginosa, temblorosos y nerviosos planos que se suceden -alguno metafórica o directamente ilustrativos- relatando el tema. Unas columnas al son de una animada música clásica, una pareja eufórica, un funcionario en medio de sus papeles que les hace firmar en un libro. Luego un viaje en metro hasta una casa en la que tiene lugar una pequeña fiesta, llena de regalos con flores. La cinta acaba con las bromas sobre los zapatos -con una enorme estrella roja- del cineasta francés.
Me iba despertando pensando que sí, que eso podía colgar, pero veía la carátula del film como si se tratase de un papel viejo, con unos puntos oxidados, alguno en molesto movimiento. Hasta que no me he levantado no he caído en que estaba mezclando imágenes vistas ayer mismo. Por un lado la peliculita sobre la boda. Por otro, una enorme cucaracha alargada amarillenta que boca arriba agitaba sus patas intentando sin conseguirlo enderezarse, a la que vi en el pasillo de salida del supermercado al que había ido a reponer una serie de alimentos para casa. Aunque recordarlos juntos ahora, con Hanoun fallecido ya hace cinco años, no hace más que acrecentar dramáticamente la impresión de fugacidad de la vida que ofrece ese pedacito de la obra de Mekas, vamos a intentar diferenciarlos, y recordar sólo lo festivo de las tomas. Pensar en que Marcel Hanoun también pasó por una boda en 1971, con una judía americana (lo digo, quizás equivocadamente, sólo por su aspecto), y que ella lucía una radiante sonrisa.

O, ahora: https://www.youtube.com/watch?v=BpRPcX2Wt3g

miércoles, 23 de octubre de 2013

Une simple histoire


Nada menos que en 1977 la Filmoteca dedicó una retrospectiva a Marcel Hanoun, que contenía prácticamente toda su obra. Después, nada. De todo lo visto entonces, no escenas concretas, pero sí el tono general de su primer film, “Une simple histoire” (1959), es lo que me restó en la cabeza hasta hoy, en que he vuelto a ver, precisamente, ese film, una visión que me ha confirmado plenamente su valía.
Es divertido ver que contiene todo lo que las escuelas de cine al uso de la época –muy ortodoxas y poco flexibles- decían que no debía hacerse, por ser procedimientos “poco cinematográficos" (voz en off –y además redundante con el diálogo y acción-, encuadramiento lumínico del personaje estilo cine mudo, etc.), o porque se consideraban fallos (en tres ocasiones un travelling o panorámica acaba con el cuadro centrado en un anodino árbol en primer plano; cambios de punto de vista; salida de personajes de cuadro por la esquina; contraluces “prohibidos”). Presenta, narrada por ella misma, la pequeña odisea que vive una madre soltera, deambulando por París con su hija en busca de trabajo y sitio donde dormir, mientras va agotando todo su dinero. Es casi, a pequeña escala, sin aspavientos, una traslación de la pasión de Cristo por Pasolini (relación traída por cómo empleó posteriormente Pasolini la música clásica), o un recorrido hacia la santidad vía martirio filmado por Bresson.
Ahora he pescado también algunas referencias al nuevo cine de la época y a imágenes del París de los grandes fotógrafos, pero con eso o sin eso, es igual. Una película, para los que no la conozcan, a ver absolutamente, en un momento tranquilo (son 65 minutos). Su enlace:


viernes, 19 de julio de 2013

Marcel Hanoun: hacer cine.


En su primer número en papel, “La Furia Humana” presenta una serie de “cartas de amor”. Una de ellas es la de Javier Rebollo a Marcel Hanoun, el realizador de aquella primeriza y magnífica “Une simple histoire” (1959: foto) que, a quien la haya visto una vez, le estará toda la vida resonando.
Rebollo la leyó, de hecho, como presentación a una retrospectiva en la Cinemateca uruguaya, cuando Hanoun, aunque preso de una diálisis, aún vivía, y merece ser leída como tal, porque es una auténtica carta de amor, pero que además precisa muy bien varias claves de su cine.
Se trata de ir a la revista para leer la “carta”, pero pongo aquí la cita del mismo Hanoun con la que la arranca: “Para hacer cine, incluso si no tenemos cámara, podemos rodar con los ojos”
No he encontrado el nombre de quien hizo la foto de Marcel Hanoun con su camarita.