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viernes, 11 de abril de 2025

Drôle de drame


Por una de esas cosas que suceden, de un pase por el benefactor UHF de “Drôle de drame” (Marcel Carné, 1937) se me quedó grabado por vida el siniestro -y pecaminoso- obispo encarnado por Louis Jouvet y Míchel Simon cuidando sus mimosas y alimentando con las moscas que iba atrapando al vuelo sus plantas carnívoras.
Estos dos, junto a otros muy populares actores franceses, tanto del teatro como de la pantalla (por ahí aparecen también el galán del melodrama que figuran rodar en “La noche americana” -Jean Pierre Aumont-, haciendo aquí de alocado y enamoradizo lechero con ideas sublimes para la escritura, o el mismo Jean-Louis Barrault, en asesino de carniceros que cae enamorado de Françoise Rosay…
Rodado en unos decorados muy evidentes figurando ser un par de barrios opuestos de Londres y sus casas, con inspectores de Scotland Yard y demás elementos de la farsa incluidos, todo está montado para hacer pasar una sesión de comedia disparatada, con gags -esa anciana que olvida constantemente que su perrita, Canadá, murió hace cinco años-a recordar.
Pero en mi cabeza quedará siempre ese repugnante obispo que tan bien borda Jouvet, y la enternecedora manera en que Simon va a cuidar sus mimosas.

 

domingo, 23 de junio de 2024

Le drôle de drame de Marcel Carné


Tenía grabada de TV5Monde, desde hace mucho tiempo, la que creía era “Drôle de drame” (Marcel Carné, 1937), y aplazaba siempre el momento de volver a verla. Ayer, antes de que desapareciera, me puse a ello, y resulta que era en realidad una vertiginosa biografía del realizador francés, “Le drôle de drame de Marcel Carné” (François Aymé, 2020), que me encantó, al ordenarme su obra y descubrirme tantas cosas sobre él.
Muerta su madre a los 5 años, queda al cargo de un padre muy sui géneris, que lo lleva consigo a todos lados, incluido al burdel. A ver si las revelaciones de peso no empiezan en la película desde buen principio…
De joven se hace crítico cinematográfico y escribe un artículo que habla bastante del cine que intentará hacer más tarde, “¿Cuándo el cine descenderá a la calle?” Poco después, realiza su primera película, el documental de 14 minutos “Nogent, eldorado du dimanche” (1929). Las imágenes que aparecían de él me incitaron a buscarla para verla. Ayer hice una entrada con su enlace. Divertido, por entonces, cómo llega a ser asistente de Jacques Feyder y hace para él de todo, desarrollando una gran actividad y aprendiendo un montón.
Su encuentro con Jacques Prevert sirve al documental para, hablando de sus caracteres tan diferentes, dar a conocer su homosexualidad, que yo, siempre en la inopia, desconocía por completo.
Con Prevert dan paso a lo que se llamó Realismo poético, formando a continuación la tribu Prevert - Carné - Trauner - Gabin.
Llega la capitulación francesa en la guerra y su firma con la Continental, la productora que crearon los nazis en París.
Vuelta a Prevert con el éxito de “Les visiteurs du soir”, título que se me quedó grabado cuando, con quince años, leí que Truffaut explicaba que de niño la había visto, emocionado, doce veces.
Tras la guerra las cosas ya no le van tan bien. Sufre una depuración política y después “Les portes de la Nuit” no tiene el éxito esperado tras la deserción de Gabin y Marlene. Le acusan de megalómano, pues hace películas muy costosas, sin reparar en gastos, en épocas de limitaciones.
Estos días, tras la muerte de Anouk Aimée ha salido por los papeles que fue Jacques Prévert, cuando ella tenía 14 años, quien le adjudicó este nombre. Fue en “La fleur de l’age”, un proyecto inacabado -con unas imágenes supervivientes sumamente atractivas- que supuso la ruptura, por razones de intención política respecto al tema, entre Carné y Prevert.
En declive su carrera, el documental señala su relación con Roland Lesafre, cuyo nombre aparecería a partir de entonces en todas sus películas, empezando por la notable “Thérèse Raquin”
En “Les tricheurs” (1958) da paso a una nueva generación de actores, con Jean-Paul Belmondo a la cabeza, pero es ya la época de las atroces críticas de los críticos de la Nouvelle Vague, con una envenenada frase de Truffaut, apuntando indecentemente a su homosexualidad, como si se tratase de pederastia, diciendo que la forma de filmar los niños de Carné es casi de juzgado de guardia.
Una aparentemente marcianada a fuerza de querer ser moderna, “Les jeunes loups” (1968), y una flojilla película de intención política (“Les assassins de l’ordre”, 1971), ya prácticamente cierran su filmografía.
El documental acaba, no obstante, citando la reconciliación de Carné y Truffaut, en un encuentro fuera de París. Fue ahí donde Truffaut le dijo que había hecho unas veinte películas, unas mejores que otras, pero que habría cambiado todas por haber realizado “Les visíteurs du soir”.

Para más coincidencia, Carné creció en Batignolles, el barrio de Truffaut, y está también enterrado en el cementerio de Montmartre. La próxima vez que pase a ver la tumba de FT me acercaré también a ver la de MC. 

Nogent - eldorado du dimanche



La historia del cine abarca ya tanto que te puede deparar sorpresas inesperadas como este “Nogent, eldorado du dimanche” (1929), 14 minutos que constituyen la primera película que hizo Marcel Carné y le revelan como atento seguidor del cine de vanguardia y la buena fotografía de la época:





 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Thérèse Raquin

La place Bellecourt de Lyon.

Domingo de petanca junto al Ródano.

Madre e hijo no se pierden nada de las partidas y desprecian a Thérèse, que las ignora, mirando bajar las aguas del Ródano.

Se abre con una vista de Lyon desde la Fourvière. Pasan los titulos de crèdito y, de forma inversa, desde la Place Bellecour, abarrotada de gente, porque debe ser domingo, se ve la Iglesia esa dominante tan fea, N. D. de Fourvière. Saltamos a los quai del Ròdano. Allí tienen lugar cantidad de partidas de petanca, con su público fiel, como el raquítico Camille y su madre, Mme. Raquin. Acabada una partida, recriminan a Thérèse (Simone Signoret) que se haya perdido la partida, con su manía de ver pasar el agua del río.
Mme Raquin tiene una tienda de telas en una calle principal de la ciudad. Le hace de asistente su nuera. Vemos la llegada de Camille -muy poquita cosa- medio griposo y su madre le hace meterse en la cama, ayudándolo a desvestirse y reclamando que Thérèse le traiga y coloque, como buena esposa, una bolsa de agua caliente en los pies. Ella lo hace y, silenciosa, mira melancólica a través de la ventana a unos amantes abrazándose.
Otro día Laurent, un camionero (Ralf Vallone), trae a casa a Camille, grogui total tras haber bebido con él unas copas sin estar acostumbrado. Entre Thérése y Laurent -que se reconocen dos miradas- meten a Camille en la cama.
El contraste entre Camille y Laurent, como entre los dos actores que los encarnan, es brutal, entre la insignificancia y voluntad lánguida y la fuerza y acción decidida personificada. Por ello, cuando Laurent es invitado a las semanales partidas de juego caseras, todos los espectadores de “Thérèse Raquin” (Marcel Carné, 1953, ayer en la Filmoteca) ya sabemos lo que va a pasar. Si además nos ha llegado que es una adaptación de Zola, está claro que algo sórdido, no muy feliz, va a pasar luego con nuestros personajes.
Soy de una generación que ya pescó a Simone Signoret bastante mayor, en papeles con Jean Gabin que, en todo caso, podrían llegar a dejar entrever quién había sido. En esta película, presencia siempre imponente, guapísima, corrobora y aclara totalmente su fama previa.


Thérèse en la tienda.

Con la suegra, dominada por ella.

El encuentro con Laurent, que trae a Camille borracho.

Desde la ventana, mirando a unos amantes abrazarse.

La partida de cada jueves.

Raf Vallone y Simone Signoret en la película. Sombras por sus ojos.