Retrocedo un poco para pescar “La muñeca”(Ernst Lubitsch, 1919; en YouTube), que nunca antes había atrapado, posiblemente porque no me atraía lo suficiente.
El (notable) retroceso lo veo en varios sentidos, y no sólo en el cronológico. Se trata de un cuento cómico, presentado su decorado inicial (de cuento infantil) por el propio Lubitsch, con gags en general muy primitivos que deben bastante a la linea de Méliès, pero que veinte años después pierden, para mi gusto, la gracia que pudiera ese tener.
Pongo primero las capturas de las escenas en que aparecen los monjes del convento, de una inocencia similar (aunque con mucha más tosca picaresca germánica lubitschiana incluída) a la de la comunidad franciscana del “Francesco, giullare di Dio” de Rossellini, pues son los que, básicamente, me han salvado la velada.
Primero ese prior del convento cuya preocupación por quedarse sin fondos para su buena marcha no le hace disminuir su apetito. Un prior que ve abierto el panorama cuando oye una cifra que ofrece un noble (saliendole de lo mas profundo la frase “¡Cuantas piernas de cordero podríamos comer con esa cantidad!”). Luego, todo el resto de frailes secundándole pero, sobre todo, después, el encuentro de todos ellos con la chica que se hace pasar por muñeca mecánica.
De todo lo demás, frente a los bastante burdos chistes o situaciones supuestamente graciosas del resto, más propios de teatro de títeres, muy alejados del poder posterior del director en esos terrenos, me quedo con unos pocos primeros planos que localizan ironicamente elementos a destacar:
-El tembleque de las piernas del protagonista, vistas por debajo de una cortina que tapa la visión de su cuerpo (Cortina que, ahora que cuelgo la imagen, a lo mejor se queda en cortinilla para dejar visible solo el elemento en el que quiere incidir, en un procedimiento muy de Lubitsch, como el de la salida de la mujer mundana del hipódromo perseguida por el solterón en “El abanico de Lady Windermere”.
-Las múltiples bocas de los personajes que empiezan la discusión de una herencia, con el futuro legatario aún vivo y coleando.
El niño-adulto bufón, que en alguna ocasión, por su insolencia, también provoca alguna sonrisa.
Lubitsch en la presentación inicial.



















































