jueves, 10 de septiembre de 2026

Libros comprados en Perpiugnan: Pialat, Marker y Lavant


Cruzar la frontera y entrar en una librería francesa puede tener sus compensaciones en forma de libros. En esta ocasión todos de cine, e inesperados, porque no eran ninguno de los buscados. Detallo:
1.- Yann Dedet fue el montador de Maurice Pialat. Vino a Barcelona a presentar alguna de las peliculas de la retrospectica del director en la Filmoteca, y se pudo apreciar entonces tanto su inteligencia e ironía como lo mucho que podía aportar sobre la forma de ser y trabajar de Pialat. En la contraportada explica que llevaba un diario sobre el montaje de “Van Gogh”, Pialat lo descubrió y, agitándolo delante de todos, sonriente y burlón, le inquirió: “¿Informe policial?” (P.O.L. 2026)
2.- “Es el relato fragmentario de mi relación con Chris Marker, de mi nacimiento a su muerte”, dice en la contraportada Maroussia Vossen, bailarina y artista, hija de adopción de Marker. (Le tripode, 2016. He visto ahora que había habido también una edición española)
3.- En la contraportada aseguran que en este autorretrato, Denis Lavant, “fascinado por el circo y las artes de la calle”, evoca a quienes más han contado en su recorrido, y cita -entre otros- a Vitez, Leos Carax, Claire Denis, Céline o Beckett. (Les impressions nouvelles, 2020)
Prometen


 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Vida en escena (Max Ophuls)


Sergio Sánchez, que seguramente empieza a conocerme y sabe que soy de exaltación rápida que acaba enfriándose un poco, me emplazaba a explicar aquí si las memorias de Max Ophuls, “Vida en escena” (CultBooks, 2024), seguían causándome, una vez acabada su lectura, la misma admiración que señalaba cuando llevaba leída sólo su mitad.
¿Qué decir? Que sí, que se las recomiendo fervientemente. En ellas, y más concretamente en su segunda mitad, desgrana toda su filmografía efectuada en Europa, explicando de cada una alguna anécdota de su elaboración, que nos sirve para conocer su sentido de la vida, su generosidad para con la gente que fue conociendo en su carrera o con los que trabajó y, sobre todo, su engarce con la tormentosa Alemania y Europa del momento, acelerando de forma insensata hacia su autodestrucción.
Contiene un postfacio escrito por su mujer tras su muerte, en la que ésta explica (sin la gracia, a mi parecer, con la que lo hacía Ophuls) que las escribió a su llegada a Estados Unidos, cuando tuvo un parón, viendo que le era difícil continuar dirigiendo películas como deseaba, y citando luego mínimamente el resto de su vida y, por tanto, de su producción.
O sea: que si, Sergio. Que te gustarán, que se leen en un periquete, como si fuera una golosina o, ya que se trata de quien se trata, de un amable y divertido rondó bailable. Él mismo cuenta que siempre se instalaba en una casa pensando que iba ya a ser para toda la vida, pero luego las circunstancias le llevaban a vivir en otro lado, y así sucesivamente. Esa “ronde” fue inicialmente voluntaria y esencial para ir subiendo en éxitos, renombre y popularidad. Luego, sin embargo, fueron otras circunstancias las que llevaron a un judío como él de un lado para otro.
Ese clima de ascenso de la barbarie, cuyo hocico vuelve ahora a asomar con fuerza, está muy elegantemente, como le corresponde, explicado.


 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Vida en escena (Max Ophuls)


Fue Marcel Ophuls -al leer sus“Mémoires d’un fils à papa”, en las que casi hablaba más de su padre que de sí mismo- quien me dio la pista de la existencia de las memorias de su padre, Max Ophuls, esto es: “Vida en escena” (Cult Books, 2024).
Estoy aproximadamente en su mitad, que es por donde empieza a hablar de sus actividades cinematográficas, habiendo dejado en toda su parte anterior tan sólo alguna mención muy aislada en frase circunstancial. Y de sus iniciales acotaciones sobre cine vengo a hablar aquí.
Antes, sin embargo, me gustaría decir que admira cómo de modestamente afronta Ophuls su referencia a toda su experiencia teatral previa. Siendo aún extremadamente joven, fue el director escénico de buena parte de los mejores teatros centroeuropeos, pero despacha globalmente esa experiencia diciendo que tuvo que aceptarlo, pero que lo que en realidad le gustaba era interpretar, y cada una de las experiencias particulares -coronadas siempre con éxitos espectaculares- las liquida con una frase, dedicando más tiempo a hablar de otras personas o, como máximo, dejando entrever alguna aventura amorosa. Un muy loable recato que parece haberse perdido, vaya.
Pero vayamos ya al encuentro de Ophuls con el trabajo en el cine, explicado por el mismo:
“El cine me atraía y al mismo tiempo me asustaba. De hacer caso a los profesionales, era un oficio terriblemente difícil. Había que aprender mil cosas, problemas técnicos que nunca se acababan, sin hablar del guion técnico, del montaje,… Todo era muy diferente a lo que se hacía en el teatro, iba a verme obligado a volver a empezar desde cero. En resumen, un verdadero espanto. Como siempre, había una chica (se llamaba Ina). Era de una fragilidad turbadora, muy rubia y figurante en la UFA. (…)”
“Yo dudaba, pero como Ina decía que entonces podríamos comer juntos todos los días, supe echarle valor y me presenté. Veinticuatro horas después fui nombrado asistente de Anatole Litvak, quien rodaba ‘Nunca más amor’ .”
Y, más adelante: (Fui) convocado al despacho del administrador presidente director general (…). Me dijo que nunca hasta entonces los actores habían hablado con tanta naturalidad y que sí quería encargarme yo sólo de la dirección de otra película de la UFA, estaría dispuesto a confiarme algunos cortometrajes.”
“(…) Me habían permitido elegir una historia de mi gusto. (Cerca de mí otro joven hojeaba una montaña de papeles. Le conocía vagamente. Se llamaba Billy Wilder. (…) Le habría tomado más bien por un bailarín de claqué. (…) Ese mismo día descubrí un cuento poético de Kästner, el autor del inmortal ‘Emilio y los detectives”. (…) Me cité con Kästner. Llevó a un amigo que se ocuparía del guión. Fue así como conocí a Pressburger”.


 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Partido en el infierno (Zoltan Fabri)

No era fácil poder ver películas de Zoltan Fabri, algo así como el patrón de los directores de cine húngaros. Vista alguna gracias a que las alquilaba la Federación de Cine-Clubs de entre el amplio lote de películas de los países del Este europeo que había comprado, me dejaron entonces (años 70) admirado. Supongo que influía en un joven aficionado de la época que eran películas con dominio del medio, mensaje “progresista” y, a la vez, muy comprensible.
En Filmin puede verse de entre las suyas “Partido en el infierno” (1961), con una historia centrada en las peripecias de unos prisioneros húngaros en Ukrania ya en 1944, a los que sus guardianes les proponen jugar un partido contra soldados alemanes, que celebran una fiesta para levantar su moral y que, según como, recuerda en algún momento a “Evasión o victoria” (1981) -aunque es verdad que esa era de las peores de John Huston- y a “La soledad de un corredor de fondo” (1962) -esta si una muy buena película de Tony Richardson-







 

sábado, 5 de septiembre de 2026

À vendre


Como me sorprendió muy favorablemente la primera película de Laetitia Masson, me he pasado ahora su segundo largometraje, “À vendre” (1998), que he visto ha colgado TV5Monde en su plataforma. No me ha sorprendido tanto como su primera, pero decididamente, si pegó un bajón el interés de su cine, debió ser más tarde.
Se inicia con unas sincopadas imágenes que en ese momento entendí como la identificación de las discotecas con lo que Horacio Capel calificaba como las danzas rítmicas tribales previas al apareamiento. Sigue con otros extraños planos, sin información previa, que, en todo caso, te intrigan y hacen estar atento a ver si pescas por dónde va la cosa.
Y llegan entonces los títulos de crédito. El detective (Sergio Castellito), amigo del novio abandonado ante el altar (un Jean François Stevenin mucho más sereno que en todos sus otros papeles), se dirige en su coche por una desierta carretera para intentar rastrear el paradero de la novia y hacerla regresar. Los nombres de los actores van aproximándose y ampliándose en la pantalla, como si fueran coches que llegan en sentido contrario. Casi todos son actores que ya entonces lo eran o después se hicieron muy populares: los dos mencionados, (sobre todo) Sandrine Kiberlain y, en papeles más reducidos, Chiara Mastroianni, Aurore Clèment, Rochdy Zem,…).
Tras el cierto desconcierto inicial, no obstante, la estructura se aclara: la rige los planes, informes resultado de sus investigaciones e impresiones dictados a su magnetofón de bolsillo por el detective privado, quien, como veremos y suele ocurrir, tiene un pasado sentimental a descubrir. Por el medio, pequeños flashback nos muestran las acciones de la buscada, paulatinamente constatadas por el investigador.
Parece un policiaco, pero Castellito hace unas preguntas que, atacando a lo más íntimo de sus encuestados, no tienen nada de policiaco y, posiblemente, no hacen inicialmente sino informarse un mundo rural como prisión insoportable y el mismo encuestado no otra cosa que verse reflejado en diferentes espejos. Y uno de esos es la peculiarísima personalidad de la perseguida.
Es, en el fondo, una road movie cuyo trayecto se sabe resultará circular.






 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Flix Olé Terror años 80

Un deficiente nada políticamente correcto que aparece y hace sus números en la primera.

Los entusiastas del Festival de Sitges estarán poniéndose las botas. Flix Olé ha cambiado la temática de su segundo canal en Movistar+, pasando de infectos spaghetti-westerns a films de terror.
Buscando explorar terrenos alejados de la gramática dominante que proporciona por la cadena, hasta alguien que no sea un devoto frikie del género puede no digo ver entera alguna de estas películas -pues eso sería a todas luces enfermizo-, pero sí ver algún trozo, por aquí y por allá. Alguna de las películas se descubre que hasta está pensada y todas dan para investigaciones sobre, por ejemplo, la aplicación de la música contemporánea, aunque alguna se quede en repertorio de distorsiones.
Por hablar de dos de las proyectadas y medio vistas más recientemente:
-Trampa para un violador” (“La casa perduta nel parco”, Ruggero Deodato, 1980) es una especie de “Funny Games” (Michael Haneke, 1997) en la que lo más tramposo es la propia película, que se arrastra burdamente por todas las indignidades bajo la coartada del triunfo final del bien que astutamente desvela el título español. Un bien que ya ha dado muestras de estar más que devaluado durante la trama.
-Mucho más divertida (al menos inicialmente) es “Secta Siniestra” (Ignacio F. Iquino, 1982). Como la anterior, abusa de navajas cuyas puntas dejan rastro de sangre en la piel, aquí combinada con bastante salsa de tomate, pero al margen de su alocada trama (que va de los peligros de la inseminación artificial mezclada con las ganas del Ser Maligno, aupado por su séquito, de volver por este mundo), lo que la hace más curiosa y productora de sus buenas risas es su disparatado guión y, sobre todo, sus diálogos, que dirías obedecen a un concurso a ver qué guionista hace el más hilarante. Algún ejemplo:
-Ante el susto que le da una loca de las de antes (de esas que cada paso que daban tenían que ofrecer la idea de estar majareta perdida), cuando abre la puerta de las golfas en las que la tenia encerrada, una mujer exclama convencida un redundante “¡loca, cada vez está más loca!”
-La loca hace la gracia de insertarle una horca a uno de los protagonistas en los ojos, ante lo que su novia o hermana (ahora no recuerdo) le pregunta, viendo el estropicio: “¿Qué te han hecho, Frederick?
-Cuando otra mujer ve que el jefe de los satanistas le rebaña el cuello con su navaja de afeitar en un viejo ascensor del Ensanche en el que baja de su casa, suelta un indignado “¿qué hace? y, cuando cae en ello, no puede sino soltar un aún más indignado “¡Asesino!”
-“Me están saliendo unos bultos aquí. ¿No lo ves?”, pregunta ella, para seguir: “¡Claro que no los ves! ¡Estas ciego!” (lo que ya sabía desde unas cuantas escenas antes). Y, al darse cuenta de que ha podido ser un poco brusca, añade: “Perdona…”.
Al ciego en cuestión le hacen unas perrerías enormes que se ven con hilaridad, como ese ataque de murciélagos chillones.
Lo que no hace mucha gracia es lo que hacen a un pobre sapo, que ese me parece que no era un muñeco.
Lo malo de contemplar aunque sea mal y parcialmente estas películas, pese a ser, en efecto, de otra dramática que la ahora extendida, es el tiempo que se pierde, yéndose veloz, por la alcantarilla.


Una de las protagonistas de la película de Iquino (que en la cinta me ha par3cido firmaba como Steve McCoy), ante unas cuantas latas de atún Massó en la nevera.

 

martes, 1 de septiembre de 2026

Otro Luis Buñuel (Miguel Marías)


Como le ha pasado a Miguel Marias, yo también me he ido leyendo casi todo lo que se ha publicado (en mi caso únicamente por aquí) sobre Buñuel. Estaba claro, entonces, que acabaría haciendo lo propio con este “Otro Luis Buñuel” (Athenaica, 2025).
El “otro” del título lo tenemos que entender como el propio de Marías, que nos dice que es un Buñuel muy diferente del que casi todo el mundo entiende, ya sea alabándolo o criticándolo.
Eso lo dice en una introducción y en otros cuantos capítulos iniciales del libro, representación fehaciente de la escritura a que nos tiene acostumbrados el autor. Con sus largas frases, plagadas de listas, comparaciones y exhibición de muchas de sus obsesiones personales, desgrana su argumentación, en lo que me ha parecido lo mejor de un libro, a fin de cuentas, mucho más pequeño de lo que podría esperarse, porque sólo tiene unas 200 páginas. Siguiendo su razonamiento se me iban acrecentando las ganas de seguir con la lectura de un texto que, según su confesión, se ha ido alargando desde un tiempo antes a que Buñuel falleciera.
Pero después de dejar claro qué es lo que dicen unos y otros con los que no está de acuerdo, no veo que su definición personal del director (siempre a través de sus películas) quede demasiado clara, más allá de su humor y sus ningunas ganas de hacer proclamas políticas.
Se extiende bastante en explicar lo que serían las claves que él ve a sus tres películas iniciales, de “El perro andaluz” a “Las Hurdes. Tierra sin pan”, pero cuando al menos yo estaba deseoso de ver cómo desarrollaba su interpretación sobre sus apreciadas películas mexicanas y posteriores, la verdad es que he quedado algo decepcionado con esas pocas páginas en teoría a ellas dedicadas. Pocas páginas en las que suele entrar en disquisiciones generales sobre la postura ante el cine y, cuando habla de cada película y crees que entonces va a dar, aunque sea condensada, la esencia que ha sacado de cada una, pues el grueso (que es delgado) del texto viene a ser la descripción detallada de su argumento, despachándolas a continuación con sólo un par de frases con calificativos.
En este sentido me ha recordado los diccionarios de ciertas cinematografías que hacia como rosquillas Augusto M. Torres, en los que en un párrafo explicaba por donde iba la película y acababa diciendo que por hacer o dejar de hacer tal cosa era de lo peor de su producción.


 

A pied d'oeuvre



Cuando “Sin blanca en París y Londres” Georges Orwell dejó las comodidades asociadas a su posición social familiar e intentó experimentar cómo poder vivir sin el respaldo de cantidad de dinero en el bolsillo. En el libro describe minuciosamente el proceso por el que se convirtió en uno más de una tropa empobrecida, pero sobre todo explica la administración de la miseria a la que se vio obligado, todos sus trucos para economizar sin morirse en el intento. Pero Orwell hizo todo eso para adquirir las experiencias que le permitieran escribir. En cualquier momento podía hacer una llamada y dejar atrás ese mundo depauperado que lo envolvía.
No fue ese el caso de Frank Courtés, que sí, tuvo éxito escribiendo sobre su experiencia en la pobreza, pero no buscó ésta como lo hizo Orwell, sino que se encontró con ella. Abandonó una posición económica estable gracias a su trabajo como fotógrafo para dedicarse a escribir, pero cuando presentó su cuarto libro, éste no satisfizo a su editora, pese al relativo éxito de los anteriores. Viéndose entonces sin recursos, emprendió un forzado recorrido hacia una vida cada vez más austera, empleándose de manitas subastando su fuerza de trabajo a la baja, en competencia con otros muchos, en una plataforma con la que contactan quienes quieren que se les haga una chapuza de cualquier tipo. Luego escribió “A pied d’oeuvre”, que le editó Gallimard y el año pasado adaptó Valérie Donzelli.
Y aquí es donde surge el milagro, porque tras su éxito inicial en unas películas que se anunciaron como una nueva y refrescante comedia francesa, la deriva de la realizadora no hacía esperar gran cosa de “Por la mañana escribo” (“A pied d’oeuvre”; 2025; en Filmin, porque ha pasado directamente a la plataforma, sin estrenarse en cines), que me ha parecido, en cambio, una propuesta muy seria y acertada.
Queda algún residuo de su cine de comedia inicial (esas clientas que le contratan para ahora no recuerdo qué trabajo, y hablan un momento, intrigadas, con él, sin quitarse de la cabeza esas flotantes antenas de marcianas), y la película sigue, con un rigor grande, sin buscar los aspavientos sentimentales ni las sobre actuaciones de ninguno de los excelentes actores, ese proceso del protagonista (Bastien Bouillon, muy sobrio) que él mismo registra escuetamente en unas libretitas.
Con este material un realizador al uso norteamericano habría cargado las tintas haciendo irrespirable el resultado. Con gran tino, Valérie Donzelli hace seguir al espectador intrigado y divertido la sucesión de insólitos trabajos, al tiempo que se muestra en su realización tan sobria como la actitud de su protagonista. Véase, por ejemplo, los repetidos planos de pies de unos y otros, tan definitorios de posición social y más cosas, con los que nos obsequia, casi propios de un cineasta bressoniano.
No carente de momentos emotivos, estos surgen sin que te lleves la impresión de que se ha trabajado a fondo para, como única meta, lograrlos.
Y, de paso, ofrece un certero retrato de los lamentables mecanismos sociales que estamos esparciendo por doquier.



Cortando el césped con tijeras de podar.


Con las marcianas en fiesta a donde va a trabajar.


Su desesperado padre.





 

lunes, 31 de agosto de 2026

Show Me a hero (2)


Ya he acabado de ver los seis episodios de “Show Me a hero” (David Simon y Paul Haggis; ahora en HBO) y, como suele pasar con las series (excepción hecha de las de Marco Bellocchio), no mantuve el entusiasmo que me llevó a escribir por aquí hace unos días, una vez vistos los dos primeros, un comentario apasionado, pero no deja de parecerme una serie muy visitable.
El encuentro entre esos dos mundos que parecían anunciar esos dos primeros episodios se produce, pero Simon, aún manteniendo su idea de mostrar los problemas sociales en una gran ciudad y en la sociedad norteamericana, parece más interesado en seguir el tema de los bochornosos cálculos del juego político y los peligros de dejarse arrastrar, perdiendo la visión de lo más importante, por el mismo.
Pero bueno: aunque vaya deslizándose hacia lo más standard, si pasan otra de Simon o del estilo, agradecería el aviso pertinente




 

viernes, 28 de agosto de 2026

Show Me a hero


Sólo he visto un poco de “Show Me a hero” (2015), la serie creada por David Simon y dirigida por Paul Haggis pero, aún sin saber cómo derivará en lo que me queda por ver, anoche, tras contemplar su segundo episodio (de un total de seis), me quedé un tiempo pensando que sí, que quizás me pierda piezas bien valiosas no atendiendo apenas a las series que se ofrecen.
Viendo ese segundo episodio detecté que nos presentaba un conflicto que podría asemejarse, por ejemplo, al que actualmente está poniendo sobre la mesa la ciudad de Ceuta o, si se me apura, la totalidad de Europa. Comprobé que la televisión puede convertirse -mira por dónde- en un instrumento que lleve a la reflexión, toma de conciencia y hasta a ciertas vías de solución de problemas sociales graves. Y eso sin optar por dar lecciones, sino ideando y presentando un espectáculo apasionante.
El territorio (no único) en el que se centra la acción no es en esta ocasión la ciudad de Baltimore, sino la de Yonkers, al Norte de Manhattan y el Bronx. Asistimos a un cambio que quería ser estratégico por los que detectaban allí el poder municipal, de su alcalde por uno joven e inexperto de su mismo partido, quien se ve envuelto en un fenomenal conflicto, que tiene a todo el barrio revolucionado a la contra, mostrando sus más afiladas garras. Un juez amenaza con llevar al municipio a la bancarrota a base de progresivas multas si sigue sin acatar el mandato de planificar y construir unas viviendas sociales… que nadie quiere tener como vecinas.
Paralelamente vamos viendo acciones que muestran cómo se desarrollan las vidas de unas cuantas familias de esas que, todo nos hace sospechar, son del tipo de las que irían a esas viviendas sociales que la ley obliga a repartir entre todos los municipios, y entre ellos el de Yonkers.
Lo dicho: no sé cómo derivará la cosa. Sospecho que todo irá enredándose más y más, profundizando en la idea de un callejón sin salida y que, quizás sí o quizás no, se produzca el encuentro real de esos dos mundos que, de momento, vemos en paralelo y distanciados. Pero, por el momento, nada más apasionante.



 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Funeral de Estado


Me he visto “Funeral de Estado” (2019; en Filmin), el documental que Sergei Loznitsa creó a base de montar inteligentemrnte numerosídimas filmaciones de todo lo protocolo funerario montado a la muerte de Stalin, sin añadir el mas mínimo comentario por su parte, excepto excepción hecha de un rótulo explicativo final.
Dejado arrullar por la música clásica o por las melosas palabras de algún locutor a traves de altavoces, periódicamente caía en brazos de Morfeo y, al abrir de nuevo los ojos, la delegación de no sé que oscuro organismo depositaba otra corona de flores más, idéntica a la anterior, con sentidas frases en caligrafía cirílica.
Al principio, a la llegada y bajada de la escalerilla del avión que les traía a los funerales a los Jefes de Gobierno de diversos países, las imágenes incorporaban un rótulo con especificación de su identidad, pero luego ya nada, haciéndoseme casi todas anónimos. Por suerte ha coincidido un momento de vigilia con el apresurado paso, como mujer decidida, de Dolores Ibarruri ante el cuerpo del padrecito Stalin. Un paseo que recuerda horrores a la inacabable fila de gente, con rostros de similar expresión, ante el féretro de Franco.
Recomiendo encomiásticamente, ahora que los años transcurridos nos dan perspectiva, ver la película. Una pelicula, eso sí, tan plomiza como cargada de interès. A ver si alguien toma conciencia de la ridiculez de éstos y parecidos cultos -no sólo acríticos, sino totalmente idiotas y perjudiciales- a la personalidad.






 

martes, 25 de agosto de 2026

Vivir la tierra



Muestro cierta aprensión ante temas como la espiritualidad de la sufrida pero bella vida rural, y más si se trata de mirada retrospectiva, con la consiguiente nostalgia. Por esta razón, aunque ayer finalmente vi que la cosa, felizmente, iba por otro lado, tenía un cierto miedo ante “Vivir la tierra” (Huo Meng, 2025).
La inquietud se acrecentó al ver que (cosa inaudita) el director había grabado y se proyectaba previamente un mensaje para los espectadores que, no convenciéndome ni la pinta del cineasta ni el mensaje mismo que lanzó, me hizo temer lo peor. Pero es que, además, las carátulas de las productoras del film son de una estética horrorosa y con iconos que dan un cierto yuyú. En compensación, debió estropearse la máquina de palomitas, porque extraordinariamente no se veía, oía ni olía a nadie con un cubilete lleno de esa plaga.
Es verdad que la secuencia del cartel de la película, alguna otra intermedia y sobre todo la que la finaliza son planos generales paisajísticos, muy amplios, pero no son en absoluto mayoritarios. No sé si se trata de la proyección en el cine donde la vi (Renoir Floridablanca), de un parti-pris para su pase televisivo o bien de la óptica utilizada, pero me dio la impresión de ver a los personajes demasiado cerca en la pantalla y, sobre todo inicialmente, con un encuadre que me puso nervioso, porque en bastantes planos quedaban cortadas las cabezas de ciertos personajes, y no creo que fuera para indicar que, siendo un niño el principal protagonista, todo se ve desde su punto de vista (lo que no es del todo cierto).
Seguimos en la película el ciclo de las estaciones y la rueda de la vida en un mundo rural eminentemente dirigido desde fuera (altavoces emitiendo las noticias que se quieren divulgar, periódicas visitas de controladores políticos y para la revisión de jóvenes edad de quedarse embarazadas,…) en el que la penuria económica conduce a los padres del niño protagonista a dejarlo al cuidado de abuelos y tíos, mientras ellos prueban fortuna más al sur.
Se trata de un vecinaje rural que nada tiene que ver con el actual de nuestras últimas películas que lo tienen como escenario y ante el que, viendo los rudimentarios medios con los que quieren sobrevivir, pensarías que estás ante un poblado de principios del siglo XX, pero en realidad se trata de la China de 1991… El caso es que nada de silencio y soledad, sino un entorno rebosante de gente, ruido y algarabía, tanto en el trabajo como en los encuentros festivos, con miembros de todas las generaciones gritando constantemente, como saben hacer los chinos. Poco que ver con el mundo lleno de serenidad con el que creía me iba a encontrar.
Un mundo retratado, lleno de trabajo brutal pero poco productivo, relaciones aberrantes (con bodas preparadas, por ejemplo), imposiciones políticas (impuestos y latrocinios oficiales), en el que todos engañan, desde los que ostentan el poder hasta la picaresca de los administrados para salvar en lo posible sus cuentas. Todo ello expuesto con tal encadenamiento de sucesos que no dejan tiempo para el aburrimiento, y con una cierta mirada tierna, irónica y divertida que permite tragar sin rechistar los hechos más dramáticos.
La cámara se acaba finalmente elevando, quizás para recalcar lo que seguramente se ha querido transmitir durante toda la película: la miseria y el frío del que procede esa China que va a comerse al mundo.