martes, 29 de septiembre de 2026

Portrait de l'artiste en sale môme


Cuando Yann Dedet vino sustituyendo a Sylvie Pialat a la magnífica retrospectiva que le hizo la Filmoteca, pudimos ver la cantidad de cosas que podía aportar para el conocimiento del director, de su forma de ser y de hacer cine. No en vano fue montador (en ocasiones sustituyendo en último momento a las montadoras originales) de varias de sus películas o desarrolló en ellas otro tipo de trabajos -incluido el de actor-.
Vi este libro suyo -“Portrait de l’artiste en sale môme” (P.O.L., 2026)- en la Torcatis de Perpignan y rápidamente lo aparté para llevármelo. Con emoción doble, porque su editorial le había puesto una faja que, con una conocida imagen de Pialat con media sonrisa, aclaraba su contenido.
Dedet se sumerge en su relación con Pialat y explica todo lo que le pasó por la cabeza cuando, emocionado, entró a trabajar con él por vez primera, cuando vio los cortes y amarguras que hizo pasar a sus actores y colaboradores, cuando notó ya su familiaridad y posible amistad… que no le garantizó su contratación para su última película, “Le garçu”.
Pero, sobre todo, desvela confidencias de difícil acceso de otra forma, la razón última de ciertas escenas (presentes o eliminadas en el montaje final), explica detalles impagables de la forma de hacer de Pialat, de sus intereses y desintereses, de sus prioridades, etc. Lo hace, eso sí, con un lenguaje muy bien escrito, pero tan coloquial, metafórico e irónico que -conocedor sólo de un francés funcional- en muchas ocasiones se me ha hecho arduo, hasta el punto de quedarme a medias entendederas en algunos casos.
Entre las confidencias, a parte de unos cuantos motes que Pialat dispensaba a diestra y siniestra, hay cosas como que, en un momento de enfado, Pialat definió a Depardieu como “un camión con motor de Velosólex”.
En un momento Dedet define “Loulou” como “un film en el que los amantes se abrazan en todas las esquinas de los planos, bajo las columnas del metro, en los cafés, en los callejones con o sin salida, en las boîtes, en las calles, en el extrarradio, y en las camas que se rompen”.
Sobre “Police” explica como Pialat y Depardieu maltrataron a Sophie Marceau, pero aaclarando que ésta “no era utilizada más que por su status, como si le hicieran pagar representar el star-system”.
Sobre a lo que está más atento Pialat a la hora de montar: “más al centro vital de cada secuencia que a sus enlaces narrativos con su antes y después”. Y, más adelante, señala que “él escoge los rodajes prioritariamente a los rerodajes, corta siempre las bisagras que se empeña en escribir en cada guión, porque sus relatos están construidos por grandes piedras talladas, ajustadas sin mortero”.
Y sobre su forma de actuar: “Segunda vez que vivo esta particularidad: cuando Pialat vuelve a rodar una secuencia, ésta no reemplaza jamás el primer rodaje; la escena original sólo se vive una vez y la guarda como un tesoro, tirando a la papelera las pálidas segundas copias que no tienen esos defectos gracias a los cuales sus films laten por encima de los demás”.
Pero también habla de forma muy interesante sobre el montaje: “No existe el aburrimiento durante los montajes (pues) el trabajo de escultura, de arquitectura y de musicalidad es embriagador. Y si algunos guiones no están aún listos cuando se ruedan, entonces es aún más vigorizante el trabajo, pues tienes la impresión de rehacer el mundo o, por lo menos, de participar en rediseñar las parcelas de un mundo inventado. Se piensa entonces que se mejora el film”.
Acaba Yann Dedet con una frase algo melancólica: “No sé cuando volveré a ver ‘rushes’ que dan tantas ganas de vivir”.


 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Les veuves de quinze ans



En su libro sobre Pialat, del que hablaré aquí en una próxima entrada, Yann Dedet empieza hablando de trabajos del director en películas de otros realizadores, y comenta:
“En ‘Les veuves de quinze ans’, film del que Jean Rouch dirá no reconocer como suyo, pero que quedó en mi memoria como una de las primeras libertades anunciantes de la nouvelle vague, Pialat encarna un fotógrafo. Dice a su joven modelo que ‘no vale la pena quedarse en bolas’ haciéndole al tiempo unas preguntas de una indecencia que la desviste, de otro modo, mucho más. Su brutalidad sin adornos me marcó, pues las personalidades punzantes quedan más en la memoria que las otras”.
Aunque luego resulta que ya había visto el cortometraje, posiblemente en Filmin, que lo tiene en su catálogo, ni qué decir que he corrido a verlo al localizarlo en YouTube:













 

domingo, 20 de septiembre de 2026

El amigo silencioso


Intentada ver durante su pase por cines, salas y horarios de sesión incompatibles me hicieron esperar hasta ahora, en que Filmin ha colgado la que sin duda es una de las películas de la temporada, “El amigo silencioso” (Ildikó Enyedi, 2025)
Tony Leung (el actor de “In the mood for love”, que aquí me ha recordado todo el rato a Obama) es un científico chino que acude a una Universidad alemana para dar un curso, iniciándolo con una charla (muy interesante) a cerca de sus investigaciones sobre la diferente forma de captar y aprender entre los adultos y un bebé, pero le sorprende la epidemia de Covid-19 y queda atrapado en el solitario campus.
A partir de ahí, otras dos historias de otras épocas van apareciendo en paralelo con la primera. En una, en blanco y negro, vemos el recorrido de la pionera estudiante de Ciencias en la Universidad, que hasta entonces había estado vetada a los hombres. En otra, en la época de fuerte politización post Mayo 68, un estudiante ayuda a otra estudiante que hace un experimento sensorial con un geranio.
Las diferentes historias se van entremezclando, todas ellas hablando de interconexiones, empezando la existente con un Ginkgo centenario del jardín de la Universidad, siguiendo por las plantas de su misma especie comunicándose entre sí y el intento de traducir las eventuales señales que puedan emitir.
Todo fluye, pues, alrededor de la comunicación, pero una posible comunicación profunda, que no es fácil de alcanzar, como pasa entre el científico y el conserje de la Universidad, lográndolo a través de un móvil haciendo finalmente de traductor entre ellos.
Ni que decir que la película se desarrolla con un ritmo muy distante de ese sincopado de los blockbuster. Y quizá sea esa una de las enseñanzas del film





 

Le roi de l'évasion


Esto que viendo las fotos echa pinta de comedia soez de la que huir con cierta premura es la segunda película de Alain Guiraudie que ha colgado Arte en su plataforma, "Le roi de l'évasion" (2009). Comedia, con escenas bastante divertidas por lo inesperado de sus acciones, lo es, como si el director quisiera haberse tomado su habitual tema (la atracción entre la colonia homosexual del lugar, muy bien representados sus lugares de cita) como farsa distorsionada.
En un medio provinciano, un vendedor de maquinaria agrícola -Armand-, gordo cuarentón reconocido entre la colonia gay del lugar, sorprende a sirios y troyanos al formar súbitamente una perseguida pareja juvenil de enamorados junto a la hija de 16 años de su patrón.
Las escenas se suceden a buen ritmo, encadenando Guiraudie una con la siguiente, a cada cual más inesperada.
Lo inusual de los personajes, bien alejados de los prototipos al uso, se corresponde con lo poco habitual de la realización. El actor principal, un verdadero oso, ha debido perder sus buenos kilos en el rodaje, pues Guiraudie lo hace correr literalmente de un lado a otro, cuando no ir en bicicleta (una escena ésta acompañada de una guitarra de rock, en una película que no utiliza música más que en momentos bien contados)







 

sábado, 19 de septiembre de 2026

Ce vieux rêve qui bouge


No es habitual la representación del mundo del trabajo en el cine, como no sea el trabajo de periodista, médico, sacerdote, prostituta, investigador privado o policía. En “Ce vieux rêve qui bouge” (Alain Guiraudie, 2001; visible ahora en la plataforma gratuita Arte) aparece a fondo el de obreros de una industria pesada y su capataz, si bien paradójicamente cuando ya ha finalizado la actividad de la destartalada empresa y se va a proceder a su cierre.
Tratándose de Alain Guiraudie, a las tensiones de los trabajadores, ya sin ocupación, por el inminente despido y cierre, además de con el llegado para efectuar el desmontaje y embalaje de una vieja máquina, se suma, claro, la pulsión homosexual, con la que monta un muy trabajado y acertado cuento.
Mediometraje de 50 minutos fue, con su pase por el Festival de Cannes, la tarjeta de presentación del director de “Misericordia”, una de las ficciones que, en mi opinión, más destacaron la temporada pasada.




 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Metro Kino Culture House (Viena)


Mucho DVD en el hall, pero entrando una librería muy bien nutrida de libros de cine en alemán, con algunos en inglés y en francés. En variedad y seriedad, como no recuerdo actualmente ninguna española.


 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Madrid Ext.


Es “Madrid, ext.” (Juan Cavestany, 2025; en Filmin) por momentos como un muestrario de colecciones de elementos de la ciudad. Detecta en sus recorridos por la ciudad un tema y lo explota, hasta que se le cruza otro y hace lo mismo. Y así van pasando figuras de animales, antiguos cines, letreros como los que persiguió Patino cuando preparaba “Canciones para después de una guerra”, kioscos, bares, grúas, redes en andamios, lavabos públicos, huellas del asedio de Madrid, tiendas tradicionales de todo tipo, etc.
No hay diálogos, con lo que la gente posa para la cámara con la boca callada, aunque de tanto en tanto alguno se presenta y reflexiona en off, interrumpiendo la rítmica música, que también sabe de introducir silencios cuando toca. Solo en una ocasión, me parece, vemos a uno diciendo lo que oímos, rompiendo la regla.
Todo se va presentando por imágenes especiales pescadas en el callejeo encuadradas y registradas por una cámara fija durante sólo unos segundos, saltando enseguida a la siguiente, que reafirma su tema… o de alguna forma lo sentencia, como esa planta de pasta de papel reciclado que aparece tras haber visto varios kioscos. De hecho, todos los planos trabajan en montaje por asociación, contraste o destino deducido.
Algo hay, en este recorrido por sitios singulares que aún se descubren en la gran ciudad, de juguetes rotos
Me pensaba que me iba a cansar al poco tiempo y no ha sido así: he seguido esta Sinfonía de un Madrid que se resiste a desaparecer y aún ofrece juego hasta el final, con atención e interés, celebrando sus aciertos.









 

jueves, 10 de septiembre de 2026

Libros comprados en Perpiugnan: Pialat, Marker y Lavant


Cruzar la frontera y entrar en una librería francesa puede tener sus compensaciones en forma de libros. En esta ocasión todos de cine, e inesperados, porque no eran ninguno de los buscados. Detallo:
1.- Yann Dedet fue el montador de Maurice Pialat. Vino a Barcelona a presentar alguna de las peliculas de la retrospectica del director en la Filmoteca, y se pudo apreciar entonces tanto su inteligencia e ironía como lo mucho que podía aportar sobre la forma de ser y trabajar de Pialat. En la contraportada explica que llevaba un diario sobre el montaje de “Van Gogh”, Pialat lo descubrió y, agitándolo delante de todos, sonriente y burlón, le inquirió: “¿Informe policial?” (P.O.L. 2026)
2.- “Es el relato fragmentario de mi relación con Chris Marker, de mi nacimiento a su muerte”, dice en la contraportada Maroussia Vossen, bailarina y artista, hija de adopción de Marker. (Le tripode, 2016. He visto ahora que había habido también una edición española)
3.- En la contraportada aseguran que en este autorretrato, Denis Lavant, “fascinado por el circo y las artes de la calle”, evoca a quienes más han contado en su recorrido, y cita -entre otros- a Vitez, Leos Carax, Claire Denis, Céline o Beckett. (Les impressions nouvelles, 2020)
Prometen


 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Vida en escena (Max Ophuls)


Sergio Sánchez, que seguramente empieza a conocerme y sabe que soy de exaltación rápida que acaba enfriándose un poco, me emplazaba a explicar aquí si las memorias de Max Ophuls, “Vida en escena” (CultBooks, 2024), seguían causándome, una vez acabada su lectura, la misma admiración que señalaba cuando llevaba leída sólo su mitad.
¿Qué decir? Que sí, que se las recomiendo fervientemente. En ellas, y más concretamente en su segunda mitad, desgrana toda su filmografía efectuada en Europa, explicando de cada una alguna anécdota de su elaboración, que nos sirve para conocer su sentido de la vida, su generosidad para con la gente que fue conociendo en su carrera o con los que trabajó y, sobre todo, su engarce con la tormentosa Alemania y Europa del momento, acelerando de forma insensata hacia su autodestrucción.
Contiene un postfacio escrito por su mujer tras su muerte, en la que ésta explica (sin la gracia, a mi parecer, con la que lo hacía Ophuls) que las escribió a su llegada a Estados Unidos, cuando tuvo un parón, viendo que le era difícil continuar dirigiendo películas como deseaba, y citando luego mínimamente el resto de su vida y, por tanto, de su producción.
O sea: que si, Sergio. Que te gustarán, que se leen en un periquete, como si fuera una golosina o, ya que se trata de quien se trata, de un amable y divertido rondó bailable. Él mismo cuenta que siempre se instalaba en una casa pensando que iba ya a ser para toda la vida, pero luego las circunstancias le llevaban a vivir en otro lado, y así sucesivamente. Esa “ronde” fue inicialmente voluntaria y esencial para ir subiendo en éxitos, renombre y popularidad. Luego, sin embargo, fueron otras circunstancias las que llevaron a un judío como él de un lado para otro.
Ese clima de ascenso de la barbarie, cuyo hocico vuelve ahora a asomar con fuerza, está muy elegantemente, como le corresponde, explicado.


 

lunes, 7 de septiembre de 2026

Vida en escena (Max Ophuls)


Fue Marcel Ophuls -al leer sus“Mémoires d’un fils à papa”, en las que casi hablaba más de su padre que de sí mismo- quien me dio la pista de la existencia de las memorias de su padre, Max Ophuls, esto es: “Vida en escena” (Cult Books, 2024).
Estoy aproximadamente en su mitad, que es por donde empieza a hablar de sus actividades cinematográficas, habiendo dejado en toda su parte anterior tan sólo alguna mención muy aislada en frase circunstancial. Y de sus iniciales acotaciones sobre cine vengo a hablar aquí.
Antes, sin embargo, me gustaría decir que admira cómo de modestamente afronta Ophuls su referencia a toda su experiencia teatral previa. Siendo aún extremadamente joven, fue el director escénico de buena parte de los mejores teatros centroeuropeos, pero despacha globalmente esa experiencia diciendo que tuvo que aceptarlo, pero que lo que en realidad le gustaba era interpretar, y cada una de las experiencias particulares -coronadas siempre con éxitos espectaculares- las liquida con una frase, dedicando más tiempo a hablar de otras personas o, como máximo, dejando entrever alguna aventura amorosa. Un muy loable recato que parece haberse perdido, vaya.
Pero vayamos ya al encuentro de Ophuls con el trabajo en el cine, explicado por el mismo:
“El cine me atraía y al mismo tiempo me asustaba. De hacer caso a los profesionales, era un oficio terriblemente difícil. Había que aprender mil cosas, problemas técnicos que nunca se acababan, sin hablar del guion técnico, del montaje,… Todo era muy diferente a lo que se hacía en el teatro, iba a verme obligado a volver a empezar desde cero. En resumen, un verdadero espanto. Como siempre, había una chica (se llamaba Ina). Era de una fragilidad turbadora, muy rubia y figurante en la UFA. (…)”
“Yo dudaba, pero como Ina decía que entonces podríamos comer juntos todos los días, supe echarle valor y me presenté. Veinticuatro horas después fui nombrado asistente de Anatole Litvak, quien rodaba ‘Nunca más amor’ .”
Y, más adelante: (Fui) convocado al despacho del administrador presidente director general (…). Me dijo que nunca hasta entonces los actores habían hablado con tanta naturalidad y que sí quería encargarme yo sólo de la dirección de otra película de la UFA, estaría dispuesto a confiarme algunos cortometrajes.”
“(…) Me habían permitido elegir una historia de mi gusto. (Cerca de mí otro joven hojeaba una montaña de papeles. Le conocía vagamente. Se llamaba Billy Wilder. (…) Le habría tomado más bien por un bailarín de claqué. (…) Ese mismo día descubrí un cuento poético de Kästner, el autor del inmortal ‘Emilio y los detectives”. (…) Me cité con Kästner. Llevó a un amigo que se ocuparía del guión. Fue así como conocí a Pressburger”.


 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Partido en el infierno (Zoltan Fabri)

No era fácil poder ver películas de Zoltan Fabri, algo así como el patrón de los directores de cine húngaros. Vista alguna gracias a que las alquilaba la Federación de Cine-Clubs de entre el amplio lote de películas de los países del Este europeo que había comprado, me dejaron entonces (años 70) admirado. Supongo que influía en un joven aficionado de la época que eran películas con dominio del medio, mensaje “progresista” y, a la vez, muy comprensible.
En Filmin puede verse de entre las suyas “Partido en el infierno” (1961), con una historia centrada en las peripecias de unos prisioneros húngaros en Ukrania ya en 1944, a los que sus guardianes les proponen jugar un partido contra soldados alemanes, que celebran una fiesta para levantar su moral y que, según como, recuerda en algún momento a “Evasión o victoria” (1981) -aunque es verdad que esa era de las peores de John Huston- y a “La soledad de un corredor de fondo” (1962) -esta si una muy buena película de Tony Richardson-







 

sábado, 5 de septiembre de 2026

À vendre


Como me sorprendió muy favorablemente la primera película de Laetitia Masson, me he pasado ahora su segundo largometraje, “À vendre” (1998), que he visto ha colgado TV5Monde en su plataforma. No me ha sorprendido tanto como su primera, pero decididamente, si pegó un bajón el interés de su cine, debió ser más tarde.
Se inicia con unas sincopadas imágenes que en ese momento entendí como la identificación de las discotecas con lo que Horacio Capel calificaba como las danzas rítmicas tribales previas al apareamiento. Sigue con otros extraños planos, sin información previa, que, en todo caso, te intrigan y hacen estar atento a ver si pescas por dónde va la cosa.
Y llegan entonces los títulos de crédito. El detective (Sergio Castellito), amigo del novio abandonado ante el altar (un Jean François Stevenin mucho más sereno que en todos sus otros papeles), se dirige en su coche por una desierta carretera para intentar rastrear el paradero de la novia y hacerla regresar. Los nombres de los actores van aproximándose y ampliándose en la pantalla, como si fueran coches que llegan en sentido contrario. Casi todos son actores que ya entonces lo eran o después se hicieron muy populares: los dos mencionados, (sobre todo) Sandrine Kiberlain y, en papeles más reducidos, Chiara Mastroianni, Aurore Clèment, Rochdy Zem,…).
Tras el cierto desconcierto inicial, no obstante, la estructura se aclara: la rige los planes, informes resultado de sus investigaciones e impresiones dictados a su magnetofón de bolsillo por el detective privado, quien, como veremos y suele ocurrir, tiene un pasado sentimental a descubrir. Por el medio, pequeños flashback nos muestran las acciones de la buscada, paulatinamente constatadas por el investigador.
Parece un policiaco, pero Castellito hace unas preguntas que, atacando a lo más íntimo de sus encuestados, no tienen nada de policiaco y, posiblemente, no hacen inicialmente sino informarse un mundo rural como prisión insoportable y el mismo encuestado no otra cosa que verse reflejado en diferentes espejos. Y uno de esos es la peculiarísima personalidad de la perseguida.
Es, en el fondo, una road movie cuyo trayecto se sabe resultará circular.






 

viernes, 4 de septiembre de 2026

Flix Olé Terror años 80

Un deficiente nada políticamente correcto que aparece y hace sus números en la primera.

Los entusiastas del Festival de Sitges estarán poniéndose las botas. Flix Olé ha cambiado la temática de su segundo canal en Movistar+, pasando de infectos spaghetti-westerns a films de terror.
Buscando explorar terrenos alejados de la gramática dominante que proporciona por la cadena, hasta alguien que no sea un devoto frikie del género puede no digo ver entera alguna de estas películas -pues eso sería a todas luces enfermizo-, pero sí ver algún trozo, por aquí y por allá. Alguna de las películas se descubre que hasta está pensada y todas dan para investigaciones sobre, por ejemplo, la aplicación de la música contemporánea, aunque alguna se quede en repertorio de distorsiones.
Por hablar de dos de las proyectadas y medio vistas más recientemente:
-Trampa para un violador” (“La casa perduta nel parco”, Ruggero Deodato, 1980) es una especie de “Funny Games” (Michael Haneke, 1997) en la que lo más tramposo es la propia película, que se arrastra burdamente por todas las indignidades bajo la coartada del triunfo final del bien que astutamente desvela el título español. Un bien que ya ha dado muestras de estar más que devaluado durante la trama.
-Mucho más divertida (al menos inicialmente) es “Secta Siniestra” (Ignacio F. Iquino, 1982). Como la anterior, abusa de navajas cuyas puntas dejan rastro de sangre en la piel, aquí combinada con bastante salsa de tomate, pero al margen de su alocada trama (que va de los peligros de la inseminación artificial mezclada con las ganas del Ser Maligno, aupado por su séquito, de volver por este mundo), lo que la hace más curiosa y productora de sus buenas risas es su disparatado guión y, sobre todo, sus diálogos, que dirías obedecen a un concurso a ver qué guionista hace el más hilarante. Algún ejemplo:
-Ante el susto que le da una loca de las de antes (de esas que cada paso que daban tenían que ofrecer la idea de estar majareta perdida), cuando abre la puerta de las golfas en las que la tenia encerrada, una mujer exclama convencida un redundante “¡loca, cada vez está más loca!”
-La loca hace la gracia de insertarle una horca a uno de los protagonistas en los ojos, ante lo que su novia o hermana (ahora no recuerdo) le pregunta, viendo el estropicio: “¿Qué te han hecho, Frederick?
-Cuando otra mujer ve que el jefe de los satanistas le rebaña el cuello con su navaja de afeitar en un viejo ascensor del Ensanche en el que baja de su casa, suelta un indignado “¿qué hace? y, cuando cae en ello, no puede sino soltar un aún más indignado “¡Asesino!”
-“Me están saliendo unos bultos aquí. ¿No lo ves?”, pregunta ella, para seguir: “¡Claro que no los ves! ¡Estas ciego!” (lo que ya sabía desde unas cuantas escenas antes). Y, al darse cuenta de que ha podido ser un poco brusca, añade: “Perdona…”.
Al ciego en cuestión le hacen unas perrerías enormes que se ven con hilaridad, como ese ataque de murciélagos chillones.
Lo que no hace mucha gracia es lo que hacen a un pobre sapo, que ese me parece que no era un muñeco.
Lo malo de contemplar aunque sea mal y parcialmente estas películas, pese a ser, en efecto, de otra dramática que la ahora extendida, es el tiempo que se pierde, yéndose veloz, por la alcantarilla.


Una de las protagonistas de la película de Iquino (que en la cinta me ha par3cido firmaba como Steve McCoy), ante unas cuantas latas de atún Massó en la nevera.