sábado, 13 de junio de 2026

Jaime/Ahmad Natche



Ayer sí asistí a la segunda sesión (1) dedicada al cineasta fallecido ahora hace un año Jaime/Ahmad Natche (2), en una retrospectiva que honra al cine Zumzeig y que sería de justicia que siguiese por otros lados.
Se presentaron tres de sus películas:
Su hermano Sami, venido de Alicante especialmente, explicó que la primera de ellas, “La llamada de las piedras” (1998), de treinta minutos, es, de hecho, lo primero que rodó en cine, y que obedeció a la impresión que le causó un viaje familiar (en el que él también intervino) con su padre a su ciudad natal, Hebrón/Al Jalil, la única población palestina que conoce -añadió- que tiene un enclave de colonos israelíes en su mismo corazón. Lo que allí vio le impresionó tanto que sacó una cámara y se puso a rodar.
En la ciudad entrevistó a una serie de habitantes, historiadores y miembros locales de la Autoridad Palestina que, entre otras cosas, explican que siempre había habido ahí una comunidad judía, cuya convivencia con la mayoritaria palestina en tiempos pasados había sido total, asistiendo ambas a celebraciones y ayudándose en caso necesario. Los hechos de 1929 (leo por internet lo que pasó) dejaron a la ciudad sin judíos hasta tras la guerra de los seis días y el control israelí de Cisjordania.
Pero en lo que sobre todo se centra la película, acudiendo a ver el trabajo de obreros, a entrevistar a familias que declaran su miedo pero su decisión inquebrantable de mantenerse en sus casas pese a las presiones, es en esas piedras del título. Hebrón, se dice también en la película, es, con Damasco, Jericó y Jerusalén (por ahí debiera estar también Alepo), de las ciudades más antiguas del mundo. Y los palestinos emprenden la restauración de sus casas para hacerlas habitables y que no sean desalojadas por los colonos israelíes, al tiempo que se quejan de indefensión por la existencia de soldados que se colocan en los terrados de sus casas y les despiertan de madrugada, haciéndoles salir, con la excusa de que están buscando a terroristas.
Prefigurando toda una mirada cinematográfica, Natche acaba su película rodando a dos niños (ver imagen) que, sonrientes, miran a su vez a cámara.
La segunda película, “Cada pez a su estanque” (2007) es, en su forma -mucho menos inmediata y mucho más planificada- y duración (58 minutos), completamente diferente. Nace del descubrimiento de los hermanos Natche de que en una escuela alicantina, el Colegio Inmaculada de los Jesuitas de Alicante, en plenos años 60, se rodó por parte de los alumnos de la clase del hermano que les daba Latín (que a su vez les daba clases de cine), una película. Jaime fue a encontrarse con todos sus protagonistas y captó en ellos (ya siendo profesor jubilado, médico, empresario taurino, abogado mexicano, arquitecto, restaurador, profesora de química,…) su actividad actual… y manteniendo un poso evidente de su experiencia infantil.
Rodada con forma ortodoxa y pequeños guiños de montaje (como esa pintada captada en la calle cuando quien habla es un sindicalista), incorpora buena parte del metraje de la pieza realmente rodada en 1966, de idéntico título.
Por último se proyectó la más corta, “El contacuentos” (2019), captación (con el sólo inserto de la filmación de unas paredes con carteles teatrales entremezclados que habla a la vez de una actividad cultural histórica y sirve para ofrecer una nota casi abstracta formalmente) de cómo un director sigue y corrige un ensayo teatral palestino. Acaba bruscamente, como hizo la vida de Natche: la había interrumpido y hecho aparcar en un cajón su enfermedad.
En el coloquio, Sami explicó que su hermano había estudiado clases de Comunicación Visual y asistió dos años a la escuela de San Antonio de los Baños, en Cuba, para aprender montaje.
Por circunstancias que no vienen al caso, aunque no conocí en persona a Jaime/Ahmad, mantuve durante un periodo bastante largo previo a que se agravase su enfermedad una cierta correspondencia, intercambiando bastantes correos electrónicos, lo que me fue suficiente para saber que se trataba de una persona de lo más constante y agradable.
Conocer ayer en el Zumzeig a su hermano, que se definió a sí mismo como muy parecido a él, compartiendo su afición al cine, no hizo sino certificar mi idea adquirida por el intercambio electrónico.
(1) - En la sesión de anteayer se pasó, junto a dos pequeños cortometrajes su largometraje, “Dos metros de esta tierra”, que puede verse en Filmin.
(2) Con motivo de su muerte se publicó bien poco -de forma que, si se hace una consulta por internet, en muchos sitios aún lo dan por vivo-, pero por lo menos apareció un articulo excepcional en la revista “Caimán. Revista de Cine” número 200 a él dedicado, escrito por Manuel Asín, cuya lectura recomiendo encomiásticamente.







 

jueves, 11 de junio de 2026

Los espacios en el cine de Siminiani



Un diálogo entre Anatxu Zabalbeascoa -por “la arquitectura”- y Elias León Siminiani -el cine- decidí cuando lo vi anunciado que no podía perdérmelo e ipso-facto ya teníamos las entradas correspondientes. Fue ayer, como un acto más del BARQ, bajo el título de “Éxodo urbano”, en el Auditori del CCCB.
El moderador, Ivan Blasi, pidió una inicial intervención de cada uno para presentarse, que fue lo que más me gustó, por el enorme campo de posibilidades que abría.
Se vio inmediatamente que ya lo habían discutido y acordado así, porque Anatxu en seguida se puso a comentar un carrusel de -magnificas- fotografías de todo el mundo que había preparado y que aprovechó para repasar su trayectoria como periodista, encuadrada inicialmente en su puesto como responsable de las páginas de Arquitectura de El País -“su periódico”, como lo llamó-. Trazó un recorrido con caída del caballo estilo Saulo incluída, una caída que ella situó en Medellín, donde una Biblioteca Pública ejemplo de la nueva Arquitectura se había construido en medio de extensas zonas de auto construcción (y, añado yo, se erigió en terreno neutral entre ambas zonas, dominada cada una de ellas por una banda que no dejaba penetrar a los del otro lado, pero eso ya es otro tema). Allí vio que la gente vivía, en realidad, fuera de los edificios que ella ensalzaba desde las páginas de su periódico. Y se preguntó -dijo- por ese 95% de construcción que dejaba fuera el únicamente 5% de real arquitectura que le dijo un arquitecto que se hacía en el mundo. (Entre paréntesis, diré que explicó ese chiste celebrado entre arquitectos, que sitúa a Frank Lloyd Wright respondiendo como solución a dar sobre una gotera que cae sobre la mesa: que se debe cambiar de sitio la mesa).
A partir de entonces, señaló, se interesó muchísimo por esos arquitectos que construyen con lo que está ahí, con lo que disponen en el entorno (y mientras comentaba eso, ocupaba la pantalla una imagen de unas casas recientemente construidas en un poblado teniendo en cuenta la amenaza de unas inundaciones).
Siminiani, por su parte, se aferró a esa última frase de Zabalbeascoa, que expresó definía muy bien su tipo de cine, emparentándolo con ese tipo de obras arquitectónicas: Construir lo que está ahí, filmar con lo que tienes. Y, a continuación, dio un repaso a lo que había ido haciendo en cuanto a cine y a series. Una de las pocas obras que creo he visto en casi su totalidad (todo lo que ha tenido difusión, quiero decir).
Blasi le sugirió entonces pasar uno de sus ensayos iniciales, de esos “Conceptos claves del mundo contemporáneo” que fue haciendo, y se pasó “El tránsito”, que contiene muchas de las características de su cine posterior, y del que explicó muy elocuentemente su origen: pasando una temporada en Nueva York, se vio obligado a vivir en Queens, con lo que a diario debía formar parte de esa masa de gente que emprende, para ir y volver de su trabajo,un penoso y largo trayecto. El corto, culminó, fue su venganza, cobrada ante ese penoso sacrificio al que se vio obligado.
Fue en este periodo inicial de auto-presentaciones en el que Zabalbeascoa, a petición de Blasi, resumió -dando muy bien todas sus claves- lo que le atrajo de esa pequeña joya que es “Arquitectura sentimental 1959”, lo que se completó con una de las escenas de la película y con el descubrimiento que indicó Siminiani había hecho de que absolutamente todas sus películas están cruzadas por un especio que es el que lo provoca todo, que resulta ser el epicentro de la historia que cuenta.
Todo eso fue la amplia introducción, que sirvió también por ejemplo para hablar de los contrastes entre arquitecturas de diferentes estilos. Pero el tema era otro, casi hasta entonces olvidado, como es el del “Éxodo urbano”, y aquí me permitiré preferir mil veces charlas a las que he asistido oyendo de temas de éstos con geógrafos como, por ejemplo, Oriol Nel.lo, yendo al fondo de la cuestión de manera ordenada y en progresión, y no picoteando de aquí y de allí según lo oído o sentido desde la zona de confort de cada uno.
Porque salió un poco de todo (la ciudad como inversión, el turismo, los precios de la vivienda, la destrucción de una arquitectura… para luego recrearla en un edificio nuevo, los supuestos núcleos regeneradores como el del edificio de la Filmoteca -!!!-, etc.), pero más como charla de café, sin datos trabajados, profundidad y, en ocasiones, conocimiento. Antes los debates que organizaban los arquitectos tenían una solidez muy superior.
Pero vaya: me quedé con que Elias León Siminiani está acabando una película que le ha llevado tres años de trabajo, centrada en el fuego y los incendios forestales, lo que le llevó a acabar diciendo que lo que sí ha sacado en claro es que ese sentimiento que toda una generación tuvo de lo bueno de ir a vivir con la naturaleza como vecina está y va a cambiar radicalmente.




 

miércoles, 10 de junio de 2026

Cartas de mamá


En “Cartas de mamá”, el episodio que dirigió Miguel Picazo para “Los libros / Escrito en América” (1979; en RTVE Play), basándose en un relato de Julio Cortázar, todo se desencadena al detectar el protagonista una simple equivocación leyendo una carta que su madre le envía desde Buenos Aires..
Un simple error en una carta, mentando a un muerto muy cercano como si aún estuviera vivo, desentierra todos los pensamientos, las ideas que rondaban por ahí. A partir de eso, la narración va saltando en el tiempo atrás y adelante, de la misma forma que la cámara va haciendo zooms de aproximación y alejamiento.
No es difícil, pese a la presencia de los famosos pasos de TVE en la banda sonora, ir viendo en este ejercicio sobre un pensamiento que recurrentemente lleva al recuerdo a Cortázar desayunando en su apartamento de París, saliendo de él y tomando el autobús, yendo al cine,…




 

martes, 9 de junio de 2026

Henry Johnson


Que influyen las puntuaciones de los espectadores en las bases de datos de cine lo confirma que había aplazado varias veces la visión de (“Henry Johnson”; David Mamet, 2025) por las pésimas notas que le asignaban en Filmaffinity e IMDB.
Pero hoy me he dicho de, por lo menos, empezarla a ver, dejándola si me parecía una nulidad. Me he encontrado con ese primer acto -para mí el mejor- que me ha recordado enormemente momentos de otros de sus films basados en sus obras teatrales: ¡qué bueno es David Mamet! -me he dicho, viéndola, claro está, hasta su final.
Tres actos, tres momentos que demuestran el poderío que exhibe Mamet cuando se trata de enfrentar dos personalidades diferentes y hacer ver, por el vertiginoso ritmo de los diálogos, el aplastante dominio psicológico de uno de los personajes sobre el otro.
Hubo un tiempo en que el cine norteamericano “decía” por activa y por pasiva, hasta la redundancia, para que su espectador no se perdiera y captara rápidamente lo que se narraba o el mensaje que se quería lanzar. Viendo “Henry Johnson”, en cambio, has de estar muy atento, porque sabes que si no la pescas a la primera, difícilmente podrás entender la cosa. Sigues medio hipnotizado, por ejemplo, la batería argumental que ese experimentado jefe de despacho de abogados, mientras va recogiendo su despacho (¡cómo se nota ahí el excelente director teatral que es Mamet!), va soltando, sin apenas dejarle contestar, al joven de su equipo que le ha ido con una propuesta. Vas siguiendo a duras penas, con el ceño fruncido, sin saber ni quiénes figuran ser los dos personajes, ni qué es lo que se dilucida con tanta intensidad, hasta que poco a poco vas colocando alguna pieza del puzzle… y al final caes de bruces.
Lo dicho: ¡qué bueno es Mamet




 

domingo, 7 de junio de 2026

Encuentro cine clubs en Bescanó


Doble sorpresa ayer al llegar a Bescanó, donde se celebró el encuentro que anualmente celebran los socios de la Federació Catalana de Cineclubs, con su estatutariamente obligada asamblea, en la sede de uno de ellos.
La primera sorpresa fue, en vez de la pequeña representación esperable al haberse decidido celebrar en un lugar que, en principio, no se distingue por sus facilidades de transporte público, coincidir con una numerosísima presencia de cineclubistas, llegados de todo el ámbito de la Federación. Creo recordar que se registraron representantes (uno o más de uno por entidad) de unos treinta y seis cine-clubs, de entre los 66 que hay actualmente federados.
Como documento curioso, en anexo cuelgo la relación de todos los cineclubs federados y su distribución geográfica, lo que puede ayudar a que, a su vez, gente que desconozca su existencia pueda contactar y disfrutar del cine con ellos.
La segunda sorpresa fue el dinamismo y eficacia organizativos para llevar a buen puerto un acto como éste (de los que hay que felicitar tanto al staff de la Federació y a su junta como a los componentes del Cineclub Bescanó) y dar con las impecables instalaciones en que presentan sus películas los del cineclub.
Se trata de un teatro, actualmente municipal, reformado totalmente en este siglo, pero procedente de uno inaugurado hace ochenta años como teatro para los trabajadores de la Fábrica Grober, que en su día fue propiedad de la familia del cineasta Pere Portabella. Fachada y cabecera del escenario, de magnífico empaque, se mantuvieron en la restauración, complementándolas con obra nueva que complementa un modernísimo Hotel d’Entidades de la localidad.
No sólo tuvo la reunión sus apartados “oficiales”. Después de una comida que respondió a las expectativas que surgen cuando se habla de toda esa zona del Ter y la cercana Vall de Llémana, por la tarde Esteve Riambau presentó y luego contextualizó una muestra de películas de Laya Films, la productora del Comisariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya durante el periodo de la guerra civil. Pidió excusas varias veces por aguar las alegrías de la completa comida previa con el pase final de “Catalunya Mártir”, donde se ponen en cruda evidencia (con la fallida intención de hacer rectificar a Francia y Gran Bretaña del hipócrita Tratado de no Intervención) las consecuencias de toda guerra, recordándonos que en esa ocasión no ocurrió en un territorio lejano, sino aquí mismo. Me volvió a golpear esa imagen de desolación con la que cierro el álbum de fotos de Bescanó y la historia que encierra.
Hoy domingo completaban allí la cosa con un acto recreativo-científico, un paseo por la ribera del Ter guiados por sabias manos, al que, sobre todo por no disponer ya de coche y deberme a quienes me acompañaron y llevaron, este año no he asistido.
El año que viene ya se sabe que la cita será en Castelltersol. Esperemos que se desarrolle lo bien que ésta, podamos asistir y disfrutarla.












 

sábado, 6 de junio de 2026

Carteles


Gente que sabe de ciertas debilidades cinematográficas mías me obsequiaron ayer con este magnífico cartel, que complementa otro también japonés bien especial, del mismo director, que también cuelgo.


 

viernes, 5 de junio de 2026

O Thiasos


Debe quedar poca gente que recuerde la sesión de la Filmoteca de la calle Mercaders en que se proyectó “El viaje de los comediantes” (“O Thiassos”, "El viaje de los comediantes"; Theo Angelopoulos, 1975). Fue una de las tres o cuatro en las que las expectativas suscitadas por el éxito y polémica por su pase en el reciente festival de Cannes hicieron convertir la sala en un sitio en el que se había de estar.
Se quedó gente fuera, pero entró mucha más que lo que el aforo de la sala permitía y creo recordar que fue una de las veces en que “los sobrantes” se acomodaron (es un decir) por todos los huecos que encontraron: sentados por los pasillos, apoyados en las paredes,… aguantando sin chistar las cuatro horas de su metraje, que también tuvieron que soportar estoicamente los traseros de los que alcanzaron una butaca, entonces de la más implacable madera.
Pese a esas condiciones de recepción, hoy impensables, la sensación que causó la película (que nos dio a conocer aquí el cine de Angelopoulos) fue enorme.
Pero si bien asistió muchísima gente, lo más probable es que casi ninguno de los afortunados supiera el detalle de los acontecimientos históricos griegos que intervenían en la película, frustrando una y otra vez a la desgraciada troupe de teatro representar su popular “Golfo la pastora”. La cosa era más que enrevesada, y todo el mundo no hacía más que ver desfilar por la pantalla, a lo largo del tiempo, a fascistas, soldados italianos, alemanes, británicos y hasta marines norteamericanos, sin saber situar en el tiempo muy bien cada aparición.
Y aunque en pases sucesivos ya fueron casando un poco las piezas, a ver quién sostiene que ese periodo de la historia griega, de 1939 a 1952, no fue un verdadero follón, difícil de desfibrar.
Es por esto que ayer asistí felicísimo a la sesión de la UB en que Daniel Roig nos habló de “La guerra civil griega”, que hubo de contar con un inevitable prólogo de situación, porque la historia griega desde el XIX es básica y, en general, de nuestras más desconocidas.
Lo que pasa es que la introducción que he hecho ha sido ya tan larga, que pararé aquí, dejando el resumen de lo aprendido para una o dos entradas posteriores.




 

jueves, 4 de junio de 2026

Las alas de la paloma


Anoche estuve navegando por Netflix siguiendo la carta de navegar facilitada por Sergio para buscar qué ver y recordando cuando había tenido acceso, hace unos años, a la plataforma: es una de las mejores formas de ocupar el tiempo que, en principio, tenías reservado para ver una película.
Al final vi que había una película de Benoît Jacquot y tuve un cortocircuito: dejé de buscar más para verla. Cuando descubrí que estaba protagonizada por Dominique Sanda e Isabelle Huppert, me reafirmé en la decisión.
“Las alas de la paloma” (1981) es una versión cinematográfica de la novela del mismo título de Henri James. No sé si lo había leído (al menos he comprobado que no conservo por casa el libro), pero hallé en ella, de repente, el rastro del escritor.
Digo eso no por la ambientación casi completa de la trama en Venecia -ciudad que me ha resultado más cercana a lo que fotografiaría un turista cualquiera que al espíritu veneciano de James-, sino por haber dado súbitamente -ya bien entrado en su metraje- con rasgos de esas situaciones de sus novelas en que se dice algo pero sin decirlo claramente, como dando giros alrededor de lo que podría decirse directamente y, por otra parte, con tramas tirando a malévolas, lo que se va comprobando a medida que avanza.
Hasta ese momento sólo había deparado en un realizador, Jacquot, que actuaba como si estuviera saliendo de sus primeros films tan minoritarios para adentrarse en una apuesta decididamente comercial. Algún diálogo, tal como está servido, roza el sublime ridículo, y alguna secuencia me pareció que llegaba a tener el aroma de una fotonovela, cuestión ésta casi confirmada al ver aparecer por ahí, en un pequeño papel, a Jean Sorel, tan de esa estética.
Con todos los peros del mundo, la seguí, no obstante, con mucha más atención e interés que las docenas de películas que pasan habitualmente por ahí como novedades. Y ha sido después cuando he visto del todo claro que, adaptándola a un tiempo actual (pero en el que los turistas no atiborran Venecia y vive gente en sus palacios), su trama tiene efectivamente todos los ingredientes de Henri James: Venecia y sus riquezas (el conocedor local-Michele Placido- que lleva a su bellísima y equívoca turista -Dominique Sanda-a ver la iglesia de Veronés, una heredera multimillonaria alojada en el Danieli acompañada y vigilada por su madrina en su indolente estancia veneciana, un proceso que trastoca dramáticamente las intenciones,…)







 

miércoles, 3 de junio de 2026

Kika


Entre los estrenos en Movistar, una reciente película belga, “Kika” (Alexe Poukine, 2025)
El año pasado, la joven realizadora Alexe Poukine entregaba un documental en el que diferentes estudiantes que optaban a ser personal sanitario “jugaban”, como método de enseñanza, a comunicarse, hasta para lo más terrible, con sus posibles (ficticios) pacientes. La propuesta era divertida… hasta que, poniéndose seria, entraba un poco en materias más propias de un curso de motivación de empresa.
O su pasado debe ir por ahí o algo se le debió entonces pegar, porque Alexe Poukine entrega ahora, con “Kika”, una película -ésta una ficción- en la que su protagonista ha de bregar inicialmente, como asistenta social, sabiendo entender, asumir, dialogar y convencer, dentro de sus más que estrechos márgenes de maniobra, a personas -como los pacientes hospitalarios- que no están pasando precisamente sus mejores días.
Toda esta primera parte de la película es la que, realmente, la hace atractiva, más allá del morbo del recurso a las posibles actividades sexuales bizarras con las que anuncian en su sinopsis se ha de ver envuelta para ganar un dinero que necesita imperiosamente cuando las cosas le van mal dadas (cuestión que no tiene lugar hasta muy, pero muy, avanzada la película).
Y si toda esa mitad se ve con interés es -al menos así ha sido en mi caso- por dos principales razones: La primera, por su actriz protagonista, Manon Clavel, con la que, dada su naturalidad, es fácil empatizar y luego tener ganas hasta de echarle una mano. La segunda, por los saltos entre escenas (no culmina prácticamente ninguna, que debemos imaginar) y las enormes elipsis con las que va avanzando la acción, dejando de lado engorrosas situaciones que la acercarían a un sensacionalismo no buscado.
Y eso mismo es lo que, me da también la impresión, empieza a escasear en la segunda parte, culminando en una escena en la que toma unas cervezas con unas trabajadoras del sexo, que rompe, para mi gusto, esa barrera que tan positivamente había conservado hasta entonces.
Porque ella se ha ido introduciendo en ese mundo de las BDSM (siglas cuyo significado he debido ir a consultar), hasta que tiene una conversación reveladora con un cliente que desencadena en sus espectadores la percepción de que no sólo la primera parte del film (donde había dado muestras de ello) obedecía a un sólido guion, sino que, viendo cómo una acción de esta parte final corregía otra en sentido contrario de la primera parte, esa característica se podía aplicar al film entero.








 

martes, 2 de junio de 2026

La morte-saison des amours


A poco de iniciar ayer “La morte-saison des amours” (Pierre Kast, 1961; en Netflix) me vi a mí mismo ante una película del tipo de las que buscaba y me satisfacían en cuanto descubrí la existencia de la Nouvelle Vague.
Una pareja joven -él escritor- va a vivir al impresionante lugar en el que Ledoux construyó la perfectamente diseñada Salina Real. Incluso se instala a vivir en uno de sus edificios y, naturalmente, pasea entre ellos. Un sitio en teoría perfecto para que él pueda desarrollar, aislado de todo, su escritura. Pero, en sus visitas al bar local, conoce al cacique local (Daniel Gelin) y a su mujer, y todo se da para que campen en todas las direcciones “les liasons amoreuses”, que me ha parecido ver escrito como subtítulo o argumento de fondo en sus títulos de crédito.
¿Y qué me llevaba a la querencia de películas como esta? Su misma estructura, con esas escuetas voces en off, pero que sin embargo dan cuenta de los pensamientos de sus personajes y de su evolución; el caserón en que figuran vive el conquistador, político y terrateniente, que creo haber visto también de otros rodajes de la época; la música de Delerue, aquí explorando la del siglo XVIII, cuestión ésta que enlaza con la siguiente razón; el siglo de las luces y, a la vez, su espíritu libertino, librepensador…
Todos, y todas, parecen seguir las enseñanzas de Casanova, desde ese benefactor de jovencillas con las que monta a caballo hasta ese escritor mal crecido, pasando por todas las amantes actuales o anteriores del político y latifundista, o la misma mujer del proyecto de escritor, que emprende pensativa paseos por la casa y los espacios exteriores con una falda plisada a cuadros muy años 60.
Y para asegurar ese espíritu (intelectualmente) libertino, basta ver que en una de las conversaciones se discute con vehemencia sobre Françoise Sagan (que está claro marcó una época) o comprobar el tipo de soluciones (impensables sólo unos años antes) que ofrece a los problemas planteados.
Como no he encontrado ninguna captura de imagen de la película con obra de Ledoux, pongo una de internet, de cuando ya, años después, se restauró por completo. Aunque lo quizás más significativo es su distribución geométrica en el espacio, y ésta no aparece…



No es un fotograma de la película, sino una de rodaje.