Hubo un tiempo en que iba a ver los estrenos de Fernando Colomo. La mayoría de las ocasiones salía esquilmado, pero insistia… Hasta que lo dejé estar, aunque él no podía dejar de caerme bien.
De su última “Las delicias del jardín” (2025; en Prime Vídeo) me habían llegado opiniones positivas (como la de Carlos F. Heredero, aunque debe ser amigo suyo, por lo que debería relativizarse su opinión; o ese apunte de Carlos Losilla citándola cuando quiere hablar de trozos modernos que han llegado a películas de todo tipo) y anoche la vi.
Nada más empezar aparece él, que es su máximo protagonista, en el metro y por las calles de Madrid, y su apariencia me hizo pensar en un actor y director italiano, Maurizio Nichetti, que tuvo su predicamento en los 80, cuando se le quiso introducir vendiéndolo como el Woody Allen italiano.
Como la cosa se desenvuelve en y tiene una mirada más que irónica hacia el mundo del arte contemporáneo, además de recordar a la serie de Cohn/Duprat, empiezan a aparecer en pequeños cameos artistas como Antonio López o Javier de Juan. De hecho, no sé si el escenario principal, un garaje/estudio, es realmente el de este último, que en la ficción representa compartirlo con Colomo.
Hay otras cosas simpáticas en ella, como ese baile homenaje al de Ana Karina y comparsas en “Bande à part” que se marcan los personajes de Colomo padre e hijo, ambos, por cierto, coguionistas, y te echas de vez en cuando unas risas. Pero quizás lo más destacable es esa forma de estar hecha, sin ninguna pomposidad ni dando lecciones de nada. Figura José Luis Alcaine como director de fotografía, pero he leído por ahí que está rodada con móviles…
Llegué hasta su final, y no me arrepiento -al revés- de haberla visto, porque se disfruta bastante.

Con Javier de Juan en el garaje/estudio
Con los característicos cuadros de Javier de Juan de fondo.
Padre -con ciertos achaques- e hijo -buscando su sitio- en la vida real y en la ficción. De eso también a la película.