domingo, 4 de octubre de 2026

El año nuevo que no llegó


No me atrajo excesivamente cuando pasó por el Festival D’A (de nuevo un rumano hablando del final de Ceasescu casi cuarenta años después, me dije) y la carátula de su pase en Movistar, donde al final la he visto era tan poco atractiva que la dejé pasar. Pero una pequeña reseña de Javier Rueda en el Caimán de septiembre me hizo entrar la curiosidad. Empece a ver “El año nuevo que nunca llegó” (Bogdan Muresanu, 2024; en Movistar) ayer después de comer y cuando llevaba una media hora sin enterarme demasiado (hora de quedarse algo traspuesto), viendo que tenía su atractivo, me espabilé, rebobiné y la vi entera, pasando yo a clasificarla como una de las películas a tener en cuenta de la temporada.
Me ha parecido muy bien reflejado el ambiente malsano que refleja de toda una sociedad derrotada, pintada a través de las historias de unas cuantas personas de un barrio de Bucarest en proceso de demolición … al día siguiente “de lo que pasó en Timisoara” como se comenta con la boca pequeña varias veces. En Timisoara, como se recordará, se dio el motivo desencadenante que hizo estallar el hartazgo final de los rumanos con su régimen.
Ahora mismo no recuerdo sonrisas en las caras de ninguno de los personajes, ni del régimen ni de los demás. Sí una cara que marca dureza o profunda tristeza.
Y sin embargo, sin risas ni nada que se le parezca, la película está trufada de pequeños retazos de humor, extendiéndose para mí uno de ellos a la historia quizás más desquiciada, con la carta que, para desesperación de su padre, ha escrito un coherente y bondadoso chavalín a Papá Nieves.
En su última parte las historias de los diferentes personajes van trenzándose de forma más acelerada, en un proceso de aumento de la tensión, llevándonos hasta un final que, curiosamente, aún con otros moldes, me ha recordado mucho al de “El sol del futuro”, de Nani Moretti.






 

jueves, 1 de octubre de 2026

Le bon plaisir


Bastante mal valorada, pero me apetecía mucho más verIa que otras muchas de la amplia oferta, opté anoche por “Le bon plaisir” (“Mi amante prohibido”, Francis Girod, 1984; en la plataforma gratuita TV5Monde con subtítulos en español). Resultó una sesión bien placentera, porque acumula una serie de detalles muy interesantes.
La antigua amante (Catherine Deneuve) del actual Presidente de la República Francesa (Jean-Louis Trintignant, reproduciendo rasgos de algunos muy identificables) le llama para decirle que le han robado una carta que le escribió hacía diez años sumamente comprometedora.
A parte de los señalados actúan Míchel Serrault (como astuto ministro del Interior), Hippolyte Girardot (jovenzuelo despreocupado) o Michel Auclair. Pero también, en pequeños papeles, Alexandra Stewart o Jacques Doniol Valcroze. Y hay más: la produjo Marín Karmitz, está basada en un libro de Françoise Giraud (quien ayudó a adaptarlo) y tiene música de George Delarue.
Todo el reflejo del ambiente en el Elíseo y otros sitios presidenciales, de las relaciones entre los que lo frecuentan y con los que tienen contacto con ellos y de la torpe brutalidad del poder y las artimañas de la policía del Ministerio del Interior están, en mi opinión, muy conseguidos. También resulta interesante la forma tan blanca con la que muestra una pasión homosexual.
Una secuencia que me ha resultado muy interesante. Nos hallamos en el avión presidencial, de regreso de un viaje oficial. El presidente, un tipo odioso, repara en una inocente chica que le sirve algo y entabla con ella una corta conversación a la que acompaña con un juego de miradas que nos hace ver que colmará próximamente su instinto depredador. Cuando la chica se retira, queda él solo con su mujer, a la que sólo utiliza para actos representativos como primera dama. Le despierta bruscamente con su bastón. “¡Estabas roncando!”- le dice…


 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Pasolini. Un viaggio in Italia


La que viene, en la Filmoteca, es la “Setmana del Cineclubisme”. Organizada por la Federació Catalana de Cineclubs, ocupará sesiones de martes a domingo. El martes se repartirán sus premios anuales, incluido el internacional, que este año ha ido a parar a Eugène Green, quien vendrá a presentar su último film, “A Árvore do Conhecimento” y charlará con Mireia Iniesta. Y seguirá toda una semana con presentación de otras películas.
Quiero aquí, sobre todo, publicitar la sesión del martes 7, a las 18h. Correspondía al Premio Nunes del año pasado escoger el programa de ese día, y Martí Rom, a mi entender con muy buen criterio, ha decidido pasar y presentar un film de Xavier Juncosa, siendo el elegido “Pasolini. Un viaggio in Italia” (1999).
Me temo que no habrá tiempo ahí de hacerlo, por lo que lo digo por aquí: Se está en deuda con un cineasta como Xavier Juncosa. “Pasolini. Un viaggio in Italia” es una muestra muy pertinente de su curiosidad intelectual, que le llevó a obras magnas como las imprescindibles doce horas de su “Integral Sacristán”, un repaso al “estado del arte” de los 90 en cuanto a componentes del mundo de la cultura de por aquí.
El documental que se verá en la Filmoteca recoge el viaje que Juncosa, acompañado de una cámara y de un micro, además de cargado de fe y perseverancia, hizo por los lugares en que vivió Pasolini, recabando el conocimiento que de él se tenía veinticinco años después de su muerte. En un crescendo de tono, culmina el recorrido con entrevistas extraordinarias, absolutamente perdurables, a figuras como Silvana Mauri, Laura Betti, Dacia Maraini o Attilio y Bernardo Bertolucci, quienes, entre otras cosas, dejan bien asentado el carácter profético de Pasolini, pues previó mucho antes por dónde, tristemente, iba a ir el mundo en el que vivimos.





 

La bestia anda suelta


Al mismo tiempo que sus novelas en Destino, en septiembre de 1997 apareció un libro de Marcos Ordóñez que seguramente debió venderse más en librerías de cómic y contracultura que en librerías de cine o generalistas, aunque recuerdo que tuvo buena distribución.
Era “La bestia anda suelta. ¡Alex de la Iglesia lo cuenta todo!”, en el que presentó una única entrevista, que trenzó a base de varios encuentros por aquí y por allá con el entonces nuevo y acelerado director de cine.
Hay que tener en cuenta que, para entonces, Alex de la Iglesia había hecho únicamente varios cortometrajes, a cada cual más tremendo, y sólo, como largometrajes, “Acción mutante”, “El día de la bestia” (de gran impacto en taquilla, y origen del título del libro) y la recién finalizada excursión que supuso “Pepita Durango”, sin haber seguido un camino que, aunque siguiera añadiendo elementos frikies, fueron mucho más trillados, llegando a hacer incluso adaptaciones, en principio, muy alejadas de su mundo inicial.
Así las cosas, como cuenta en el libro, Marcos coincidió con el director en el jurado del festival de Sitges y allí y después debieron tener conversaciones inacabables sobre todo, que en algún momento dieron pie al libro.
“Todo” es todo lo que movía a ambos por entonces: mucho cómic, cine de todo tipo, pero sobre todo del considerado de segunda categoría escondiendo disfrutes especiales, y mucho de lo que se ve a simple vista que habían absorbido con fruición ambos de la tele o de cualquier lado al que hubieran tenido acceso.
La edición correspondió a Glénat, la editorial de Bande Dessinée, que había abierto sucursal por estos lares bajo la dirección de Joan Navarro, el a su vez editor de la imprescindible y tan hermosa Cairo, y bajo el sello de una colección, dirigida por Jordi Costa, que llevaba el flamante título de “Biblioteca Dr. Vétigo”. Hago una foto de la página en que se anunciaban otros títulos de la misma colección, para que se vea por dónde transitaba, y de lo que me costó el libro en Áncora y Delfín, un precio muy bajo para el momento, como correspondía entonces a lo que era una colección en verdad popular, casi lo que había sido hasta entonces, una publicación de kiosco.





 

martes, 29 de septiembre de 2026

Portrait de l'artiste en sale môme


Cuando Yann Dedet vino sustituyendo a Sylvie Pialat a la magnífica retrospectiva que le hizo la Filmoteca, pudimos ver la cantidad de cosas que podía aportar para el conocimiento del director, de su forma de ser y de hacer cine. No en vano fue montador (en ocasiones sustituyendo en último momento a las montadoras originales) de varias de sus películas o desarrolló en ellas otro tipo de trabajos -incluido el de actor-.
Vi este libro suyo -“Portrait de l’artiste en sale môme” (P.O.L., 2026)- en la Torcatis de Perpignan y rápidamente lo aparté para llevármelo. Con emoción doble, porque su editorial le había puesto una faja que, con una conocida imagen de Pialat con media sonrisa, aclaraba su contenido.
Dedet se sumerge en su relación con Pialat y explica todo lo que le pasó por la cabeza cuando, emocionado, entró a trabajar con él por vez primera, cuando vio los cortes y amarguras que hizo pasar a sus actores y colaboradores, cuando notó ya su familiaridad y posible amistad… que no le garantizó su contratación para su última película, “Le garçu”.
Pero, sobre todo, desvela confidencias de difícil acceso de otra forma, la razón última de ciertas escenas (presentes o eliminadas en el montaje final), explica detalles impagables de la forma de hacer de Pialat, de sus intereses y desintereses, de sus prioridades, etc. Lo hace, eso sí, con un lenguaje muy bien escrito, pero tan coloquial, metafórico e irónico que -conocedor sólo de un francés funcional- en muchas ocasiones se me ha hecho arduo, hasta el punto de quedarme a medias entendederas en algunos casos.
Entre las confidencias, a parte de unos cuantos motes que Pialat dispensaba a diestra y siniestra, hay cosas como que, en un momento de enfado, Pialat definió a Depardieu como “un camión con motor de Velosólex”.
En un momento Dedet define “Loulou” como “un film en el que los amantes se abrazan en todas las esquinas de los planos, bajo las columnas del metro, en los cafés, en los callejones con o sin salida, en las boîtes, en las calles, en el extrarradio, y en las camas que se rompen”.
Sobre “Police” explica como Pialat y Depardieu maltrataron a Sophie Marceau, pero aaclarando que ésta “no era utilizada más que por su status, como si le hicieran pagar representar el star-system”.
Sobre a lo que está más atento Pialat a la hora de montar: “más al centro vital de cada secuencia que a sus enlaces narrativos con su antes y después”. Y, más adelante, señala que “él escoge los rodajes prioritariamente a los rerodajes, corta siempre las bisagras que se empeña en escribir en cada guión, porque sus relatos están construidos por grandes piedras talladas, ajustadas sin mortero”.
Y sobre su forma de actuar: “Segunda vez que vivo esta particularidad: cuando Pialat vuelve a rodar una secuencia, ésta no reemplaza jamás el primer rodaje; la escena original sólo se vive una vez y la guarda como un tesoro, tirando a la papelera las pálidas segundas copias que no tienen esos defectos gracias a los cuales sus films laten por encima de los demás”.
Pero también habla de forma muy interesante sobre el montaje: “No existe el aburrimiento durante los montajes (pues) el trabajo de escultura, de arquitectura y de musicalidad es embriagador. Y si algunos guiones no están aún listos cuando se ruedan, entonces es aún más vigorizante el trabajo, pues tienes la impresión de rehacer el mundo o, por lo menos, de participar en rediseñar las parcelas de un mundo inventado. Se piensa entonces que se mejora el film”.
Acaba Yann Dedet con una frase algo melancólica: “No sé cuando volveré a ver ‘rushes’ que dan tantas ganas de vivir”.


 

lunes, 28 de septiembre de 2026

Les veuves de quinze ans



En su libro sobre Pialat, del que hablaré aquí en una próxima entrada, Yann Dedet empieza hablando de trabajos del director en películas de otros realizadores, y comenta:
“En ‘Les veuves de quinze ans’, film del que Jean Rouch dirá no reconocer como suyo, pero que quedó en mi memoria como una de las primeras libertades anunciantes de la nouvelle vague, Pialat encarna un fotógrafo. Dice a su joven modelo que ‘no vale la pena quedarse en bolas’ haciéndole al tiempo unas preguntas de una indecencia que la desviste, de otro modo, mucho más. Su brutalidad sin adornos me marcó, pues las personalidades punzantes quedan más en la memoria que las otras”.
Aunque luego resulta que ya había visto el cortometraje, posiblemente en Filmin, que lo tiene en su catálogo, ni qué decir que he corrido a verlo al localizarlo en YouTube:













 

domingo, 20 de septiembre de 2026

El amigo silencioso


Intentada ver durante su pase por cines, salas y horarios de sesión incompatibles me hicieron esperar hasta ahora, en que Filmin ha colgado la que sin duda es una de las películas de la temporada, “El amigo silencioso” (Ildikó Enyedi, 2025)
Tony Leung (el actor de “In the mood for love”, que aquí me ha recordado todo el rato a Obama) es un científico chino que acude a una Universidad alemana para dar un curso, iniciándolo con una charla (muy interesante) a cerca de sus investigaciones sobre la diferente forma de captar y aprender entre los adultos y un bebé, pero le sorprende la epidemia de Covid-19 y queda atrapado en el solitario campus.
A partir de ahí, otras dos historias de otras épocas van apareciendo en paralelo con la primera. En una, en blanco y negro, vemos el recorrido de la pionera estudiante de Ciencias en la Universidad, que hasta entonces había estado vetada a los hombres. En otra, en la época de fuerte politización post Mayo 68, un estudiante ayuda a otra estudiante que hace un experimento sensorial con un geranio.
Las diferentes historias se van entremezclando, todas ellas hablando de interconexiones, empezando la existente con un Ginkgo centenario del jardín de la Universidad, siguiendo por las plantas de su misma especie comunicándose entre sí y el intento de traducir las eventuales señales que puedan emitir.
Todo fluye, pues, alrededor de la comunicación, pero una posible comunicación profunda, que no es fácil de alcanzar, como pasa entre el científico y el conserje de la Universidad, lográndolo a través de un móvil haciendo finalmente de traductor entre ellos.
Ni que decir que la película se desarrolla con un ritmo muy distante de ese sincopado de los blockbuster. Y quizá sea esa una de las enseñanzas del film





 

Le roi de l'évasion


Esto que viendo las fotos echa pinta de comedia soez de la que huir con cierta premura es la segunda película de Alain Guiraudie que ha colgado Arte en su plataforma, "Le roi de l'évasion" (2009). Comedia, con escenas bastante divertidas por lo inesperado de sus acciones, lo es, como si el director quisiera haberse tomado su habitual tema (la atracción entre la colonia homosexual del lugar, muy bien representados sus lugares de cita) como farsa distorsionada.
En un medio provinciano, un vendedor de maquinaria agrícola -Armand-, gordo cuarentón reconocido entre la colonia gay del lugar, sorprende a sirios y troyanos al formar súbitamente una perseguida pareja juvenil de enamorados junto a la hija de 16 años de su patrón.
Las escenas se suceden a buen ritmo, encadenando Guiraudie una con la siguiente, a cada cual más inesperada.
Lo inusual de los personajes, bien alejados de los prototipos al uso, se corresponde con lo poco habitual de la realización. El actor principal, un verdadero oso, ha debido perder sus buenos kilos en el rodaje, pues Guiraudie lo hace correr literalmente de un lado a otro, cuando no ir en bicicleta (una escena ésta acompañada de una guitarra de rock, en una película que no utiliza música más que en momentos bien contados)







 

sábado, 19 de septiembre de 2026

Ce vieux rêve qui bouge


No es habitual la representación del mundo del trabajo en el cine, como no sea el trabajo de periodista, médico, sacerdote, prostituta, investigador privado o policía. En “Ce vieux rêve qui bouge” (Alain Guiraudie, 2001; visible ahora en la plataforma gratuita Arte) aparece a fondo el de obreros de una industria pesada y su capataz, si bien paradójicamente cuando ya ha finalizado la actividad de la destartalada empresa y se va a proceder a su cierre.
Tratándose de Alain Guiraudie, a las tensiones de los trabajadores, ya sin ocupación, por el inminente despido y cierre, además de con el llegado para efectuar el desmontaje y embalaje de una vieja máquina, se suma, claro, la pulsión homosexual, con la que monta un muy trabajado y acertado cuento.
Mediometraje de 50 minutos fue, con su pase por el Festival de Cannes, la tarjeta de presentación del director de “Misericordia”, una de las ficciones que, en mi opinión, más destacaron la temporada pasada.




 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Metro Kino Culture House (Viena)


Mucho DVD en el hall, pero entrando una librería muy bien nutrida de libros de cine en alemán, con algunos en inglés y en francés. En variedad y seriedad, como no recuerdo actualmente ninguna española.


 

viernes, 11 de septiembre de 2026

Madrid Ext.


Es “Madrid, ext.” (Juan Cavestany, 2025; en Filmin) por momentos como un muestrario de colecciones de elementos de la ciudad. Detecta en sus recorridos por la ciudad un tema y lo explota, hasta que se le cruza otro y hace lo mismo. Y así van pasando figuras de animales, antiguos cines, letreros como los que persiguió Patino cuando preparaba “Canciones para después de una guerra”, kioscos, bares, grúas, redes en andamios, lavabos públicos, huellas del asedio de Madrid, tiendas tradicionales de todo tipo, etc.
No hay diálogos, con lo que la gente posa para la cámara con la boca callada, aunque de tanto en tanto alguno se presenta y reflexiona en off, interrumpiendo la rítmica música, que también sabe de introducir silencios cuando toca. Solo en una ocasión, me parece, vemos a uno diciendo lo que oímos, rompiendo la regla.
Todo se va presentando por imágenes especiales pescadas en el callejeo encuadradas y registradas por una cámara fija durante sólo unos segundos, saltando enseguida a la siguiente, que reafirma su tema… o de alguna forma lo sentencia, como esa planta de pasta de papel reciclado que aparece tras haber visto varios kioscos. De hecho, todos los planos trabajan en montaje por asociación, contraste o destino deducido.
Algo hay, en este recorrido por sitios singulares que aún se descubren en la gran ciudad, de juguetes rotos
Me pensaba que me iba a cansar al poco tiempo y no ha sido así: he seguido esta Sinfonía de un Madrid que se resiste a desaparecer y aún ofrece juego hasta el final, con atención e interés, celebrando sus aciertos.