sábado, 23 de mayo de 2026

Pere Gimferrer. Retrato de un artista adolescente


Insospechado inicio para un programa sobre un escritor. Pero es que empezar con la elaboración de su menú habitual dice bastante de la forma de hacer de Poldo Pomés, siempre tocando cosas que se hacen muy cercanas.
Es por este motivo que, en esa misma escena, arrugué la nariz al ver que, en contra de la eficacia del sonido directo o de un sencillo rótulo, oí a una actriz/locutora haciendo una muy formal introducción del personaje protagonista de “Pere Gimferrer. Retrato de un artista adolescente” (Poldo Pomés y Lidia Penelo, 2026; en CaixaForum +), hasta que poco después sospeché y en los títulos de crédito finales acabé confirmando que la locución, como supongo mucho de todo el orden (esos capítulos que van pasando como capítulos de un libro, cubriendo todo el espectro de temas Gimferrer, esas entrevistas tan encuadradas y convencionales) eran de la propia Penelo, quien no en balde figura como la artífice de la idea motriz del documental.
Hacer un documental (y no sólo un documental, sino también un libro) sobre Gimferrer entraba cada año en la lista de posibles monografías que Martí Rom y un servidor confeccionábamos y discutíamos anualmente para hacer en el Cineclub de la Associació d’Enginyers, en los que siempre buscábamos personajes por los que corriera un río subterráneo ligado al cine, y éste nos lo ofrecía visible desde el primer momento, como compañero en Film Ideal de Ramón Terenci Moix o Vicente Molina Foix. Hasta que finalizó la serie sin que se lo hubiéramos propuesto. Nos quedamos con las ganas. No por casualidad Vicenç Altaió dice en el mismo documental que todo en Gimferrer llevaría hacia una buena película.
Basta para detectarlo, en el documental que nos trata, cómo se le ve excitarse observando al azar los títulos de todo tipo de los volúmenes recogidos en la biblioteca de Dámaso Alonso integrada en la de la Real Academia de la Lengua. O esa fiel interpretación que inesperadamente nos hace de una canción de “My fair lady” que, naturalmente, se sabe de memoria.
Eso sí. Prefiero mil veces los momentos robados, como los que oímos antes de la primera entrevista y cerrando toda la pieza, con los títulos de crédito, en los que Pere Gimferrer se preocupa, interesado, nervioso, muy picada su curiosidad sobre cómo van a hacer el plano.


 

viernes, 22 de mayo de 2026

Herencia



Ricardo Íscar se suma en “Herencia” (2026; en Filmin/Docs Barcelona hasta el 1 de junio) a otros cineastas que han seguido el proceso de exhumación de los cuerpos de cuatro jornaleros asesinados durante los primeros tiempos de la guerra civil.
Pero su documental se llama “Herencia” porque eso le sirve para explorar las ideas y circunstancias de sus familiares. La finca donde se va a efectuar la exhumación es suya, heredada de su familia y, seguramente, él ha querido también analizar, con miedo pero decisión, qué lleva él de la sangre de sus abuelos, la mayoría partidarios de Gil Robles y la CEDA, y explora lo que puede haber de incriminatorio en los archivos de esos tiempos tan terribles, respirando y recalcando cuando recoge algún gesto humanitario familiar, señalando que también hubo entre ellos quienes sufrieron persecución por las ideas contrarias y, no se olvide, idos a buscar por incontrolados para acabar tiroteados junto a una carretera. También la herencia recibida y transmitida circula por la película en ese casi silencioso homenaje final a su madre y sus cosas, como en esas otras escenas en que aparece con su muy pequeño hijo, al que debe enseñar que la nieve no quema, sino que está muy fría.
Lleva él mismo el relato de la película, apareciendo entrevistando o conversando con historiadores, familiares supervivientes suyos o de quienes se quiere exhumar su cuerpo, pero también comentando en voz calma y algo dubitativa sus pensamientos y reflexiones a partir de lo que va explorando y sintiendo. Unas de estas reflexiones que más llegan se dan tras la mirada atenta de las fotografías del frente que sacó Francesc Boix, o de los militares sublevados, en Salamanca, provincia de sus abuelos y donde se hacen las excavaciones.
La incredulidad inicial por el poco valor otorgado a la vida humana va dando lugar al descubrimiento de todo un sistema imparable de eliminación del contrario. Una escena muy reveladora recoge en el Archivo General de la Guerra Civil de Salamanca alguna de los más de dos millones de fichas confeccionadas con constatadas acciones “izquierdosas” de la población, que serían tenidas muy en cuenta para la persecución posterior. Y parece quedar claramente justificada la necesidad de intentar acabar con el desasosiego de tanta familia, para ver si, exhumando esos cuerpos, conociendo esos papeles que documentan tanta atrocidad y tragedias, se puede frenar su retorno en el futuro.


La divertidísima tía de Ricardo Íscar demostrando su enorme memoria.

Y Ricardo Íscar con su hijo.

 

Novedades del viernes


Los viernes tengo por costumbre ponerme después de comer ante el televisor y revisar qué novedades aporta Filmin.
Suele ser un momento en que lejanamente recupero ese otro en que estudiaba minuciosamente la cartelera de un gran periódico o de una publicación especializada para seleccionar, sin que se me escapase ninguna joya escondida,las películas que vería el fin de semana. Aquí ahora voy mirando una a una las nuevas películas incorporadas a la plataforma, si no las conozco miro su trailer (y la mayoría de las veces lo cierro de forma inmediata, al ver que va con un espantoso doblaje que me ahuyenta) o consulto un mínimo de documentación, para saber si la he visto y qué pensé de ella en su día, saber de su realizador o tener alguna opinión fiable sobre su interés y, si algo de eso se da, la paso al apartado de “guardadas”, para verlas en cuanto tenga el momento oportuno para ello.
Pero he puesto “lejanamente” al hablar de ese sentimiento compartido con el de cuando escarbaba entre los estrenos y no me saltaba ni uno especialmente interesante, y lo he hecho porque habitualmente el recorrido es decepcionante, por lleno de mediocridades o propuestas de lo más standard, que no sorprenden ni una migaja, con lo que la cosecha suele ser escuálida.
En cambio, luego será lo que será, pero las propuestas de hoy al menos no puede decirse que sean más de lo mismo. Serán luego un plomazo, pero por lo menos escapan de ese equivalente al MRI, el Modo de Representación Institucional del que hablaba Noel Burch, o cuando menos esa es la apariencia que, antes de verlas, dan.
Las razones hay que encontrarlas, sin duda, en que incorporan parte del programa del Docs Barcelona y toda una colección de piezas de bajo presupuesto que conforman el Filmin Music Fest.
Por lo menos prometen un buen tiempo para descifrar qué aportan de la ilusión suscitada.



 

La Grazia


Con planos tan enfáticos, tan lejanos a mi gusto, sin embargo ayer me convenció “La Grazia” (Paolo Sorrentino, 2025; en el cine Balmes).
Un taciturno -y siempre pensando en su fallecida esposa- presidente de la República (Mariano de Santis, interpretado por Toni Servillo) al que le quedan seis meses para el retiro, ha cubierto todo su trabajo pendiente, salvo dos casos: la firma de un decreto sobre la eutanasia y su decisión sobre si conceder o no dos indultos. Tiene tiempo casi toda la película para reflexionar sobre ellos.
Película de múltiples simetrías, de espejos en los que se refleja su principal personaje y su situación, empezando por frases que oye y luego, adaptándolas, dice y culminando con su identificación con un astronauta no sujeto a la fuerza de la gravedad. Todos sus casos plantean prácticamente lo mismo, y se cuestiona si seguir su costumbre de no decidir nada, que tan bien le ha ido hasta el momento.
Eso hace pensar en que es, primero de todo, una película de férreo y muy trabajado guión, que funcionaría incluso, por difícil que pueda ser imaginárselo, con otro actor que Servillo, desde luego su principal y gran baza.
Hay, con todo, varias secuencias Sorrentino, pese a mostrarse en este caso relativamente contenido. Una es la cruel y al tiempo desopilante recepción del presidente portugués (otro espejo para nuestro protagonista), sorprendida por un violento chaparrón y no menos fuerte ventada, acentuados ambos por la música, de la que habrán sucesivos pero aislados ecos en escenas posteriores.
Otras, las correspondientes a magnificentes interiores. Si “La grande bellezza” me dio unas enormes ganas de patear los terrados romanos, ésta hace lo propio con los salones del Quirinal. Claro que a lo mejor no se rodó allí, pues esperando para leer el final de los kilométricos títulos de crédito finales, no los vi aparecer por ningún lado, mientras que sí lo hacía el Palacio Real de Turín.







Su actor, ante la foto de rodaje de la escena de la recepción del presidente portugués.


 

martes, 19 de mayo de 2026

Nouvelle Vague



No me atreví cuando se estrenó, he esperado un buen tiempo tras colgarse en Filmin y al final anoche vi “Nouvelle Vague” (Ricard Linklater, 2025).
La sorpresa es que el tono desenfadado e irónico con que se afronta todo la aleja enormemente del tono rendido ante la genialidad que me temía y atormentaba. Sólo esos standard letreros finales dando cuenta de la evolución de los personajes y diciendo lo importante que fue para todos ellos la película desentonan.
Hacen decir todas sus frases a Godard pero, por suerte, en vez de soltarlas ahí como solemnes y lapidarias, haciendolas resonar, la pelicula muestra a los que las oyen pitorreándose, y hasta al mismo Godard sonriendo ante las burlas con que le responden.
Al principio, su toque historieta de TBO y, sobre todo, esos rótulos presentando el nombre de todos y cada uno de los que van apareciendo que tuvieron algo que ver con la película me hicieron mantener la sonrisa puesto e incluso reír un poco a cada nueva aparición.
A Moragas le hubiera encantado ver la representación del rodaje en la habitación del Hotel Suède




 

lunes, 18 de mayo de 2026

M. Il figlio del secolo




Recursos teatrales, con esos apartes en que Mussolini o alguien próximo a él, como su mujer, se dirigen al espectador para desvelarle sus pensamientos, planos inclinados, excesos grandilocuentes de todo orden… para ir modelando una ópera bufa, como fue el ascenso al poder del fascismo en Italia.
Me despisté y resulta que no seguí en su día más allá del primer episodio de “M. Il figlio del secolo” (Joe Wright, 2024; en Movistar). ¿Qué mejor momento que éste para ver el segundo episodio de la adaptación para la TV de la obra de Antonio Scurati, en el que Mussolini y su grupillo de fascistas, debilitados tras una derrota electoral, tras emprender bravuconerías varias sembrando el terror en violentas incursiones por doquier, entablan una alianza política contranatura que les permitirá entrar con fuerza y hacer notar su presencia en el parlamento?
Desde luego, seguiré con pasión lo que vaya desvelando luego



 

Las delicias del jardín



Hubo un tiempo en que iba a ver los estrenos de Fernando Colomo. La mayoría de las ocasiones salía esquilmado, pero insistia… Hasta que lo dejé estar, aunque él no podía dejar de caerme bien.
De su última “Las delicias del jardín” (2025; en Prime Vídeo) me habían llegado opiniones positivas (como la de Carlos F. Heredero, aunque debe ser amigo suyo, por lo que debería relativizarse su opinión; o ese apunte de Carlos Losilla citándola cuando quiere hablar de trozos modernos que han llegado a películas de todo tipo) y anoche la vi.
Nada más empezar aparece él, que es su máximo protagonista, en el metro y por las calles de Madrid, y su apariencia me hizo pensar en un actor y director italiano, Maurizio Nichetti, que tuvo su predicamento en los 80, cuando se le quiso introducir vendiéndolo como el Woody Allen italiano.
Como la cosa se desenvuelve en y tiene una mirada más que irónica hacia el mundo del arte contemporáneo, además de recordar a la serie de Cohn/Duprat, empiezan a aparecer en pequeños cameos artistas como Antonio López o Javier de Juan. De hecho, no sé si el escenario principal, un garaje/estudio, es realmente el de este último, que en la ficción representa compartirlo con Colomo.
Hay otras cosas simpáticas en ella, como ese baile homenaje al de Ana Karina y comparsas en “Bande à part” que se marcan los personajes de Colomo padre e hijo, ambos, por cierto, coguionistas, y te echas de vez en cuando unas risas. Pero quizás lo más destacable es esa forma de estar hecha, sin ninguna pomposidad ni dando lecciones de nada. Figura José Luis Alcaine como director de fotografía, pero he leído por ahí que está rodada con móviles…
Llegué hasta su final, y no me arrepiento -al revés- de haberla visto, porque se disfruta bastante.


Con Javier de Juan en el garaje/estudio

Con los característicos cuadros de Javier de Juan de fondo.

Padre -con ciertos achaques- e hijo -buscando su sitio- en la vida real y en la ficción. De eso también a la película.





 

domingo, 17 de mayo de 2026

Diana Larrea


Por un Metrópolis (que puede verse en el enlace de las abajo) he sabido de la obra de la artista Diana Larrea.
Cuelgo aquí imágenes de sus autorretratos a lo Cindy Sherman que se hizo en los escenarios del Los Ángeles de Vértigo y un par de fotogramas que he encontrado de su film “Cine Doré” (2004), en que recrea “A bout de soufle”, pero veo que tiene una obra de todo tipo, aún sin relación con el cine, llena de gran interés.
En el programa enlazado pueden seguirse sus trabajos de intencionada rotulación de calles madrileñas o bien de recuperación de pintoras extraordinarias que han pasado por la historia sin dejar apenas huella.







 

viernes, 15 de mayo de 2026

El último suspiro


Anoche preferí contemplar “El último suspiro” (Costa Gavras, 2024; en Movistar), que llevaba mucho tiempo grabada en espera de verse, con riesgo de desaparecer, que una película nueva.
Ya solo empezándola, constato que Costa Gavras la afronta con la decisión con la que hacía, por ejemplo, una película sobre la indiferencia de la Iglesia Católica sobre los crímenes nazis.
Una música que utiliza los inolvidables ritmo y sonoridad de un aparato de resonancia magnética me mantiene el interés ante un tema árido…con riesgo de ser afrontado de forma radicalmente edulcorada: la atención médica durante el inexorable final de la vida.
Costa Gavras tiene ahora 93 años. Por mucho que siga en plena forma, desarrollando muchísimo trabajo, entre otros menesteres como presidente de la Cinemateca Francesa, se debió sentir llamado por más de una razón a adaptar el libro de conversaciones de Régis Debray con el doctor Claude Grange, en el que ambos hablaron largo y tendido sobre muchos casos de cuidados paliativos.
Se le nota quizás demasiado sus ganas de entender los comportamientos de la gente joven, y ciertas frases se lanzan con afán de sorprender y hasta escandalizar a los espectadores, pero al menos a mí me convencieron y me hicieron poner de parte de la película cosas como el personaje de Léonie, interpretado por Françoise Lebrun, o la literal instantánea desaparición del interpretado por Charlotte Rampling.
Y, pese a la comprensible tendencia a ofrecer casos de cuidados paliativos que hasta levanten un poco el ánimo, ahí está también la aterrada mirada de Denis Podaydes al saber de una sospechosa mancha revelada por la prueba médica


Charlotte Rampling.

La gran Françoise Lebrun.


 

Los cines más bellos de Europa


Otra oportunidad perdida. Miro de averiguar si las diferentes plataformas a mi alcance han presentado algo apetitoso en mi ausencia, y no puedo pasar por alto “Los cines más bellos de Europa” (Axel Furhmann, 2026; en Arte). Pero no resisto apenas unos minutos sin llegar al hartazgo de sus vacías y repetitivas frases, incluso del empalagoso encadenado de unas imágenes que deberían haber resultado intrigantes y cautivadoras.
Me imagino qué habría hecho Manoel Oliveira (nos lo dio a entender en su “Oporto de mi infancia”, de 2001) o Víctor Érice (en cierta forma lo hizo en “La morte rouge”, en 2006) de haber recibido un encargo similar.
Da la impresión de ser la primera temporada de una serie, con cuatro episodios, que podría tener continuidad, pero mejor que no la tenga: son todos ellos intercambiables. ¡Que forma de quemar de golpe, en un plis plas, hasta hacerla aborrecer, una buena idea!





 

sábado, 2 de mayo de 2026

Rapt






Una de las mejores cosas de la red de Filmotecas para sus espectadores son los acuerdos que tienen entre las que disponen de capacidad de restauración para intercambiarse sus últimos trabajos. Gracias a eso ayer pude ver en la Filmoteca una copia restaurada por la Cinemateca Suiza de “Rapt” (Dimitri Kirsanoff -el de Ménilmontant-, 1933).
Si “Menilmontant” (1926) aportaba imágenes inusitadas, “Rapt”las sigue teniendo, presentadas y engarzadas como si Kirsanoff se hubiera olvidado de la llegada del cine sonoro pero, al tiempo, como si hubiese querido introducir toda una serie de elementos sonoros…hasta el punto en que dirías que se le fue la mano. Me temo que me será necesario explicarme: apenas si se recogen diálogos en la película, pero a cambio una música atronadora (a un volumen anoche que los espectadores salimos de la sala medio ensordecidos) de diferente registro (que el nuevo sistema de subtitulado de la Filmoteca adaptado para personas con discapacidad auditiva iba deduciendo diría que por la acción -como también podría hacer un eventual sordo que se hubiera presentado en la sesión- si era romántica, festiva, trágica o de intriga) se hace presente de forma avasalladora, sobre todo para emular, de forma técnicamente bastante primitiva, el sonido de las campanas, el nada realista de los pasos de un vendedor ambulante con pata de palo, el potente tic tac de un reloj de cuco, el ulular de los lobos o, más frecuentemente, las rachas del vendaval.
Toda su introducción tiene lugar en un idílico paisaje alpino del que se comenta también, en contrapartida, su dureza. La trama lleva efectivamente a un rapto de esos de costumbre ancestral, como las leyendas o no tan leyendas que corren sobre el norte de Albania, pero resulta que no, que se trata de dos valles suizos que se dan la espalda, los habitantes de una vertiente no tragando a los de la otra que -dice la película- tienen diferentes costumbres, idioma y hasta creencias religiosas. Algo así deduje en directo que pasaba entre la Suiza de habla germánica y la de habla francesa, pero nunca sospeché que llegaba a lo que se ve en la película.
Si altisonante se puede llamar sin miedo a la completa banda sonora, ese calificativo también podría resultar válido, en muchos casos, debido a ser tan y tan buscadas, para buena parte de sus imágenes, aún quedándose grabadas alguna de ellas por su -si se quiere- belleza. Son numerosos los planos de cruces recortadas contra un fondo de nubes, las nubes que pasan aceleradas por el cielo, planos con movimiento en contrapicados, fraccionados con unos cuantos primeros planos de efecto.
Esa continua búsqueda del efecto sobre el espectador, aunque al llegar el “Fin” han sonado sus buenos aplausos, yo creo que va en contra de la película, como así mismo todos los momentos en los que aparece un teatral tonto del pueblo (así lo llaman en los títulos de crédito), aún con la presencia, en sentido contrario, de otras escenas como el sorprendente baño matutino (si fuese norteamericana diríamos que claramente pre-Código Hays) de la protagonista (encarnada por Dita Parlo, la inolvidable actriz de “L’Atalante”, aunque aquí no desarrollando un papel de continua dulzura, precisamente, o ese extraordinario travelling en retroceso por el camino por el que corre la novia oficial… hasta que falta de fuerzas cae… mientras la cámara sigue indiferente su carrera, dejándola abandonada en el suelo.
Este enlace debe corresponder a esa misma copia, y de ella he obtenido buena parte de las capturas que cuelgo (que conviene ver para darse cuenta de la fuerza visual del empeño), pero la noto con una banda sonora menos alocada que la de anoche. Quizás solo sea cuestión de volumen..:












Ha cambiado el crucifijo por el espejo...