jueves, 16 de julio de 2026

El gato montés


“El gato montés” (1921; en YouTube) es otra (ésta disparatada) comedia en cuatro actos de Lubitsch.
Llena de personajes caricaturescos, soldados de opereta al mando de un oficial Mecachis qué guapo soy, forajidos muy primitivos dirigidos por una zíngara (Pola Negri) rodeada de secuaces masoquistas.
En realidad es casi un western de broma, que cambia el desierto por la nieve y decorados de comedia musical.
Muchos planos tienen un passepartout para focalizar o ayudar al carácter de la escena y Lubitsch deja en ella diálogos y otras bromas muy suyas que te hacen soltar la carcajada.











 

You and Me


Película plenamente insatisfactoria a la vez que cargada de interés. Así calificaría la no muy vista “You and Me” (Fritz Lang, 1938; anoche en la Filmoteca).
Insatisfactoria por inconstante, porque no cubre ninguna de las expectativas generadas:
-Nada más empezar te frotas las manos con la crítica del consumismo occidental a lo Bertold Brecht con ese prólogo musical de Kurt Weill coreografiado en las diferentes secciones y con sus objetos a la venta de unos grandes almacenes -“¡Hay que pagar!”-, pero esa línea queda abandonada para no ser retomada más que una vez muy posteriormente.
-Cuando piensas que vas a darte con una película de fieros gangsters, te encuentras que la banda ha mutado a grupo angelical, y te encuentras con algo más propio de Frank Capra.
-Cuando es a la comedia romántica a lo “El bazar de las sorpresas” a donde crees acercarte, todo cambia radicalmente.
-Cuando te acomodas para presenciar una película rooseveliana, con un empresario comprometido con el bien social…te das cuenta de que ese afán lleva a comportamientos tan exagerados que te dices que a lo mejor serán irónicos.
También insatisfactoria por lo poco trabajados que están los constantes giros radicales de comportamiento de sus protagonistas, que dejan algo desconcertado ante tanta inconsistencia emocional.
Cargada de interés porque vislumbras a Fritz Lang en sus primeros años de cineasta americano, rey del cine de alcance social:
-Con la fatalidad flotando en el ambiente desde el primer momento.
-Con unos personajes cargados internamente con una culpa que les atemoriza frente al entorno hasta a la hora de dar o recibir un beso.
-Con sombras amenazantes sobre algún personaje, que se concretizará.
-Y hasta un escenario que preconiza el posterior del escaparate de “La mujer del cuadro”.
-Con una Silvia Sidney que seguro vence todos los inconvenientes (aunque luego no haya quien se crea esos números de economía básica -totalmente falseados- para convencer que un robo no es productivo económicamente).
-Con un Ceorge Raft perfecto en su imagen de George Raft, con su Borsalino, rostro imperturbable, traje acartonado, aspecto duro e inquietante. Aunque luego descubras que no sabe salir de esa imagen y mejor es no darle otro tipo de papeles.





 

miércoles, 15 de julio de 2026

Las hijas del cervecero


Pues yo también he escarbado en ese cofre sin fondo que es YouTube, y he sacado de ahí “Las hijas del cervecero” (“Kolhiesels töchter”; Ernst Lubitsch, 1920).
Leisel y Gretel son las hijas de Kolhiesel, el dueño de la taberna, y trabajan para él, pero son completamente diferentes. La mayor es una bruta, egoísta, a la que todos los hombres rehuyen por su antipatía, mientras que Gretel, la pequeña, se hace agradable y atractiva para todos.
Ha resultado ser una comedia muy divertida, tanto por sus gags y enfoques visuales como por sus situaciones y reacciones y las expresiones que aparecen en sus intertítulos, muchas veces en contraste o como consecuencia subrayada de lo que el espectador acaba de ver.



 

lunes, 13 de julio de 2026

Magallanes


Con la boca pequeña confesaré que “Magallanes” (2025; ayer en el Verdi) es la primera película de Lav Díaz que acabo viendo hasta su final. Para llegar a esa hazaña quizás haya influido (sus seguidores dirán sí estoy o no en lo cierto) que ésta es algo más corta y tiene un aspecto bastante diferenciado al de sus películas anteriores. Viéndola, y comparando con lo suyo a lo que había accedido anteriormente, por de pronto ésta es, podríamos decir, casi una superproducción: hay muchas localizaciones y de las difíciles, es de época e interviene hasta un barco (o al menos un trozo de un barco).
Pero su fondo, esas ganas de lanzar su discurso más o menos panfletario (que no digo que no tenga mucho de verdad) es el mismo, y ahí me surgen unas de las risas que puede provocar la película: está producida en buena parte por el gobierno portugués y el gobierno español. Me imagino la escena: un funcionario aceptando satisfecho porque se trata de hablar de una gloria nacional. Si llegan a ver cómo se exalta a las glorias nacionales en el resultado…
La película tiene un prólogo: unas mujeres indígenas (¿malacas?) anuncian la llegada del hombre blanco, y se dicen que las profecías se han cumplido. Intuyendo que luego el punto de vista será siempre el de los “descubridores”, me he hecho a la idea que Lav Díaz ha situado esa escena al principio para decir donde están sus simpatías, aunque también queda claro viendo luego todas las animaladas a la que se dedican los que retienen el punto de vista…
Tras un corte, la escena siguiente viene dominada por la sangre y la muerte. En una playa se mezclan cadáveres de indígenas y conquistadores. La película no habla de la vuelta al mundo del navío de Magallanes, pues se centra únicamente en la vida de éste. Quizás para substituir a ese recorrido circular, la película viene a acabar con otras dos escenas muy similares a las dos iniciales. En una, excepcionalmente, el punto de vista vuelve a quienes lo habían ostentado en la primera. En la otra, se repite la imagen de la playa…










 

domingo, 12 de julio de 2026

Jacques Tati caído de la luna


En Filmin, “Jacques Tati, caído de la luna” (Jean-Baptiste Péretié, 2021). Con pocas cosas que resulten nuevas (quizás alguna relativa a “Playtime”), pese al poso tristón que deja su visión, qué placer volver a ver y reírse con escenas de todas sus películas…

 

Merlusse

Lo dicho…


Anoche quedé encantado de haber podido ver “Merlusse” (1935; en Arte). ¿Estaba “The holdovers” (“Los que se quedan”, Alexandre Payne, 2023) inspirada en esta obra de Marcel Pagnol? Porque el rema de ambas es el mismo: unos profesores -y entre ellos un cascarrabias- deben quedarse durante unas vacaciones para atender a los niños no reclamados por sus familias. Una historia sobre las posturas de la educación dura y la educación blanda, sobre críos que se buscan cada uno la vida que pueden, y que acaba como un cuento de Navidad.
Unas imágenes con aire documental del Lycée, muy alejadas del aspecto habitual de Pagnol, dan paso a un interior, una sala donde los padres esperan a sus hijos, que van acudiendo, avisados, para llevárselos, pero la cámara pasa al corredor, donde el bedel y chico para todo está barriendo y entona con convicción artística una canción.
Y es que lo mejor de la película, además de su perfecto ambiente, en la línea de “Zéro de conducirte”, está en lo bien dibujados e interpretados que están todos sus personajes, como éste.
Además de éste, entre los chicos de variadas edades aparece un supuesto hijo del rey de un país de por la indochina, que dice cosas bajo la idea de una jocosa mirada imperialista que hoy sería políticamente tan incorrectas que me temo nos lo perderíamos, o también el mismo subdirector y su carácter de lo uno y lo contrario, que elevan la comedia muchos enteros.
Pero, para mí, además de la confirmación de por qué Pagnol se hizo tan popular y sus obras constituían invariablemente grandes éxitos, la película supone el descubrimiento de una especie de Míchel Simon pequeño, en el papel del más veterano de los alumnos. Sus frases, sus gestos…alcanzan la genialidad.



El de la izquierda, con sus aires de connaisseur, es el que digo: tronchante.

Cada uno con su carácter muy bien marcado.


 

viernes, 10 de julio de 2026

Ricardo y la pintura




Recuerdo haber leído un librito de memorias de Bulle Ogier en que creo decía que ella y su marido Barbet tenían una casa e iban a menudo a la Bretaña. Será así o no de esta manera, pero me imagino a Barbet y Ricardo Caballo viéndose por ahí, coincidiendo en largas y sustanciosas conversaciones y el primero diciéndole al segundo: “¡Esto hay que sacarlo en una película!”
Barbet Schroeder, a quien pudimos ver la última vez en la Filmoteca presentando su obra anterior (“El venerable W”, 2017), es ya mayor (nació el 26 de agosto de 1941), notamos que se movía temeroso, asegurando el tiro, con cierta dificultad, pero en 2023 se lanzó a rodar este “Ricardo y la pintura”, que hoy ha colgado Filmin en su plataforma y recomiendo a todos los que les atrae la pintura y la historia del arte aunque sólo sea un poquillo.
En la película vemos al pintor argentino (de origen, por cierto, valenciano) residente en Francia desplazarse a una gruta al pie de acantilados atlánticos para pintar unas tablas que luego ensambla a modo de un rompecabezas. Pero, sobre todo, le oímos explicar detalles sobre sus pintores predilectos (Caravaggio, Velázquez, Monet), sus lecturas, sus entornos vitales y su mismo recorrido como pintor, enseñándonos cuadros de sus diversas épocas.
También es curioso ver cómo se expresan y dibujan unos pocos alumnos, críos de una escuela que ha creado, totalmente gratuita. O ver a Ricardo tocando y valorando, ahora que varias películas han sacado a la palestra el tema, viejos y enormes robles.
Para mencionar más elementos de interés, hay en el film también un poco de metacine, pues vemos, sin tapujos, algo de la cocina interna, muy artesanal, del rodaje. Barbet aparece además como uno más y también explica algo, como lo hacen un par de antiguos conocidos del pintor, y va bien, porque no creo que pueda llegar a ser buena, llena de interés, una conversación en la que todo fluya en un único sentido.
Hecha la recomendación, solo una nota marginal adicional: al final de los títulos de crédito, Filmin señala que los subtítulos se han hecho gracias a la Generalitat de Catalunya. Es curioso, porque he visto la versión subtitulada en español, no en catalán. Y quizás podrían ahorrarse la mención, porque he pescado de tanto en tanto, cuando me fijaba en ellos, unos disparates impresionantes. La única explicación que le encuentro es que los ha hecho una máquina aún no muy cuarteada en este trabajo









 

jueves, 9 de julio de 2026

La muñeca



Retrocedo un poco para pescar “La muñeca”(Ernst Lubitsch, 1919; en YouTube), que nunca antes había atrapado, posiblemente porque no me atraía lo suficiente.
El (notable) retroceso lo veo en varios sentidos, y no sólo en el cronológico. Se trata de un cuento cómico, presentado su decorado inicial (de cuento infantil) por el propio Lubitsch, con gags en general muy primitivos que deben bastante a la linea de Méliès, pero que veinte años después pierden, para mi gusto, la gracia que pudiera ese tener.
Pongo primero las capturas de las escenas en que aparecen los monjes del convento, de una inocencia similar (aunque con mucha más tosca picaresca germánica lubitschiana incluída) a la de la comunidad franciscana del “Francesco, giullare di Dio” de Rossellini, pues son los que, básicamente, me han salvado la velada.
Primero ese prior del convento cuya preocupación por quedarse sin fondos para su buena marcha no le hace disminuir su apetito. Un prior que ve abierto el panorama cuando oye una cifra que ofrece un noble (saliendole de lo mas profundo la frase “¡Cuantas piernas de cordero podríamos comer con esa cantidad!”). Luego, todo el resto de frailes secundándole pero, sobre todo, después, el encuentro de todos ellos con la chica que se hace pasar por muñeca mecánica.
De todo lo demás, frente a los bastante burdos chistes o situaciones supuestamente graciosas del resto, más propios de teatro de títeres, muy alejados del poder posterior del director en esos terrenos, me quedo con unos pocos primeros planos que localizan ironicamente elementos a destacar:
-El tembleque de las piernas del protagonista, vistas por debajo de una cortina que tapa la visión de su cuerpo (Cortina que, ahora que cuelgo la imagen, a lo mejor se queda en cortinilla para dejar visible solo el elemento en el que quiere incidir, en un procedimiento muy de Lubitsch, como el de la salida de la mujer mundana del hipódromo perseguida por el solterón en “El abanico de Lady Windermere”.
-Las múltiples bocas de los personajes que empiezan la discusión de una herencia, con el futuro legatario aún vivo y coleando.






El niño-adulto bufón, que en alguna ocasión, por su insolencia, también provoca alguna sonrisa.



Lubitsch en la presentación inicial.