viernes, 24 de julio de 2026

Apuntes para una ficción consentida



Ayer abrí la cartelera (es un decir, porque ya se sabe que ahora es bien difícil encontrar una…) y no di, a primera vista, con ninguna película que me atrajera lo suficiente. Al final consideré arriesgarme con la que creía para mí desconocida Ana Serret, y el riesgo al ver su “Apuntes para una ficción consentida” (2024; en el Cinemes Girona y Zumzeig), fue recompensado: no hay otras películas así ahora o recientemente en cartel. “Así” quiero decir que no siga el esquema habitual, conocido hasta la saciedad, que se repite sin cese, sabiendo ya anticipadamente tú, como espectador, los esfuerzos que va a cubrir y todo lo que te puede ofrecer.
Lo curioso fue que, después de regresar anoche a casa, molesto por la asquerosa humedad que lo impregna todo, pero muy satisfecho por la sesión, me enteré de que había visto la anterior película de su directora, “El Sr. Liberto y los pequeños placeres” (2017), y que también me había resultado muy interesante. Autora a seguir habemus, pues…
Oí hace poco quien me decía que viendo el primer plano de una película ya sabe si ésta va a valer o no la pena. Pues bien: el primer plano de los “Apuntes…” es de los que te hacen pensar que lo que vas a ver sigue su propio camino, y puedes esperar lo mejor. Lo describo.
Una chica (Violeta Rodríguez), que luego sabemos quiere ser actriz, se encuentra asomada en un balcón de una casa con fachada de ladrillos, abiertas las dos hojas de la puerta del balcón detrás suyo de par en par. Pero en seguida se rompe con la idea costumbrista: está mirando fijamente a la cámara y es su voz (en off) la que nos guiará por la trama. Rápidamente piensas que vamos a seguir sus actividades y ella será la protagonista, pero no es así. La protagonista es una suiza alemana que vino a España hace unos años, que también tiene proyectos teatrales, y es su compañera de piso (Isabelle Stoffel). Ella seguirá siendo durante toda la función únicamente la narradora.
A partir de ahí, la acción -que no detallaré- se desarrolla a saltos entre Madrid -el Madrid, diría, de Jonás Trueba, con cuyas películas guarda un cierto parentesco el film- y Basilea. Siempre siguiendo los intentos de la protagonista por realizar sus proyectos y unas cuantas notas de situación de ambos lugares.
En una ocasión, la vemos reflexiva y descubrimos que se encuentra junto a su antiguo marido, director teatral, ante un cine con el cartel de “La paura” (imposible no relacionar su estado con el de ella) y otras dos películas de Rossellini con Ingrid Bergman…
Pasado un tiempo, me asaltó la idea (no sé si del todo cierta) de que las escenas se iban resolviendo sin música alguna. Y, tras pensar eso, surgió una escena en la que un nuevo conocido toca, en una casa, el piano, con lo que tenemos música en directo, diegética, que a continuación acompaña, ya de forma no diegética, la salida de la casa de los amigos, toda ella con una puesta en escena muy coreográfica, que acaba con la pareja -ella llevando a pie su bici, caminando calle arriba.
Ese mismo piano suena luego con las imágenes de uno de los tránsitos a Basilea y se nos queda sonando para dar el tono de otras escenas, hasta que descubrimos que no se trata sino de una grabación que está oyendo ella… hasta que se quita los auriculares.
Para rematar,en los títulos finales de crédito suena una preciosa y dinámica Tarantela.
Para dar cuerpo y sentido a su título, por el final la película da pie a unas escenas que ofrecen, con un sentido plenamente documental, un abanico de tiendas tradicionales supervivientes (de pasada se ve, por ejemplo, Caramelos Paco) y reflexiones sobre la gentrificación muy certeras, como la de ese librero que se reconoce un símbolo de la gentrificación del barrio a donde se ha visto obligado a trasladarse en busca de costes de alquiler más baratos para su negocio.
Una agradable sorpresa, que espero ya no lo sea tanto (por ya habitual) cuando toque la próxima película de Ana Serret.







 

miércoles, 22 de julio de 2026

Rosita la cantante callejera


Cuando vemos el principio de “Rosita, la cantante callejera” (Ernst Lubitsch,1923), ya creemos estar ante un Lubitsch de toda la vida: el rey está en una sala palaciega con sus manos en la mesa. De repente aparece un brazo femenino que deposita su mano en esa misma mesa por la izquierda, luego ocurre otro tanto por la derecha, y así sucesivamente, hasta que se cambia el encuadre ampliando el plano y vemos que es porque está jugando con tres jovencitas. Cambio a otro plano con una gran puerta, que se abre de par en par. Un sirviente deja entrar a un personaje masculino, para desesperación del rey.
En la película también se mueven multitudes, pero no es ya Egipto lo que representan sus decorados, sino una Sevilla recreada en estudios ya no alemanes, sino hollywoodianos. Lubitsch ha ido a Estados Unidos para rodar con Mary Pickford, que con unas caídas de ojos de las que la hicieron célebre, es la cigarrera cantante… de la que se encapricha el rey.
El pueblo de Sevilla se mueve y agolpa en las algaradas como en los Caprichos de Goya, el vestuario (de Mitchell Leisen…) y el peinado del rey lo han sacado claramente de un retrato del pintor, y los palacios andaluces contienen cuadros célebres españoles.
Lubitsch, además de hacer desarrollar el cuento, piensa y ejecuta con mano maestra unas cuantas escenas cómicas, como es aquella en la que la destartalada familia de la cigarretera al completo decide acompañarla en la carroza que le ha fletado el rey, captando primeros planos de detalles (los pies que ascienden uno tras otro por el taburete hasta la carroza) o esa otra escena en la que se ve a Rosita (Mary Pickford), ya en una enorme sala del palacio, dando discretos y disimulados paseos ante la fuente de fruta que, a pieza por tramo, va cayendo.
Hay un problema con las copias que se encuentran en YouTube. Unas que van con Intertítulos traducidos al ruso, subtituladas en inglés o español están en muy mal estado, y de tanto en tanto se congelan. Pero otra muy bien restaurada y hasta con subtítulos en español, resulta que va a trompicones y presenta todo el cuadro -incluyendo subtítulos- muy cortada por arriba y por abajo…










 

lunes, 20 de julio de 2026

La mujer del faraón

El rey etíope.

La reina etíope y su servidumbre.


No una gran, sino una enorme superproducción fue “La mujer del faraón” (Ernst Lubitsch, 1922; con copias en YouTube en buen estado y subtituladas, fotogramas congelados sustituyendo los planos perdidos).
Se dice que fue lo bien que se manejaba en este tipo de superproducciones, con cientos de personas corriendo o a caballo en cuadro, decorados realmente faraónicos y trama sentimental superpuesta llevando la intriga, lo que hizo que llamaran a Lubitsch a Hollywood.
En ella se desencadena hasta una terrible guerra entre etíopes y egipcios por el loco amor despertsdo en el faraòn por una esclava griega.
Las sirvientas etíopes van con un pelo afro muy divertido, a lo caníbal de TBO, con una maderita como lápiz para fijarlo.



El faraòn

Al faraòn sòlo le interesan de la hermana del rey etíope sus ricas joyas



 

domingo, 19 de julio de 2026

La Virgen de la Tosquera


Desde luego consigue ambientes bien enrarecidos “La Virgen de la Tosquera” (Laura Casabé, 2025; en M+). Ambientada en la época de los inicios de los chats en una Argentina en caída económica y con continuos cortes de luz y de agua, denunciada sarcásticamente por Milei en locuciones por una televisión entregada a concursos y programas de evasión, está basada en relatos de la ahora muy ensalzada Mariana Enríquez.
Las tosqueras -lo explican en la propia película- son canteras abandonadas que adquieren una situación de lo más metafóricas cuando se acumula en ellas agua, formando embalses considerados muy peligrosos.
A una tosquera acuden las adolescentes, ansiosas de “debutar”, protagonistas de la película. Sobre todo esa niña de rostro siempre serio, atormentada con tensiones de clase y de otro tipo.







 

jueves, 16 de julio de 2026

El gato montés


“El gato montés” (1921; en YouTube) es otra (ésta disparatada) comedia en cuatro actos de Lubitsch.
Llena de personajes caricaturescos, soldados de opereta al mando de un oficial Mecachis qué guapo soy, forajidos muy primitivos dirigidos por una zíngara (Pola Negri) rodeada de secuaces masoquistas.
En realidad es casi un western de broma, que cambia el desierto por la nieve y decorados de comedia musical.
Muchos planos tienen un passepartout para focalizar o ayudar al carácter de la escena y Lubitsch deja en ella diálogos y otras bromas muy suyas que te hacen soltar la carcajada.











 

You and Me


Película plenamente insatisfactoria a la vez que cargada de interés. Así calificaría la no muy vista “You and Me” (Fritz Lang, 1938; anoche en la Filmoteca).
Insatisfactoria por inconstante, porque no cubre ninguna de las expectativas generadas:
-Nada más empezar te frotas las manos con la crítica del consumismo occidental a lo Bertold Brecht con ese prólogo musical de Kurt Weill coreografiado en las diferentes secciones y con sus objetos a la venta de unos grandes almacenes -“¡Hay que pagar!”-, pero esa línea queda abandonada para no ser retomada más que una vez muy posteriormente.
-Cuando piensas que vas a darte con una película de fieros gangsters, te encuentras que la banda ha mutado a grupo angelical, y te encuentras con algo más propio de Frank Capra.
-Cuando es a la comedia romántica a lo “El bazar de las sorpresas” a donde crees acercarte, todo cambia radicalmente.
-Cuando te acomodas para presenciar una película rooseveliana, con un empresario comprometido con el bien social…te das cuenta de que ese afán lleva a comportamientos tan exagerados que te dices que a lo mejor serán irónicos.
También insatisfactoria por lo poco trabajados que están los constantes giros radicales de comportamiento de sus protagonistas, que dejan algo desconcertado ante tanta inconsistencia emocional.
Cargada de interés porque vislumbras a Fritz Lang en sus primeros años de cineasta americano, rey del cine de alcance social:
-Con la fatalidad flotando en el ambiente desde el primer momento.
-Con unos personajes cargados internamente con una culpa que les atemoriza frente al entorno hasta a la hora de dar o recibir un beso.
-Con sombras amenazantes sobre algún personaje, que se concretizará.
-Y hasta un escenario que preconiza el posterior del escaparate de “La mujer del cuadro”.
-Con una Silvia Sidney que seguro vence todos los inconvenientes (aunque luego no haya quien se crea esos números de economía básica -totalmente falseados- para convencer que un robo no es productivo económicamente).
-Con un Ceorge Raft perfecto en su imagen de George Raft, con su Borsalino, rostro imperturbable, traje acartonado, aspecto duro e inquietante. Aunque luego descubras que no sabe salir de esa imagen y mejor es no darle otro tipo de papeles.





 

miércoles, 15 de julio de 2026

Las hijas del cervecero


Pues yo también he escarbado en ese cofre sin fondo que es YouTube, y he sacado de ahí “Las hijas del cervecero” (“Kolhiesels töchter”; Ernst Lubitsch, 1920).
Leisel y Gretel son las hijas de Kolhiesel, el dueño de la taberna, y trabajan para él, pero son completamente diferentes. La mayor es una bruta, egoísta, a la que todos los hombres rehuyen por su antipatía, mientras que Gretel, la pequeña, se hace agradable y atractiva para todos.
Ha resultado ser una comedia muy divertida, tanto por sus gags y enfoques visuales como por sus situaciones y reacciones y las expresiones que aparecen en sus intertítulos, muchas veces en contraste o como consecuencia subrayada de lo que el espectador acaba de ver.



 

lunes, 13 de julio de 2026

Magallanes


Con la boca pequeña confesaré que “Magallanes” (2025; ayer en el Verdi) es la primera película de Lav Díaz que acabo viendo hasta su final. Para llegar a esa hazaña quizás haya influido (sus seguidores dirán sí estoy o no en lo cierto) que ésta es algo más corta y tiene un aspecto bastante diferenciado al de sus películas anteriores. Viéndola, y comparando con lo suyo a lo que había accedido anteriormente, por de pronto ésta es, podríamos decir, casi una superproducción: hay muchas localizaciones y de las difíciles, es de época e interviene hasta un barco (o al menos un trozo de un barco).
Pero su fondo, esas ganas de lanzar su discurso más o menos panfletario (que no digo que no tenga mucho de verdad) es el mismo, y ahí me surgen unas de las risas que puede provocar la película: está producida en buena parte por el gobierno portugués y el gobierno español. Me imagino la escena: un funcionario aceptando satisfecho porque se trata de hablar de una gloria nacional. Si llegan a ver cómo se exalta a las glorias nacionales en el resultado…
La película tiene un prólogo: unas mujeres indígenas (¿malacas?) anuncian la llegada del hombre blanco, y se dicen que las profecías se han cumplido. Intuyendo que luego el punto de vista será siempre el de los “descubridores”, me he hecho a la idea que Lav Díaz ha situado esa escena al principio para decir donde están sus simpatías, aunque también queda claro viendo luego todas las animaladas a la que se dedican los que retienen el punto de vista…
Tras un corte, la escena siguiente viene dominada por la sangre y la muerte. En una playa se mezclan cadáveres de indígenas y conquistadores. La película no habla de la vuelta al mundo del navío de Magallanes, pues se centra únicamente en la vida de éste. Quizás para substituir a ese recorrido circular, la película viene a acabar con otras dos escenas muy similares a las dos iniciales. En una, excepcionalmente, el punto de vista vuelve a quienes lo habían ostentado en la primera. En la otra, se repite la imagen de la playa…