martes, 1 de septiembre de 2026

A pied d'oeuvre



Cuando “Sin blanca en París y Londres” Georges Orwell dejó las comodidades asociadas a su posición social familiar e intentó experimentar cómo poder vivir sin el respaldo de cantidad de dinero en el bolsillo. En el libro describe minuciosamente el proceso por el que se convirtió en uno más de una tropa empobrecida, pero sobre todo explica la administración de la miseria a la que se vio obligado, todos sus trucos para economizar sin morirse en el intento. Pero Orwell hizo todo eso para adquirir las experiencias que le permitieran escribir. En cualquier momento podía hacer una llamada y dejar atrás ese mundo depauperado que lo envolvía.
No fue ese el caso de Frank Courtés, que sí, tuvo éxito escribiendo sobre su experiencia en la pobreza, pero no buscó ésta como lo hizo Orwell, sino que se encontró con ella. Abandonó una posición económica estable gracias a su trabajo como fotógrafo para dedicarse a escribir, pero cuando presentó su cuarto libro, éste no satisfizo a su editora, pese al relativo éxito de los anteriores. Viéndose entonces sin recursos, emprendió un forzado recorrido hacia una vida cada vez más austera, empleándose de manitas subastando su fuerza de trabajo a la baja, en competencia con otros muchos, en una plataforma con la que contactan quienes quieren que se les haga una chapuza de cualquier tipo. Luego escribió “A pied d’oeuvre”, que le editó Gallimard y el año pasado adaptó Valérie Donzelli.
Y aquí es donde surge el milagro, porque tras su éxito inicial en unas películas que se anunciaron como una nueva y refrescante comedia francesa, la deriva de la realizadora no hacía esperar gran cosa de “Por la mañana escribo” (“A pied d’oeuvre”; 2025; en Filmin, porque ha pasado directamente a la plataforma, sin estrenarse en cines), que me ha parecido, en cambio, una propuesta muy seria y acertada.
Queda algún residuo de su cine de comedia inicial (esas clientas que le contratan para ahora no recuerdo qué trabajo, y hablan un momento, intrigadas, con él, sin quitarse de la cabeza esas flotantes antenas de marcianas), y la película sigue, con un rigor grande, sin buscar los aspavientos sentimentales ni las sobre actuaciones de ninguno de los excelentes actores, ese proceso del protagonista (Bastien Bouillon, muy sobrio) que él mismo registra escuetamente en unas libretitas.
Con este material un realizador al uso norteamericano habría cargado las tintas haciendo irrespirable el resultado. Con gran tino, Valérie Donzelli hace seguir al espectador intrigado y divertido la sucesión de insólitos trabajos, al tiempo que se muestra en su realización tan sobria como la actitud de su protagonista. Véase, por ejemplo, los repetidos planos de pies de unos y otros, tan definitorios de posición social y más cosas, con los que nos obsequia, casi propios de un cineasta bressoniano.
No carente de momentos emotivos, estos surgen sin que te lleves la impresión de que se ha trabajado a fondo para, como única meta, lograrlos.
Y, de paso, ofrece un certero retrato de los lamentables mecanismos sociales que estamos esparciendo por doquier.



Cortando el césped con tijeras de podar.


Con las marcianas en fiesta a donde va a trabajar.


Su desesperado padre.





 

lunes, 31 de agosto de 2026

Show Me a hero (2)


Ya he acabado de ver los seis episodios de “Show Me a hero” (David Simon y Paul Haggis; ahora en HBO) y, como suele pasar con las series (excepción hecha de las de Marco Bellocchio), no mantuve el entusiasmo que me llevó a escribir por aquí hace unos días, una vez vistos los dos primeros, un comentario apasionado, pero no deja de parecerme una serie muy visitable.
El encuentro entre esos dos mundos que parecían anunciar esos dos primeros episodios se produce, pero Simon, aún manteniendo su idea de mostrar los problemas sociales en una gran ciudad y en la sociedad norteamericana, parece más interesado en seguir el tema de los bochornosos cálculos del juego político y los peligros de dejarse arrastrar, perdiendo la visión de lo más importante, por el mismo.
Pero bueno: aunque vaya deslizándose hacia lo más standard, si pasan otra de Simon o del estilo, agradecería el aviso pertinente




 

viernes, 28 de agosto de 2026

Show Me a hero


Sólo he visto un poco de “Show Me a hero” (2015), la serie creada por David Simon y dirigida por Paul Haggis pero, aún sin saber cómo derivará en lo que me queda por ver, anoche, tras contemplar su segundo episodio (de un total de seis), me quedé un tiempo pensando que sí, que quizás me pierda piezas bien valiosas no atendiendo apenas a las series que se ofrecen.
Viendo ese segundo episodio detecté que nos presentaba un conflicto que podría asemejarse, por ejemplo, al que actualmente está poniendo sobre la mesa la ciudad de Ceuta o, si se me apura, la totalidad de Europa. Comprobé que la televisión puede convertirse -mira por dónde- en un instrumento que lleve a la reflexión, toma de conciencia y hasta a ciertas vías de solución de problemas sociales graves. Y eso sin optar por dar lecciones, sino ideando y presentando un espectáculo apasionante.
El territorio (no único) en el que se centra la acción no es en esta ocasión la ciudad de Baltimore, sino la de Yonkers, al Norte de Manhattan y el Bronx. Asistimos a un cambio que quería ser estratégico por los que detectaban allí el poder municipal, de su alcalde por uno joven e inexperto de su mismo partido, quien se ve envuelto en un fenomenal conflicto, que tiene a todo el barrio revolucionado a la contra, mostrando sus más afiladas garras. Un juez amenaza con llevar al municipio a la bancarrota a base de progresivas multas si sigue sin acatar el mandato de planificar y construir unas viviendas sociales… que nadie quiere tener como vecinas.
Paralelamente vamos viendo acciones que muestran cómo se desarrollan las vidas de unas cuantas familias de esas que, todo nos hace sospechar, son del tipo de las que irían a esas viviendas sociales que la ley obliga a repartir entre todos los municipios, y entre ellos el de Yonkers.
Lo dicho: no sé cómo derivará la cosa. Sospecho que todo irá enredándose más y más, profundizando en la idea de un callejón sin salida y que, quizás sí o quizás no, se produzca el encuentro real de esos dos mundos que, de momento, vemos en paralelo y distanciados. Pero, por el momento, nada más apasionante.



 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Funeral de Estado


Me he visto “Funeral de Estado” (2019; en Filmin), el documental que Sergei Loznitsa creó a base de montar inteligentemrnte numerosídimas filmaciones de todo lo protocolo funerario montado a la muerte de Stalin, sin añadir el mas mínimo comentario por su parte, excepto excepción hecha de un rótulo explicativo final.
Dejado arrullar por la música clásica o por las melosas palabras de algún locutor a traves de altavoces, periódicamente caía en brazos de Morfeo y, al abrir de nuevo los ojos, la delegación de no sé que oscuro organismo depositaba otra corona de flores más, idéntica a la anterior, con sentidas frases en caligrafía cirílica.
Al principio, a la llegada y bajada de la escalerilla del avión que les traía a los funerales a los Jefes de Gobierno de diversos países, las imágenes incorporaban un rótulo con especificación de su identidad, pero luego ya nada, haciéndoseme casi todas anónimos. Por suerte ha coincidido un momento de vigilia con el apresurado paso, como mujer decidida, de Dolores Ibarruri ante el cuerpo del padrecito Stalin. Un paseo que recuerda horrores a la inacabable fila de gente, con rostros de similar expresión, ante el féretro de Franco.
Recomiendo encomiásticamente, ahora que los años transcurridos nos dan perspectiva, ver la película. Una pelicula, eso sí, tan plomiza como cargada de interès. A ver si alguien toma conciencia de la ridiculez de éstos y parecidos cultos -no sólo acríticos, sino totalmente idiotas y perjudiciales- a la personalidad.






 

martes, 25 de agosto de 2026

Vivir la tierra



Muestro cierta aprensión ante temas como la espiritualidad de la sufrida pero bella vida rural, y más si se trata de mirada retrospectiva, con la consiguiente nostalgia. Por esta razón, aunque ayer finalmente vi que la cosa, felizmente, iba por otro lado, tenía un cierto miedo ante “Vivir la tierra” (Huo Meng, 2025).
La inquietud se acrecentó al ver que (cosa inaudita) el director había grabado y se proyectaba previamente un mensaje para los espectadores que, no convenciéndome ni la pinta del cineasta ni el mensaje mismo que lanzó, me hizo temer lo peor. Pero es que, además, las carátulas de las productoras del film son de una estética horrorosa y con iconos que dan un cierto yuyú. En compensación, debió estropearse la máquina de palomitas, porque extraordinariamente no se veía, oía ni olía a nadie con un cubilete lleno de esa plaga.
Es verdad que la secuencia del cartel de la película, alguna otra intermedia y sobre todo la que la finaliza son planos generales paisajísticos, muy amplios, pero no son en absoluto mayoritarios. No sé si se trata de la proyección en el cine donde la vi (Renoir Floridablanca), de un parti-pris para su pase televisivo o bien de la óptica utilizada, pero me dio la impresión de ver a los personajes demasiado cerca en la pantalla y, sobre todo inicialmente, con un encuadre que me puso nervioso, porque en bastantes planos quedaban cortadas las cabezas de ciertos personajes, y no creo que fuera para indicar que, siendo un niño el principal protagonista, todo se ve desde su punto de vista (lo que no es del todo cierto).
Seguimos en la película el ciclo de las estaciones y la rueda de la vida en un mundo rural eminentemente dirigido desde fuera (altavoces emitiendo las noticias que se quieren divulgar, periódicas visitas de controladores políticos y para la revisión de jóvenes edad de quedarse embarazadas,…) en el que la penuria económica conduce a los padres del niño protagonista a dejarlo al cuidado de abuelos y tíos, mientras ellos prueban fortuna más al sur.
Se trata de un vecinaje rural que nada tiene que ver con el actual de nuestras últimas películas que lo tienen como escenario y ante el que, viendo los rudimentarios medios con los que quieren sobrevivir, pensarías que estás ante un poblado de principios del siglo XX, pero en realidad se trata de la China de 1991… El caso es que nada de silencio y soledad, sino un entorno rebosante de gente, ruido y algarabía, tanto en el trabajo como en los encuentros festivos, con miembros de todas las generaciones gritando constantemente, como saben hacer los chinos. Poco que ver con el mundo lleno de serenidad con el que creía me iba a encontrar.
Un mundo retratado, lleno de trabajo brutal pero poco productivo, relaciones aberrantes (con bodas preparadas, por ejemplo), imposiciones políticas (impuestos y latrocinios oficiales), en el que todos engañan, desde los que ostentan el poder hasta la picaresca de los administrados para salvar en lo posible sus cuentas. Todo ello expuesto con tal encadenamiento de sucesos que no dejan tiempo para el aburrimiento, y con una cierta mirada tierna, irónica y divertida que permite tragar sin rechistar los hechos más dramáticos.
La cámara se acaba finalmente elevando, quizás para recalcar lo que seguramente se ha querido transmitir durante toda la película: la miseria y el frío del que procede esa China que va a comerse al mundo.











 

lunes, 24 de agosto de 2026

Carta a una mujer


Pues me ha sorprendido positivamente “Carta a una mujer” (Miguel Iglesias, 1961; en canal Flix Olé). Primero como una más de ese auténtico festival de localizaciones barcelonesas (aquí con, sobre todo, el Palau de la Música) que está programando la cadena, pero también como película de cine negro, con un inicio de intriga bastante logrado que gira hacia el noir por el final.
Aunque, en realidad, el interés se me ha despertado por su línea argumental, por hasta dónde llegaría en sus exposiciones y por cómo concluiría los temas abiertos.
Lo digo porque la cosa va de la aparición de gente que luchó en los dos bandos durante la guerra civil y luego fueron a Rusia, ya fuera para combatir en la División Azul, ya sea enemigos suyos, obligados a huir de España; también de maquis cruzando la frontera y actuando en operaciones, poniendo en brete a la policía franquista. Y se trata de un rodaje de 1961… En la película aparecen, incluso, unas imágenes de la llegada del Seminaris a Barcelona, de la que tanto los Pérez de Rosa como Català Roca sacaron imágenes de lo más emotivo. Emma Penella figura ser una más de los que fueron a recibir a los que, después de tanto tiempo, volvían de Rusia, emparejándola con los reportajes del NO-DO.
Está basada en una obra teatral (aunque hace olvidar todo antecedente teatral) de Jaime Salom, un dramaturgo al que le gustaba ofrecer temporada tras temporada unas obras que aparentaban tocar temas siempre conflictivos y que tenían un éxito grande entre la burguesía local. Y, de hecho, el eventual fondo “político” queda cubierto con otro de relaciones amorosas… que tienen una resolución nada despreciable.


 

Rose of Nevada


El inicio de “Rose of Nevada” (Mark Jenkin, 2025; En Filmin / Atlántida) está lleno de óxido, plantas que invaden lo abandonado, maderas podridas por la humedad.
Parece rodada en subformato y la componen básicamente planos a distancia corta, de esos que dan poca información o, cuando menos, ocultan bastante, inquietando al espectador, que está ansioso de observar lo que está fuera de su limitado marco cuadrado. Film cuya buena parte transcurre mostrando el duro trabajo de la pesca de arrastre, ni siquiera en mar abierto nos suele mostrar el horizonte, sino un trozo cuadrado, limitado, de mar.
Eso le va bien a una película que toca terrenos como el misterio silenciado, la corrosión del tiempo, el desplazamiento súbito a un momento del pasado y, en el fondo, la perpetua presencia fantasmal de figuras del pasado.
Un par de amigos de por aquí la recomendaban entre las presentadas por el Fesrival Atlántida y, viéndola, entiendo por qué.










 

sábado, 22 de agosto de 2026

Scherezade (Pierre Gaspard-Huit)


“Scherezade” (Pierre Gaspard-Huit, 1963) seguro que habrá entrado, con todos los honores, como segunda película (la buena) de sesiones dobles de muchos cines veraniegos allá por los años 60.
No es para menos: da con su Cinemascope y Technicolor para un par de cargas de lanceros de los caballeros cruzados, primero contra los beduinos y luego contra unos moros uniformados mandados por un traidor, así como para varios pases de la silueta de los cruzados, a caballo y enarbolando sus lanzas, por la cima de unos montes, con el efecto visual consiguiente.
¿Más madera? Ruinas románticas, interiores orientales muy lujosos, trovadores y saltimbanquis (ver la nota final), todas las típicas escenas de desierto que puedan pensarse. Todo ello servido por diálogos y gestos altisonantes y ritmado por una música de gran producción.
Si está ahora en poder de Cerezo (la he visto grabada en el Canal Flix Olé) es porque se trató de una coproducción franco-italo-española con todas las cualidades citadas.
Su punto principal que hace aguas es el ‘casting’, si dejamos de lado a un impecable Fernando Rey haciendo de asesor sabio del Califa. El galán (Gerard Barray) resulta de un pánfilo subido.
Scherezade es Anna Karina, a la que, de buenas a primeras, han privado de su voz (Cerezo sólo sirve la versión española con doblaje por parte de típica locutora del oficio) y de todo su atractivo look sesentero, que no vuelve hasta, parcialmente, por el final. A falta de su flequillo, parecen haber centrado la atención en su más bien blancuchi si no velado cuerpo, servido a base de una serie de especie de bikini con túnica. Luego, cuando hay un tipo de concurso / desfile de misses, le adjudican un flequillo raro, raro, raro. También le hacen danzar ante el califa, pero se trata de una danza más bien etérea, no habiendo participado ella en danzas del vientre previas, a las que se da el harén, que también se baña un poco.
Nota/ Me ha parecido reconocer algún escenario y he buscado donde fue rodada. Y entonces me he enterado que durante su estancia en Marruecos, Jean-Luc Godard acudió a ver a Anna Karina e hizo un pequeño papel de saltimbanqui, en el que hace una vertical y luego camina con las manos. Recordando la escena, he ido a hacerle una foto al televisión, y la incluyo aquí.




De esta guisa aparece.

Aquí un buen plano de la cara de panfilo de él.

Y aquí ella, muy blancuchi, con esa bragota. No es que resulte muy favorecida.

Captura que he hecho del concurso entre las tres princesas.

Fernando Rey.

El de rojo, según he leído, debería tratarse de Godard, que había ido a ver a Karina durándote su estancia en Marruecos para el rodaje, y alza las manos para bajarlas rápidamente y hacer una vertical. Luego ya sólo se le ven las piernas mientras avanza caminando con las manos.