La película se suma a las que ya han representado el “Cristo muerto” de Mantegna.
Unos retratos dibujados y -sobre todo- unas pocas fotografías que pasan con los títulos de crédito nos vienen a informar que la historia contada a continuación tiene una base bien real. Las fotografías se tornan en unos dibujos tirando a grotescos y la cámara se acerca a su firma: M. Blecher. Un rótulo informa que la película está “inspirada vagamente en unos cuantos relatos de Max Blecher”.
La escena posterior ya nos introduce por completo en “una película de época”, como denuncian el sombrero de paja del protagonista y esas maletas que hacen ver que están llenas pero de las que, como es habitual para no fatigar a los actores, su balanceo dice lo contrario.. y, un poco después, entramos en el escenario principal del resto del film, un sanatorio antituberculoso (pero éste de tuberculosis ósea) digno de Wes Anderson.
Estoy hablando de “Corazones cicatrizados” (Radu Jude, 2016; ayer en la Filmoteca, dentro de su retrospectiva).
Los tratamientos, situaciones y perspectivas de muchos de los pacientes, incluido el protagonista, son tirando a trágicos -como corroboraría ese plano calcado al “Cristo muerto” de Mantegna que he pescado, sorprendido de lo numerosas que son ya las películas que lo hacen suyo-, pero el tratamiento que le da Jude es, aparentemente, otro, y de ahí esa citada estética que recuerda a Wes Anderson.
Las películas de Radu Jude no se suelen parecer entre sí, y ésta no es una excepción, pero quizás sí lo hace respecto a otras suyas posteriores esos intertítulos, se supone que extractos de los diarios de Blecher o pensamientos suyos, que aparecen pautando la trama, y resultan siempre bastante insospechados.
Y luego están alguna escena que parece rodada por Julia Ducornau, ese volver a “la realidad” en el epílogo y, sobre todo, los años treinta de su país -Rumania-, que nos hace seguir constantemente, por varios medios.
No me suele entusiasmar al cine de Radu Jude, ahora tan de moda, pero esta suya me ha parecido una buena película, digna de mucha atención.
Un sanatorio alocado que me llevó a pensar en ciertas películas de Wes Anderson.
Las continuas bromas (el protagonista no hace sino citar continuamente a diversos autores, de forma muy graciosa) ocultan una poética muy intensa.



















































