domingo, 5 de julio de 2026

Para una tumba sin nombre


Santa María, la ciudad fundada por Brausen. Un médico (Eduardo Calvo) que escribe la historia, tras salir del sueño en que aparece ella (Susana Mara) con un chivo y Eusebio Poncela rubio.
De entre los episodios de “Escrito en América” (en RTVE play), el que mejor adentra, con su larga secuencia introductora la cámara en continuo movimiento, en la novela que adapta -en este caso de J. C. Onetti- para mí sería “Para una tumba sin nombre” (Juan Tebar, 1979)







 

sábado, 4 de julio de 2026

Olivia




Marcada por su año de realización, 1951, tanto por su aparente contención como por la sorpresa al dar hoy con ella por todo lo contrario, “Olivia” (Jacqueline Audry; vista en TV5 Monde) es una rara avis, a no valorar por su factura (con una iluminación, por ejemplo, esforzada -el uso de velas en la acción es frecuente- pero torpe y desastrosa), sino por su apuesta por entrar sin miedo en su universo.
Una muchacha inglesa entra en un aislado colegio de señoritas francés, donde desarrolla una pasión descontrolada por la directora.
Buscando fotos por internet para ilustrar esta entrada veo que ya le han colgado el sambenito (o quizás mejor el luminoso para atraer audiencia) de obra “queer” pionera, avanzada a su tiempo.







 

viernes, 3 de julio de 2026

La tarta del presidente


Película amable, pese a todo lo que representa, “La tarta del presidente” (Hasán Hadi, 2025; en M+ y Filmin) me hace bascular entre la simpatía y la resistencia a dejarse llevar. Me explico.
Aunque iraquí, si lo he entendido bien, su director vive en Estados Unidos, y su voluntad ha sido rodar la película en el sitio que quiere retratar, su Irak natal. Por ahí me empiezan las suspicacias. Ha hecho una película que, aunque contenga escenas de calle similares a las que nos hemos acostumbrado gracias a las llegadas desde Irán, se ve pensada para tocar el corazoncito occidental. Su protagonista es una niña, muy agraciada, con la que empatizar por su situación (vive con su abuela, sin padres, en una situación muy precaria), su imagen divertida (va a todos lados con un gallo) y su forma de actuar (comportamiento volátil de niña, pero voluntad de hierro para perseguir sus objetivos).
Las notas de ambiente también resultan un tanto enfatizadas: la acción figura desarrollarse durante la guerra contra Iran, y de forma continua se oyen (y a veces se ven, gracias a manipulaciones digitales) cazas iraquíes cruzando atronadoramente el espacio aéreo. En ese sentido, todavía más notable es la proliferación de carteles propagandísticos representando a Saddam Hussein, convertido también en un icono -algo así como la encarnación del mal- para los espectadores occidentales.
Dicho todo lo anterior, sin poder dejar de pensar en todo eso como imposturas, sumado a la voluntad de una fotografía siempre "bonita", una plácida sesión que se sigue con agrado…
Como cuestión de interés especial, las diferentes muestras de arquitectura moderna que aparecen, definiendo bastante aspectos funcionales del lugar. No olvido que la embajada de Estados Unidos en Bagdad había sido diseñada por Josep Lluís Sert, y que buena parte de los arquitectos de la modernidad habían pensado obras para la capital.







 

miércoles, 1 de julio de 2026

La salida de los trenes




Estos días se cumplen 85 años.
A los pocos días de entrar Rumania en guerra junto a Alemania, el 29 de junio de 1941, en la ciudad de Iasi, de altísima proporción de población judía, bajo el pretexto de que apoyaron a sus enemigos los bolcheviques, los soldados y policías rumanos van a buscar a sus casas a una enorme cantidad de judios, los concentran en en patio de la comisaría y, a base de palos y disparos causan una masacre. A los supervivientes los meten hacinados al día siguiente en vagones para ganado del después llamado “tren de la muerte”, sellando sus puertas. La gran mayoría muere por el calor, la sed y la falta de aire.
Nada más empezar “La salida de los trenes” (Radu Jude, 2020; ayer en la Filmoteca) se suceden uno tras otro los retratos de víctimas de ese pogromo con, en off, el relato de testigos de los hechos en el juicio que contra los asesinos se efectuó cinco años después. Si falta el relato de un testigo, la foto queda sin acompañamiento sonoro. Si falta el retrato de una de las víctimas, el relato se oye con la pantalla en negro. En cada ocasión, antes de cambiar de persona o grupo familiar, el plano del retrato permanece fijo un rato más cuando ha acabado el relato de los hechos sobre él, momento en que, de forma impepinable, te pones a observar, ahora sí en profundidad, la mirada del retratado.
Previamente al inicio de la proyección oí algunos comentarios en tono festivo diciendo que (eran las 17h) íbamos a salir a la hora de la cena (pues la sesión duraba tres horas). A eso de los cinco minutos de metraje, le correspondía el turno a Salomón Almin. Y fue en ese momento en el que me di cuenta de que los retratos iban apareciendo por orden alfabético del apellido de la víctima correspondiente y, conociendo ya un poco la forma de actuar de Jude, vi claro que iba a seguir hasta el final sin variar un ápice ni el tono ni la intensidad, machaconamente, hasta llegar a la Z.
Con esa convicción, me dispuse a oír atentamente cada relato y observar, sabiendo lo que le pasó, el rostro de la víctima. Imposible mantener la compostura las tres horas previstas pero, pese a la huida paulatina de público, es lo que, con sus más y sus menos por momentos, hice.
Estos hechos, cuando se conocen, se suelen explicar dando las cifras de víctimas. En este caso se trató de miles y miles de personas. Pero suele quedar para la historia únicamente la cifra anónima. Por una vez ya no.



 

martes, 30 de junio de 2026

Aranda y la incomprensión mainstream


Seguramente es difícil encontrar un ejemplo de mayor incomprensión entre un entrevistado y una entrevistadora y todo un sistema que la soporta y le da pie. Y si no se me cree, pediría que se viera la parte inicial de este programa que enlazo abajo, la rodada en el Parc Güell.
En el Canal 33 reponen programas antiguos de la casa, y uno de ellos es S(Avis), que ahora he entendido que es un título que responde a un doble motivo, que asocia: los entrevistados son todos, para el programa, sabios y abuelos.
Grabé para ver el correspondiente al director de cine Vicente Aranda, de 2008, cuando aún, pese a haber pasado ya de los 80 años, estaba totalmente en activo.
Me pensaba que todos los programas de Savis tenían un mismo entrevistador, pero ahora he visto que van cambiando. En éste en concreto la entrevistadora es la chica de la foto, dispensando siempre una sonrisa esplendorosa, pero lanzando tal sarta de preguntas intrascendentes, tópicas, y alejadas del mundo de las películas del director, que es divertido ver el choque que se produce.
Luego ya la sonrisa debió vencer todos los obstáculos, y Aranda, aunque sigue en sus trece de ir a lo suyo y no entrar en frases hechas y convencionalismos, ofrece más o menos lo que le quería oír su presentadora.



 

domingo, 28 de junio de 2026

La copa del mundo en Recife




Para que no se diga que no estoy yo con la rabiosa actualidad, he aquí un enlace sobre la Copa del Mundo de Fútbol… de 2014.
Nada menos que Kleber Mendonça Filho rodó el cortometraje “La copa del mundo en Recife”, que puede verse en el enlace de abajo hasta el viernes, por gentileza de Le Cinéma Club.
Sobre todo su primera parte me ha parecido un documental de gran agudeza (y montaje consecuente), del orden o hasta superando a su “Retratos fantasmas”, por momentos muy cercana a “Sonidos de barrio”.




 

sábado, 27 de junio de 2026

Las dos muertes del Mariscal - No me importa que pasemos a la historia como unos bárbaros

Del reportaje del corto.

Y la recreación dramática del mismo, de un fragmento de la película citada de 1998.


Ésta y las demás fotos, del largometraje.

Les dos películas del programa doble de ayer en el ciclo dedicado a Radu Jude estaban bien emparentadas, pues venían a hablar de lo mismo: cómo las generaciones actuales están blanqueando la imagen de los dictadores y las barbaridades que cometieron. Es decir: parece que ahora está bien hablar y criticar como se debe a los Hitler o Stalin, pero no a los de casa, sobre los que se aplica toda una capa de disculpas, cuando no se niega frontalmente lo que hicieron.
Es el caso del líder rumano Antonescu, al que prácticamente se le trata de héroe, y hasta salvador de los judíos a los que abiertamente expulsó y aniquiló..
En el cortometraje “Las dos muertes del Mariscal” (2028), que ya había visto, Jude compara las imágenes rodadas en el momento de su ajusticiamiento en 1946 con esas mismas escenas recreadas, con insufrible coda final para los amantes de la verdad, en una película rumana rodada por Sergiu Nicolanescu en 1994.
Del film de Nicolanescu también habla despectivamente la protagonista de “No me importa que pasemos a la historia como unos bárbaros” (2018), quien está empeñada en presentar una recreación histórica que habla del papel de Antonescu y su gente en la masacre de judíos que hubo en la Odesa ocupada.
Si la primera es uno de esos dispositivos ideados por Radu Jude para enfrentar al público con su historia y su tergiversación, la segunda entra de lleno en la forma que imprime a sus películas en sus ficciones. El tema histórico está presente continuamente, en la pieza que quiere representar y en las distendidas conversaciones con novios, amigos o colegas.
Escenas atropelladas, cámara en mano, para trasmitir todo el follón presente, en escenas exteriores. Encuadres íntimos (ella en la bañera o con su pareja en la cama) deshinibidas que se codean con largas lecturas de textos o imágenes documentales que, pasando en un monitor de trabajo, también se mantienen largo rato en pantalla, como dando tiempo a la reflexión.
De vez en cuando, discusiones humorísticas que no creo hagan reír a más allá del círculo íntimo de Jude.
Y lo que queda claro de todo el proceso es que la gran mayoría de la gente responde sin pensarlo a impulsos elementales, pero en general no está dispuesta a que le agüen la fiesta con una historia propia bochornosa.






 

viernes, 26 de junio de 2026

Un día más con vida


Confusao.
Esta palabra, que he oído hoy con profusión, define muy bien mi idea previa que tenia sobre la guerra de Angola, la guerra de la guerra fría que, explicada por José Manuel Rua, ha llevado a su fin el curso al que he estado asistiendo.
Una sopa de letras revueltas que identificaban a varios grupos armados del país, sin que acabara del todo de saber caracterizar a cada uno de ellos. Soldados cubanos con armamento ruso apoyando a uno de los bandos. Todo eso se mezclaba, lleno de imprecisiones, en mi cabeza.
El mérito de Rua ha sido, en una sesión brillante, como suelen ser las suyas, ordenar las piezas en mi cabeza, que ahora ya las tiene bastante bien dispuestas.
No ha empezado por el principio. Lo ha hecho aportando cifras y datos sorprendentes que definen los acontecimientos. Cuestionándonos qué fueron a hacer en Cuba los cubanos, por ejemplo, que a lo largo del tiempo llegaron a sumar unos 400.000 (!!!). Hablándonos del papel de los sudafricanos y otros actores en la contienda. Etc.
También diciéndonos quienes han hablado sobre esa guerra. Gente como Kapuconski (de quien él mismo ha reconocido que cuenta mucha cosa que te preguntas si será verdad o mentira, pero que bastantes veces se ha visto que eran verdad), García Márquez o Nelson Mandela. Y diciendo que la vivieron cantantes como Vicente Feliu o Silvio Rodríguez, ambos apuntados como voluntarios cubanos.
Sólo luego, ya bien entrado en el horario, ha hecho un gran flashback, empezando por la guerra de independencia de Portugal, siguiendo con la guerra de Angola propiamente dicha y acabando con la guerra civil posterior, con un apunte hasta la actualidad. Y la claridad se hizo.
Únicamente me ha decepcionado con la recomendación que repetidamente nos ha hecho de una película que explica parte de los hechos. Tanto decía que la teníamos que ver, que en casa me la he puesto y, si bien es verdad que de forma muy simplificada explica los grandes rasgos del conflicto, cinematográficamente dista un montón de ser la joya que nos ha vendido. Se puede ver en RTVE Play o en YouTube, pero en ambas con unos diálogos en español (la primera) o inglés (la segunda) que corresponden a la bochornosa estética de todo el resto: combina imagen real -con declaraciones de ciertos personajes del film en la actualidad- con animación, en donde a unos dibujos sobre personajes y objetos reales (como los de “Vals con Bashir” o las películas de Mariscal/Trueba) se les suman todas las aberraciones que se creen necesarias para mantener el atractivo de un público mayoritario: escenas de acción sanguinolenta tipo Hazañas Bélicas o John Woo desatada, juegos abstractos, ruidos atronadores,… y otras de calado sentimental acompañadas de música triste. Hablo de “Un día más con vida” (Raul de la Fuente, Damián Nemov, 2018), basado en el libro de Kapucinski, protagonista animado de la cinta.







 

miércoles, 24 de junio de 2026

La nación muerta



Sales de ver “La nación muerta” (Radu Jude, 2017; ayer en la Filmoteca) con una molesta sensación de “déjà vu” y del poder cíclico y extensible de los acontecimientos.
En buena parte porque Jude la hace empezar y acabar con una misma imagen de un paisaje bien difuso y porque regresan a la banda sonora unas marchas militares, proclamas patrióticas y de loa al líder sospechosamente parecidas a las del principio.
Lo del “déjà vu” porque esa presencia constante en las imágenes de las armas, de la defensa de nuestros valores a base de la creación de ejércitos imbatibles y ese buscar un chivo expiatorio de todos los males son temas que llenan últimamente las noticias…
Jude montó su película, como acostumbra, definiendo un esquema que sigue a rajatabla, lanzándose hasta las últimas consecuencias a ello. Aquí ese esquema supone:
-Las fotografías de un retratista rumano de 1937 a 1946, acompañadas por proclamas, músicas y discursos llenos de retótica de cada época… y elocuentes silencios.
-La lectura de las notas del diario de un médico judio que habita en Bucarest y sigue, desesperado, todo el proceso histótico de la subida (y luego caída y sustitución por el comunismo) del fascismo rumano, su poder irradiador y su acoso acelerado a la población judia.
Cuando tiene un tema así de serio en el que mostrar tal cual sin dejar de aplicar su ironía, Radu Jude es brutal… y bien convincente.