domingo, 8 de febrero de 2026

Las arañas






Por un malentendido mío, no pude ver en la Filmoteca, en sesión únicamente para él, el primer episodio de “Las arañas” (Fritz Lang, 1919). Mi error tuvo sus consecuencias, porque entonces lo tuve que repescar en la sesión doble de ayer, junto al segundo episodio del serial, y la captación de las aventuras de este segundo, más largo que el primero, se me acabó haciendo algo pesada.
Porque de eso se trata, de películas de aventuras. Nunca he sentido la adoración que otros tienen a las entregas de aventuras indias de los años sesenta de Lang -veremos cuando las vuelva a ver-, pero me da la impresión de que, si se valoran esas últimas aportaciones suyas, deberían valorarse también estas primeras, porque les veo, quizás por ese regreso a la infancia que dicen implica la vejez, un mismo espíritu. De películas de aventuras sin más preocupación que atraer y hacer estar atento al público, y sin más trasfondo que el reflejo, entonces, que el de una sociedad que se pierde por los mundos exóticos, que siguen intuyéndose con un espíritu imperialista decimonónico. Fue después, con Thea von Harbou y más tarde aún él sólo, cuando sus films adquirieron el trasfondo político y, sobre todo, social que lo caracterizan.
En el prólogo del primer episodio, “El lago dorado”, un náufrago coloca un mensaje en una botella que arroja al mar, perseguido por un indio repleto de vistosas plumas.
El indio sabremos luego, en el cuerpo del episodio, que se trataba de un inca, y a un país como el de “El templo del sol” de Tintín es a donde va a ir el héroe de la serie, para ver de encontrar un tesoro al estilo de un Indiana Jones (así lo calificó el pianista que amenizó la sesión) cien años antes.
Pero antes de la aventura (en el segundo episodio -“El barco de diamantes”-cambiaremos tesoro por diamantes, pero seguiremos con expedición al mundo inca, no sin antes descubrir una sugestiva ciudad subterránea bajo Chinatown), lo que realmente me gusta son esos ambientes sociales preaventura. Aquí se trata de un elegante club de la ciudad de San Francisco, donde se codea nuestro protagonista con su antagonista que, para que se vea alarde de modernidad, es una mujer.
Éste y el siguiente episodio están repletos de elementos llenos de aroma fantástico: enmascarados que recorren por la noche tejados, penetran en las casas y se esconden tras una cortina (en el mejor sentido de un Feuillade), conjurados que firman sus amenazas y fechorías dejando una enorme araña, disecada, pasadizos secretos, avanzadas para el momento cámaras ocultas que permiten fisgar lo que ocurre en otra habitación, una paloma mensajera, un sabio bibliotecario que ayuda a descifrar un mensaje o practicantes de hipnosis. También de elementos que denotan la modernidad del momento, como un biplano o medios de comunicación sofisticados. Aunque lo que más abunda -y es cuando se alargan los minutos- son secuencias de típico cine de entretenimiento: anaconda amenazante, persecuciones al galope, viaje en globo, balaceras tremendas o reacciones letalmente acvariciosas ante el descubrimiento de la existencia de oro.
También he dado con secuencias cinematográficamente atractivas, muy destacables, como el desplazamiento hasta el sur de Mexico en una especie de tren jardinera extraordinariamente cómodo, un reflejo en el cristal de un balcón que avanza la visión del exterior al que acudirá el personaje y un yogui indio, con su turbante, en un misterioso entorno de sombras.
La serie parece que estaba previsto que estuviera cubierta por cuatro episodios, pero se quedó en estos dos. He salido pensando si fue debido a lo mal que le sentaba la chaqueta al actor protagonista.


 

sábado, 7 de febrero de 2026

El camino a Shoah


Viendo la secuencia inicial de “El camino a Shoah” (“Je n’avais que le néant. Shoah par Lanzmann”; Guillaume Ribot, 2025), que acaba de colgar Filmin en su plataforma, he tenido un fuerte impulso de dejar de lado su visión.
Tras un rótulo que explica que la película está hecha a base de diferentes recuerdos del propio Lanzmann y sus filmaciones del momento para la película, vemos un par de rushes en que su mano pone en marcha la radio del coche, pasando a sonar el Allegretto (nada alegre, sino un mucho de solemne y bastante mortuorio) de la 7ª Sinfonía de Beethoven y en off, mientras le vemos su cara conduciendo, oímos a Claude Lanzmann.
Ahí viene el problema. Te da la impresión de que esté leyendo directamente de su libro de memorias “La liebre de la Patagonia”. Pero, mientras ahí eres tú quien le pones tu voz, aquí es al propio Lanzmann a quien oyes decir, enfatizando, lo mucho que sufrió para dejar para la historia su monumento sobre la inmensa barbarie y, siendo eso cierto, te produce cierto malestar su asuncion de ese protagonismo emocional.
Pero poco a poco, viendo los descartes finales de la película, o cosas de las fases preparatorias rodadas, recordando a lo que envuelven, te vas rehaciendo.
Producida (co) por Dominique, viuda de Lanzmann, está claro que ha querido hacerle un homenaje, absolutamente pertinente si se ve la obra que dejó de su trabajo, y visto así, todo retoma su hogar.
En uno de los planos finales, rueda a uno de los que encabezaron la resistencia en el ghetto de Varsovia. Como se ha convertido en un alcohólico -que razona ante la cámara las más que convincentes razones para su situación actual- las autoridades religiosas judías han exigido que no apareciera en “Shoah”. Tras oírlo expresarse -y en verdad emociona- Claude Lanzmann le abraza, reposando su cabeza en su pecho. El plano se mantiene. De haberlo montado Lanzmann habría repelido, pero hemos de entenderlo como es, pieza final para una película en homenaje suyo. Así vale.


 

viernes, 6 de febrero de 2026

Historias del buen valle


Primero sobre la película. Como ya se trataba de revolver a ver, iba con la idea de en esta ocasión observar cómo se desarrollaban en ella ciertos detalles específicos, intentando confirmar lo que me rondaba por la cabeza. Pero imposible: fue ayer (preestreno en el cine Balmes) empezar a ver “Historias del buen valle” (José Luis Guerin, 2025) y dejarse llevar por ella y sus mecanismos de captación del espectador. La perfecta proyección ayudó un montón en este sentido, dejándote clavado a la pantalla, de magnífica definición y colorido.
Me he quedado recreándome, inicialmente, en esa transición desde el prólogo (la película en subformato y blanco y negro rodada por el barrio) hasta el cuerpo de la película, acompañando la aparición del título. Como la tengo reciente, me ha recordado a esa escena del Kubrick del “2001”, llevando de Júpiter a más allá de las Estrellas, mediante un caudal de partículas de colores, que aquí intuimos son las luces de los automóviles que pasan por la noche por las autopistas.
Lo que ha quedado del casting en la película ya nos hace ver a varios de los personajes que se desarrollarán más adelante. Me ha gustado mucho apreciar, en esas escenas y las que las siguen, lo bien peinados y arreglados que suelen aparecer sobre todo niños y chicas para aparecer ante la cámara. No parece ser ese el caso de la mujer portuguesa, que antes de las delicadas escenas por los prados con su nieta, canta y baila cubierta con una camiseta sudada que se le pega al cuerpo pero, sí te fijas bien, también ella se ha colgado del cuello un collar y colocado en su cabeza una corona de flores.
Abandonadas mis intenciones de análisis, me ha vuelto a pasar eso de que ciertos planos de la película me han recordado a otras películas previas, de toda condición, del mismo Guerin. La exploración de las ruinas de una casa que ahora es casi sólo alguna pared y pavimento, agujereado por árboles, apela de manera directa a esa exploración inicial de la casa abandonada de “Inisfree” en la que aún se llega a escuchar las voces de los que la poblaban. ¿Cómo no pensar en la conversación entre el obrero en la obra y la chica en el tendedero de su casa de enfrente, en un nivel ligeramente superior, de “En construcción” al ver al hombre mayor hablando, mirando desde el suelo hacia arriba a la mujer en su balcón detrás de su tendedero? La existencia de un vidrio por el medio entre la cámara y algún personaje provoca unos reflejos que dejan ver a su vez a otros personajes y simultáneamente revela el pudor de la cámara para inmiscuirse directamente en una conversación, exactamente como pasaba, por ejemplo, en “La academia de las musas”. Esos paseantes cargados con los árboles que quieren trasplantar, circulando por la loma de una colina, me llevan no sólo -como he leído- a la cadena similar de personajes simbólicos de “El séptimo sello” tomados en contrapicado, sino a las primeras emulaciones de ésta y otras películas que en sus primeros tiempos, cargado con su cámara de Súper 8, intentaba ya entonces hacer. Pero me gustaría que quedase claro que no se trata de ninguna falta de recursos, sino de existencia de un mundo propio… a través del que explica mundos diversos.
Una de las cosas en las que me habría querido fijar son las transiciones entre planos. Hay una bellísima: una foto del monaguillo está encadenada con la foto en bañador de la que será su mujer. Otra era las miradas / cambios de plano atendiendo a esas miradas.
Pero hay muchas cosas que observar con detalle y quedar admirado. Hay unos cuantos planos en que crees estar en pleno campo y el plano siguiente, con la cámara más alejada, otro punto de vista o simplemente dejando pasar un poco de tiempo te permite ver que ese idílico escenario está en realidad pegado a un bloque de pisos, una fábrica o una vía de tren. Otros planos relevantes son los de los nuevos bloques residenciales de pisos. De una primera impresión de estar observando a un grupo escogido, de un piso determinado, pasamos a detectar que, procedentes de todos los rincones más alejados entre sí del mundo, todos los personajes que hemos ido viendo guardan relación entre sí en tanto en cuanto que vecinos de al lado, arriba, abajo o enfrente.
Y ya sólo comentar una cosa muy sencilla pero cargada de sentido y bien hermosa: La dedicatoria de la película que hemos visto a cuatro amigos del mundo del cine recientemente desaparecidos, de origines diferentes, efectuada a cada una en su idioma, surge cuando por el agua del Rec circula una pequeña corona de flores.
Luego el coloquio, al que se prestó su director. Le iba a interrogar Violeta Kovacsis, pero el público apenas le dejó hacer la pregunta inaugural y luego ya se encargó de no dejar de felicitar y preguntar a Guerin durante un buen rato.
Un Guerin, ya se sabe por ocasiones anteriores, que convenció a la sala entera primero con la película y luego con sus siempre amables y muy razonadas explicaciones, dejando ver de forma clara todo el proceso de elaboración seguido y lo concienzudo de sus reflexiones teóricas dando forma al material rodado.
Anoté alguno de sus comentarios: que ahora copio por aquí:
-Un primero caracterizando a Vallbona como barrio totalmente ignorado de Barcelona: Hizo notar que la señal de bienvenida a la ciudad no aparece hasta el puente de Sarajevo, cuando hace ya tiempo que se ha entrado en el barrio olvidado de la película.
-A un espectador que le agradecía que siguiera haciendo cine y de este nivel, le respondió agradeciéndole, a su vez, que siguiera él viéndolo. Porque cada vez es más difícil hacer que la gente vaya a ver cine, remató.
Se alzó la voz de quien incitó su “En construcción”, Jordi Balló -entre el público- para piropearle por una película que, comentó, le dejaba admirado. Detalló que había apreciado en ella una profundidad de campo que no es habitual en sus películas previas. En un extremo o por el fondo de cada plano -comentó- hay un personaje que evoluciona, ajeno a lo del personaje o grupo central. Guerin le respondió que eso de cargar tanto el plano era para dar peso a unos planos digitales que, si no es de esa manera, pueden resultar muy chatos o banales. Por eso mismo siempre hace moverse una planta debido al viento por delante, un animal o persona cruza por un lado, o por el fondo pasa un tren.
Balló dijo también otra cosa interesante: que siempre el cine que ha hecho Guerin ha servido de inspiración y modelo para otros cineastas. La cineasta india Payal Kapadia, por ejemplo, se ve que en una entrevista había agradecido al cine de Guerin la libertad que le había trasmitido haciéndole ver que se podía circular perfectamente entre documental y ficción. Y él, Balló, tras ver la película, se frotaba las manos pensando en lo que empezarían a hacer otros cineastas a partir de su visión de ésta.
Me ha gustado, también respondiendo a un espectador, cómo decía haber hecho desaparecer paulatinamente su propia persona (al inicio en forma de voz, en el casting, luego como presencia detrás de la cámara a quien se dirige algún personaje del barrio) hasta que el protagonismo pertenece ya totalmente a los habitantes del barrio, sin atisbo del director de la película por ningún lado.
Un último comentario que anoté, dentro de la proliferación de temas surgidos (el coloquio, al que se quedó casi toda la platea, resultó en esta ocasión muy rico: he tenido ocasión de ver la gira que le ha preparado la distribuidora a Guerin para promocionar el film y, de tan mareante y agobiante, con tantos entrevistadores en un mismo día, se me hace difícil pensar que pueda seguir, pasados unos veinte días que dura, tan fresco y convincente, dotando de sentido a todo lo que diga) fue ese objetivo de la película de que el Vallbona retratado pueda actuar realmente como caja de resonancia y explicar a su vez muchas cosas más generales, que afectan mucho más allá de ese pequeño enclave. Y acudió al símil que -dijo- le gusta hacer: como una hoja que, en su pequeñez, permite prefigurar cómo será el árbol entero.
Y para acabar lo que me ha dicho un amigo, él también cineasta, con el que estuve en el cine viendo la película: Guerin sigue siendo el rey.

Guerin y Kovacsis


Francesc, quien lo ve todo en forma de western, en el precioso plano de la película a lo Friedrich.


Personajes entrañables…

La nieta atenta a lo que le explica su abuela. También hay unas cuantas secuencias con niños denotando su expresividad increíbles, muy divertidas

Alba Lombardía y Guerin, tiempo después de proyectada la película. Ella había quedado hoy a las 8 de la mañana para asistir a la instalación de la carpa que iba a colocarse en Vallbona, para proyectar la película, antes de que se estrene, a los habitantes del barrio.
 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Ombres Mestres XIV


Hem trigat a anunciar el XIVè cicle d’Ombres Mestres del Cineclub Associació d'Enginyers perquè ha sobrevingut la indisponibilitat de la sala el dia que teníem previst per la seva segona sessió, no havent trobat una alternativa fins avui.
Com sempre hem fet en aquest seminari, intentarem parlar de tres temes, a un per sessió setmanal, a partir de la visió i comentaris sobre seqüències de pel·lícules especialment escollides..
Les tres sessions i temes d’aquest any seràn:
1- Dilluns 9 de març. Ombres Mestres XIV - Pluja
És estrany que la pluja aparegui en una pel·lícula de forma gratuïta, entre altres qüestions perquè suposa afegir complexitat al seu rodatge. Ens fixem en unes quantes seqüències en les que aporta una indubtable carga dramàtica.
-Dilluns 9 de març, de 18h a 20h (puntualment) a la sala Pompeu Fabra del Col·legi/Associació d'Enginyers (Via Laietana, 39 5è pis, Barcelona)
-Tel. 933192300
-Entrada lliure
2- Dimarts 17 de març (Atenció: dimarts i no dilluns!!!). Ombres Mestres XIV - Comèdia Italiana
Una de les principals raons que va fer popular el cinema italià, a més de l’onada d’influencia que va suposar el Neorrealisme, va ser la seva gran dedicació a la comèdia. Ens volíem estendre per la seva època daurada (de la postguerra a l'any 1963), però hem volgut fer també una exploració cap a la més desconeguda comèdia italiana de la prèvia època feixista -un antecedent evident-, trobant coses molt populars i divertides.
-Dimarts 17 de març (atenció: no dilluns!) de 18h a 20h (puntualment) a la sala Pompeu Fabra del Col·legi/Associació d'Enginyers (Via Laietana, 39 5è pis, Barcelona)
-Tel. 933192300
-Entrada lliure
3- Dilluns 23 de març. Ombres Mestres XIV - Trucs i truques
Avui en dia pel·lícules senceres son producte del treball amb la imatge d'un ordinador que ho sap fer tot, però quan s’elaboraven sobre una base de pel·lícula de cel·luloide, a vegades, si el que s'havia impressionat durant el rodatge es volia aprofundir, s’utilitzaven les denominades en el mitjà truques. Identificarem el paper d’unes quantes, com les sobreimpressions, encadenats, tractament del color, etc.
-Dilluns 23 de març de 18h a 20h (puntualment) a la sala Pompeu Fabra del Col·legi/Associació d'Enginyers (Via Laietana, 39 5è pis, Barcelona)
-Tel 933192300
-Entrada lliure
Estaríem molt contents si podeu i us ve de gust assistir.
Cineclub Associació d'Enginyers



 

martes, 3 de febrero de 2026

La mortaja no tiene bolsillos


“La mortaja no tiene bolsillos“ (“Un linceul n’a pas de poches” (Jean-Pierre Mocky, 1974) tiene todos los ingredientes que suele ofrecer Mocky en sus películas.
Un periodista (el mismo Mocky) renuncia a su empleo en un diario que, atado al poder, no permite denunciar al hijo de un notable y funda su propia publicación. Desde ella se lanza a publicar escándalo contra escándalo, poniéndose a todos, de un extremo a otro de la sociedad, en contra.
Un par de horas de acción dinámica (el periodista va de un lado a otro, de los salones más sofisticados hasta los rincones más miseros, sin descanso), con palizas, persecuciones, flirtreos…
Y todo el elenco del cine francés -ventajas de ser amigo de todos- paseando por sus títulos de crédito: Michel Galabru, Daniel Gelin, Michael Lonsdale, Jean-Pierre Marielle, Myriam Mezières, Michel Serrault, Sílvia Kristel… y otros cuantos que ni siquiera aparecen nombrados.
La pasaron por el canal TV5Monde hace unos pocos meses.




 

lunes, 2 de febrero de 2026

Sin novedad en el Alcázar

A la derecha, el feo y personaje para hacer reír.


Ayer me armé de valor y me puse a ver (grabada del canal FlixOlé de Movistar) “Sin novedad en el Alcázar” (Augusto Genina, 1940), de la que aún guardaba ciertas pesadillas tras la visión -al menos de alguno de sus trozos- durante mi infancia. ¿O no era de ésta la machacona visualización de la famosa y “heroica” conferencia telefónica entre el padre comandante del lugar y su hijo, rehén del poder rojo y moneda de cambio no aceptada?
Una primera conclusión es que, rodada a conciencia en Cinecittà, es una gran producción, con excelente acabado, bien rodada y montada. Si por el final se hace un poco rollo es porque la cuota de exaltación religiosa supera sus esporádicas apariciones en el resto de su metraje y rebosa todos los topes soportables, desprendiendo un aroma dengue de lo más tóxico: todos los supervivientes en las ruinas del Alcázar se ponen a comulgar sin excepción ante la que creen será la andanada definitiva del enemigo.
Pero su dinámico inicio la hace muy visible, haciéndote sólo arrugar la nariz por el tufillo militarista que continuamente desprende.
Las mentiras históricas, pese a la declaración del rótulo inicial (verlo en una de las imágenes adjuntas) aparecen nada más empezar la película, con ese ponerse “a las órdenes de Franco” de toda la oficialidad, como un solo hombre: En 1940 Don Claudio era ya el Jefe Único del Glorioso Follón y de todo lo que vendría los 35 años siguientes, por lo que todos adoptaron un proceso de adulación que entre otras cosas lo llevó a las inscripciones en monedas, billetes, sellos y demás sin que se le cayera la cara de vergüenza, pero cuando se produjo la sublevación, Franquito (como le habían llamado cariñosamente sus allegados) era sólo un general más -el que costó más de convencer- de los confabulados contra el gobierno de la República.
Como no podía ser de otra manera, los que lucen gran prestancia militar antes del enfrentamiento y durante todo su inicio son, naturalmente, los protagonistas, del bando nacional, que se mueven por ambientes pijos. Hay entre ellos jóvenes dinámicos y hasta uno feo (con gafas) y divertido, para dar la nota cómica (ver foto). Para saber lo se desprende del otro bando, basta con ver la desgana y aspecto sudoroso que caracteriza a la gentuza de la sala del Ministerio desde donde llaman a los sublevados o, quizás, el caos que preside el avance de los milicianos que van a atacar en primera instancia el Alcázar.
Viendo la vigorosa alegría con la que responden todos a la noticia de que los suyos están al llegar, oyéndose un estruendoso coro que canta el “Cara al sol”, rápidamente secundado por todos y cada uno de los participantes, radiantes y casi poniéndose de puntillas propulsados por el orgullo, por un momento he recordado escenas similares de las producciones chinas de la época de la Revolución Cultural


La llegada de los milicianos a Toledo desde Madrid.

Los ataques se sofistican. Llegan dos tanquetas.


La mítica llamada telefónica.

La respuesta del hijo es tan de manual que no hay quien se la crea.
 

La belle noiseuse


Revisitándola, preparando un próximo trabajillo, me surge la curiosidad de saber por qué razones Rivette escogió a Bernard Dufour como pintor, y más precisamente las manos del pintor Frenhofer (Michel Piccoli) en “La belle noiseuse” (Jacques Rivette, 1991).
Acudo a internet y doy con unos cuantos cuadros suyos, según los pies de foto “paisajes españoles,” entre los que se distinguen Las Ramblas, Cadaqués, un peñón de la costa… Son cuadros que me parecen un poco del montón, del estilo que abunda en casas de subasta barcelonesas.
Su visión me deja aún más intrigado. Posiblemente el director y teórico de la Nouvelle Vague escogió a Dufour no a partir de estos cuadros, sino por la que parece ser su etapa inicial, abstracta, o, mejor, su transición del abstracto al figurativo.
Y, felizmente, así lo he confirmada después, leyendo declaraciones suyas.







 

domingo, 1 de febrero de 2026

Harakiri

No está muy bien valorada “Harakiri” (1919) y me temo, tras verla, que con razón. Pero no iba a perderme la primera película -para mi desconocida- de la retrospectiva que la Filmoteca va a dedicar a Fritz Lang…
(Muy) Ambientada en Japón, con actores occidentales haciendo de japoneses, versión del “Madame Butterfly”, para mí vale por su personaje de malvado, un monje budista muy mabusiano que lo acerca al universo langiano y, cuando por la mitad del metraje casi desaparece el personaje, la función decae profundamente.
Me las he tenido que ingeniar luego, en casa, para encontrar algún primer plano del personaje, pues por internet sólo he encontrado un plano general.

Avanzando, de espaldas, entre japoniserías





 

sábado, 31 de enero de 2026

La maman et la putain


Acabo de dejar temporalmente “Au travail avec Eustache” (Luc Béraud; Actes Sud, 2017) sólo iniciado, pese a que lo que leía me era de sumo de interés, porque he tenido que ponerme a leer otro libro que debo devolver, pero me ha dado tiempo -además de confirmar detalles sobre el modo en que Jean Eustache abordaba películas tan personales suyas como “Mes petites amoreuses” y “La maman et la putain”- para ver problemas que han de abordar los ayudantes de dirección, como era el caso de Béraud entonces.
Una es la obtención de permisos para rodar en determinados lugares que, huelga decirlo, al menos Eustache siempre planteaba como irrenunciables, “porque allí es donde tiene lugar la escena”..
Es el caso de “Le train bleu”, el histórico restaurante de la Gare de Lyon, que dará pie a una de las secuencias más emocionantes de “La maman et la putain”, tanto por confirmar la filiación de Jean Eustache con Murnau y su “Sunrise” como por facilitar muy buenas claves para la interpretación del global del largometraje que, presentado en el festival de Cannes de 1973, catapultó a la fama al director.
Traduzco el hilarante relato de Béraud sobre el particular:
“No conocía ese restaurante (…). Después de una rápida investigación me entero que es el más elegante de la Estación de Lyon. Voy y descubro ese sitio tan extraordinario, tesoro de estuco, rococó y pinturas murales. El restaurante es inmenso, con un techo altísimo, está en un piso sobre la estación. Por lo tanto ruidoso, costoso de iluminar y que necesita una figuración importante. El género de sitio del que huye un localizador de decorados. Pido hablar con el director y le hago el discurso que me había preparado: primer film, equipo minúsculo, rodaje rápido, sin dinero. El hombre, muy educado pero ligeramente arrogante, me dice que él no conoce a ese señor Eustache, pretendidamente fiel cliente de su restaurante, pero me ruega decirle que Orson Welles, John Huston y George Cukor quisieron rodar ahí y se les denegó la autorización. ‘Entonces, vea Ud, su señor Eustache con su película en blanco y negro…’
Cuando volvió a decir el resultado de su trabajo a Jean Eustache, “su cólera subió de golpe y el veredicto cayó, definitivo:
-Bien. ¡Entonces paramos del todo el film!”