Entre los estrenos en Movistar, una reciente película belga, “Kika” (Alexe Poukine, 2025)
El año pasado, la joven realizadora Alexe Poukine entregaba un documental en el que diferentes estudiantes que optaban a ser personal sanitario “jugaban”, como método de enseñanza, a comunicarse, hasta para lo más terrible, con sus posibles (ficticios) pacientes. La propuesta era divertida… hasta que, poniéndose seria, entraba un poco en materias más propias de un curso de motivación de empresa.
O su pasado debe ir por ahí o algo se le debió entonces pegar, porque Alexe Poukine entrega ahora, con “Kika”, una película -ésta una ficción- en la que su protagonista ha de bregar inicialmente, como asistenta social, sabiendo entender, asumir, dialogar y convencer, dentro de sus más que estrechos márgenes de maniobra, a personas -como los pacientes hospitalarios- que no están pasando precisamente sus mejores días.
Toda esta primera parte de la película es la que, realmente, la hace atractiva, más allá del morbo del recurso a las posibles actividades sexuales bizarras con las que anuncian en su sinopsis se ha de ver envuelta para ganar un dinero que necesita imperiosamente cuando las cosas le van mal dadas (cuestión que no tiene lugar hasta muy, pero muy, avanzada la película).
Y si toda esa mitad se ve con interés es -al menos así ha sido en mi caso- por dos principales razones: La primera, por su actriz protagonista, Manon Clavel, con la que, dada su naturalidad, es fácil empatizar y luego tener ganas hasta de echarle una mano. La segunda, por los saltos entre escenas (no culmina prácticamente ninguna, que debemos imaginar) y las enormes elipsis con las que va avanzando la acción, dejando de lado engorrosas situaciones que la acercarían a un sensacionalismo no buscado.
Y eso mismo es lo que, me da también la impresión, empieza a escasear en la segunda parte, culminando en una escena en la que toma unas cervezas con unas trabajadoras del sexo, que rompe, para mi gusto, esa barrera que tan positivamente había conservado hasta entonces.
Porque ella se ha ido introduciendo en ese mundo de las BDSM (siglas cuyo significado he debido ir a consultar), hasta que tiene una conversación reveladora con un cliente que desencadena en sus espectadores la percepción de que no sólo la primera parte del film (donde había dado muestras de ello) obedecía a un sólido guion, sino que, viendo cómo una acción de esta parte final corregía otra en sentido contrario de la primera parte, esa característica se podía aplicar al film entero.





















































