Del reportaje del corto.
Y la recreación dramática del mismo, de un fragmento de la película citada de 1998.
Ésta y las demás fotos, del largometraje.
Les dos películas del programa doble de ayer en el ciclo dedicado a Radu Jude estaban bien emparentadas, pues venían a hablar de lo mismo: cómo las generaciones actuales están blanqueando la imagen de los dictadores y las barbaridades que cometieron. Es decir: parece que ahora está bien hablar y criticar como se debe a los Hitler o Stalin, pero no a los de casa, sobre los que se aplica toda una capa de disculpas, cuando no se niega frontalmente lo que hicieron.
Es el caso del líder rumano Antonescu, al que prácticamente se le trata de héroe, y hasta salvador de los judíos a los que abiertamente expulsó y aniquiló..
En el cortometraje “Las dos muertes del Mariscal” (2028), que ya había visto, Jude compara las imágenes rodadas en el momento de su ajusticiamiento en 1946 con esas mismas escenas recreadas, con insufrible coda final para los amantes de la verdad, en una película rumana rodada por Sergiu Nicolanescu en 1994.
Del film de Nicolanescu también habla despectivamente la protagonista de “No me importa que pasemos a la historia como unos bárbaros” (2018), quien está empeñada en presentar una recreación histórica que habla del papel de Antonescu y su gente en la masacre de judíos que hubo en la Odesa ocupada.
Si la primera es uno de esos dispositivos ideados por Radu Jude para enfrentar al público con su historia y su tergiversación, la segunda entra de lleno en la forma que imprime a sus películas en sus ficciones. El tema histórico está presente continuamente, en la pieza que quiere representar y en las distendidas conversaciones con novios, amigos o colegas.
Escenas atropelladas, cámara en mano, para trasmitir todo el follón presente, en escenas exteriores. Encuadres íntimos (ella en la bañera o con su pareja en la cama) deshinibidas que se codean con largas lecturas de textos o imágenes documentales que, pasando en un monitor de trabajo, también se mantienen largo rato en pantalla, como dando tiempo a la reflexión.
De vez en cuando, discusiones humorísticas que no creo hagan reír a más allá del círculo íntimo de Jude.
Y lo que queda claro de todo el proceso es que la gran mayoría de la gente responde sin pensarlo a impulsos elementales, pero en general no está dispuesta a que le agüen la fiesta con una historia propia bochornosa.





















































