Como le ha pasado a Miguel Marias, yo también me he ido leyendo casi todo lo que se ha publicado (en mi caso únicamente por aquí) sobre Buñuel. Estaba claro, entonces, que acabaría haciendo lo propio con este “Otro Luis Buñuel” (Athenaica, 2025).
El “otro” del título lo tenemos que entender como el propio de Marías, que nos dice que es un Buñuel muy diferente del que casi todo el mundo entiende, ya sea alabándolo o criticándolo.
Eso lo dice en una introducción y en otros cuantos capítulos iniciales del libro, representación fehaciente de la escritura a que nos tiene acostumbrados el autor. Con sus largas frases, plagadas de listas, comparaciones y exhibición de muchas de sus obsesiones personales, desgrana su argumentación, en lo que me ha parecido lo mejor de un libro, a fin de cuentas, mucho más pequeño de lo que podría esperarse, porque sólo tiene unas 200 páginas. Siguiendo su razonamiento se me iban acrecentando las ganas de seguir con la lectura de un texto que, según su confesión, se ha ido alargando desde un tiempo antes a que Buñuel falleciera.
Pero después de dejar claro qué es lo que dicen unos y otros con los que no está de acuerdo, no veo que su definición personal del director (siempre a través de sus películas) quede demasiado clara, más allá de su humor y sus ningunas ganas de hacer proclamas políticas.
Se extiende bastante en explicar lo que serían las claves que él ve a sus tres películas iniciales, de “El perro andaluz” a “Las Hurdes. Tierra sin pan”, pero cuando al menos yo estaba deseoso de ver cómo desarrollaba su interpretación sobre sus apreciadas películas mexicanas y posteriores, la verdad es que he quedado algo decepcionado con esas pocas páginas en teoría a ellas dedicadas. Pocas páginas en las que suele entrar en disquisiciones generales sobre la postura ante el cine y, cuando habla de cada película y crees que entonces va a dar, aunque sea condensada, la esencia que ha sacado de cada una, pues el grueso (que es delgado) del texto viene a ser la descripción detallada de su argumento, despachándolas a continuación con sólo un par de frases con calificativos.
En este sentido me ha recordado los diccionarios de ciertas cinematografías que hacia como rosquillas Augusto M. Torres, en los que en un párrafo explicaba por donde iba la película y acababa diciendo que por hacer o dejar de hacer tal cosa era de lo peor de su producción.




















































