Marina Garcés y Albert Lladó, un poco antes de la charla pública, hablando con José Luis Guerin, quien no quiso saber previamente qué le iban a preguntar y, así, mantener la sorpresa y más fresca la sesión.
A veces, para pescar un poco de pensamiento provechoso, hay que desplazarse a la periferia, como la que en algún momento fue Nou Barris (hoy, curiosamente, el sitio al que me voy a referir, que en su momento fue algo tan retirado de la vista y el conocimiento como un manicomio, es uno de esos contados puntos de centralidad, con actividad real, de la ciudad).
Digo todo esto porque ayer Marina Garcés y Albert Lladó, encuadrando el acto en la Biennal del Pensament, conversaban en la Plaça Major de Nou Barris (junto a la sede del distrito, instalada en una parte de lo que fue el inmenso Institut Mental de la Santa Creu, en Sant Andreu) con José Luis Guerin sobre el concepto de “Límites”.
Siendo ese el concepto a discutir y dado que, como vi luego, era además entendido en su aspecto territorial, que no personal, fue natural que le preguntaran mucho sobre su última película, “Historias del buen valle”, no por casualidad rodada en ese barrio barcelonés tan alejado del centro como es Vallbona.
Explicó José Luis Guerin alguna cosa que a la fuerza ya había mencionado en la larguísima tournée promocional de la película, pero recalcando aspectos curiosos, que vale la pena mencionar.
Corrigiendo a Albert Lladó en su presentación, señaló que llegando a Barcelona en coche por la autopista que viene de Francia, lo primero que te recibe es una pancarta colocada en el Puente de Sarajevo que da la bienvenida a la ciudad, pero resulta que “ya has dejado atrás Vallbona, que ha quedado descartada”. Precisó al poco rato que, saliendo por esa misma autopista, el único sitio en que se podría divisar Vallbona sería cuando aparece una gasolinera, pero dos grandes paneles publicitarios a su espalda lo obstaculizan. Y tuvo gracia entonces su recuerdo histórico de “la ciudad Potemkin”, esas fachadas de atrezzo que colocaban en San Petersburgo para que la zarina no pudiera contemplar la miseria que ocultaban.
Recordó dos ideas que llevaba en la cabeza cuando empezó a trabajar en la película:
-que todas las ciudades, en un principio, se construyeron sobre el campo.
-que en cualquier sitio pueden encontrarse ecos de la aldea global (en Vallbona -y en la película- se oyen más de diez lenguas diferentes…).
Pero que no ocultaba que, al visitar el barrio, se encontró con un espacio totalmente mudo, sin gente, haciendo sentir una desolación absoluta… Que no venció el golpe hasta que descubrió que debía adoptar la mirada de quienes ahí vivían, y que fijándose en lo que veían y cómo lo veían fue como encontró la elocuencia hasta entonces mancante de esos lugares.
No podía faltar alguna anotación sobre su forma de trabajar en la elaboración de una película como esa. Mencionó la confusión que veía en ocasiones en sus alumnos, que confundían lo visible con lo real, cuando -comentó- lo real no siempre es visible. También, la cantidad de cineastas que se lían un montón rodando tramas de lo más enrevesado, sin darse cuenta de lo que tienen delante de sus ojos. Y acabó, en este apartado, recalcando su método de trabajo, de no partir de nada preconcebido (nada de guión), sino ir captando lo que le ofrece su alrededor, verlo y trabajarlo en el montaje, lo que le lleva a replantearse cosas, quizás a rodar algo más, etc.
Surgió un clásico suyo, pero muy pertinente, como es la distinción entre los hacedores de reportajes y los verdaderos cineastas. El reportero de televisión da señales en muchas ocasiones de que su tiempo le parece más importante que lo que le rodea. En ese sentido el cine podría y debería actuar de contrapoder de la televisión, mirando de cerca, con humildad, dispensando tiempo, como ya hizo Flaherty para llegar a su “Nanouk el esquimal”.
Otra acotación sobre el cine vino de evocar el nombre dado por los Lumière a su invento, frente a otros (Vitascopio, bioscopio) de sus competidores, que decían dar a ver con él la vida. Los hermanos franceses escogieron Cinematógrafo, esto es, escribir el movimiento: consideraban que era fundamental el proceso de escritura, que obviaban los demás.
Correspondiendo no sé si al debate o a la respuesta que dio a una pregunta del coloquio final, apunté en la tableta que también me sirvió para captar las imágenes que cuelgo esta máxima, que va en realidad a la esencia misma del cine: “En todo buen cine, la nobleza está en el momento en que la cámara no muestra lo que se narra, sino que es el espectador el que lo construye en su cabeza” (y evocó ahí a la impresionante “Shoah”: poco antes, recordando el magnífico pozo que decía un personaje de la película que había en su parcela, valorando la presencia en él de una anguila, todos recordamos como, viendo en su día la escena, visualizamos en nuestra cabeza a esa anguila evolucionando en sus aguas).
Un cándido asistente, ya acabando el turno del público, le preguntó qué película haría si pudiera disponer de todo el presupuesto que quisiera, sin limitaciones, y puso en un brete a José Luis Guerin, que se las vio y deseó para encontrar una respuesta. Al final recordó lo que había visto el día anterior -y tantas veces- en los telediarios y dijo: “Una película sobre los bedeles que sirven agua en el Congreso, inventando nuevas imágenes a esas tan repetidas”. Explicó en seguida que era una broma, extendiéndose en que era consciente, como todos los directores del momento, que no existe hoy en día ese concepto de ofrecer llevar a la pantalla una idea a un productor y que sea éste el que provea todo lo necesario, pero me relamo sólo de pensar la película que podría hacer sobre los bedeles del Congreso…
Para acabar. Se ve que a los protagonistas de las sesiones de este “Desencadenar el presente” de la Biennal del pensament les advierten que al final les exigirán una pregunta para que el domingo, en un encuentro de cierre especial, con la gente que asista, vayan abriendo (literalmente) melón a melón con cada pregunta. Después de definir la petición como una canallada, Guerin lanzó su pregunta para abrir el melón correspondiente. Vino a decir que siempre vemos el poder como algo ajeno, fuera de nosotros, y que su pregunta era cómo gestionar nuestro poder cotidiano que, desde luego, también tenemos.

El escenario montado junto a la sede del distrito. A la izquierda, una de las peinetas que inicial en Parc del Mig de Nou Barris.
En el patio de la sede del distrito. Jose Luis Guerin viendo muy interesado las fotos de la exposición "El dret a la ciutat: Els barris de muntanya de Sant Genís a Trinitat nova".
Y es que la primera que vio fue ésta de Carles Cardoner en la que se ve a unos vecinos recogiendo el material cedido por el ayuntamiento para instalar ellos mismos en su barrio el sistema de alcantarillado del que adolecían. Se trata de Roquetes, pero podía haber sido también Vallbona…
Muy contento viendo otra coincidencia con Vallbona: los tranvías antiguos que sirvieron un tiempo de escuela.
Ya anocheciendo, acabando el acto.