Sólo he visto un poco de “Show Me a hero” (2015), la serie creada por David Simon y dirigida por Paul Haggis pero, aún sin saber cómo derivará en lo que me queda por ver, anoche, tras contemplar su segundo episodio (de un total de seis), me quedé un tiempo pensando que sí, que quizás me pierda piezas bien valiosas no atendiendo apenas a las series que se ofrecen.
Viendo ese segundo episodio detecté que nos presentaba un conflicto que podría asemejarse, por ejemplo, al que actualmente está poniendo sobre la mesa la ciudad de Ceuta o, si se me apura, la totalidad de Europa. Comprobé que la televisión puede convertirse -mira por dónde- en un instrumento que lleve a la reflexión, toma de conciencia y hasta a ciertas vías de solución de problemas sociales graves. Y eso sin optar por dar lecciones, sino ideando y presentando un espectáculo apasionante.
El territorio (no único) en el que se centra la acción no es en esta ocasión la ciudad de Baltimore, sino la de Yonkers, al Norte de Manhattan y el Bronx. Asistimos a un cambio que quería ser estratégico por los que detectaban allí el poder municipal, de su alcalde por uno joven e inexperto de su mismo partido, quien se ve envuelto en un fenomenal conflicto, que tiene a todo el barrio revolucionado a la contra, mostrando sus más afiladas garras. Un juez amenaza con llevar al municipio a la bancarrota a base de progresivas multas si sigue sin acatar el mandato de planificar y construir unas viviendas sociales… que nadie quiere tener como vecinas.
Paralelamente vamos viendo acciones que muestran cómo se desarrollan las vidas de unas cuantas familias de esas que, todo nos hace sospechar, son del tipo de las que irían a esas viviendas sociales que la ley obliga a repartir entre todos los municipios, y entre ellos el de Yonkers.
Lo dicho: no sé cómo derivará la cosa. Sospecho que todo irá enredándose más y más, profundizando en la idea de un callejón sin salida y que, quizás sí o quizás no, se produzca el encuentro real de esos dos mundos que, de momento, vemos en paralelo y distanciados. Pero, por el momento, nada más apasionante.


















































