lunes, 18 de mayo de 2026

M. Il figlio del secolo




Recursos teatrales, con esos apartes en que Mussolini o alguien próximo a él, como su mujer, se dirigen al espectador para desvelarle sus pensamientos, planos inclinados, excesos grandilocuentes de todo orden… para ir modelando una ópera bufa, como fue el ascenso al poder del fascismo en Italia.
Me despisté y resulta que no seguí en su día más allá del primer episodio de “M. Il figlio del secolo” (Joe Wright, 2024; en Movistar). ¿Qué mejor momento que éste para ver el segundo episodio de la adaptación para la TV de la obra de Antonio Scurati, en el que Mussolini y su grupillo de fascistas, debilitados tras una derrota electoral, tras emprender bravuconerías varias sembrando el terror en violentas incursiones por doquier, entablan una alianza política contranatura que les permitirá entrar con fuerza y hacer notar su presencia en el parlamento?
Desde luego, seguiré con pasión lo que vaya desvelando luego



 

Las delicias del jardín



Hubo un tiempo en que iba a ver los estrenos de Fernando Colomo. La mayoría de las ocasiones salía esquilmado, pero insistia… Hasta que lo dejé estar, aunque él no podía dejar de caerme bien.
De su última “Las delicias del jardín” (2025; en Prime Vídeo) me habían llegado opiniones positivas (como la de Carlos F. Heredero, aunque debe ser amigo suyo, por lo que debería relativizarse su opinión; o ese apunte de Carlos Losilla citándola cuando quiere hablar de trozos modernos que han llegado a películas de todo tipo) y anoche la vi.
Nada más empezar aparece él, que es su máximo protagonista, en el metro y por las calles de Madrid, y su apariencia me hizo pensar en un actor y director italiano, Maurizio Nichetti, que tuvo su predicamento en los 80, cuando se le quiso introducir vendiéndolo como el Woody Allen italiano.
Como la cosa se desenvuelve en y tiene una mirada más que irónica hacia el mundo del arte contemporáneo, además de recordar a la serie de Cohn/Duprat, empiezan a aparecer en pequeños cameos artistas como Antonio López o Javier de Juan. De hecho, no sé si el escenario principal, un garaje/estudio, es realmente el de este último, que en la ficción representa compartirlo con Colomo.
Hay otras cosas simpáticas en ella, como ese baile homenaje al de Ana Karina y comparsas en “Bande à part” que se marcan los personajes de Colomo padre e hijo, ambos, por cierto, coguionistas, y te echas de vez en cuando unas risas. Pero quizás lo más destacable es esa forma de estar hecha, sin ninguna pomposidad ni dando lecciones de nada. Figura José Luis Alcaine como director de fotografía, pero he leído por ahí que está rodada con móviles…
Llegué hasta su final, y no me arrepiento -al revés- de haberla visto, porque se disfruta bastante.


Con Javier de Juan en el garaje/estudio

Con los característicos cuadros de Javier de Juan de fondo.

Padre -con ciertos achaques- e hijo -buscando su sitio- en la vida real y en la ficción. De eso también a la película.





 

domingo, 17 de mayo de 2026

Diana Larrea


Por un Metrópolis (que puede verse en el enlace de las abajo) he sabido de la obra de la artista Diana Larrea.
Cuelgo aquí imágenes de sus autorretratos a lo Cindy Sherman que se hizo en los escenarios del Los Ángeles de Vértigo y un par de fotogramas que he encontrado de su film “Cine Doré” (2004), en que recrea “A bout de soufle”, pero veo que tiene una obra de todo tipo, aún sin relación con el cine, llena de gran interés.
En el programa enlazado pueden seguirse sus trabajos de intencionada rotulación de calles madrileñas o bien de recuperación de pintoras extraordinarias que han pasado por la historia sin dejar apenas huella.







 

viernes, 15 de mayo de 2026

El último suspiro


Anoche preferí contemplar “El último suspiro” (Costa Gavras, 2024; en Movistar), que llevaba mucho tiempo grabada en espera de verse, con riesgo de desaparecer, que una película nueva.
Ya solo empezándola, constato que Costa Gavras la afronta con la decisión con la que hacía, por ejemplo, una película sobre la indiferencia de la Iglesia Católica sobre los crímenes nazis.
Una música que utiliza los inolvidables ritmo y sonoridad de un aparato de resonancia magnética me mantiene el interés ante un tema árido…con riesgo de ser afrontado de forma radicalmente edulcorada: la atención médica durante el inexorable final de la vida.
Costa Gavras tiene ahora 93 años. Por mucho que siga en plena forma, desarrollando muchísimo trabajo, entre otros menesteres como presidente de la Cinemateca Francesa, se debió sentir llamado por más de una razón a adaptar el libro de conversaciones de Régis Debray con el doctor Claude Grange, en el que ambos hablaron largo y tendido sobre muchos casos de cuidados paliativos.
Se le nota quizás demasiado sus ganas de entender los comportamientos de la gente joven, y ciertas frases se lanzan con afán de sorprender y hasta escandalizar a los espectadores, pero al menos a mí me convencieron y me hicieron poner de parte de la película cosas como el personaje de Léonie, interpretado por Françoise Lebrun, o la literal instantánea desaparición del interpretado por Charlotte Rampling.
Y, pese a la comprensible tendencia a ofrecer casos de cuidados paliativos que hasta levanten un poco el ánimo, ahí está también la aterrada mirada de Denis Podaydes al saber de una sospechosa mancha revelada por la prueba médica


Charlotte Rampling.

La gran Françoise Lebrun.


 

Los cines más bellos de Europa


Otra oportunidad perdida. Miro de averiguar si las diferentes plataformas a mi alcance han presentado algo apetitoso en mi ausencia, y no puedo pasar por alto “Los cines más bellos de Europa” (Axel Furhmann, 2026; en Arte). Pero no resisto apenas unos minutos sin llegar al hartazgo de sus vacías y repetitivas frases, incluso del empalagoso encadenado de unas imágenes que deberían haber resultado intrigantes y cautivadoras.
Me imagino qué habría hecho Manoel Oliveira (nos lo dio a entender en su “Oporto de mi infancia”, de 2001) o Víctor Érice (en cierta forma lo hizo en “La morte rouge”, en 2006) de haber recibido un encargo similar.
Da la impresión de ser la primera temporada de una serie, con cuatro episodios, que podría tener continuidad, pero mejor que no la tenga: son todos ellos intercambiables. ¡Que forma de quemar de golpe, en un plis plas, hasta hacerla aborrecer, una buena idea!





 

sábado, 2 de mayo de 2026

Rapt






Una de las mejores cosas de la red de Filmotecas para sus espectadores son los acuerdos que tienen entre las que disponen de capacidad de restauración para intercambiarse sus últimos trabajos. Gracias a eso ayer pude ver en la Filmoteca una copia restaurada por la Cinemateca Suiza de “Rapt” (Dimitri Kirsanoff -el de Ménilmontant-, 1933).
Si “Menilmontant” (1926) aportaba imágenes inusitadas, “Rapt”las sigue teniendo, presentadas y engarzadas como si Kirsanoff se hubiera olvidado de la llegada del cine sonoro pero, al tiempo, como si hubiese querido introducir toda una serie de elementos sonoros…hasta el punto en que dirías que se le fue la mano. Me temo que me será necesario explicarme: apenas si se recogen diálogos en la película, pero a cambio una música atronadora (a un volumen anoche que los espectadores salimos de la sala medio ensordecidos) de diferente registro (que el nuevo sistema de subtitulado de la Filmoteca adaptado para personas con discapacidad auditiva iba deduciendo diría que por la acción -como también podría hacer un eventual sordo que se hubiera presentado en la sesión- si era romántica, festiva, trágica o de intriga) se hace presente de forma avasalladora, sobre todo para emular, de forma técnicamente bastante primitiva, el sonido de las campanas, el nada realista de los pasos de un vendedor ambulante con pata de palo, el potente tic tac de un reloj de cuco, el ulular de los lobos o, más frecuentemente, las rachas del vendaval.
Toda su introducción tiene lugar en un idílico paisaje alpino del que se comenta también, en contrapartida, su dureza. La trama lleva efectivamente a un rapto de esos de costumbre ancestral, como las leyendas o no tan leyendas que corren sobre el norte de Albania, pero resulta que no, que se trata de dos valles suizos que se dan la espalda, los habitantes de una vertiente no tragando a los de la otra que -dice la película- tienen diferentes costumbres, idioma y hasta creencias religiosas. Algo así deduje en directo que pasaba entre la Suiza de habla germánica y la de habla francesa, pero nunca sospeché que llegaba a lo que se ve en la película.
Si altisonante se puede llamar sin miedo a la completa banda sonora, ese calificativo también podría resultar válido, en muchos casos, debido a ser tan y tan buscadas, para buena parte de sus imágenes, aún quedándose grabadas alguna de ellas por su -si se quiere- belleza. Son numerosos los planos de cruces recortadas contra un fondo de nubes, las nubes que pasan aceleradas por el cielo, planos con movimiento en contrapicados, fraccionados con unos cuantos primeros planos de efecto.
Esa continua búsqueda del efecto sobre el espectador, aunque al llegar el “Fin” han sonado sus buenos aplausos, yo creo que va en contra de la película, como así mismo todos los momentos en los que aparece un teatral tonto del pueblo (así lo llaman en los títulos de crédito), aún con la presencia, en sentido contrario, de otras escenas como el sorprendente baño matutino (si fuese norteamericana diríamos que claramente pre-Código Hays) de la protagonista (encarnada por Dita Parlo, la inolvidable actriz de “L’Atalante”, aunque aquí no desarrollando un papel de continua dulzura, precisamente, o ese extraordinario travelling en retroceso por el camino por el que corre la novia oficial… hasta que falta de fuerzas cae… mientras la cámara sigue indiferente su carrera, dejándola abandonada en el suelo.
Este enlace debe corresponder a esa misma copia, y de ella he obtenido buena parte de las capturas que cuelgo (que conviene ver para darse cuenta de la fuerza visual del empeño), pero la noto con una banda sonora menos alocada que la de anoche. Quizás solo sea cuestión de volumen..:












Ha cambiado el crucifijo por el espejo...








 

viernes, 1 de mayo de 2026

Kontinental ‘25




Siempre me intriga por donde va a salir Radu Jude en su última película. En “Kontinental ‘25” (2025; ahora en Filmin) esa intriga se acrecienta para saber a dónde nos van a llevar los recorridos del día a día del indigente que protagoniza la larga introducción del film.
Luego, todo cambia. De los continuos desplazamientos del indigente se pasa a los de la funcionaria que va a llevar a continuación toda la acción, centrándose en sus conversaciones -la mayoría con planos estáticos, pero llenos de diálogos de esos en que parece que uno no escuche lo que le dice el otro, yendo a la suya- con miembros de su familia, del trabajo, una amiga, un antiguo y divertido alumno obsesionado con las historias del zen, un sacerdote ortodoxo que al principio parece una continuación del estudiante- buscando desesperadamente una salida a sus tormentos.
Por ahí asoman, además de esa falta de empatía y ese a mi déjame con lo mío tranquilo, las obsesiones nacionalistas y la máquina destructora que se cierne imparable sobre Europa, evidenciados con una ironía discreta pero punzante por Jude pero, además, entre una y otra conversación, completando el panorama, surgen planos que muestran la avidez inmobiliaria invadiendo el entorno, como quizas único motor y sentido de todo.