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miércoles, 26 de octubre de 2022

Dziga Vertov

Vertov, de jovencito.

Los tres hermanos Kaufman, todos dedicados más tarde al cine. Dziga Vertov, algo así como peonza que gira en ukraniano, fue el mayor, el de la derecha.

No como Pathé,
No como Gaumont,
No como ellos ven,
No como ellos quieren.
Ser Newton
para ver
una manzana.
Dar ojos a la gente,
para ver un perro
con
los ojos
de Paulov.
¿Es el cine CINE?
Nosotros dinamitamos el cine,
para que
el CINE
pueda ser visto.
El seminario “Escribir el cine” sigue adelante. El martes fue el turno de María Soliño Barreiro, que nos describió el cine de Dziga Vertov a través de sus textos. Y el primero fue este “Start” que Vertov fechó en 1917 posteriormente, solo para aunar su cine con el triunfo de la revolución.
Luego, ejemplificado con sus películas (con esa cumbre tan bella que sigue siendo “El hombre de la cámara”), ese montaje de imágenes y sonidos que había siempre de llevar, de forma natural, hacia los logros de la revolución. Aunque la propia Barreiro confesó que veía que no eran la progresión de las imágenes la que llevaba necesariamente a ese final de completa consecución social, sino las frases de sus intertítulos.
Eso al margen, me gustaron las repetidas menciones que hizo a su hermano Mikhail Kauffman (fotografía), especificando que cuando dejó de trabajar con él, la calidad de sus films cayó estrepitosamente, y a su mujer, Yelizabeta Svilova (montaje) trabajando siempre mano a mano con él.


Svilova y Vertov en la sala de montaje. Inseparables en la vida y profesión hasta el punto de no necesitar guiones técnicos detallados para el montaje, que además partía del impresionante trabajo de Mikhael Kaufman.

Esa cumbre, El hombre de la cámara, que no se acaba nunca: pese a haberla visto varias veces, tuve que preguntar de qué película era una secuencia de cortes rápidos muy sensual, que pese a sonarme alguna de sus piezas, no situaba.

 

viernes, 29 de octubre de 2021

¡Adelante, Soviet!


La única sobreimpresión de toda la sesión.

El modo de vida obsoleto…

…y podrido, típico de occidente…

Al que oponen una vida de educación física y deportes.

El Inter título que opone los contrarios.

Hasta el jueves que viene MK2Curiosity ofrece la visión (enlace abajo) de ¡Adelante, Soviet! (Dziga Vertov, 1926).
Abre imagen una vista de Moscú que ya te hace frotar las manos (primera foto). No es una película que tenga los juegos de cámara y montaje de su posterior “El hombre de la cámara”, pues solamente he captado una escena con sobreimpresiones (segunda imagen), dedicándose a escenas cercanas, simples, del mundo del trabajo.
Se dedica básicamente a comparar cómo era antes (la miseria de la eterna guerra) y como es ahora (la recuperación, paso a paso, de la misma)
En un momento (véase la divertida secuencia de contraste de las fotos 3, 4 y 5) enfrenta, como dice el intertítulo (6), en una batalla fatal, el modo de vida obsoleto y podrido, con su apuesta por la forma física de las personas.
Pongo alguna imagen más de lo que antes decíamos sin ambages que era propaganda soviética, marcando los logros del sistema, frente a momentos desesperados vividos. No suelen ser planos generales sino, en general, medios, y no se ahorra ni imágenes que normalmente se eluden (muertos por la guerra y el hambre), ni lo justillo de los medios en el periodo de recuperación.
En general, visto ahora tanto esfuerzo por ensalzar y trasmitir energía y fe a todo un pueblo, me ha entrado, no lo negaré, una cierta tristeza.













El inicio del culto a la personalidad, que alcanzó luego, con Stalin, cotas enormes, de lo más ridículo.






La lucecita de El Pardo.







 

sábado, 26 de agosto de 2017

La sexta parte del mundo



Es magnífico eso de tener al alcance de la mano, casi sin estirar siquiera el brazo, obras de entre las más reconocidas de la historia del cine. Es el caso de "La sexta parte del mundo" (Dziga Vertov, 1926), que la Filmoteca Shangrila tiene en su catálogo libre, en Vimeo, si bien con una copia no tan espléndida como tiene por costumbre, y en cambio con una música cargante, que está a punto de hundir la sesión (la dicha nunca puede ser perfecta).
La primera media hora de la película es arrolladora. Uno se da cuenta viéndola que, por un momento, la vanguardia artística y la política coincidieron. Sus intertítulos, muy frecuentes, escritos con letras enormes, hacen pensar en poemas vanguardistas. Pautan imágenes que confrontan "la cadena de oro del capital", del capital entreteniéndose (joyas, bailes burgueses, cafés,..) con otras de un mundo del trabajo en el que todo seguía igual.

Pero la revolución del 17 -siguen los carteles- propició una nueva sociedad y "tártaros, burriatos, uzbekos, Calaucos,...", todos los diferentes pueblos de la extensísima URSS; los habitantes de Daghestán, los de la Taiga siberiana (y entonces vemos un cazador marcando el camino con el hacha en un abedul de la misma forma que nos explicaba Herzog hace poco que lo hacían),... han abierto el camino para una nueva vida. "Todos vosotros (los enumerados y mostrados en la pantalla) - dice la película- sois amos del territorio soviético, la sexta parte del mundo."
Rompiendo los hielos para que otros barcos puedan llevar los bienes necesarios a todo el territorio.
Ellos cultivan cereal, pescan peces, obtienen pieles... que se venden a Occidente a cambio de máquinas para fabricar máquinas (en frase de Stalin). Ni que decir tiene que al final veremos en pantalla, en otro montaje que incita al optimismo, el provecho sacado de este intercambio, que hace a la URSS ya "ser observada por toda la clase trabajadora del mundo occidental y oriental."
Uno se imagina a los equipos de cine yendo por toda esa vasta, interminable tierra, a rodar y captar las actividades de sus pobladores, captando más tarde esos cambios, y luego a Vertov efectuando un montaje alternado, y hasta combinando -aunque no abuse de ello- dos o más escenas al mismo tiempo en la pantalla.
Leyendo el periódico

Lamentablemente, este año, en que se cumple el centenario de la revolución de 1917, ya a nadie del pueblo llano de la antigua URSS le dirán, me temo, que todo lo que se ve y obtiene en esa sexta parte del mundo le pertenece.

miércoles, 2 de julio de 2014

El hombre con la cámara



Esta tarde a las 19h en el Centre Cívic Urgell, con entrada gratuita –aunque parece que se llena-, se podrá ver cómo una chica se despierta y lava al mismo tiempo que lo hace su ciudad. Sus ojos parpadean, dejando pasar u ocultando la luz, como estas persianas, o la misma cámara.
Aunque se trata más bien de un acto musical, en el que Anna Francesch y Max Villavecchia cantan y tocan el piano sobre el fondo de la proyección, en este caso, de “El hombre con la cámara” (Dziga Vertov, 1929), Rafel Miret suele hacer para estas sesiones una pequeña introducción cinematográfica sobre el film. Hoy no podía, y me pidió si yo podía hacerlo en su lugar, así que situaré un poco, hasta donde llegue, la cosa.
El enlace a la actividad:
(Los fotogramas que cuelgo los he sacado del librito “Dziga Vertov. L’home a la camera”, de Fréderique Devaux, 1990, uno de la magnífica colección Long Métrage, de las Éditions Yellow Now)