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jueves, 28 de noviembre de 2024

La fealdad en Cultura Film (Revista Filmada)

Un responsable de la Filmoteca, presentando a Javier G. Guerra.

Ayer no volví en la Filmoteca a la asegurada belleza de los siete planos secuencias de “Salmo rojo” para adentrarme en la fealdad de la mano de Cultura Film (Revista Filmada).
Para quien no conozco esa iniciativa de Javier G. Guerra, que ha alcanzado con ésta ya su décimo número, se trata de una “revista cinematográfica”, al modo de las que que idearon los neorrealistas en su inicio, compuesta por obras de diferentes autores que acuden con su película a la llamada de un tema concreto -la fealdad en este caso- con el único requisito de que la pieza se ajuste mínimamente al tema planteado y no supere los cuatro minutos. En el peor de los casos la variedad y desnivel entre las piezas presentadas puede hacer pensar en las antiguas sesiones de festivales de S8mm, que abarcaban desde insoportables muestras de lo peor del cine amateur hasta alguna obre magnífica, precursora de una interesantísima carrera posterior de quien la hubiera hecho.
Antes de esto, la revista se especializó en entrevistas a grandes realizadores de cine. Basta ver en su carátula los rostros de los que fueron pasando por ella para entender por dónde iba el gusto de sus padrinos, al que no haría yo ningún asco.
Pero vayamos a la sesión de ayer. En general, por lo que vi, pocas eran las piezas de la revista que se planteaban mostrar voluntariamente la fealdad, siendo mayoría la que ponían en duda el concepto o lo asumían, pero en su aspecto conceptual.
Entre los cortos proyectados, los que recuerdo me interesaron más fueron, por diferentes razones, los siguientes. Advierto que puedo errar en algún nombre, porque la sesión no ofrecía ningún programa detallado impreso:
-Lucía Delicado entendió la fealdad en algo que suele dar un enorme asco: “Descomposición”. ‘Footage’ de varios films (sorprendentemente ninguno, por lo que capté, de Peter Greenaway) que registran el proceso de diferentes elementos orgánicos. La autora niega la mayor, haciendo aparecer de un animal en acelerada e intensa descomposición unas flores… que a continuación se pasan, pudren y reinician el proceso.
-Lidia Pérez tuvo en el coloquio final de la sesión una intervención muy divertida y totalmente modesta, quitando hierro a cualquier cosa de valor que pudiera haberse visto en su pieza. Sin embargo, titulándola “Amic meu” (“Mi amigo”), da pie a interpretaciones que, además de hacer reír como hizo al auditorio, permite encontrar la fealdad en un comportamiento. Todo gira alrededor de una serie de amigos en un acantilado, intentando convencer a uno de ellos, muy dubitativo, para que se lance a un bastante enfurecido mar. Pero bueno: parece que Lidia Pérez solo ve la fealdad en la pose exhibidora de los saltadores, la testosterona y demás.
-Albert Alcoz, en su divertida pieza, visita el zoo y filma el que cree el animal más feo de la colección, en “Colao Terrestre”. Si no sale muy bien -se dice-, por lo menos habré filmado.
-El corto de Alejandra de la Peña, “Interrupciones”, aunque no acabé de entender por dónde muestra la fealdad, centrado en el proceso de fotografiar a una modelo, se ha de decir que logra imágenes en blanco y negro muy atractivas.
-“384.000” (o algo parecido), de Nuria Amat y Nuria Malen, muestra inicialmente una serie de extrañas texturas, con una banda sonora de interferencias radiofónicas, que sólo avanzando su metraje y planos llegamos a entender que se tratan de visiones de zonas de la Tierra desde satélite. Y es al leer la relación final de sitios mostrados que deduces son zonas negras en la historia reciente, que muestran la fealdad de la raza humana. Este corto, desde mi punto de vista uno de los más interesantes mostrados, nos dijeron sus realizadoras en el coloquio que estaba hecho únicamente a través de una selección y montaje de imágenes de Google Maps.
-Guillermo Amengual también decide asegurarse el impacto robando imágenes de grandes obras maestras del cine. Con sobreimpresiones con la letra que Godard empleaba en sus “Histoire(s) du Cinema”, va comentando una historia de la fealdad a base de planos bellos y contraplanos protagonizados por rostros deformes, pero son de tan grandes películas que la susodicha fealdad queda, claramente, en entredicho.
-El coloquio quedó desbordado al tocarle a Jordi Siscart y Lucia ?, los de “Fluid genders”, y ellos señalar que su pieza, con unas imágenes muy impactantes por su calidad técnica, que combinaba dos caras de mujer con unos fluidos de colores circulando por encima, estaba realizada gracias a una herramienta nueva de Inteligencia Artificial, que generaba imágenes a partir de los textos que se introduzcan. Aunque parecían señalar que introducían la fealdad por un trozo negro de pantalla (que la verdad no había observado), la gran discusión con el público vino por la candente cuestión de los derechos de autor económicos y morales.
-Noah Candela rodó lugares bellos de Islandia que una ruptura personal que explica en sus diarios les extrajo radicalmente toda su belleza.
-Chiara ?, en “Grotesc però sentimental”, dispuso de su Nápoles natal para hacer ver que, a veces, la fealdad y la belleza están íntimamente unidas.
-Enric Miró, que confesó que presentó “Ma jolie Louise” porque estaba muy liado, sin tiempo para preparar algo más personal, se valió de un doble robo (footage, le llaman) para hacer la, para mi, mejor pieza de toda la sesión. El mérito se debe -él no ha generado ninguna imagen nueva- a una escena de “La Bella y la Bestia” de Jean Cocteau, en la que una y otra discuten sobre el concepto de fealdad, y a la mano de Enric Miró para finalizarla con la ahí rompedora canción de Daniel Lanois (tercera autoría de mérito) que lleva el título de la película.
Alguien preguntó, al final, que para cuando sería la onceava Cultura Film (revista filmada). Mejor dar tiempo al tiempo. Con sus desequilibrios, da gusto ver que toda una tropa de gente muy diferenciada, generalmente muy joven, ve aún que pueden expresar algo mediante este medio (y no digo cuál, porque me parece que además de poner “con su cámara” debería añadir otros aparatos, incluido “su ordenador”.

Toda la basca de realizadores de la revista que, con amigos y conocidos, se presentó en la Filmoteca.

J. G. Guerra con Núria Amat y Núria Malet.

Costó entender que estaban diciendo que habían hecho su corto mediante la Inteligencia Artificial. Y ahí fue Troya.


 

l segreto dil bosco vecchio


No iba a escribir nada de “Il segreto dil bosco vecchio” (Ermanno Olmi, 1993), que pasaron anoche en la Filmoteca, porque aunque sabía que estaba basado en un relato de Dino Buzzati, no pensaba que se tratase de un cuento infantil, con animales hablando entre sí y cosas así: la proyección de sus 134 minutos se me hizo dificilísima de soportar.
Pero, en cambio, sí que me gustaría dejar escrita la idea que me insertó en la cabeza su escena final, que aunque no creo que nadie de su enfervorizado y vencido público de anoche interpretaran como hice yo, me da la impresión que, abandonando el didactismo diáfano de toda la versión del cuento previo, entraba en alturas mucho más elaboradas y punzantes.
Esa idea me surgió, eso lo tengo claro, gracias a conocer su emotivo último largometraje de ficción, “Torneranno i prati” (2014), dedicado a la memoria de su padre, quien fue uno de esos desgraciados que, inocentemente, con la inconsciencia total de una juventud manipulada, corrió a ir a combatir a los servios en las montañas en la primera guerra mundial, como si se tratara de un juego, sin pensar ni por un minuto en el desastre, sufrimiento y -en enorme cantidad de casos- muerte que se iba a cebar con ella.
No va cantando, ni mostrando alegría alguna, el batallón de soldados que, en larga formación en columna con fila de a cuatro, marcha por el camino en medio del valle nevado junto al bosque de la película vista ayer. Pero es de noche, avanzan decididos y está claro que se dirigen hacia el frente (la película está ambientada en esa misma época, la de los años de la Primera Guerra Mundial). El narrador concluye en ese momento su cuento, hablando de la confianza esperanzada en un nuevo día, y palablas floridas de ese estilo. Exactamente el tipo de cantinelas poético-patrióticas bajo las que iban todos esos jóvenes a hacer de carne de cañón y de víctimas del frío.
Apostaría que al filmar eso Olmi ya estaba pensando en los de “Torneranno i prati”. Lo que, para mí, eleva la película, por un momento, a más altas cotas de reflexión y emoción.
(Como sea que no he dado con fotograma alguno de la escena en cuestión, para ilustrar estas líneas cuelgo una fotografía de algo similar, si bien de otro lado muy diferente)

 

martes, 11 de abril de 2023

One of our aircraft is missing


Según parece la primera película firmada a dúo por Michael Powell y Eric Pressburger, “One of our aircraft is missing” (1942) es también ejemplo de su buen hacer.
Basada en una historia escrita por el mismo Pressburger, forma parte de sus producciones efectuadas durante la guerra. Aquí no hay sino desprecio por los soldados alemanes como invasores, pero no se denigra a su población civil, recordada con añoranza por uno de los protagonistas, que había visitado su país años antes. Se subraya el heroísmo de los militares británicos, pero los elogios, atemperados por el humor de la flema inglesa, se compartien también con los vertidos a los holandeses, convertidors para la ocasión casi todos ellos en resistentes.
Como suelen hacer, un avance misterioso se ofrece al público para acuciar su curiosidad: un avión parece volar sin tripulación. Pero su historia -avisan- se inicia dieciséis horas antes, y así vemos a la tripulación del bombardero británico preparándose para un raid aéreo sobre Stuttgart, con el objetivo de destruir la fábrica de la Mercedes Benz.
Ya en el avión, del que vemos el poco espacio que dejan los cables y demás material para los humanos, unas tomas aéreas, que debían ser espectaculares en esa época, narran con detalle el paso del canal (el ruido del motor no oculta el encogimiento de corazón que debe suponer dejar de ver su país, quizás para siempre), el cruce de la línea costera holandesa (el ruido atronador marcando la tensión creciente), las señales geográficas (línea de ferrocarril, río) seguidas para la orientación de la nave…
Porque se trataba de un DVD, porque si hubiera sido una cinta de 35mm lo que proyectaron ayer, diría que se habían saltado la penúltima bovina: la proyección duró unos treinta minutos menos que anunciado en las bases de datos y en la pantalla de la taquilla de la misma Filmoteca. Unas acciones del rescate final de los pilotos no acababan de entenderse, pero no importa demasiado: puedes fácilmente atribuirlo a la habilidad narrativa de las elipsis del dúo de geniales realizadores.


 

viernes, 19 de marzo de 2021

Five came back


En el primer capítulo de “La guerra en Hollywood” (“Five came back”, Laurent Bauzereau, 2017, basado en el libro de Mark Harris; en Netflix), sobre todo las intervenciones grabadas de Frank Capra y William Wyler, así como los comentarios de Paul Greengras, Guillermo del Toro, Spielberg o Coppola, justifican la elaboración de los films de propaganda bélica de los grandes cineastas norteamericanos como imprescindible defensa ante la arrolladora fuerza de los promocionados por Goebbels.
El cine, en un momento en que era el principal y más popular espectáculo, instrumento para llevar a la población primero a la necesidad de la guerra, luego a olvidar la melancolía e ir a morir, sí necesario, con fervor por la causa.
Una idea que ya quedó ahí, para no irse, pasando más tarde a la televisión, para conducir a la gente hacia todo tipo de batallas.
Son tres capítulos. Apetece ver lo rodado o montado por Ford o Capra, por ejemplo, certeramente comentado.
Son tres capítulos de una hora. En este primero, ya entrados en guerra, bastantes escenas de “La señora Miniver”, “La batalla de Midway” o “Why We Fight”. Me quedan aún dos por ver.


 

domingo, 24 de mayo de 2020

Il varco


Un largo tren militar deja los últimos valles italianos, cruza penosamente los Alpes, llega a Austria, Hungría. Ya en Ucrania, los soldados de la expedición italiana deben abandonar el tren porque un bombardeo ha destrozado las vías. La ruta hacia el frente ruso seguirá en camiones, por polvorientos y a veces embarrados caminos. Aún no ha llegado, por suerte, el invierno, que paralizará definitivamente el avance.

Dentro del Docs Barcelona, este año en Filmin, puede verse hasta el martes 26 “Il varco” (Federico Ferrone y Michele Manzolini, 2019). La ficción reconstruye el viaje de un supuesto oficial italiano, conocedor del ruso, que va en misión con los expedicionarios en el tren y luego en los camiones, observando y anotando todo lo que va viendo, oyendo y sintiendo.

Magníficas imágenes de archivo, muchas de una gran calidad, dejan sospechar que correspondan a auténticos profesionales, como los que Daniela Arónica nos descubrió que acompañaban siempre a las legiones italianas en la guerra civil española, filmándolo todo. Esporádicamente nos sorprende alguna pequeña nota de color. Son grabaciones paralelas actuales en Ukrania, una tierra otra vez en conflicto.

Otras imágenes aportan al narrador los recuerdos o la imaginación de lo que ha dejado atrás, en la retaguardia.

sábado, 25 de enero de 2020

Lluís Escartín en Date Cuenta

Lluís Escartín y J.G.Guerra antes de empezar la sesión.
La Escuela Date Cuenta, y Javier G. Guerra en particular, ofrecen de tanto en tanto unas sesiones encomiables. Se trata de lo que anuncian como “Máster Class” de un realizador de cine, en el que éste entra a detallar su experiencia para que un público compuesto en su mayor parte de estudiantes de imagen, que le asedian con preguntas tanto sobre el modelo de cámara que empleó para un determinado film como sobre un cuestionamiento moral ante un determinado escenario.
“Estaba de trabajando de camarero, cuando oí que se estaba quemando el Empire State Building. Pese a las quejas del dueño del bar, me hice con mi credencial y mi cámara y fui con la intención de sacar fotos del incendio. El fuego no se veía, porque estaba en el interior. Vi la llegada de este bombero y disparé la cámara. Salió fuera de foco, pero me gusta como quedó”.
Esta mañana se podía acudir (¡con entrada libre!) al Palau Llimona y descubrir ahí la obra de Lluís Escartín, abarcando tanto sus inicios como fotógrafo como su posterior camino como documentalista.
Escartín resulta, desde luego, un tipo especial, que ha dejado bastante boquiabierta a la audiencia. Según su propias declaraciones, sigue haciendo cine, pero cada vez le supone más palo dedicar el trabajo necesario para darlo a conocer y así, su último documental ni siquiera lo ha presentado a un festival, donde habitualmente tienen muy buena acogida.
“Ésta la saqué en la Estación de Francia. Yo diría que es la fotografía que más me gusta de entre todas las que hice”.
Ha explicado que empezó a hacer fotografías en Nueva York, gracias a unas cámaras baratísimas, que precisaban abrir el objetivo, contar hasta tres y volver a cerrarlo para obtener así una fotografía que solía aparecer algo movida, fuera de foco. Las hacía para sí mismo, pero el azar quiso que alguien las viera y se las hizo exponer.
“Mojave cruising”. Fuera iba yéndose toda la luz...
De ahí pasó a tener carnet de reportero gráfico. Una estancia suya de tres años en la selva lacandona que coincidió con él allí al desatarse la guerra con los zapatistas le permitió vender portadas muy duras que vendió para portadas de publicaciones de todo el mundo. Fueron tan bien pagadas que hasta se sintió mal, y de resultados personales tan traumáticos que ni siquiera ha querido pasarnos ninguna.
Con una escena de “Amanar Tamasheq” pasando detrás.
Pero ha explicado que no consideraba lo de hacer fotos “lo suyo”. Fue el único que optó a ser asistente de Jonas Mekas y ahí sacó la decisión de hacer cine. Ha pasado un buen trozo de dos de sus primeras películas, Texas Sunrise (2002: la entrevista a un indígena del SO de Estados Unidos en off mientras en imagen va presentando imágenes de la zona rodadas a su aire) y Mojave Cruising (2000: una pareja de ideas contrarias se discute en un coche, mientras va oscureciendo en el desierto del Mojave) y otros dos de sus más recientes, Amanar Tamasheq (2010: un jefe guerrillero tuareg le llamó por teléfono para decirle que era la primera vez que veía que alguien había rodado a su pueblo sin estética de carta postal, pues había sabido captar la poesía de la vida ordinaria) y Hasta que las nubes nos unan. Guardiola-Diola (2019, en donde entremezcla escenas de trabajo agrícola y caza en una zona africana y en Guardiola del Penedès).
De su última “Guardiola-Diolo”.
Toda su filmografía puede verse libremente en la plataforma Plat. Aquí el enlace:

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cultura Film: Filmar el trabajo


Recuerdo haber ido también al CCCB a la presentación de un número temático anterior de Cultura Film, la revista filmada que llevan JG Guerra y Olga Ponoko, en esa ocasión dedicado a "Filmar un espacio interior". Hoy le tocaba el turno al dedicado a "Filmar el trabajo". Sí: Tienen una habilidad especial para escoger temas.

Diez piezas cortas han compuesto el programa de hoy. Bárbara Mateos ha extraído un magnífico fragmento de su largo "Ad ventum", mostrando a una cuadrilla de una región portuguesa subiéndose por los alcornoques y extrayéndoles su corteza de corcho, luego comiendo en corro y mostrando globalmente una forma de producción antigua, que milagrosamente sobrevive. Omar Blanco relativiza en su "Brocken Clock" el tiempo de trabajo, comparándolo con los ritmos del universo. Miguel Blasco ha aportado la pieza más divertida con su "Trabaja en cosas que no le reportan mucho dinero y, sin embargo...", una especie de diario personal que de forma ligera pero tocando fondo sólido puede ir ampliando por los diferentes temas que le planteen los de Cultura Film. Tito Montero, en su "El esplendor", habla del trabajo a partir de su ausencia, filmando las ruinas de una fábrica de loza que daba trabajo a 140 obreros asturianos. Gloria Vilches ("El farero de Salvora") se refugia en un trabajo de leyenda. Su tío, Julio Vilches, se jubilaba este año y dejaba el faro -hoy automatizado-. Coge el pasado verano una cámara de S8 (lo que da a la película una textura especial) y se dirige a la isla del faro, a hacer tomas y entrevistar a su tío, que repasa los más de 20 años que ha pasado ahí. Enric Miró da cuenta en "L'echo des jours" de que eso de los días laborables es como el día de la marmota. JCGuerra presenta un buen método, fruto de la experiencia, para el rápido fregado de toda la vajilla en su pieza, que lleva el irónico título de "Alta cocina". Y así.
A mano alzada, el respetable ha preferido el tema de "Filmar el olor" al de "Filmar el sonido" para el siguiente número temático de la revista filmada. A ver qué da de sí.

lunes, 20 de febrero de 2017

La Filmoteca: cinco años en el Raval

De izquierda a derecha, el Maestro Joan Pineda, Robert Guédiguian, El conseller Santi Vila, Carlos Saura, Esteve Riambau y (¿? Alguien me ayudará a completar el pie de foto...)
La aglomeración de los días sonados.
Recibiendo a los espectadores, en la sala, el quinteto del Conservatori de Música del Liceu.
No me sé estar por las fiestas, de no ser de ir con alguien de confianza con quien comentar la jugada y poder intercambiar comentarios ácidos a gusto. Pero ha de decirse que la del aniversario de la Filmoteca en el Raval ha estado muy bien organizada.
Ha sido en la sala Chomón -la grande- y luego ha continuado -con dispendio de bebida- en la plaza interior del edificio, por lo que nada que objetar.
Antes de entrar, ambiente de día grande, con acumulación de gente, y de tanto en cuando algún rostro de los que van quedando por aquí de esos de toda la vida de relación con el cine, y de alguna visita sonada, como la de Carlos Saura o Robert Guédiguian, que mañana serán protagonistas.
Alex Gorina y Jaume Figueras, en presentación "informal".
Mariona Bruzzo, hablando de las magníficas recuperaciones del departamento que dirige.
Octavi Martí dando paso a los sorprendentes noticiarios de 1937-43.
En la sala, ambientada inicialmente por un quinteto del Conservatorio de Música del Liceu, un poco de todo: A lo largo del acto presentación informal, "mediática", de Alex Gorina y un divertido Jaume Figueras (aunque lo más divertido ha sido producto del fallo -aún no sé si involuntario- del primero, al presentar al conseller de Cultura, Santi Vila, que ha hecho también su speach). Y más tarde los tres máximos representantes de la Filmoteca presentando el discurso oficial y una serie de proyecciones.
Primero Esteve Riambau, que tras los agradecimientos y el repaso somero de estos cinco años ha leído en público su carta a los reyes, que he visto centrada en petición de recursos para preservar lo que se tiene, porque "es inútil favorecer nuevas realizaciones si luego no hay recursos para mantenerlas y exhibirlas" -aprox-.
Luego Mariona Bruzzo, para presentar, con el acompañamiento de Joan Pineda al piano, una selección de piezas de cine mudo restauradas por la Filmoteca, alguna de ellas de visión auténticamente placentera. Personalmente me han entusiasmado una "Vista de Londres" de los Lumière, de 1896, con sus autobuses -de carga animal- de dos pisos y todo; "Tocas y tocados" de la Pathé de 1924; un espectacular documento de la muy despoblada falda de Collcerola y pase de obreros, todos con alpargatas y gorras, en la inauguración de la sala de Manufacturas de películas Cabot; o unas escenas documentales con un color precioso de gente por las calles -delante de espectaculares puertas de madera- de Tombouctú... Vamos: que tenemos maravillas inéditas por ver y rever durante tiempo.
Esteve Riambau ha vuelto a coger el micrófono para presentar una pieza encontrada en la Cinemateca Francesa, coincidiendo con sus investigaciones sobre Laya Films, que dijo el otro día que están próximas a ver la luz. La pieza en cuestión es nada menos que una de Ramón Biadiu, gemela a la que conocemos que hizo sobre "Els tapers de la costa". Se trata de la versión francesa de "Ollaires de Breda", realizada también en 1937, y sigue todo el proceso de fabricación de las cazuelas y ollas de barro de la población de la falda del Montseny, desde la extracción de la arcilla hasta la exhibición en las tiendas del pueblo, pasando por el trabajo en el torno. Mira por dónde, a partir de ahora del cine documental catalán pasará a ser visible un nuevo documental que, por mérito propio, se sitúa sin duda entre los de más valor de la década de los treinta.
He hecho plantarse a Óscar Fernández Orengo delante de la foto que hizo a Gonzalo García Pelayo.
En subiendo la escalera. Ahora, con las impresionantes fotos, la subida se hará más llevadera, aunque pueden producirse atascos...
La foto de Paco Poch con Marín Karmitz.
Víctor Érice con su dedicatoria, quizás un pelo demasiado solemne...
Óscar Fernández Orengo delante de su foto de Pedro Costa.
Eugene Green, felicísimo de estar en la Filmoteca.
Por su parte, Octavi Martí ha sido el que ha presentado una selección preparada por Ferran Aymerich de noticiarios de circulación a-legal, entre 1935 y 1942, previa a la prohibición dictada para la expansión del No-DO. Ahí ya me he acabado de derretir, porque la muestra, escogida entre 100 rollos que suponen, según O. Martí, más de veinte horas de proyección, presenta imágenes impagables. Enumero unas cuantas: Franco sentado como una soltera de fiesta mayor de pueblo esperando a que la saquen a bailar, pero presenciando en realidad una demostración de las armas antiaéreas compradas por la República, sobre el año 1935. Un marajá en traje ceremonial, del que el locutor (el que narraba las películas de Jaimito: ahora no sé si Arribas Castro), nada políticamente correcto, dice que le hace parecer un requesón. Impresionantes imágenes aéreas de la siderurgia de Sagunto y el puerto de la ciudad de Valencia, destrozados por los bombardeos de la legión italiana, seguidas de imágenes también aéreas sobre El centro de Valencia, con la gente que "empieza a congregarse en sus calles para recibir a las tropas nacionales". El cambio de nombre del "Congreso de los Diputados", denigrado por el narrador. El encuentro del Duce con el Furher en la frontera italiana en 1940, tras la llegada de ambos en sus trenes respectivos. La llegada de elementos de culto (casullas, principalmente) donados en 1940 por la iglesia alemana a la pauperada iglesia española. Venecia se prepara para posibles ataques aéreos, protegiendo la fachada del Duomo. Imágenes espeluznantes de raids aéreos alemanes, desde los propios aviones, sobre el suelo de Gran Bretaña, también en 1940. La visita de Serraño Suñer a Hitler. La marcha en tren, el 13/7/1941, de los miembros de la División Azul. La puesta en marcha de trolebuses en Barcelona y otras ciudades. En casi todas, masiva la presencia de militares, brazos en alto, gente de iglesia... Esas cosas. La sesión ha acabado con escenas de la recuperación por parte de Berriatúa del color del "Érase una vez", el proyecto de film de animación que Alexandre Cirici Pellicer y José Escobar emprendieron en 1950.
Las "autoridades" subiendo la escalera.
Foto del fotógrafo para la posteridad.
Y el sarao en la plaza interior.
Rosa Vergés dando conversación a Robert Guédiguian.
Esto de la cosa social es lo que se me da peor, pero ya puestos: venía a ser, creo, como un gazpacho.

Pero, por si fuera poco, antes del bebercio correspondiente, en la penosa escalera de salida a la superficie desde las salas la sorpresa de la inauguración de las magníficas fotografías (acompañadas de sus autógrafos) de los ilustres visitantes de las sesiones de la Filmoteca. Todas fotos cuadradas, para sacarse el sombrero, de Óscar Fernández Orengo, a las que se deberá volver con detenimiento...
JG Guerra, el cogote de Lluís Miñarro y Toledano, el de "El séptimo vicio" de Radio 3. — con JG Guerra,Eddie Saeta y Javier Tolentino.

Ya desatado, he aprovechado descaradamente la pose de Eulalia Ramón con Jaume Figueras para Óscar Fernández Orengo para, nervioso, pescarla yo también.


martes, 7 de febrero de 2017

Antología de Taillet


Tras la presentación de “Antología de Taillet” (JG Guerra) en un casi lleno Zumzeig, traspaso aquí mis deslavazadas preguntas, alguna de otros espectadores y lo que recuerdo de las contestaciones del director.
Han quedado claras las razones que le llevaron precisamente a un aislado pueblo como Taillet, en las montañas de los Pirineos Orientales franceses, a hacer este documental. Ha reconocido formar parte de la familia “española” de los personajes principales del documental, y haber ido allí desde pequeño en sus vacaciones junto a su hermano, Jordi GG –también presente en la sala y colaborador en el rodaje-. Eso explica el empleo del castellano pese a que a la madre se la ve incómoda hablando en castellano, y parece que se desenvolvería mejor en francés o catalán: Se está dirigiendo a su pariente, con el que siempre ha hablado en castellano.

El film se inicia con un coche que llega al pueblo y termina con el coche dejando atrás el pueblo, encerrando entre esas dos secuencias toda una antología de relatos sobre la historia de esa población: la acogida de refugiados de la guerra civil, el cambio de vida sufrido en ella a lo largo del tiempo, la permanencia de los ya hoy ausentes, etc. En esos planos iniciales y finales recuerda al "Innisfree" de Guerin, o a otros documentales (por la sala se ha iniciado una discusión sobre qué Rohmer era el que tenía ese acercamiento, pero se puede hablar de bastantes películas más, de bastantes cineastas). También están dentro, claro, la azarosa vida de Francisco, con el golpe inicial sufrido en su infancia, su producción de figuras de madera a partir de troncos que recoge por la zona, o la relación con su madre, ambos ya casi últimos habitantes antiguos de la zona. De hecho, hay en la película relatos varios, que gusta no se subrayen, dejando que sea el espectador el que vaya montándoselos: el abandono de los pueblos y su cambio de usos -al turismo-, la guerra civil, la historia del hijo,...

Entre escena y escena un plano de un área de la población, cada vez diferente, nos va dejando reflejar en un mapa mental la distribución espacial de Taillet, de la misma forma que Haneke facilitaba a los espectadores de su “Amor” el dibujar –como de hecho he visto que alguien ha hecho literalmente- el plano del apartamento en que vivían sus personajes de ficción.
El film va tallando, como si de una figura de madera de las que elabora Francisco se tratara, la sensación de aislamiento que los debe poseer, y no sólo por las conversaciones: El trabajo solitario en el huerto o el taller, planos con una señora en las quimbambas, lo contentos que se ponen los dos al saber de las visitas. Se trata de un pueblo apartado: escasos coches, gato durmiendo, perros desocupados...

El sonido directo –con los ruidos del viento, los insectos, los escasos coches, es sonido directo de verdad, y no producto de un laboratorio de sonido. De la misma forma, la labor de montaje es notoria, por el orden dado a todas las piezas del largometraje (dejando un cierto suspense inicial hasta la plena presentación inicial de Francisco, dando pie a considerar a los personajes del cementerio –que en buena parte son los “modelos” de muchas de las figuras de Francisco- como los únicos que realmente van a perdurar en el lugar, etc), pero no por la labor de selección efectuada, porque hay poco plano rodado que fuera desechado.
Una baza de la película es cómo juega con la emoción sin cargar las tintas. El relato de la madre sobre las cosas que hace su hijo con la madera ya te da un primer ramalazo, que luego te hace ver de una forma más intensa sus labores con la madera.
Un espectador, planteando que por qué algún personaje “actúa tan mal” ha abierto el tema de cómo introducir la ficción en un film así. De hecho, a los que aparecen se les llega a valorar como actores. Alguno, nervioso, fugaz, convence. A otros se les ve muy voluntariosos, pero hasta demasiado conscientes de lo que deben hacer. Hay también momentos en que se nota que el equipo ha abierto la ventana para seguir la marcha del personaje (o se intuye la colocación de una pera en medio de un arroyuelo, como si del membrillo que Kiarastomi hace rodar por un río en homenaje a Érice se tratase). Es (son) un (unos) momento(s) muy hermoso(s), y al menos yo, como espectador, no sólo tolero ese gesto de inmiscuirse en la trama, sino que lo agradezco, entro a formar parte del mecanismo.
Aparecen planos de tumbas y, en paralelo, relieves suyos de madera. Uno se hace la idea de que son como retratos que ha ido haciendo a la familia, muchos de ellos ya ausentes, lo que redunda en la sensación de que esa ausencia es una de las grandes protagonistas de la sesión.

Hay una cosa que he aprendido de las películas de Guerín: Siempre conviene que dentro del cuadro haya algo de movimiento, vida. Aunque sea un poco de viento. Aquí se sigue muy bien eso: Ahí están el péndulo reloj, el viento que balancea las ramas, el perro, una persona cruzando,... La película tiene la virtud, con cosas de éstas, de la captación del instante. Hasta de la luna.
Sales del cine quizás, como ha dicho la chica de la primera fila, aunque no lo decía para afearlo, con cierta tristeza: La sensación de un mundo que se acaba o, como me ha corregido José Antonio, que ya se acabó hace tiempo.
A la frase íntima final de la madre: “Si no llega a ser por Francisco yo no sé qué habría sido de mí” todos los espectadores de hoy le sobrepondremos lo que hemos sabido de la evolución de la vida de los personajes tras el rodaje de la película. Pero eso nos lo callamos, porque ya son cuestiones extra-fílmicas.
JG Guerra ya ha hecho su primer largometraje en el pueblo de parte de su familia, con dentro pues el tema de muchos documentales de nueva hornada, desde Mercedes Álvarez. Ahora nos ha acabado diciendo que, además de seguir con Olga Ponoko llevando su “Cultura Film (revista filmada)” y tocando ambos todas esas numerosas teclas que tocan, tiene otra película pensada. Ya no se ubicaría en Taillet, pero sí cerca, en Céret, mitad ficción, mitad documental… Habrá que esperar y cuando salga rápidamente ir a verla.