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domingo, 13 de julio de 2025

Serge Rezvani


Otro personaje singular desvelado por “Jules et Jim” es Serge Rezvani, aunque quizás debería llamarlo (Cyrus) Bassiak, pues es así como figura en los títulos de crédito y se hace llamar como cantante y músico, para diferenciarlo de su faceta como pintor. También ha escrito cantidad de novelas y otro tipo de libros, y veo que ha alcanzado ya la edad de 97 años.
Saco de Hennon todos los datos:
Rezvani era muy amigo de Jeanne Moreau y Jean-Louis Richard, y es de los tumultuosos vaivenes en la relación de la pareja de donde sacó para dedicársela la canción “Le tourbillon”.
Truffaut pasó temporadas en casa de Jeanne Moreau, donde se la escucha entre otras muchas que cantan a grito pelado en el Facel Vega descapotable de la actriz.
Cuando prepara “Jules et Jim”, Truffaut no sólo le pide usar la canción, sino que también que la toque a la guitarra y la cante él, haciendo de tercer hombre en discordia en la vida de Catherine


 

sábado, 12 de julio de 2025

Jules et Jim

Tenía que colgar una imagen en la que apareciera el trío, esa propuesta que tanto escandalizaría en su momento. He escogido ésta, bastante inicial, en la que Catherine se ve ignorada en su papel de diosa.

Comprobar que aún queda bastante de esa idea inicial de utilizar cuadros de Picasso de diferentes épocas en los sucesivos decorados para ir datando (como de forma directa hacen también esos reportajes de noticieros) las sucesivas historias que va contando “Jules et Jim” (François Truffaut, 1962) fue uno de los objetivos -cumplidos- que me impuse para tener un aliciente y así vencer la pereza de anoche desplazarme a la Filmoteca para verla de nuevo.
No suelo ver repetidamente las películas, como tienen afición otros, y si ya he visto un film no suelo ir animosamente a repetir su visión. Y este lo he debido ver unas cuantas veces, y creía tener muy presentes todas y cada una de sus secuencias. Luego, claro, nunca es verdad, y compruebas que te gusta observar muchos detalles, que te sigues emocionando un montón ante escenas que tantas veces has visto, y que sales más contento que unas Pascuas de haberla visto de nuevo.
Vista, pues, la aparición como decoración de interiores de cuadros de Picasso coetáneos con el momento que se vive en el argumento. No le saco tanta punta, en cambio, a la eventual relación semántica de cada uno con lo que los protagonistas están viviendo, aunque es verdad que podría apreciarse a un Casagemas en un abrazo de amor loco que podría preconizar un suicidio por amor no correspondido, a unos cuantos arlequines que podrían corresponder a ciertos saltos emocionales de los protagonistas, o a una maternidad, apuntando a uno de los grandes temas de la película.
Cosas positivas (al final un par de negativas) que he apuntado al darme cuenta por vez primera (e intentando evitar repeticiones de lo que ya he dicho en otras ocasiones):
-El claro homenaje, emulando secuencias, a “Une partie de campagne”, de su amado Renoir, al inicio.
-¿Será Delerue, con su música, quien imprime el definitivo carácter de exaltación del amor a ciertas secuencias y te lo trasmite de todas todas? -me he preguntado.
-Me gustaría comprobar -aunque me da pereza hacerlo- si frases como las que escribe Jim en una de sus cartas (“te beso en los labios hasta herirlos”) proviene de Roché o más bien de Gruault/Truffaut, que seguirán con esta vena en otras películas posteriores.
-Sobre el deseo amoroso según Truffaut: en dos bajadas grupales en bicicleta vemos lo que claramente planos subjetivos de Jim, mirando obsesivamente la nuca de Catherine. Cuando por fin tiene vía libre hacia ella, lo primero que hace es… besarla en la nuca. Poco después le cuenta a ella esa debilidad por esa parte de su anatomía, y ella se la entrega, apartando de ahí sus cabellos. En una película que resultó en muchos ambientes tan escandalosa, resulta conmovedor el pudor que muestra Truffaut para señalar ciertas cosas.
-Constatación de que la divertida Thérèse (Marie Dubois) no sólo sabe hacer muy convincentemente la locomotora con un cigarrillo encendido, sino que también lo hace -¡y de qué forma!- hablando atropelladamente, juntando las palabras en una increíble aceleración continua.
-La observación apesadumbrada que le hace Jules a Jim tras contemplar en un noticiero cinematográfico las hogueras alimentadas con libros organizadas por los nazis: “Ahora, si empezamos a quemar libros…”, y su inmediata conexión temática de la acción con la película que quería hacer a continuación, “Fahrenheit 451”, aunque luego tuvo que aplazarla bastantes años por una serie de causas. Además, la escena es paradigmática, al ofrecer uno de esos emocionantes elementos de enlace que se pueden ir descubriendo entre los diferentes films del director, en los que una escena de uno acaba resultando el trailer de otro posterior.
Y como me he comprometido a explicar dos cosas que me producen extrañeza, en medio de tanta emoción, elementos para la reflexión y belleza, aquí las relato. Son dos tonterías, manías personales, y no llegan ni a bajar un milímetro la alta estimación que tengo por la película, pero ahí van.
-En “Les mistons” se confirmó esa regla que dice que siempre que se ve en una película a personajes jugando a tenis, los actores lo hacen no mal, sino horrible, y el director y los encargados del montaje no saben qué poner y qué descartar. Es algo que me obsesiona. En ésta, la otra bestia negra que me aparta de la aceptación, de la sensación de realidad de lo que estoy viendo, es la aparición de maletas teóricamente llenas: es rarísima la película en la que no hayan querido aliviar al actor del peso correspondiente y ésta no es una de esas: en cada escena en que aparecen maletas éstas se balancean diciéndonos que están en realidad completamente vacías. En una visión previa me desilusionó ver algún que otro vestido de época demasiado disfraz. En esta ocasión no es que no deje de ver un poco ridículos a Jules et Jim con sus trajes de boxeadores o con sus bañadores algo exageradamente de época, demasiado pintorescos, pero no he tenido tanto en general esa sensación.
-El otro pero. La época no estaba para el sonido directo, que habría estado mucho más cercano del espíritu de la Nouvelle Vague que el doblaje, que al menos a mí me resulta como una capa anterior, sobrepuesta a la pantalla. Una lástima. Eso ofrece, en contraposición, buenísimas dicciones, aunque nunca superan la de Míchel Subor haciendo de poético y algo fatalista narrador, siguiendo escrupulosamente a Henri-Pierre Roché.
Y lo dejo aquí, porque ya es la entrada demasiado larga. Dejo para otro momento, si acaso, una entrada explicando las cosas alrededor de la película que descubrí recientemente gracias al libro de Hennon.

Y unos cuantos de los fotogramas que he encontrado por internet con cuadros de Picasso. En éste, Thérèse (Marie Dubois), la locomotora, pasando ante el abrazo apasionado diría que de Casagemas con una mujer.

Jim y su acompañante borracho, midiendo el tiempo a base de vasos de vino tomados, en una escena cómica -aunque muy significativa- de la película, que quizás ligue con los arlequines del póster de atrás.

Jim regresa una vez más con Gilberte. En la pared, una maternidad parece indicar el tema que palpita una y otra vez en las relaciones amorosas.

Y por el final Jim presentando Gilberte a Jules ya como prometida formal.
 

lunes, 4 de julio de 2022

Le combat dans l’ile


Han pasado por TV5Monde “Le combat dans l’ile” (Alain Cavalier, 1962).
Para quienes, como yo, empezamos a destacar el nombre de Alain Cavalier por sus películas independientes, casi ejercicios de diarios filmados, es una magnífica oportunidad para ver, gracias a su primer largometraje, su buen pulso cuando rodaba películas de presupuesto, con grandes actores.
Y “Le combat dans l’ile” está trufada de grandes nombres.
Primero de actores, como Romy Schneider, Jean-Louis Trintignant (en un papel muy ambiguo, de los que hizo unos cuantos), Maurice Garrel o Henri Serre (el Jules del “Jules et Jim” de Truffaut, que en la ficción vive en un molino que recuerda sospechosamente al que también aparecía en esta película).
Pero también aparecen en sus títulos de crédito iniciales los nombres de Louis Malle (en la producción), el posterior director de fotografía de “La maman et la putain” Pierre Lhomme o Jean-Paul Rappeneau en los diálogos. Y, por si fuera poco, alguna ración de Mozart, combinado con la aparición estelar de la habitación número 12 del Hotel de Suede parisino, de tanta resonancia cinéfila.
Es, con el buen pulso del que he hablado, una película que nos recuerda una época en la que Francia estuvo fuertemente amenazada por grupos de extrema derecha, surgidos de la guerra de Argelia, con contactos posteriores con individuos de armas tomar radicados en España y Latinoamérica.


 

martes, 26 de junio de 2018

La felicidad es un prado de Les, en los Alpes austríacos

Concedamos que hasta a un hombretón le puedan asomar las lágrimas a los ojos en algún que otro momento. En ocasiones será por la rabia de constatar que incluso él tiene limitaciones. En otras será un auténtico dolor por una pérdida el que le cause ese efecto. En las más dulces, corresponderá a una sensación casi increíble de bienestar.


Algo de esto último percibí hace poco que sentía el personaje de Jim en una escena de una película tan famosa como el Jules et Jim de François Truffaut. Dependiendo su vida de los frecuentes altibajos en los estados de ánimo de Catherine, Jim pesca un período de los buenos en su chalet de los Alpes austríacos. Radiante de felicidad, Jim hace la croqueta rodando prado abajo con Sabine, la hija de Catherine. La música de Georges Delerue, siempre un gran aliado en éstas y otras tesituras, puntea el momento.


¿Por qué a mí se me humedecieron los ojos -Delerue al margen- al presenciar esa escena? No es por la inmediata razón de que no tenga nada de valeroso hombretón, sino -reflexioné justo entonces- porque ese momento me remitía a la que tengo por la imagen más conseguida, a la vez que cercana, de felicidad, perpetuada en una fotografía familiar. En ella mi padre captó a su mujer en un empinado prado del Valle de Arán. Es un luminoso día de primavera y Mercedes, mi madre, aparece riendo junto a una amiga, ambas recogiendo flores de las que inundaban la zona.


Eso: la felicidad.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Jules et Jim

La déscente du bonheur, luego imitada, cursi o tan toscamente como la ocasión en que Woody Allen se empeñó, para dar su impresión de ménage à trois, en "Vicky Cristina Barcelone".
Segundo día en los Cinemes Méliès del ciclo Truffaut, presentado por Carles Balagué. Anoche le tocaba el turno a "Jules et Jim" (1961), una película que, después de haberla mantenido en la cima, me había bajado unos cuantos enteros en las últimas ocasiones en que la había visto. Siendo sinceros, me había resultado alto impuesta su aspiración cultural y llegaba a no perdonarle ciertos excesos ambientadores en su vestuario. Por suerte en el pase en los Méliès me ha recuperado totalmente la (alta) consideración inicial que le tenía.
¿Qué cosas me han sorprendido en esta nueva visión (y van...)? Por un lado -y sobre todo- la aceleración impresionante de toda la historia, atropellándose unas cosas con otras sin respiro. Pero, sobre todo, cómo se ralentiza todo en la que debe ser la escena nodal de todo el film, ambientada en el entorno de la casa de la montaña, Jules habiendo cedido Catherine a su amigo Jim, para así conservarla a su lado.
Dejando a parte estas sensaciones generales, ya pequeñas cosas y curiosidades:
- Lo bien que están las frases de "Las dos inglesas y el continente" que Truffaut se trajo para aquí, posiblemente en un momento en que no tenía intención de hacer la adaptación cinematográfica de la otra novela de Henri-Pierre Roché. Una, dicha por Catherine, la sitúa para iniciar la película: Tu m’as dit “Je t’aime”, je t’ai dit “Attends”. J’allais dire “Prends-moi”, tu m’as dit “Va-t-en”. En competición feroz con la hermosa canción "Le tourbillon" en su intento de definir de una tirada la trama del film.
- Lo bien que suena el alemán de esa carta que Jules escribe a Catherine desde las trincheras.
- La constancia de Truffaut en hacer aparecer la torre Eiffel en sus películas parisinas. Ayer la vimos en "Antoine et Colette" y previamente la había rodeado hasta hacerla aparecer finalmente, triunfal, en los títulos de crédito de "Los 400 golpes".
- Su afición a las imágenes congeladas, apenas unos fotogramas, para recalcar una idea. Aquí la risa de Catherine, más tarde una vivencia a dos.
- El consejo que dice Jim le dio su profesor Albert Sorrel, tras sacarle de la cabeza lo de intentar ser diplomático: Que fuera curioso: “Ce n’est pas encore un métier. Voyagez, écrivez, traduisez…, apprenez à vivre partout. Commencez tout de suite. L’avenir est aux curieux de profession."
- Las utilizaciones de espejos para indicar algo profundo sobre el estado de las relaciones entre los personajes. (Exactamente como, discretamente, hizo en una escena fundamental de "Antoine et Colette")
- Que no sé si me dejo alguna previa, pero creo que es en esta película en la que Truffaut empieza algo tan querido y usado por él como es que un personaje, en primer plano, nos recite a viva voz -su cara en primer plano- lo que previamente ha escrito (o leído) en una carta .
- En enlace perfecto con su próxima "Fahrenheit 451". Òscar Werner (Jules), tras ver un noticiero en el que los nazis hacer una pira con libros, dice un preocupado "¡Si ahora empezamos a quemar libros..!" Justo lo que hará, pues es su trabajo, su personaje Sontag -bombero que hace arder libros- en esa película.
En fin. Hoy miércoles me sabe mal perderme, porque no podré ir, una nueva visión de "Las dos inglesas y el continente". Toda una joya y el consiguiente placer por el módico precio de 4 euros. Y el ciclo, una iniciativa que se merecería un éxito cinco veces superior al que está teniendo. ¡Si el Méliès, por unos días, con esta retrospectiva, está consiguiendo que Barcelona, aunque pálidamente, recuerde un poco a París!

Al igual que en una escena fundamental de "Antoine et Colette", esas miradas y'a nunca directas, sino a través de un espejo, entre Jim y Catherine, nos expresan claramente que su relación ha dejado atrás la fase de compenetración.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Jules et Jim


El otro día hablaba, entusiasta, sobre la actualización de su web que ha hecho Martí Rom. Éste recordaba ahí, en un texto, cómo se analizaban las películas de las que se iba a hablar en un dossier para el cine-club o en una revista, en una época en la que no existían videos ni DVD, ni visionados auto dirigidos de ningún tipo. Uno iba al cine con una libreta, e iba anotando todo lo que iba viendo, para luego darle un sentido. Él sofisticaba la cosa, llevando un soporte rígido para apoyar el papel, al que iba ligado una pequeña linterna…
Ahora, en el librito “Truffaut et ses doubles” (Vrin, 2013), que estoy leyendo con calma y fruición, he llegado al capítulo en que Martin Lefebvre analiza la función de los diferentes cuadros de Picasso que pueblan las escenas de “Jules et Jim”. Éste era uno de los aspectos que nunca dejabas de anotar en la visión de una película sobre la que tenías que hablar. Luego se trataba de llegar a ofrecer una explicación plausible de por qué el director había escogido poner en la pared, detrás del protagonista, ese cuadro, y no otro: Similitud de carácter, concordancia con la escena que está viviendo, etc.
Para poner un ejemplo, en la divertida escena en que Jim espera en un café a Catherine, que le da un sonoro plantón, Lefebvre hace notar la presencia en un muro posterior de un póster de la Galeria Ambroise Vollard con “Au Lapin agile”, también llamado “Arlequin au verre”. Más allá de una posible ambientación de época, sacando a colación la relación trágica de Casagemas con Germaine Gargallo, y más tarde de Picasso con ella misma, Lefebvre nos habla de la posible prefiguración del final trágico de la película.

sábado, 27 de abril de 2013

Frances Ha


Aunque los subtítulos no estuvieran hoy (D’A Barcelona) integrados en la película, yo creo que “Frances Ha” (Noah Baumbach, 2012) se estrenará, y con cierto éxito, por aquí. Es una película amable, con diálogos y caracteres divertidos. Habrá, eso sí, que leer algo para enterarse de por qué ha escogido el B/N (¿para alejarse de los últimos films de Woody Allen?).
Para integrar las diferentes escenas de la vida que Frances quiere reemprender sin demasiado éxito tras alejarse de su gran amiga de toda la vida, que podrían –eso es verdad- multiplicarse hasta el infinito, me ha gustado su utilización de músicas basadas en las de Georges Delerue i Maurice Jaubert para diferentes películas de Truffaut.
Y siempre está bien ver guiños –aunque sean aparatosos- del baile callejero de Denis Lavant en “Mauvais Sang” o, aún más emocionante, escenas calcadas a las de la bajada en bicicleta de “Jules et Jim” o a la de la llegada de Antoine Doinel a un apartamento parisino para comerse al mundo en “Antoine et Colette”.

viernes, 5 de abril de 2013

Los verdaderos personajes de Jules et Jim

Trozos de la editorial de Fréderic Bonnaud, para Les Inrockuptibles del 6/3/3, en la que Bonnaud hace una acertada mezcla entre evocación de “Jules et Jim” y biografía de Stéphane Hessel para despedir a éste último. Traduzco como puedo la parte correspondiente a su relación con los personajes de la novela y película..:

“(…) ‘¡Ah, pero entonces, la niña de Jules et Jim, es usted!’ Era él, en efecto, el hijo de Franz Hessel y Helen Grund, los Jules y Kathe de la novela de Henri-Pierre Roché, y después el film de François Truffaut. Pero este último prefirió filmar una niña, y fue Sabine Haudepin. Kathe, por su parte, no murió con Jim al precipitar su coche desde lo alto de un puente, primera versión del famoso ‘ni contigo ni sin ti’ de ‘La femme d’à côté’, veinte años más tarde, con Fanny Ardant y Gérard Depardieu. En la vida real, se muere menos por amor; y la bella Helen murió a los 96 años, en Berlín, su ciudad natal. Eso no impide que no haya podido nunca separar a Stéphane Hessel de esta historia, y que oyera la música de Georges Delerue y ‘Le Tourbillon’ cantada por Jeanne Moreau cada vez que lo viera aparecer por TV. Llamado Kadi en la novela, transformado en Sabine en el film, Stéphane Hessel era también un personaje de ficción, un fragmento romántico que iba a contribuir, ya muy mayor, a soliviantar el mundo, de Madrid a Wall Street, cumpliendo un destino sin igual, dado lo poco frecuente de que un icono altermundialista tenga su avatar infantil y femenino en una joya de la Nouvelle Vague… (…)”

(La foto de Stéphane Hessel de crío la he sacado de http://fotos.xn--lainformacin-bib.com/ La de la niña que le representó en la ficción, haciendo calceta con Jeanne Moreau, de tumblr.com)