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viernes, 27 de diciembre de 2019

L'enfant sauvage

El iris abriéndose y dejando ver un plano general del bosque. Reinan los sonidos naturales.
Pues finalmente, como era de esperar, Alfonso Levy ha trasmitido su pasión efectuando en la Filmoteca una vibrante presentación tanto de Truffaut como de su “L’enfant sauvage” (1970).
De esta última no ha querido entrar a destripar a los eventuales nuevos espectadores -que los había- elementos de su trama, contentándose con señalar que planeaba por su ambiente un difícil combate entre dos sentimientos en principio bien diferenciadnos: una profunda sensación de desamparo y un gran amor por la vida.
tard con su alumno. Tras la ventana, el campo labrado que puede llevar al ex-niño salvaje al bosque.
Con respecto a la película, destaco solo dos o tres cosas que me han llamado la atención en esta nueva visión, después de muchos años sin verla.
La primera son las dos secuencias iniciales. Se abre el iris desde una pantalla en negro (homenaje, como el correspondiente cierre de iris del final de la secuencia, al cine mudo). No hay voz en off, no hay diálogos, sí una rica banda sonora, que recoge (ya desde la pantalla en negro inicial, luego en coordinación con lo que se ve en plano general) el sonido de pájaros y el tomado directamente de la vegetación de un bosque agitada por el viento. Unos ruidos atípicos sorprenden a una señora, que regresa en la secuencia siguiente con más gente para ver si consiguen descubrir y reducir a ese ser extraño que se ha detectado por allí. No existe raccord formal alguno entre la primera y segunda secuencia, y debe ser el espectador el que agudice sus sentidos y vaya deduciendo todo lo que va ocurriendo dentro de esos planos generales. Me han parecido dos secuencias de apertura que podrían pasar por actuales, de un cine que ha asumido todo un nuevo, moderno lenguaje.
Como hace en este plano, casi nocturno. Tras la idea de que el regreso de Victor a la civilización era profundamente reaccionaria, como se sentía en los años 70, o bien una loa a una educación muy querida por un Truffaut que había hecho de gran autodidacta, la visión de hoy de la película me ha abierto una tercera posibilidad: Víctor, ya con calzado y ropas no puede subir a un árbol y se cae. Regresa a la civilización porque ya ha perdido todas sus habilidades de criatura salvaje...
Un segundo aspecto que me ha sorprendido supongo que ya lo debí observar y admirar en las primeras visiones de la película, y es la espléndida fotografía en blanco y negro de Néstor Almendros. Como las aperturas y cierres de Iris se trata de otro elemento, seguramente, de un marcado homenaje al cine mudo y clásico, puesto que el blanco y negro no era ya en absoluto habitual en el año de rodaje de la película, y obedecía, pues, a una marcada voluntad de sus creadores. Sigue la pauta de no utilizar más que luz natural que hizo famoso a Néstor Almendros. Levy me ha comentado que en algún momento eso era difícil de respetar y entonces llegó a colocar, para reforzar y aprovechar al máximo la luz solar, espejos por el suelo.
Alfonso Levy, trasmitiendo pasión al público.
Una tercera es más bien anecdótica, pero de esas que disfruto descubriendo en las películas de Truffaut. No la podía haber apreciado en ocasiones anteriores porque es recientemente que he sabido realmente cuáles eran los barrios parisinos de Truffaut, tanto en sus películas como en su vida real. Pues bien: ¿Donde vive el Dr. Itard, interpretado precisamente por François Truffaut, y lleva a vivir consigo a Víctor de l’Aveyron? Él se encarga de decirlo al personaje del doctor que no cree en sus métodos porque no cree que pueda lograrse algo con el niño salvaje, interpretado precisamente por Jean Dasté, quien encarnó al protagonista de “L’Atalante” (Jean Vigo, 1934):
- En una casa en las afueras de Paris, cerca de Batignolles.
Es decir, en la zona que con el tiempo sería el escenario de casi todas sus películas parisinas.
Y leyendo una frase que llevaba anotada.
Estas citas se extienden a otras casi bromas. Uno de los nombres con una bien sonora o que quieren poner a Victor será Néstor, evidentemente para hacer sonreír al director de fotografía. O el médico que cuida a Itard el día que se siente mal lleva el nombre de Dr. Gruault, igual que el gran co-guionista del film...

jueves, 26 de diciembre de 2019

El pequeño salvaje




Una cita para estas fechas, en las que escasean las tentaciones en forma de actividades atractivas.
Al irla a ver cuando su estreno, en época de dominio ambiental (al menos por el ambiente en el que movía) de un pensamiento anti-sociedad establecida, recuerdo haberle puesto un pero a “El pequeño salvaje” (François Truffaut, 1970).
Tenía muy presente el final de “Los 400 golpes” (1959), en el que Antoine Doinel se escapaba del correccional y emprendía una carrera hasta llegar, libre, a una playa, con la inmensidad del mar en el horizonte. En “El pequeño salvaje” había una escena que visualmente recordaba bastante a ese final. Víctor escapaba de donde le estaban educando para integrarlo a la sociedad. En el plano similar, en vez de la playa y al fondo el mar, se veía un campo labrado y al fondo un bosque. Pero el muchacho, en vez de dejarlo atrás todo para ir a vivir su vida, regresaba para integrarse.
En otras ocasiones en que vi la película ya no sentía eso como una afrenta, valorando que Truffaut, un gran autodidacta a base de lectura de libros y visión de películas, había querido ensalzar los valores positivos de una educación que, sí está bien llevada, tampoco es cosa despreciable. A ver qué sensaciones transmite ahora...
La película hacía ya un tiempo que no circulaba, con lo que es buena noticia su pase. La cita: mañana viernes 27, a las 19,30h, en la Filmoteca, dentro de su ciclo “Cineclubisme: el públic s’organitza”. Con el valor añadido de su presentación por parte de Alfonso Levy, una persona que tiene a Truffaut, además de en gran estima, tan conocido como si fuera de su familia. Me ha pedido que le introduzca, por lo que ahí estaré para darle la palabra... y volver a ver la película.

jueves, 19 de diciembre de 2019

Alfonso Levy


¿Quién es Alfonso Levy? Él se define, escuetamente, como filólogo. También, para asombrar, como alguien a quien le gusta hacer colas en los cines. Posiblemente haya quien lo recuerde de programas de debate de televisión y radio (con Manuel Delgado en el programa de Julia Otero, por ejemplo) o de programas radiofónicos de madrugada presentando y recomendando libros. Yo lo conocí como poeta, en una mesa redonda, presentando el libro de poemas de una amiga común. Poco después coincidimos en la Filmoteca y salimos de una sesión hablando de cine y, como no podía ser de otra forma, hablando de François Truffaut, uno de sus máximos referentes. Los largos, casi interminables paseos saliendo de la Filmoteca y hablando de cine se han reproducido muchas veces desde entonces.
Para la exposición “Cineclubisme: el públic s’organitza”, que puede verse en la Filmoteca hasta el 12 de enero, hicimos entrevistas a una serie de personas relacionadas con los cine-clubs. Unas cuantas de esas entrevistas aportan una serie de datos que creo de gran interés sobre el tema. Me siento especialmente orgulloso de haber logrado (bueno: no es que opusiera ninguna resistencia, al contrario, todo facilidades) que Alfonso Levy se dejase entrevistar para esa serie.
No es que Alfonso ofrezca en sus declaraciones datos relevantes. Es más: cuando en dos o tres ocasiones da algún dato concreto, me temo que la memoria le juega una mala pasada y sospecho que es erróneo. Pero es que su entrevista tiene un valor a mi entender grande no por los datos que ofrece, sino por lo bien que ha sabido explicar las sensaciones que el cineclubismo ha trasmitido a todos aquellos que lo han practicado en su juventud, en esa época de la vida en que uno es como una esponja, absorbiendo todo lo que le rodea que juzga de interés.
Es la entrevista más larga efectuada para la ocasión. El enlace da pie a verla y escucharla completa: sólo están suprimidas mis preguntas. Dura 32 minutos, pero si alguien quiere oír hablar de los cine-clubs, del cine, como instrumento de iniciación, ésta es su entrevista. No creo que nadie más pueda ofrecer lo que él ofrece en ella.
En la foto: Alfonso Levy un día, a la salida de la Filmoteca. Y aquí abajo, el enlace a la entrevista, recién bajada al canal de YouTube de la Federació Catalana de Cineclubs. A disfrutarla.

viernes, 25 de octubre de 2019

Alfonso Levy dice Truffaut

El programa, con todos sus detalles
Entre los personajes relacionados con el cineclubismo que aparecen entrevistados en la exposición que se inauguró ayer en la Filmoteca hay uno que diría destaca singularmente.
Se trata de la de Alfonso Levy, al que no creo me equivoque si califico de eso, de singular. Es y se define como filólogo, lo que ya voy viendo que suele significar ser de una raza especial. Si yo tuviera que definirlo, no obstante, como sólo inicio últimamente el conocimiento de los poderes de los filólogos, no podría sino otorgarle el apelativo de poeta.
Tiene obra escrita -que, para mi vergüenza, desconozco-, pero es que además eso se le ve con sólo oírle hablar, y la entrevista de la que hablo al principio yo creo que puede ser ejemplo suficiente.
Aparte de esto, no conozco muy bien su biografía, pero sí que ha llevado personalmente y participado en especiales programas de radio y televisión, en general de madrugada y centrados en el ahora parecería oscuro mundo de los libros, pero alguno hasta popular, con gente como Julia Otero, Manuel Delgado y conversando con casi todo el mundo de la cultura y de los diferentes espectáculos de por aquí.
Pero tiene además Alfonso Levy una característica que es la que me lo ha acercado sobremanera. Se dice deudor eterno de las películas de François Truffaut, cineasta con el que se identificó en su juventud y al que no ha abandonado. Confiesa tener más de 60 libros suyos o a él dedicados y es un placer oírle hablar de su cine. Puedo testimoniarlo, porque me he pasado horas -y no exagero- conversando con él a la salida de la Filmoteca, en un recorrido que hacemos durar lo impensable, intentando retrasar su final lo más posible.
Pues bien: Resulta que ahora, y eso es una auténtica oportunidad que no se ha producido hasta ahora, está anunciado un seminario en el que se podrá oír a Alfonso Levy hablando de Truffaut. Es decir: será oír hablar a Alfonso Levy desde lo más íntimo suyo. Sentir Truffaut desde dentro, captando todos los sensibles detalles de sus películas, tan intrincados con su vida.
Lo organiza la librería de la biblioteca, a donde se ha de dirigir quien me haga caso y decida asistir. Como el programa que adjunto señala, tendrá lugar todos los jueves de noviembre y tres más de diciembre a las 19,30h. Quien estime el cine de Truffaut y el que guste del sonido de la palabra, del lenguaje, no debería perdérselo.
Hice esta foto a Alfonso Levy el año pasado, como no podía ser de otra forma a la salida de la Filmoteca, con la tableta antigua, ya muy deteriorada. De ahí las brumas.