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martes, 17 de diciembre de 2024

Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma


Hablaba de un artículo del dossier dedicado al soporte vídeo en el Positif de diciembre, que haría silbar los oídos a los que llevan cineclubs. Como contiene aspectos de divulgación que creo puede interesar a todo el mundo, hago ahora referencia a él aquí.
Se trata del artículo de Fabien Gaffez, director artístico del Fórum des Images parisino, “Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma”, que habla, entre otras cosas, de lo siguiente:
Dice que el artículo se concentra en salas que funcionan sin billetería regulada oficialmente y que “pagan tarifas de alquiler, siempre negociables, a distribuidores, vendedores, estudios, gerentes de tal o tal catálogo de films. Hablo pues aquí de festivales, cinematecas o instituciones culturales”. Y ahí entran, añado yo, los cine-clubs.
Ésta es la parte divulgativa que la gente no suele conocer:
“Para programar un film, es necesario encontrar antes al poseedor de sus derechos por un lado, y el material de proyección por otro (sabiendo que se pueden ostentar los derechos de un film sin poder poder suministrar el soporte de proyección, y que se puede haber encontrado la copia de un film sin haber podido identificar a quien tiene sus derechos de exhibición, en la jungla administrativa de las herencias y depósitos). Una ecuación que es necesario imaginarse internacional, con tantas reglamentaciones y tarifas como países. A eso se añaden varios parámetros, que tienen todos una incidencia económica y ecológica: el transporte de las copias, su eventual subtitulado, su calidad de conservación, etc.”
Añado de mi cosecha aspectos que no todos los cine-clubs tienen resueltos gracias a alguna institución o voluntariado (alquiler sala de proyección, pago presentadores o al menos los gastos para hacerlos presentes en la sesión, personal para la logística de la programación y la proyección,…) para dejar entender que, haciendo unos mínimos números, es bien difícil que éstos salgan. Baste tener en cuenta que los derechos de una proyección de película “normal” suponen del orden de unos 300 euros. Dividir eso más los otros conceptos a aplicar por el número de espectadores previstos y se verá que en el mejor de los casos se corresponde con lo que viene a costar una entrada a un cine comercial y, como dice Gaffez, “todo espectador que paga una entrada para ver una película en una sala en vez de en su salón tiene todo el derecho a esperar unas condiciones óptimas de proyección, cosa que un soporte vídeo no proporciona necesariamente”…
Otras cosas que explica Fabien Gaffez:
-“El uso del soporte vídeo en las salas está mucho más extendido de lo que se suele imaginar”. Tuve acceso a encuestas sobre los soportes empleados por los cine-clubs federados en la Federació de Cineclubs de Catalunya y resulta que viene a ser mayoritario…
-“Ciertas ediciones Blu-ray que anuncian copias ‘restauradas’ mienten sobre su mercancía, puesto que su máster no se ha beneficiado más que de un rápido aseo asistido de la IA. No hay una correlación sistemática entre el soporte y la calidad de la copia, aunque dicho eso, Francia está bien dotada, con una edición vídeo, sobre todo de films de repertorio, de gran clase (con Carlotta, Potemkine o L’Atelier d’images), sin olvidar el trabajo de orfebres de los británicos de Arrow Films y de Powerhouse Films”. Desgraciadamente, añado yo, ya hace mucho que no vemos las fantásticas ediciones de sellos como Intermedio o Cameo, y unas cuantas de las casas editoras españolas que quedan no es que se esmeren demasiado en sus productos.
-“El soporte vídeo, grabado sobre disco, representa siempre un riesgo para la proyección. Es un soporte inestable (el disco puede saltar, congelarse, detenerse,…). (…) Las mezclas de sonido de un soporte vídeo está pensado para la sala de casa. El sonido aparece en general degradado en la sala de cine (…). Cuanto mayor sea la pantalla, más se magnificarán los defectos de una imagen.”
-“Algún gran estudio, como Disney, no autorizan la proyección en vídeo, sin, a cambio, proponer otro soporte. (…) Hay quien hacen un comercio más discutible, como Swank Films, que explota los derechos, únicamente en vídeo, de grandes catálogos para proyecciones públicas, a menudo fuera de sala (al aire libre, en mediatecas, salas de fiestas, etc.) sin nunca proporcionar el material.”
Ahí queda eso.
(Foto del artículo de Positif y cartel que dibujó J.M. Olagorta para la exposición que, sobre el cineclubismo, tuvo lugar en la Filmoteca en 2019/20)

Cartel que dibujó J.M. Olagorta para la exposición que, sobre el cineclubismo, tuvo lugar en la Filmoteca en 2019/20
 

lunes, 16 de diciembre de 2024

El DVD/Blu-ray/UHD hoy en dia

La tienda parisina, cercana al Canal Saint Martín.

Nunca fui coleccionista de cintas de vídeo ni de DVD. Es más: rehuía entrar en un vídeo club o tienda de venta de DVD de las que ya casi no existen, porque me producen mareo y malhumor. Me parece pasar al reino de la publicidad (esas caratulas), el caos (esas clasificaciones por conceptos -comedia, acción, etc.- que no entiendo) y del escondite (omisión u ocultación de los datos fundamentales de la película), con los que no quiero tener relación. Sólo una excepción: la tienda Potemkine de París, que es otra cosa, pues parece que estés entrando en una buena librería o biblioteca, con sus DVD clasificados por países y realizadores.
Por otra parte, no me manejo bien con los discos con películas. A duras penas si he contactado con los Blu-ray, que ahora resulta que hay otros 4k que no acabo de saber qué comportan. Y, en cualquier caso, como me manejo tan mal con las conexiones entre aparatos, no sé qué hacer para poder ver discos en el monitor de la tele, y solo sé verlos, entonces, en el ordenador de mesa, lo que ofrece unas sesiones más bien incómodas. Me ha costado mucho llegar a saber que los reproductores de Blu-ray pueden reproducir también DVD, mientras que los de DVD no pueden hacer lo mismo con los de Blu-ray, que aportan, generalmente y sobre todo si la película es en color, mejor calidad de reproducción. Pero ya no llego del todo a esos nuevos formatos de alta definición que están saliendo (4K UHD), que me parece entender que precisan de un reproductor exclusivo, no compatible con los de DVD y Blu-ray.
Todo esto para decir que pese a lo anterior, o quizás debido a ello, me han interesado muchas cosas del dossier dedicado al mundo del DVD/Blu-ray de la revista Positif de diciembre, de la que quería traer aquí algunos aspectos de lo que me ha llegado (resta una cierta zona de confusión, pero mi azotea es lo que es para comprender este cambiante campo).
En el dossier, encabezado por una foto de Vicky Krieps en uno de los vídeos de Criterion Closet Picks (en la que un famoso escoge y recomienda diez DVD de la colección Criterion, una de las cosas que he descubierto con el dossier, que habla de la versión aproximada francesa, “Vídeo Club Konbini”, en la que he pescado a Wim Wenders, por ejemplo, hablando de los DVD dedicados a Ozu y a tantos otros), ese dossier, digo, se inicia con una mesa redonda con cuatro editores independientes franceses, discutiendo entre ellos el momento del sector. A eso voy, con una advertencia previa:
En Francia hablan del “sector video” para referirse, una vez ya desaparecidas las cintas de VHS, Beta o las otras que había, a los tres tipos de discos con películas mencionados (DVD, Blu-ray y 4K UHD), que constituyen hoy en día los restos de esa posibilidad de poseer en un soporte personal una película. Pero también a diferentes sistemas de VOD (video on demand)… que no acabo de ver del todo claros, porque creía que eso estaba reservado para las plataformas, pero parece que en Francia ese concepto se amplía mucho.
Contrariamente a lo que creía (y veo es notorio en España), coinciden los convocados a la mesa redonda en que, si bien han bajado sus tiradas, siguen editando un número de películas muy alto, en mayor calidad que nunca. También se desprende de la discusión, que el Blu-ray no ha acabado de destronar al DVD.
Un hecho diferencial con España puede ser (desconozco cómo va la cosa por aquí) en las subvenciones a las editoras por parte del CNC (Centre National du Cinema et de l’Image Animée), que han disminuido en cuantía, pero siguen apoyando la edición física.
La deriva hacia las ediciones de calidad lleva al aumento de packs muy bien editados, con materiales adicionales (los famosos bonus) y un diseño cuidadoso, como para presidir orgullosamente ciertas estanterías de esas librerías… que veo también van desapareciendo en las salas de las viviendas privadas.
Como dicen en la mesa redonda, “poseer el objeto permite no quedar a merced de una plataforma que va a retirar la película, o retocarla” (por todas esas acciones hacia lo políticamente correcto, campañas antitabaco, etc).
Parece ser que un UHD cuesta tres o cuatro veces lo que un Blu-ray, que a su vez cuesta el doble que un DVD.
Y me pierdo con las fórmulas de pedido anticipado, que permiten a los editores saltarse al distribuidor y parece están empezando a funcionar por ahí. Con el peligro de que si los DVD desaparecen de las -pocas- tiendas físicas, llegue “el principio del fin”, según sus palabras.
El dossier entrevista a un responsable de una tienda de vídeo superviviente de París (JM Vídeo), que aún alquila y vende discos y se ve que se ha puesto de moda, incorpora un artículo sobre la Criterion Closer Picks, un par de entrevistas a realizadores de documentales para inserir como material adicional en packs, reseñas sobre unas cuantas ediciones recientes y un artículo muy interesante, “Écrans partagés. Support vidéo et salle de cinéma”, que creo gustará a los gestores de cine-clubs, y que dejaré para otra entrada, quizás destinándola a los componentes de la Federación de cineclubs y sus asociados.


Un caso extremo, difícil de superar su calidad: la edición en madera dedicada a Rashomon, de Potemkine.
 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

Las siete virtudes cardinales de la crítica


Estaba atento a la salida del “Positif” porque, habiendo fallecido recientemente, seguro que le dedicarían algún tipo de homenaje a Michel Ciment, quien, durante cerca de sesenta años, configuró en buena medida la revista.
Una foto suya aparece en portada del número de diciembre, que destaca, como uno de los contenidos, el esperado homenaje. Pero quizás estas cosas requieren más tiempo de cocción… El citado homenaje se limita a dos cortos artículos, de su hijo y de un amigo, evocando su personalidad, y a un más amplio escrito suyo de 2014, “Las siete virtudes cardinales de la crítica”, en el que, tras mencionar un defecto a no cometer bajo ningún motivo (en el que suelo caer y recaer, como es el de afear a la película analizada que no sea como la querida), razona, con toda claridad, las siete cosas exigibles a un buen crítico de cine (entre paréntesis de alguna de las virtudes, el extracto resumidísimo que hago de su explicación):
1.-Información (conocer el máximo posible sobre el film y realizador analizados, para poder informar al lector).
2.-Análisis (no quedarse en el “me gusta” o “no me gusta”: cuanto más dotado esté el crítico de una cultura general, más capaz será de proporcionar un análisis sólido y competente).
3.-Estilo (la crítica es una actividad literaria, una forma de estilo, incluso un género literario. Aunque sea un género menor).
4.-Pasión (movido por un deseo de convencer, de compartir, de transmitir).
5.-Curiosidad
6.-Jerarquía de juicio
7.- Buen ojo (una capacidad específica para ver).
Supongo que, andado el tiempo, aparecerá en la revista un dossier más nutrido. No debería ser de otra manera, ahora que precisamente he visto que unos cuantos de los que fueron notables críticos de “Cahiers du Cinéma”, la revista rival, siempre con puntos de vista opuestos, le han dedicado una buena serie de comentarios elogiosos, confirmando además que era ese apelativo que señala su hijo, “el Papa de la crítica cinematográfica”.
Y, si no, pues conformémonos con estas migajas, a las que añadir esta magnífica fotografía que le hizo y ha facilitado su hijo Gilles, “Michel Ciment en su despacho, en Ardèche, en 2020)

 

lunes, 3 de abril de 2023

Los dos últimos Bellocchios


Tengo para mí las dos últimas peliculas de Marco Bellocchio, “Marx può aspettare” (2021) y “Esterno notte” (2022), como dos de los momentos de cine mas agraciados de los últimos tiempos. Por eso suelo leer todo lo que veo que habla de ellas, y más si se trata de declaraciones de su autor.
Cahiers du Cinéma dedica en su número de marzo un artículo y le hace una entrevista a Bellocchio sobre “Esterno notte”, esta última extendida en el correspondiente número de “Positif”, que incluye también un magnífico texto interpretativo del film escrito por Yannick Lemarié, otro sobre “Marx può…” de Jean-Dominique Nuttens y, por último, otra entrevista específica con Bellocchio.
El texto de Lemarié dice una serie de cosas que me han resultado sumamente de interés a la hora de reflexionar sobre la película. Entre las cuales, tras situar el tema del film en la turbulenta historia de esos años del plomo, con los que la ha querido inscribir Bellocchio, las siguientes:
-Que Bellocchio nos cuenta en la película “la vulnerabilidad de una nación que lucha para preservar una unidad socavada por la guerra del 39-45. (…) Ni los jefes parlamentarios, ni los militares, ni el Papa, ni los militantes revolucionarios están preparados para trabajar conjuntamente. Y la segmentación misma de la serie acentúa esta impresión de fragmentación, casi de desintegración”.
-Que se puede analizar en cada personaje que ha perdido su fe en lo suyo.
-Que, frente a este “campo de ruinas espiritual, sólo sobrevive la figura del sacrificado (…), quien acepta todos los riesgos por el bien de la República. Se convierte en esa víctima expiatoria cuya sangre salvará a todo el país, ese nuevo y temporal Cristo cuya ejecución restablecerá la concordia nacional. Además de por la evocación de ‘Cristo se paró en Éboli’ (Francesco Rosi, 1979), los indicios de tal asimilación se multiplican: la atención que Moro presta a los niños y al pueblo; su manera de hablar, digna de un prelado; su debilidad en el momento de enfrentarse a la muerte; su forma de regresar entre los vivos, incluso su cólera final”.
Y acaba recordando el libro que leía la brigadista en “Buongiorno, notte”: “Sacra famiglia”, comentando que “en esa breve obra, Engels y Marx defendían el amor como una manifestación de la naturaleza humana y una forma de tomar en cuenta las realidades sociales”. Justo lo que sostiene todo el pensamiento de Moro.
Por su parte, Nuttens, en su artículo explica que “casi simultáneamente a la realización de ‘Esterno notte’, cuya finura de análisis y sensibilidad tanto impresionan, Bellocchio asume un riesgo posiblemente aún mayor abriendo su puerta para desvelar a todos, sin narcisismo, buscando la verdad, lo que ha construido al cineasta, al hombre en el que se ha convertido, a la obra que ha creado. ‘Marx può aspettare’ toca el corazón de lo que ha explorado toda su vida: la relación entre lo íntimo y lo político en amplio sentido, la alianza del documento, de la objetividad y de la exploración de las fuerzas oscuras que atraviesan cada individuo. Es bello, es perturbador, es universal”.
Corre un chorro de satisfacción por las venas de uno cuando ve escritas, bien hilvanadas, buena parte de las reflexiones que han asaltado torpemente tu cabeza.


 

viernes, 5 de agosto de 2022

Estado del arte: cine de autor


Me había conjurado para no comprar más revistas de cine. Noto en el último Cahiers du Cinéma la brecha generacional introducida con el cambio de su redacción (como me pasa, por otra parte, de forma aún más abismal, con Les Inrockuptibles), no interesándome casi nada de lo que veo escriben y, por otra parte, “Positif” no acabó de ser nunca mi revista. Eso, combinado con que ya no sé dónde ponerlas sin quedarme sin estanterías para otras cosas, me llevó a esa decisión.
Pero me he acercado hoy a primera hora, procurando evitar al máximo el pico de calor del día en esta canícula eterna que estamos viviendo, a Free Time… y he pecado de nuevo.
En Positif, el veterano (ahí no hay por el momento -¡toco madera!- brecha generacional) Michel Ciment, que sigue ejerciendo de director de la publicación, escribe un editorial con una serie de datos a rumiar sobre el cine actual y su aprecio:
1/ La tabla de salvación -que se acabará dentro de nada- de los directores veteranos. Como dedican el dossier del número a los animales, aprovecha para nombrar que “Eo”, el film del realizador de 84 años Jerzy Skolimovsky que protagoniza un borrico, como premio del jurado en Cannes y situado entre los cinco mejores de tres jurados de 37 periodistas y, frente a esa manía actual de hacer películas más largas que un día sin pan, sin llegar a los extremos de Hong Sang Soo, de las más cortas (86 minutos) vistas en el certamen, junto a los 88 minutos de “Tori y Lokita”, de los hermanos Dardenne (que rondan los 70 años).
2/ Crisis del film de autor en las salas: “El 38% (informe del CNC francés) de los espectadores han perdido la costumbre de ir a las salas de cine”. (…) “La ausencia de los de más de 50 años, que eran sus principales espectadores, penaliza los films de autor”. (…).
3/ Influencia de las plataformas en la ausencia de público en las salas: “29% de los entrevistados declaran ir menos frecuentemente al cine desde que están abonados a alguna plataforma, y el 12% ya no ir nunca”.
4/ Crisis del cine de autor hasta en las plataformas: “(en ellas) los films de autor prestigioso son rechazados. A “El irlandés” de Scorsese lo ha visto el 10% de los abonados, “El poder del perro”, por el 4%, “Roma” y “Mank” por el 3%. La dirección de Netflix ha declarado recientemente querer renunciar a esa orientación tan costosa. Por otra parte, entre los jóvenes, el Pase Cultura de 300 euros favorece de forma aplastante a los mangas en cuanto al libro, y a los blockbusters americanos en cuanto a las películas, sin que haya realmente apetito para otro género de cosa.”
Y, como el Positif sigue siendo el Positif (al menos mientras siga estando Michel Ciment al cargo), unas divertidas consideraciones y puyas de éste sobre “la critique branchée”:
“Ante esta desafección creciente, la crítica de moda proponía sus corta-fuegos. Como en eco al “poyuelo” de Liberation, esperando que Vincent Lindon palmee la interminable “Pacifiction” de Albert Serra, nuestro estimado colega Jean-Marc Lalanne aconsejaba al jurado, en un editorial on line de los Inrockuptibles, privilegiar para la recompensa suprema a la obra más radical, lo que era un deber de Cannes. Como prueba, según él, la mayor Palma de estos veinte últimos veinte años, “Uncle Boonmee” de Apichatpong Weerasethakul, que fue también el peor resultado en sala.”


 

viernes, 23 de julio de 2021

Tavernier en Positif


Después del varapalo crítico que le dedicaron -¡con motivo de su muerte!- revistas como Les Inrockuptibles o Cahiers du Cinéma (sí: el de la nueva redacción), tenía que ser Positif la que le dedicara un dossier, en número especial, como merecía su personaje.
Algún escrito suyo, alguna entrevista perdida con él, pero sobre todo los recuerdos de gente que ha colaborado con él a lo largo de su vida. Especialmente interesantes me han parecido los escritos de Volker Schlöndorf (que no sabía tuvo una larguísima relación, desde el instituto, con Tavernier), de Thelma Schoonmaker (viuda de un siempre agradecidísimo Michael Powell por lo bien que le trató y divulgó sus películas), de sus asistentes, actores y músicos, como en especial Philippe Sarde, con opiniones sobre el papel de un músico en una película de esas que nos suele explicar Conrado Xalabarder.