Mostrando entradas con la etiqueta Farocki. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Farocki. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2022

Las comparaciones de Farocki y Godard


Farocki se acaba de quemar el brazo con un cigarrillo para ver si así, mínimamente, nos damos cuenta de la brutalidad del napalm, a diez veces más temperatura y ampliando la zona de contacto.


Ayer, en el seminario “Escribir el cine”, Gonzalo de Lucas nos ayudó a ver mecanismos repetidos por Harun Farocki y Jean Luc Godard en sus films-ensayos.
Se trata siempre de comparaciones, asociaciones especiales, que sacan de las imágenes (y sus sonidos) conclusiones muchísimo más ricas que las que pueda ofrecer una simple lectura directa.
La sesión sobre ellos dos llevaba el título de “Gestualidad del montaje” porque de Lucas, a partir de piezas analizadas en un libro que co-escribió previamente, quería hacernos ver reflexiones y decisiones que se toman precisamente en el montaje de una película, la fase más oculta de la realización de un film, hasta el punto de tener lugar, habitualmente, en locales subterráneos.
Ambos demuestran que se puede hacer cine a partir de los medios más sencillos, como puede ser comparando dos imágenes, dos fotocopias, entre sí.
Se ve que Godard quiso entrar a dar clases en el prestigioso College de France -comentó Gonzalo de Lucas- y fue dolorosamente rechazado. Pero algo queda en sus films de esa voluntad didáctica. Quería en sus clases, como luego hace en sus películas, dar prioridad a la imagen sobre la palabra, de la misma forma que, en vez de presentar un guión escrito para optar a las subvenciones oficiales, ofreció en alguna ocasión una serie de imágenes o filmaciones entrelazadas, comentadas. Es algo que, desgraciadamente, en un mundo dominado por las imágenes -se lamentó Gonzalo de Lucas- hoy en día no se hace: incluso en las clases de cine, en vez de explicar las imágenes con otras imágenes, se pide hacer mediante un escrito, siempre mucho más lineal, perdiendo sugerencias.
Farocki también estaba obsesionado por lograr comparaciones provechosas. La primera imagen corresponde a “El fuego inextinguible (1969), en la que, para hacernos comprender como debe ser la quemadura del Napalm (lanzado por entonces en bombas norteamericanas en el Vietnam), se quema él mismo el brazo con un cigarrillo, mientras informa que un cigarrillo arde a 400 grados, mientras que el Napalm lo hace a 3000 grados… Una forma de intentar acabar con la insensibilización frente al dolor que provoca la sucesión de reportajes televisivos sobre conflictos bélicos.
La primera pieza presentada en la sesión no fue, no obstante, esa, sino un programa de “Cinéma, cinémas” en el que Godard comparaba la forma en que nos mostraba un mismo hecho -la guerra de Vietnam- Kubrick en “La chaqueta metálica” y Santiago Álvarez en “79 primaveras”.
En comparar está la base. Así se entienden propuestas como el “Número deux” de Godard o “Interface” (1995), con el que Farocki hizo su primera pieza para museo y no sala de proyección, utilizando dos monitores cuyas imágenes confrontaba entre sí.
Más puntos comunes entre Godard y Farocki señalados por Gonzalo de Lucas serían su voluntad de comentar las imágenes a partir de otras imágenes, señalar la diferencia entre lo que se ve y la visión (ésta mucho más rica, por cuanto elaborada en la cabeza: ese sería el juego del buen montaje), la relación de poder
entre el que dirige y el dirigido (haciendo ver lo que hay entre ambos -los elementos del trabajo de director-, que no suele verse).
Por el final, ya viendo trozos de la extraordinaria “Histoire(s) de Cinéma”, en un raro momento de ésta en el que no se confrontan tantas cosas a la vez que te superan, Godard hace aparecer el demacrado rostro de un agónico Nicholas Ray en “Relámpago sobre agua” moviéndose a cámara lenta, sobreimpresionado con una moviola renqueante que presta sus sonidos, ralentizados, a la banda sonora. Otra -tan certera- comparación.


El trabajo reflexivo -mucho más allá de la acción del rodaje- del cineasta.

No encontré la captura de imagen de “Histoire(s) du cinéma” y me dio pereza hacerla, pero quería acabar con el rostro de Nicholas Ray.

 

sábado, 3 de septiembre de 2016

La doble cara de Peter Lorre


Quizás haya sido un poco injusto con "La doble cara de Peter Lorre" (1983), el film de Harun Farocki que abrió la sesión ayer a él dedicada en la Filmoteca. Es verdad que me entró mucho sueño viéndola, y que si quedé en algún momento algo traspuesto, no todo se debió a mi necesidad de dormir algo más. La monótona voz de Farocki y la estructura que le da a su película, enlazando bajo ese sonsonete foto tras foto de las intervenciones de Peter Lorre en una u otra película, sólo rota por la posible intensidad de alguna escena incluida, pueden situarse también en el banco de los acusados.
Pero dejando eso de lado, habría también que reconocer que la tesis del documental es fuerte y muy interesante. Situaría al Peter Lorre del mundo del cine entre dos papeles fundamentales suyos, en los que hace de asesino, pero de muy diverso orden. Uno es el primerizo pero inolvidable de "M, el vampiro de Dusseldorf" (Fritz Lang, 1931), explicando ante ese tribunal de gentes del hampa que actuar así está en su naturaleza, y él no puede hacer nada por evitarlo. Otro es el protagonista de una película dirigida además de interpretada por él en Alemania, en 1951, "El hombre perdido", un científico que detecta que puede cometer todo tipo de tropelías, porque las ocultará un poder que le necesita. Entre medio y sobre todo después, en Norteamérica, cuando él creía que ya todo le iba a venir cuesta abajo, sí le dieron muchos papeles en el cine, pero siempre para hacer reflejar una caricatura lamentable de los papeles que le hicieron famoso.
En la imagen, la máscara de yeso que vemos le ponen a Lorre al inicio del documental, y que le sirve a Farocki para explicar su título y elucubraciones con doble fondo sobre si es la máscara construida la que se parece a la cara de Lorre o es ésta la que adopta la imagen de la máscara.

miércoles, 1 de junio de 2016

Farocki en la Fundació Tapies

La gran sala, cuando él segurata ha dejado entrar.
La amplia bibliografía de Farocki.

La serie de monitores que cruza la sala.
Iba a desasnarme un poco sobre Farocki, pero habremos de convenir en que una inauguración como la de hoy en la Fundació Tapies ("Harun Farocki. Empatía"; hasta el 16 de octubre) no es el momento apropiado para ello. Quedará ese trabajo (o simplemente el informativo para escuelas y curiosos) para alguna visita comentada que oriente de forma general y dé pie a estancias posteriores más productivas.
La gente observando desde lejos, ceremoniosamente, un par de pantallas.

Acceso a las salas subterráneas.
Visitantes en lo suyo: viendo pantallas de trabajos en diferentes sitios del mundo.
Han abierto el acceso a las 19h, pero ya había en la gran sala gente (supongo que visitantes "normales", que habrían pagado su entrada) mirando, y en ocasiones oyendo, las diferentes pantallas y monitores. Suerte que Marta Delclós, que estaba circulando por ahí, me ha visto y ha ayudado a hacerme ver el conjunto de monitores que cruzan la planta, y no concentrarme en uno específico como me estaba yo obcecando, porque de ese modo he podido entender que se trata de una serie que se inicia con su apreciada "Salida de la Fábrica" de los Lumière y continúa con otras secuencias de películas famosas en las que aparecen el entorno de una fábrica, o de su cierre.
La serie de salida del trabajo en diferentes sitios. Lyon, Banglore,...
Más salida del trabajo.
Ésta es muy característica. Con el autobús esperando.
Esa obsesión por el tema del trabajo se aprecia mucho mejor con la concentración de pantallas de la planta inferior. Son imágenes registradas en concretas ciudades de todo el mundo. En la sala del nivel (subterráneo) más alto vuelve al tema de la salida del trabajo, un tema, dicho de pasada, que también me obsesionaba a mí, si bien en mi imaginario habían escenas de una mayor "sensación de liberación" que las de Farocki. En la sala más subterránea reconozco que me he refugiado en observar el curioso efecto de cruce que se obtiene entre las imágenes de las pantallas (que no están en las paredes, sino que saltan al paso de diversas formas) registrando diferentes trabajos de esos lugares del mundo y los propios visitantes del Centro, a su vez haciendo "su trabajo" como tales.

Antes de marcharme, como hacerlo con imágenes relacionadas con el trabajo o con otros aspectos característicos del mundo que nos rodea me resultaba bastante cuesta arriba, he disfrutado viendo cómo la silueta de alguna chica mirándola fijamente se recortaba ante la correspondiente pantalla en la que se le mostraba esto o aquello. Otro día, con Carles Guerra introduciendo cada pieza, por ejemplo, ya estaré más atento a lo que hay que estar.
No me acaba de quedar claro el concepto de "Empatía" que rige la exposición, y la lectura de este texto introductorio no me ha despejado del todo la duda. Dice Que Farocki quería llevar a la reapropiación del concepto, que había caído en el enemigo, como el cine de consumo, y así. ¿Habrá ahí un tema de traducción que hace que no lo entienda? ¿Se estará hablando del proceso de identificación, con el que juega el cine desde sus inicios?