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martes, 3 de enero de 2023

La canción de la flor escarlata


Pues se ve que Netflix no se deshizo, con el fin de año, de alguno de los films suecos que tenía contratados en su catálogo, y al menos anoche pude ver “La canción de la flor escarlata” (Mauritz Stiller, 1919).
Segun he podido leer primer largometraje escandinavo exportado para su explotación por todo el mundo, sentó las bases de lo que se esperaba de la que pasó a ser una de las grandes cinematografías preponderantes, sino la que más: espectaculares paisajes, dignos de su lugar de origen, comedia y drama servidos en el mismo plato, historia con resonancias míticas, ancestrales.
Así, en ésta vemos un festivo baile en el que participa toda una comunidad, sobre un prado, junto a un acantilado. O la escena de mayor espectáculo, en la que nuestro protagonista, un alto y fornido leñador y granjero, tomado por vagabundo, circula aguas abajo por unos troncos flotando, hasta llegar casi a un peligroso salto de agua.
Con este ambiente de fondo, la película adopta una novela escandinava se ve que también de éxito, en la que el fornido mozo resulta que es, en realidad, no un infeliz que va buscando trabajo para ganar unas perras, sino el orgulloso heredero de una de las grandes granjas del lugar.
Habrá que buscar un poco a ver qué más queda en la plataforma de toda la colección de cine sueco, que permite dar con un refugio de interés cuando la actualidad decides que no ofrece nada apetitoso.



 

viernes, 17 de junio de 2022

Erotikon



Si “El tesoro de Arne” (Mauritz Stiller, 1919) era un drama de esos casi fundacional, “Erotikon” (Mauritz Stiller, 1920; en Netflix) es una deslumbrante, despreocupada y sofisticada comedia, donde todo el mundo parece estar enamorado de quien no debe.
Los protagonistas acuden al teatro y posee entonces un largo inserto con la acción en el escenario, en el que, con la presencia de gente a caballo y todo, se desarrolla un fastuoso drama, ambientado en la corte del Sah, con una sensual bailarina en deshabillé, que debió ser lo que, unido a su título, ofreció fama a la película.
Pero esa es sólo una falsa pista, para el despiste. Lo realmente rompedor para la época es que esos amores prohibidos enunciados, socialmente encubiertos, en vez de ser moralmente reprendidos como lo serían en el 99% de las películas después de haber jugado un tiempo en el filo de la navaja, resulta que parecen ser aceptados de buen grado por todo el mundo.
Vistas ahora estas dos películas seguidas, uno acaba convenciéndose de por qué razones en todas las historias de cine se habla del poderío del cine sueco de la primera parte del siglo XX y de la inmensa participación de Stiller y sus films en esa apreciación.





 

miércoles, 29 de octubre de 2014

La saga de Gunnar Hede


Es hasta habitual toparte con gente que te dice que, en cine, le gustan “los clásicos”, pero, ahondando un poco, descubres que se están refiriendo a realizadores como Spielberg. Un clásico podría ser, en realidad, “La saga de Gunnar Hede” – o “La vieja mansión”, nombre por la que también se la conoce-, una película que hizo en 1923 Mauritz Stiller, y que es reconocida como uno de sus grandes films, que le llevaron poco después con su protegida, Greta Garbo, a Hollywood. La han pasado hoy en el “Aula de cinema” de la Filmoteca.
La trama, basada en una novela de Selma Lagerlöf, es muy simple, a la vez que resulta un subido melodramón… que acaba bien: Un chico, amante del violín por encima de todas las cosas (tiene un cabello muy adecuado para violinista, que luego resulta así mismo adecuado para hacer de loco), se lleva mal con su madre, que le obliga a llevar la explotación de la casa familiar, haciéndole olvidar su temperamento artístico. (Muy llamativa la equivalencia con la historia personal del adolescente Stiller). Fascinado por la figura de su abuelo, un violinista que se enriqueció conduciendo un ganado de renos desde el círculo polar, intenta emularlo, pero las cosas no le salen como preveía.
La foto que cuelgo es la de una de las primeras escenas llamativas del film: El iris del objetivo de la cámara aísla a la chica que toca el violín, objeto de la atención del protagonista. A continuación aparece, en conversación, su figura atrapada por un angélico flou envolvente, correspondido (su mirada) por el del chico. Ella, por cierto, es hija de unos grotescos y ancianos saltimbanquis, muy divertidos, y que proporcionan una serie de escenas bastante insólitas en melodramas como éste.
La película está llena de otras escenas e imágenes atractivas: Un curioso documental sobre un rebaño de renos cruzando un río (entrelazado con imágenes de los protagonistas con el reno que figura que guía a todo el rebaño), diferentes sueños visualizados, reflejos en lagos y ríos (ver la siguiente imagen)
Hay un reflejo del protagonista muy poco probable, viéndose en el lago desde un risco, y éste, más realista..sin dejar de ser muy luminoso:

Pero si debiera quedarme sólo con una, lo haría con otra de la chica del violín. La cámara la encara y envuelve de forma cercana, para ir retrocediendo ante el avance de ella, que toca de forma convencida y penetrante el instrumento. Una magnífica manera de hacer visualizar la música para una película muda…