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jueves, 10 de septiembre de 2026

Libros comprados en Perpiugnan: Pialat, Marker y Lavant


Cruzar la frontera y entrar en una librería francesa puede tener sus compensaciones en forma de libros. En esta ocasión todos de cine, e inesperados, porque no eran ninguno de los buscados. Detallo:
1.- Yann Dedet fue el montador de Maurice Pialat. Vino a Barcelona a presentar alguna de las peliculas de la retrospectica del director en la Filmoteca, y se pudo apreciar entonces tanto su inteligencia e ironía como lo mucho que podía aportar sobre la forma de ser y trabajar de Pialat. En la contraportada explica que llevaba un diario sobre el montaje de “Van Gogh”, Pialat lo descubrió y, agitándolo delante de todos, sonriente y burlón, le inquirió: “¿Informe policial?” (P.O.L. 2026)
2.- “Es el relato fragmentario de mi relación con Chris Marker, de mi nacimiento a su muerte”, dice en la contraportada Maroussia Vossen, bailarina y artista, hija de adopción de Marker. (Le tripode, 2016. He visto ahora que había habido también una edición española)
3.- En la contraportada aseguran que en este autorretrato, Denis Lavant, “fascinado por el circo y las artes de la calle”, evoca a quienes más han contado en su recorrido, y cita -entre otros- a Vitez, Leos Carax, Claire Denis, Céline o Beckett. (Les impressions nouvelles, 2020)
Prometen


 

viernes, 31 de mayo de 2024

Tokyo days



No es que insista poniendo más fotos de las que hice hace un año por Tokio (ya lo haré, que aún quedan unas cuantas :-)). Estas que cuelgo son capturas de pantalla (nitidez de imagen no muy buena) del cortometraje (20 min) de Chris Marker “Tokyo days” (1988), que Le Cinéma Club ha colgado ayer y deja ver en su web hasta que retire el enlace el próximo viernes.
Esta vez sin reflexión directa alguna de su voz en la banda sonora, Chris Marker simplemente trasluce su fascinación por la ciudad, de la que va sacando paisajes urbanos, multitudes circulando por las grandes estaciones o atentas a una actuación musical. Arielle Dombasle le explica su experiencia del paso de frontera en el aeropuerto, él se mete por un gran supermercado y su cámara se encariña de las dependientas. Y no se olvida ni un momento, claro, de los gatos. Incluso ni de su buho que todo lo mira con ojos como platos.
Enlace para verlo:




 

lunes, 18 de julio de 2022

Un dimanche à Pekín


Uno puede llegar a imaginarse lo que debería suponer en su día la visión de “Un dimanche à Pekín” (Chris Marker, 1956). Algo así como poder ver gente que se descubre normal de un mundo oculto por completo.
Mubi ha estrenado hoy este cortometraje (18 min), aunque con la mala jugada de pasar su versión inglesa (con subtítulos también en inglés), con lo que me he quedado a medias en la captación del siempre con un punto agudo de ironía comentario de Marker, que contaba en esta ocasión, según rezan los títulos de crédito, con el consejo sinológico de Agnès Varda.
El reportaje consta de variadas actividades de esas que se enseñaban a las visitas, como tablas de gimnasia, la ópera china y así, pero donde reside la sal del asunto es, desde luego, en sus escenas callejeras, por donde circulan gentes de todo tipo en un proceso de uniformización de su vestimenta aún no alcanzado por completo, bicicletas, tranvías, autobuses y hasta algún carro, todos ellos intentados regular por un impagable guardia urbano subido a su pedestal.


 

lunes, 27 de septiembre de 2021

La solitude du chanteur de fond




El vídeo no lo dice, pero creo que esta interpretación de “Le Chant des partisans” procede de “La solitude du chanteur de fond” (Chris Marker, 1974), que ayer proyectó la Filmoteca en una sesión para ya despedir a Marker, Montand y Signoret.

Un documental que, por otra parte, desvelaba también el fuerte carácter del cantante (¡pobre Bobby Castella, su pianista!) y la preciosa casa que compartía con Simone Signoret en Autheuil, en Normandía (ver en las tres imágenes la sala de su interior, llena de estanterías con libros, ventanas con vistas al jardín, piano,..).

https://www.youtube.com/watch?v=8NEJMetXm80








domingo, 29 de agosto de 2021

Chats perchés


Se equivocaron los padres del pobre niño vecino de butaca en la sesión de ayer domingo en la Filmoteca. Ya me veo al padre animándole en casa previamente, enseñándole algún dibujo de gatos hecho por Marker, como el que preside la exposición sobre él que puede verse en la sala de expos hasta final de septiembre (y vale la pena…) y diciéndole que era una película sobre gatos. Resultado: pues que se aburrió soberanamente.
Y sí que hay algunos gatos colgados por aquí y por allá. “Chats perchés” (Chris Marker, 2004) se inicia con una serie de zooms a los terrados de las casas de por el Beaubourg, encuadrando una serie de gatos pintados enseñando dentadura que, como se puede leer en la película, “alguien se ha jugado la piel para obtener una sonrisa”.
No sólo hay gatos de esos pintados. La cámara recorre toda la ciudad en busca de gatos y capta los de los anuncios que inundan el metro de París y hasta alguno de bien real, como el pobre Bolero que acompaña a un mendigo en las escaleras de transbordo de un metro (pobre porque parece que se pilló una pata en la escalera mecánica).
No hay, por otra parte, sólo gatos. También visiones poéticas. Ahí está, para demostrarlo, este “Una paloma se convierte en hombre”, que enlazo al final.
Pero lo que realmente es “Chats perchés” es una forma original de presentar para la televisión una especie de diario político con los hechos más importantes de unas temporadas muy concretas: las elecciones presidenciales en las que en la primera ronda perdió Jospin y para la segunda se enfrentaron Chirac y Le Pen, las protestas por la Guerra de Irak, el mundial de fútbol (que un Marker que ha cambiado la habitual voz en off del narrador por intertítulos nos dice que aportó caras de futbolistas -en los carteles- de “dimensiones stalinianas”), las manifestaciones a favor y en contra del velo, etc.
La secuencia comentada, que no llega a medio minuto:



 

viernes, 27 de agosto de 2021

Level five



He estado a punto de salirme de la sesión de la Filmoteca con “Level five” (1997), que contiene lo que para mí representa lo peor y lo mejor de Chris Marker.
Todo lo que en su momento pudo parecer avance tecnológico en el campo cibernético, del que se abusa en banda sonora e imagen, resulta hoy ridículo además de muy cansino.
Estaba pensando si irme cuando un sopor irresistible, quizás aprovechando alguna parrafada de esa Laura que teóricamente investiga archivos para un videojuego sobre Okinawa, me ha neutralizado. Hasta el momento en que aparecían en la pantalla unas imágenes y se oía una reflexión que recuerdo haber visto y oído previamente, no se dónde. Hay ahí una de esas píldoras con reflexiones de Chris Marker, esas sí, a retener.
Se narraba uno de los episodios más atroces de la II Guerra Mundial. En Okinawa, última de las islas bastión japonesas, murieron 150.000 personas, un tercio de la población de la isla, muchos inducidos a suicidios grupales, en los que un miembro de la familia mataba a los demás antes de suicidarse y no ser capturado por los norteamericanos, contra los que los habían mentalizado.
Una cámara ha registrado a una mujer lanzándose por un acantilado como el de la imagen. Pero poco antes de la decisión final, se comenta en la banda sonora, la mujer mira a la cámara. Un zoom amplía hasta el límite la cara de la mujer y, efectivamente, sus ojos miran en un preciso instante, desde la distancia, al cameraman.
-¿Sé habría realmente matado si no hubiera visto la cámara registrando? ¿No habrá pensado en el deshonor de ver sus dudas o incluso su decisión de no matarse y habrá sido eso lo que la impulsa al salto final? Al margen de la terrible historia que revela, una reflexión sobre el enorme poder que puede suponer la cámara, rodar algo.
En las imágenes, una foto del general Ushijima, al mando japonés, que acabó cometiendo un suicidio ritual, un seppuku, y el coronel Yahara, quien dejó escritos todos los detalles del penoso final de la isla, de toda esa resistencia absolutamente inútil, sin esperanza de victoria alguna.



 

domingo, 22 de agosto de 2021

Casque bleu


Una película más bien sensacionalista, que tuvo un éxito enorme, dirigida por un realizador bosnio; escándalos que han salido a la luz pública correspondientes a misiones por todo el mundo;... Últimamente las misiones de paz de los cascos azules de la ONU no gozan del respeto y fama que tenían en su origen.
Pero si alguien hubiera querido saber cómo eran esas misiones por dentro no habría tenido más que ver "Casque bleu" (1995). En él, Chris Marker tuvo un acierto total de casting, escogiendo a un joven francés que pasó un tiempo de su vida enrolado voluntario entre los cascos azules en misión en Bosnia. Con una lucidez, sinceridad, capacidad mental y facilidad de palabra extraordinarias, ese joven, del que vemos únicamente, en primer plano, su cara, va pasando revista a los motivos por los que se enroló y a lo que en realidad consistió su misión en el conflicto bosnio. Unos intertítulos, que se suceden casi atropelladamente, porque mucho es lo que hay que decir y poco el tiempo para ello (26 minutos) van separando entre sí los diferentes temas.
Después de su visión, cuesta mantener la inocencia y creer a pies juntillas en la eficacia de ese tipo de acciones.
Esa fue, para mí, la más impresionante de las piezas de urgencia sobre la guerra de los Balcanes que realizó Marker, de entre las que pasó anoche la Filmoteca en una sesión alejada de lo cinematográfico.


 

miércoles, 18 de agosto de 2021

Bestiario


La sesión “Bestiario” de Chris Marker en la Filmoteca, decía, es un barrido por piezas más bien despreocupadas que él luego ha insertado total o parcialmente en cosas suyas.
La famosa lechuza de la ya añorada “L’héritage de la chouette” tiene en el al final algo pesado “An Owl Is an Owl Is an Owl” (1990) su duplicado y luego cantidad de copias bajo una música distorsionada. Para “Zoo piece” (1990) se mete en el Jardin d’Aclimatation parisino para captar sus bichos preferidos y sus miradas. En “Slon Tango” (1990) hace evolucionar a un triste elefante cautivo al ritmo del tango de Stravinsky, logrando una falsa agilidad en sus piernas. En “Bullfight in Okinawa” (1994) dos enormes toros en competición para ver quién es el más macho, incitados por los gritos de sus cuidadores. Cuando vi que el del vencedor lo regaba con una manguera para rebajarle la temperatura corporal alcanzada con el esfuerzo, recordé que, como alguna otra anterior, ya la había visto: notas el calor que debe desprender el pobre animal. Por último, “La théorie des ensembles” (1990 de nuevo) es eso, la teoría de los conjuntos, en animación, a partir de los animales del Arca de Noé.
Son, en general, poca cosa. Tan solo material que cruzar con sus documentales por aquí y por allá. Excepto la primera, aunque anecdótica, que dado el amor de Marker por los gatos, eleva la apreciación más allá de la simpatía. Es “Chat écoutant la musique” (1990). Y la música que escucha en el estudio de su dueño es nada menos que la de Monpou que acompaña en cada sesión del ciclo Marker al delicado spot que anuncia la magnífica exposición sobre Marker en la Filmoteca. Entrada libre: no hay que perdérsela…



 

martes, 17 de agosto de 2021

Les hommes de la baleine


Anoche, en la Filmoteca, dentro de la sesión que titularon “Bestiario”, con varios cortos de Chris Marker dedicados a animalillos varios, se coló “Les hommes de la baleine” (Mario Ruspoli, 1956), un hermosísimo y a la vez tristísimo documental sobre la caza de la ballena en las Azores, entre Pico y Faial, escrito y comentado por Chris Marker.
En la actualidad, uno de los sitios de Pico a donde se llevaban las ballenas (y cachalotes) cazados es un interesante museo. Miras hacia la montaña y arriba ves una de las cabinas del oteador, que se pasaba ahí días enteros hasta el “¡por ahí resopla!”





 

miércoles, 11 de agosto de 2021

L’heritage de la chouette” 12 y 13


Ayer nos acercábamos y reuníamos los habituales que hemos ido siguiendo en la Filmoteca los pases de “L’heritage de la chouette” (Chris Marker, 1989) bastante cariacontecidos: eran los dos últimos episodios. Se acababan con ellos una serie para televisión que habla bien fuerte de lo que debería ser la programación de una televisión pública, justo en un momento en que ha desaparecido de la parrilla todo tipo de programa aunque sólo sea lejanamente similar. Lo más parecido por estos lares quizás fueran los programas dirigidos por Emilio Manzano dedicados a libros y a la filosofía, pero ya hace muchos años de eso…
El episodio 12 y penúltimo iba dedicado a la Tragedia, y se aparta un poco del esquema genérico de una tras otra entrevista a grandes pensadores sobre el tema que se trate, entrelazadas en el montaje, ya que, además de esto, presenta en buena parte de su metraje otro tipo de filmación. Así, vemos un montaje paralelo entre la representación de Medea por un grupo griego y por un grupo japonés, por ejemplo, o un recorrido por teatros de comedias musicales.
Nada más empezar, entramos en un local lleno de botellas medio vaciadas en completo desorden, que ríete de los que frecuentan los personajes de las películas de Hong Sang soo para torrarse y empezar a decirse verdades de las que duelen. Pero estamos en realidad en el Japón. Porque una de las grandes curiosidades surgidas del episodio es la idea de que ver una obra del teatro Kabuki, del teatro Noh, sea quizás la experiencia que más nos acerque a lo que pudo ser en su día una representación en la Atenas clásica, mucho más, dice creo que Xenakis, que verla representada por un grupo griego actual. La relación Japón-Grecia no queda ahí. Una contertulia oriental del bareto confiesa que su primer acercamiento al teatro Noh fue gracias a la contemplación de “El viaje de los comediantes”, de Angelopoulos. Entonces aparece, con esa habilidad del montaje de Marker, Theo Angelopoulos y nos dice que lo que intentopó con sus películas fue conducir los mitos hacia la vida cotidiana.
Una participación potente la tiene Cornelius Castoriadis, quien se desespera de la utilización del nombre de “tragedia griega”, cuando -dice- la tragedia fue un acontecimiento exclusivamente ateniense, en tanto en cuanto asociado indisolublemente a la democracia.
El episodio 13 y último, por su parte, está dedicado a la Filosofia y el subtítulo de “El triunfo de la lechuza -la chouette-“, lo que lleva a que Marker, más contento que unas Pascuas, pues siente por el animalito casi tanta simpatía como por los gatos, se ponga a obtener una nutrida batería de respuestas a su pregunta sobre la significación de la lechuza. Prácticamente todos dicen que es el símbolo de la sabiduría, con esos ojos tan grandes que lo ven todo y que llevan a preguntarse por todo. Pero quien quizás está más divertida es nuestra a estas alturas ya muy querida Angèlique Ionatos, quien añade a esa sabiduría el humor, que deduce de ese pequeño movimiento brusco que suele efectuar tras haber efectuado esa larga y profunda mirada. Eso de que salga a volar, con esa gracia que lo hace, cuando anochece, hace a la lechuza también símbolo universal de quien indaga entre la oscuridad: poca broma.
La cosa toma un cariz político que me resulta francamente estimulante a partir de entonces. Castoriadis recalca algo fundamental: que no hay libro sagrado, no hay profeta en la Grecia Clásica. No hay, pues, una verdad revelada a la que adaptarse. Eso lleva directamente a preguntarse a uno mismo qué ha de pensar. Es por tanto la Grecia Clásica un adalid de la libertad.
Hay más, y de ese nivel. Creo que es Michel Serres quien, categórico, deja sentado algo que me llegó al alma: Una idea es buena mientras no alcance el poder. Cada vez que las ideas han llegado al poder se han producido, irremisiblemente, muertos. Es entonces que las ideas se deben valorar por los muertos que NO ocasionan…
Uno de los personajes de la serie que me ha dejado sorprendido y a la vez admirado es Michel Jobert, a quien tenía por un político conservador de esos que había producido Francia a lo largo de su historia, pero nunca habría dicho que conteniendo las ideas que ha ido exponiendo en los diferentes capítulos, siempre muy pertinentes. En este capítulo dedicado a la Filosofía ofrece un broche de oro a sus intervenciones, cuando señala que él se queda siempre, que Europa debería quedarse siempre, entre la inquietud y la certitud, con la inquietud.
Los títulos de crédito que han siguen a este último capítulo don los de la serie completa y ahí es donde vi que Chris Marker, al final de todo, agradece a Jean-Claude Carrière que le hubiera dado la idea de la misma. Otro punto más de colaboración feliz, pues, asignable a Carrière.
A la salida comentaba que estaba dispuesto a participar en un crowdfunding de esos para que hicieran otros 13 nuevos capítulos, cuando me he dado cuenta que casi todos los que hicieron los trece primeros (Marker, Steiner, Angelopoulos, Castoriadis, Ionatos, Jobert, Serres, Xenakis, … hasta Carrière) habían muerto y a ver donde encontramos ahora a quien los reemplace uno por uno…



 

domingo, 8 de agosto de 2021

Le fond de l’air est rouge


Hay un momento minúsculo, de apenas medio minuto, al final de los 180 de “Le fond de l’air est rouge”(Chris Marker, 1977), que pasó ayer la Filmoteca, en el que Arthur Penn dice divertido a la cámara un poco lo que estamos viendo en ese momento que está pasando con lo que narra la película: Antes, viene a decir Penn pensando en los films de Hollywood, teníamos claro quién era el malo y quién el bueno. Ahora todo es más confuso.
El famoso documental de Marker, que roba imágenes de otras muchas películas suyas, a la vez robadas de por aquí y por allá o rodadas por multitud de famosos cameramans, empieza con la mucho más famosa secuencia de sublevación en el Acorazado Potemkin de Eisenstein, y concretamente cuando un marinero, consciente de lo que está pasando y cuál debe ser su papel, lanza a los otros marineros un grito en petición de solidaridad: “¡Camaradas!” Y su voz insiste, tronando: “¡Camaradas!” Ya sabemos de qué irá todo el film. De ese grito de llamada de clase para lograr un futuro.
Vietnam, Cuba, mayo del 68, Primavera de Praga, huelgas y colectivizaciones de fábricas, la Baader Meinhof, van analizándose a lo largo de la sesión. Hay dureza evidente (las imágenes de caras y cuerpos destrozados insertadas tras la alegría del piloto que acaba de lanzar bombas napalm sobre vietnamitas es una de ellas), pero también la ironía que suele gastar Chris Marker y que en ocasiones -no siempre- llega a captarse, como cuando, tras oír un discurso de Fidel Castro en donde explica que llegará un día en el que, acabada la urgencia de la revolución, ésta se institucionalizará. Poco después se ve un auditorio enorme, lleno de gente, frente a un escenario en el que se va abriendo verticalmente una cortina. En off el narrador nos dice: “la institucionalización”. Detrás de la cortina, en el escenario, aparece el Comité Central del Partido Comunista Cubano, mientras que por los pasillos, al estilo de lo visto antes en Moscú, avanzan con paso marcial, al son de las palmas de los asistentes, soldados con uniformes de gala…
En la escena final Marker hace una comparación de las desapariciones de cantidad de disidentes que en el mundo han sido con una masacre de lobos desde helicópteros efectuada como demostración de un armamento. Para acabar con un motivo mínimo de optimismo el narrador dice:
-Però aún siguen habiendo lobos.
Comentando lo visto, caminando hacia las Ramblas para coger el último autobús, no pude sino compartir el sentimiento adquirido viendo el documental de, tras la centrifugación sufrida en las últimas décadas, lo lejos que estamos de todo eso. Es decir: ¿dónde esos sindicatos intentando lograr mejoras laborales? ¿dónde esa conciencia solidaria contra los abusos? ¿dónde, incluso, esa estructura industrial compacta determinando una sociedad? ¿dónde esos sistemas políticos vislumbrándose como alternativa a los existentes?


 

miércoles, 4 de agosto de 2021

L’heritage de la chouette 10 y 11


Esto seguramente gustará a Patricia Almarcegui, que visitó y habló del santuario de Ise y lo elevó a categoría en su “Cuadernos perdidos del Japón”. Atsuhiko Yoshida es uno de los eruditos que forman parte de ese “banquete” convocado por Chris Marker, “L’heritage de la chouette”, para comer, pero sobre todo beber y así dialogar sobre todo lo divino y humano. Ayer se pasaron en la Filmoteca dos capítulos más, el 10 y el 11, de la serie y, en el primero, que habla de los mitos, Yoshida recalca su sentimiento de similitud entre Ise y Delfos: las montañas, el agua, ambos erigidos hacia una Naturaleza con carácter divino…
Es este 11 un capítulo muy interesante y que en esta ocasión además me pareció muy asequible. Yendo sobre los mitos, deja claro que los griegos han nutrido todo el teatro y literatura occidental y, de creer lo oído, hasta el de Extremo Oriente, posiblemente a través de las ciudades griegas del norte del Mar Negro y los reyes escitas.
George Steiner tiene en el capítulo una participación importante. Habla en un principio de la aparición de esos mitos como surgidos gracias al arma de la palabra, pues en un mundo rudimentario como el preexistente, soñar era básico para sobrevivir. Interviene entonces Michel Jobert, como siempre de forma que me resulta muy pertinente, alertando de lo peligrosas que son las religiones, una vez salvadas de ellas conceptos como la caridad o la misericordia. A partir de ese momento la cosa se centra en los esclavos y su existencia en el mundo clásico, cosa que perturba a gente tan puesta como la cantante Angélique Ionatos, que con su precisión, intención y claridad expositiva, en un francés maravilloso, nos tiene conquistado el corazón a todos los espectadores (de todo género) que estamos siguiendo la serie.
Pero el capítulo que seguramente más llamó la atención fue el 11, dedicado a la “Misoginia” que, tras un inicio centrado en la homosexualidad, pasa a estarlo posteriormente en la condición de la mujer en la Grecia Clásica, a plantear temas afines al feminismo que apenas afloraba en Occidente en el momento de producción del documental.
En su primera parte se habla de Winckelmann, el creador de la arqueología y su gusto por las estatuas decididamente de estética homo. Giulia Sissa hace una disquisición sobre la tradición europea en negar el disfrute con el cuerpo, mientras que los griegos, en todo caso, advertían de lo que podía llevar el extremar el deseo, que no se negaba en absoluto como pasaba por estos andurriales.
El historiador Oswyn Morris sorprende entonces señalando lo que debe ser una obviedad, pero que va bien oír a gente despistada como yo: todo nuestro concepto de amor romántico tiene en la Grecia Clásica un carácter homosexual. Con respecto a las mujeres ni se nombra el deseo de los hombres. En todo caso, satisfacción por la conquista.
Hay mucho mas, ya entrando en un debate que no sé yo si hoy en día se podría mantener con la frialdad y la honestidad que se aprecia en el documental. Comentan que Platón pone como único objetivo de las mujeres la procreación e Hipócrates llega a ver en la mujer sin hijos el germen de la histeria.
Todos (ellos y ellas) coinciden en señalar que en la Grecia Clásica quedaba claro que la virtud de la mujer consistía en su continencia, tanto hablando de su sexo como de su boca, puesto que tenían vetado hablar, no participaban en la vida política y se trataba a todos los efectos a las mujeres como a los varones menores de 18 años, que necesitaban algún adulto -varón, por descontado- que los tutelase en todo tipo de situaciones.
A partir de entonces varias eruditas de las entrevistadas, después de una Angélique Ionatos que confiesa notar ese machismo en Grecia aún hoy en día y explica que esa es una de las razones por las que se fue a vivir en Francia, intentan disminuir el agravio. Hablan de que, en el fondo, la Grecia Clásica era como el mundo musulmán, un matriarcado puertas a dentro, a lo que Ionatos dice conocer el cuento pero, enfadada, que a ella no se compensa.
El viernes a las 16,30h se repite en la Filmoteca esta apasionante sesión.



 

miércoles, 28 de julio de 2021

L’heritage de la chouette 7, 8 y 9


¿Existe la creación? ¿Puede ser entendida por el hombre? Estas dos cuestiones se planteó en voz alta Iannis Xenakis creo que en el último capítulo de los tres (7, 8 y 9) presentados ayer en la Filmoteca de “L’heritage de la chouette” (Chris Marker) que hasta entonces tanto me había entusiasmado.
Digo eso porque si ese hombre del que habla Xenakis soy yo, confieso que apenas me enteré de nada (y eso después de haber pasado casi un año oyendo explicarse a Mestres Quadreny, admirador de Xenakis, y no haber quedado muy descolocado) ya no de la creación, sino de las hasta más menores cuestiones filosóficas que en la sesión se debatieron.
Empezó, no obstante, bien la cosa, con un inicio del capítulo 7 (“Logomaquia o las palabras de la tribu”) en el que después de determinar la existencia de un cierto ombligo del mundo, un logos ejerciendo de epicentro en el que a pocos kilómetros a la redonda nacieron las matemáticas, la ciencia y todo lo que se quiera, se entra a hablar de los nombres griegos de las cosas y de los cinco lenguajes preexistentes entre los que debieron escoger en el momento de creación de la Grecia Moderna, después de siglos de dominación otomana.
Pero luego vino el capítulo 8 sobre la música y más tarde el 9 sobre la cosmogonía… y ahí entró en juego mi lamentable nivel de asimilación de las teorías filosóficas.
Del entusiasmo a la perplejidad. A ver qué depararán las dos sesiones restantes…




 

martes, 27 de julio de 2021

Prague. Le deuxième procès d’Artur London

Montand preparado para encarnar al London víctima del proceso.

Seleccionaré para hablar aquí el capítulo de “Prague. Le deuxième procès d’Artur London” (1971) de entre los vistos ayer en la Filmoteca, dentro del ciclo dedicado a Chris Marker y concretamente de una de las sesiones dedicadas al magazine de contra-información “On vous parle de”, un magnífico antecedente de los noticiarios independientes que se lanzaron por aquí durante la transición.
Tenía miedo de encontrarme con una sesión difícil, por su enfoque directamente político, pero piezas como ésta te confirman la inteligencia y la clara visión de Marker de las cosas, alejando cualquier duda previa.
En la misma sesión antes y después se vieron otros tres números del magazine, todos ellos constituidos a base de entrevistas. Un primero a ex-presos de la dictadura brasileña, que detallan las brutales torturas a las que los sometieron. Un segundo al editor (“muy orgulloso de los libros que no he publicado”, señala en un momento) y librero francés de izquierdas François Maspero, quien se defiende de las críticas y se lanza contra la autoglorificación del mayo del 68. Y, por último, una entrevista entre Regis Debray y Salvador Allende, sacado de grabaciones de Miguel Littin.
Pero he dicho de centrarme en el capítulo que pregunta a los que están más directamente envueltos en el rodaje de “La confesión” (1970) sobre el libro previo de Artur London: éste último, Costa Gavras, Jorge Semprún, Yves Montand, Simone Signoret, todos explicando por qué razón hacer una película que hablase del injusto y asesino proceso Slansky organizado por el Partido Comunista Checo no iba a dar alas a la derecha, sino todo lo contrario.
London parece muy satisfecho de la película que se está rodando sobre su libro. Semprún tiene un discurso, como siempre, complejo, íntimo y convincente. Pero la auténtica sorpresa es ver a un Yves Montand totalmente entrado en su personaje, hasta el punto de verse cansado, muy desmejorado: Ha trabajado para perder doce kg con el objetivo de hacer verosímil su papel. Y sus explicaciones, también desde lo personal, son igualmente muy convincentes. A la pregunta sobre cómo pudo pasar todo eso, cuenta que su madre, italiana, tenía en la pared, junto a un crucifijo, un retrato de Stalin. Todo pasó por esa especie de comunismo religioso, acrítico, que se generalizó.
Marker no se limita únicamente a recoger con brío las entrevistas a todos ellos. Al margen de algún comentario genérico, deja de pronto la cinta en silencio, barriendo con la cámara los rostros de -por ejemplo- la gente que asistió al juicio. Un silencio que dice muchísimo.


Artur London.

Semprún, con su expulsión del Comité Ejecutivo del PCE aún reciente.

Slansky en su proceso (1952). Le acusaron de no haber sido nunca un "auténtico comunista".

 

domingo, 25 de julio de 2021

Loin du Vietnam



La famosa obra colectiva, “Loin du Vietnam” (1967), ha pasado por la Filmoteca.
Mezcla de piezas muy diferentes enlazadas entre sí, se nota la labor de Chris Marker organizando, comentando y dando pie a las diferentes aproximaciones al fenómeno de la guerra de Vietnam y su repercusión en Occidente en su momento de mayor contestación, pero también defensa a su favor.
En el prefacio, el narrador, mostrando imágenes de carga de misiles en un portaviones, nos dice -dando cifras de las toneladas de bombas lanzadas diariamente por los norteamericanos- que es una guerra de ricos. De ricos contra pobres, continúa diciendo mientras vemos unas preciosas imágenes rodadas por Joris Ivens en el terreno (Hanoi): una chica fabrica pacientemente refugios individuales para los momentos de bombardeos, viéndose su utilidad un poco después, cuando suenan las sirenas y cada uno va a su agujero, esperando un poco para cerrar la tapa sobre sí.
Pero los pobres no están solos. Una solidaridad mundial se ha despertado por todos los rincones. De esto -contrastado con batallas dialécticas en las calles de Nueva York (William Klein) con virulentos partidarios de las bombas y de salvar a America del comunismo- también va la película.
Al margen de las bellas imágenes de Ivens como embajador plenipotenciario en la República Democrática de Vietnam, se distingue fácilmente una pieza insertada de Godard, comentando, con un discurso por una vez muy claro, su resignación ante el rechazo que recibió de los nordvietnamitas cuando pidió ir ahí a hacer una película, y decidiendo a partir de entonces, que en vez de hacer una película sobre Vietnam, pues estando tan lejos no es posible, en todas sus películas aparecería, de una forma u otra, Vietnam. Todo sobre flashes de imágenes de las suyas o viéndose a él mismo con la cámara. También hay un trozo muy diferente del resto, la ficción de Alain Resnais en la que el actor Bernard Fresson lanza a una mujer que le mira atentamente sin abrir la boca una rabiosa declaración sobre el tema, sin ocultar sus dudas y posicionamientos confusos.
No es lo único: una detallada crónica con base a material documental de procedencia diversa nos pone al día de la historia del país y sus conflictos desde Dien Bien Phu y, por ejemplo, en el apartado señalado con el título de Why We Figt? vemos y oímos al General Wesmoreland explicando a una audiencia de lo que parece un banquete las razones morales por las que EE.UU. está en guerra en Vietnam.
Estamos en 1967. La teoría del Che Guevara de abrir guerras al sistema por todo el mundo estaba en pleno apogeo y Cuba aun seguía siendo una referencia defendida por casi todos. Aparece en la película Fidel Castro, justificando la lucha armada en casos como el de su isla y otros muchos puntos de America Latina, Asía o África.
Por el final, un señor que está con su hijo pequeño, empieza lo que parece una actuación teatral, cantando y gritando NAPALM, para pasar luego a explicar en qué consistía el juguete a una audiencia que no sabía de qué iba la cosa.
Momentos en los que, estando como estaban lejos de Vietnam, los cineastas que contaban se comprometían a hacer una película sobre ello.





 

lunes, 19 de julio de 2021

Le Joli Mai

Las imágenes iniciales de Paris, entre brumas y luz.

Nota de ambiente.

Al son de unas campanas una mujer sube por unos escalones de una cubierta como si fuera la Ingrid Bergman del final de “Stromboli” ascendiendo al volcán. Va a contemplar la vista de París, “una de las más bellas”, dice el narrador (cuya voz los títulos de crédito adjudican a Yves Montand).
Con las vistas de Paris, “en un equilibrio entre bruma y luz”, se va a iniciar en una sala Chomón de la Filmoteca no muy llena, en primera sesión de tarde de domingo de julio, “Le Joli Mai” (Chris Marker y Pierre Lhomme, 1963) con una supuesta encuesta entre gente diversa realizada el mes de mayo…
También en 1963, Pier Paolo Pasolini inició una encuesta similar por Italia, preguntando por el amor a todo tipo de gente. Aquí Marker y Lhomme no les pregunta por el amor, sino por su concepto de felicidad y las respuestas que obtienen llevan a sentimientos similares al Pasolini que posteriormente se deprimía al ver cómo el consumismo había arrasado con todo.
Un vendedor de ropa tiene claro que lo único que puede llevar a la felicidad es hacer más caja; por la rue Mouffetard no se sabe contestar demasiado, pero se intuye que será más difícil alcanzar la felicidad en las nuevas casas a donde tendrán que ir a vivir, desalojados de las actuales, por más que éstas no tengan los servicios mínimos necesarios. Se perderá el calor humano que rebosa por las tiendas de verdura de la calle, de la misma forma que dos arquitectos ven que la única idea que hay detrás de los nuevos barrios en construcción, con rascacielos de viviendas todas iguales, es la del rendimiento económico. “¿En dónde quedará sitio para la felicidad?”- se preguntan.
No sé si es Lhomme (el luego director de fotografía, por cierto, de “La maman et la putain”) el que se ve en alguna ocasión haciendo preguntas. A Marker, oculto, se le detecta por alguno de los guiños a los que este ciclo nos acabará por acostumbrar: aparece, por ejemplo, un dibujo muy Marker de un gato y el plano siguiente presenta una placa advirtiendo de un “perro peligroso” o, más tarde, cuando pone en duda lo que está oyendo, hace salir a unos cuantos gatos -o a un búho-, sus animales más apreciados, con pinta de escéptico.
La segunda parte está más centrada en aspectos de rabiosa actualidad política de la época. Aparece Fantomas. La guerra de Argelia, los movimientos de liberación del África Francesa y el racismo latente de la población toman protagonismo.
Aparece también en esta parte, no obstante, un Madison que nos lleva inmediatamente al de Anna Karina y sus partners en “Bande a Part”, que se contrapone con las siguientes imágenes del juicio al general Salan, y una llamada interior preguntándose qué opinará “la gente” tiene unas imágenes correspondientes bien divertidas, pues no salen en cuadro sino directores de cine amigos: Godard, Resnais, Rouch, Rivette…
Por el final alguien valora lo importante, en eso de la felicidad, de la televisión, y vemos una funcionando, con toda la familia. Ya estamos en donde estamos.
Si ahora está película es importante para saber de su época de realización, me imagino el impacto que podía suponer su visión como radiografía anticipadora en su momento.


El vendedor de ropa sitúa el percal.

Los dos arquitectos preguntándose dónde queda sitio para la felicidad en los nuevos barrios que se están construyendo.

La niña que, con toda la familia procedente de Auberville, mira desde la ventana de su nueva vivienda.

La última entrevista a fondo, con un chico argelino que perdió su primer trabajo debido al racismo imperante en su trabajo.

La imagen de la rue Mouffetard, que se vuelve a sobrevolar al final.