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martes, 27 de mayo de 2025

Bled number one


He visto películas de Rabah Ameur-Zaïmeche que, cada una muy diferente de las otras, me han resultado muy interesantes. “Bled number one” (2006, en la App -gratuita-de TV5Monde) no tuerce en absoluto esa línea.
Rodada en su Argelia natal, nos presenta a un tipo joven (el del gorro naranja), al que sus amigos llaman “el francés”, que regresa a su pueblo. Aspiramos el ambiente del pueblo desde la primera escena, un largo travelling por su carretera de acceso/calle principal. Luego habrá más escenas con una fuerza visual también muy potente. No es la menor la de una especie de romería a la que acuden, cada uno por su lado, los hombres y las mujeres de la localidad, u otra centrada en una acción de por el final en un puente y la visión desde éste.
El francés choca por su comportamiento con la tradición, una tradición que hace que su familia no comprenda tampoco a una mujer que ha abandonado a su marido al sentirse frenada por él.
El conflicto entre esas dos posturas se extiende, queda claro, a toda la sociedad, con un grupo de jóvenes violentos que llegan a armarse para imponer su pensamiento.
En la escena final oímos y vemos a uno tocando una guitarra eléctrica (tercera foto). Por el camino elevado del fondo, tomado a contraluz, pasan unas mujeres cargando en sus cabezas una buena carga. De nuevo el contraste radical que hace ver toda la película.



 

viernes, 16 de octubre de 2020

Terminal Sud



Vi en un festival una película de época de Rabah Ameur-Zaïmeche que me dejó buen sabor de boca. Ahora en Mubi pasan la que debe ser la última suya, “Terminal Sud”, que ha provocado otro tanto, pero con un ambiente y en un estilo que no guardan ningún parentesco con los de la ocasión anterior.
La primera escena sitúa la cámara en el interior de un autocar de línea, que va por una carretera sinuosa. Los planos nos van mostrando las caras de los diferentes pasajeros, en silencio, fatigados, y de tanto en tanto algún aspecto del pasaje recorrido. La tensión, porque sabes que pasará algo y no agradable, va subiendo. En un momento dado, a través del parabrisas delantero se ven unos hombres vestidos de militar que barran la carretera y obligan a apartarse al autocar y, amenazantes, a bajarse a todo el pasaje. Los ponen en fila y les hacen entregar todas sus joyas. Acabada la escena, el chófer va a denunciar los hechos. No lo hace a la policía, sino, escamado por la inexistente reacción de ésta, a la redacción de un pequeño periódico.
Toda la película está compuesta de escenas así. Muestran acciones aparentemente habituales, de normalidad, pero que conducen, en su acumulación, a un momento de tensión, muestra de una situación general insostenible. El abatido por los hechos doctor del hospital, que quiere permanecer en la ciudad pese a la escalada de violencia que le va cercando, focalizará nuestra mirada.
A la extrañeza como espectador, o al menos a la mía, contribuye el que prácticamente todos los actores sean magrebies, mientras que te das cuenta que los paisajes y sobre todo la ciudad donde se ambienta la acción no parecen corresponder a la Argelia de origen del realizador, sino al sur de Francia. Rabah Ameur-Zaïmeche, aunque parezca retratar algún catastrófico periodo de los recientemente vividos en su país, ha querido montar una fábula de aplicación universal, sin nombrar el sitio en el que se da. Por lo que parece, cuenta con que aún se puede huir a otro.