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domingo, 12 de julio de 2026

Jacques Tati caído de la luna


En Filmin, “Jacques Tati, caído de la luna” (Jean-Baptiste Péretié, 2021). Con pocas cosas que resulten nuevas (quizás alguna relativa a “Playtime”), pese al poso tristón que deja su visión, qué placer volver a ver y reírse con escenas de todas sus películas…

 

lunes, 22 de septiembre de 2025

¿Dónde se escondió el humor de Jacques Tati?



Veo en el ordenador un vídeo. En él un homenot de Vic se dirige a la cámara desde una habitación de su casa mientras de fondo, sin sonido, se desarrollan las imágenes iniciales de Les vacances de Mr. Hulot. 


No necesito ese sonido escatimado, porque viendo las imágenes lo recupero instantáneamente. Ahí está ese altavoz ininteligible de la estación de tren que parece ser el causante de que la multitud pase atropelladamente de un andén a otro, ese cochecito que parece construido en casa que avanza sincopadamente, a golpes de petardos que expulsa con estrépito por el tubo de escape. Ese majestuoso cochazo que adelanta en un santiamén al cochecito envolviéndolo en una espesa nube de polvo, expulsándolo de la carretera hasta que, con unos cuantos petarditos más, se reincorpora y reencuentra su velocidad de crucero… hasta que su llegada al balneario vacacional también atrae, vía sonora, a todos los presentes…


Notando lo extremadamente bien planificadas y ejecutadas que están esas secuencias, me he preguntado dónde se ha perdido esa habilidad (a base de un trabajo de órdago) derrochada aquí a espuertas, y cómo es que no parece haber nadie en la actualidad que haya recogido, ni que sea parcialmente, esa herencia. Me he dicho también que ya tenía tema para este artículo: El humor de Tati y su falta de descendencia.


Lo primero lo daré por sabido. Es para evitar situaciones entre los eventuales lectores como la que viví yo hace muchos años, que explico ahora mínimamente como justificante, en descargo. 


Se trata de uno de los momentos, prolongado por lo que parecían ser interminables horas, más comprometidos en los que me he visto inmerso. Estaba yo en un proyecto en una fábrica que la empresa en la que trabajaba tenía en Galicia. Su director, muy atento (con unas atenciones que los presupuestos fabriles fueron haciendo disminuir con el tiempo drásticamente), me invita a una comida en un buen restaurante del centro de la ciudad. Allí entro en conocimiento de que es un gran aficionado al cine, conspicuo lector en su día de Film Ideal, para más señas. 


Una cosa lleva a otra, y así me veo en el compromiso de acompañarle una tarde, a la salida del trabajo, a su domicilio, donde ha prometido enseñarme el guion de una película cómica que tiene escrito. Un trabajo, recalca, que surge directamente del humor de Jacques Tati.


No le basta con enseñármelo, un grueso folleto de amarillentos papeles que saca de una cartera de documentos. ¡Se ofrece a leérmelo! A lo que, claro está, sería una falta tremenda de cortesía negarse, con lo que respondo con cara de satisfacción y un miedo interno gordo sobre lo que se me viene encima.


Se trataba de un guion clásico, con los diálogos de cada personaje, acompañados de la descripción de las acciones de los personajes y de los lugares en que se desarrollaban. Que me maten si recuerdo algo más que era un autobús municipal bastante saturado en el que coincidían dos personas y provocaban, con sus acciones y frases correspondientes, las risotadas y miradas orgullosas y cómplices del director, interrumpiendo mínimamente la lectura, y que esa secuencia, con esas interrupciones, parecía que iba a prolongarse toda la noche si no hubiera sido que su mujer, salvadora, llamó discretamente a la puerta y avisó de la hora que era. El director de fábrica y flamante autor de guiones de comedia a lo Tati se sorprendió, me preguntó si no me importaría continuar con la lectura otro día y, lanzado, nos convenció a mujer y espectador/oyente de la audición a ir a cenar a otro restaurante para celebrar su talento. Durante la cena estaba exultante, y recuerdo que explicó otras muchas cosas por efecto del excesivo alcohol, pero ya no fueron de cine y me las callo.


Desde ese momento entiendo claramente que una cosa es el resultado de los gags de Jacques Tati y otra es escribir sobre ellos. Y sé que hacer leer un guion cómico, o cualquier escrito que hable de gags cómicos, es un acto que conviene evitar, porque maldita la gracia que suele tener. Para eso están las películas originales…


Pero vayamos a lo segundo, lo de los posibles herederos. En Les vacances de Mr. Hulot (1953) ya había muchas escenas en las que Tati fijaba la cámara y dejaba ver cómo los múltiples actores evolucionaban en el encuadre marcado. Pero, con el tiempo, el cineasta fue haciendo más complejo el contenido de sus encuadres, aficionándose a unos alocados planos secuencia cuya preparación debía suponer un trabajo ímprobo, llegando a la cima de este proceso con Playtime (1967). Por esta razón, de muchos practicantes de los planos secuencia, y más si hacen comedias, se suele decir que guardan cierto parentesco con Jacques Tati.


El mismo Luís García Berlanga, quien, por cierto, ya había hecho un Novio a la vista (1954) que tenía mucho de Jour de Fête (1949) y, sobre todo, de Les vacances de Mr. Hulot, también tuvo ese proceso de ir agudizando sus planos secuencia. Pero, no obstante, pese a esta similitud, yo diría que, en vez de irse acercando a Tati, fue alejándose de él. Salvo en algún caso excepcional (ese plano final de ¡Vivan los novios! de 1970), Berlanga no tuvo en su etapa final la capacidad de Tati para componer sus planos secuencia visualmente, más allá de hacer jugar y hablar, moviéndose como en una endemoniada colmena, a sus personajes.


En cambio, a mí siempre me ha parecido Otar Iosseliani un cineasta que sí, que recuerda muchas cosas de Tati. En Lundi matin (2002) marcaba la pauta de cada nuevo día con la llegada de un tractor al cruce de la casa donde vivía una excéntrica vieja dama, conductora de 2CV. No era sólo la planificación escénica, también los sonidos definían sus secuencias.


Pero, lamentablemente, Otar Iosseliani falleció hace un par de años, dejándonos sin sus siempre sorprendentes películas.


Otro director que en mi opinión también tiene puntos de contacto con Tati es Roy Andersson, es verdad que con una vena mucho más ácida que Tati. Pero Andersson hace tiempo que vendió su casa / estudio y dejó de hacer cine…


¿No queda nadie vivo y en activo, pues? Yo aventuraría un nombre, el de Elia Suleiman. De origen palestino, pero con pasaporte israelí, no tengo idea de cómo le estará dejando el cuerpo todas las barbaridades que están pasando por esa parte del mundo. Era magnífica su mirada irónica sobre sí mismo y su país, pero a saber si todavía será capaz de mantenerla.

domingo, 21 de septiembre de 2025

Dónde se escondió el humor de Jacques Tati


Cuando empezó a minvar la afluencia de gente al cine, muchas salas se pusieron de acuerdo en dedicar un dia de la semana para vender sus entradas a un precio más barato, a ver si de esa forma se atenuaba un poco la mala racha.
En La Charca Literaria,siempre atentos sus gestores a renovar ensaciones que en algún momento habían resultado populares, hace un tiempo abrieron una sección en su revista digital, “Los lunes, día del espectador”, para acoger en ella escritos de la ciudadanía colaboradora que, de alguna manera, envolvieran ese día, mediante su eventual lectura, en el aroma que transmitía, y aún de tanto en tanto transmiten, las buenas sesiones de cine.
Es en esa sección que hoy, lunes, me publican un articulito, en el que me vengo a preguntar, echándolo en falta, “Dónde se escondió el humor de Jacques Tati”. En él exploro unos cuantos escondrijos en los que, según mi criterio, aún se pueden encontrar sus huellas, tan necesarias.
Lo que pasa es que, dada mi inveterada costumbre de, en mis trayectos, pasar por Vic esté la ciudad o no en la dirección de mi objetivo, me paso un buen rato de lo escrito (y espero que de lectura de quienes se asomen al enlace inferior) recordando el mal trago que hube de pasar en casa de un director de fábrica que, mira por dónde, era un forofo de Jacques Tati.
Aquí abajo debería dar el clic quien sienta un mínimo de curiosidad por la cosa:

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

Forza Bastia




Sabía de su existencia, pero no había podido ver “Forza Bastia” (Jacques Tati y Sophie Tatischef, 2002; en Filmin) hasta ahora.
Me lo he pasado muy bien con el ojo de Tati filmando la expectación de los habitantes de la capital corsa previa a la final de la Copa de la UEFA de 1978 entre el equipo local y el Eindhoven y luego, ya en el campo, primero el nerviosismo por si se iba a suspender el partido debido a la lluvia caída y haberse convertido el terreno de juego un auténtico campo de coles inundado, y luego la paulatina decepción porque no llegaba la goleada deseada.
Es quizás en todo ese principio con los prolegómenos donde se puede observar mejor la sabia mirada de Tati. Ahí están los planos recurrentes del cura y su sacristán subiéndose al tejado de la iglesia para quitar de la Cruz la bandera del equipo que unos forofos cuelgan una y otra vez. O esa niña, algo apartada, que no consigue hacer ir la carraca y la retira con vergüenza para que no capten su fracaso.



 

jueves, 13 de agosto de 2020

Formas de mirar(se)


Ha resultado una buena sorpresa este libro, que tenía guardado desde 2013 en espera de lectura, y al que me habría ido bien acudir en varias ocasiones en que he citado dos películas extraordinarias, tanto para mí como veo que también para su autor las mejores de sus respectivos directores, “Una mujer en Paris” (Charles Chaplin, 1923) y “Playtime” (Jacques Tati, 1967).
Dice Imanol Zumalde en la introducción de su “Formas de mirar(se). Diálogos sin palabras entre Chaplin y Tati, Lewis mediante” (Biblioteca Nueva, 2013), que el largo tiempo transcurrido entre que escribió el manuscrito y encontró una editorial que quiso darlo a conocer le hizo repasar el texto centenares de ocasiones, limándolo y simplificándolo en cada una de ellas, haciéndolo más inteligible.
Aún queda en el libro mucho término de esos que trufan los estudios académicos, neologismos creados, quiero pensar, en un intento de referirse a procedimientos que carecen de terminología precisa para identificarlos, pero que hacen tan farragosa una lectura a nosotros los profanos. Pero no hay que inquietarse. Si bien prevalecen, está su significado claramente, por varias aproximaciones, explicado.
Esta secuencia de “Una mujer de Paris”, pese a que no incluye a ningún personaje principal de la trama, es señalada por Zumalde como la clave de toda la película. En ella Chaplin trabaja con el fuera de campo, con lo que no puede verse, de una forma que entusiasmó e influyó un montón en Lubitsch. Además de que la protagonista del streaptease y quien le ayuda no dejan de verse -dice- como piezas de un proyector de cine y esa enrollada sábana como el celuloide que va de una bobina a otra

La tesis del libro, avanzada, desarrollada y concluida en él, es la de una cierta simetría entre la obra de Chaplin y la de Tati, y entre esas dos películas que he citado al inicio en particular. Y, para ello, y ahí está la gracia de la operación, Zumalde procede, paso a paso, a ahondar en la observación de las películas y en determinadas secuencias suyas en particular (de las que adjunta detalladas imágenes), dando lugar a un apasionante recorrido que, aunque llegue en algún momento a conclusiones sobre su gestación y significado que seguramente nunca se les habría ocurrido ni a Chaplin ni a Tati, ofrecen una interpretacion redonda, muy completa, sin fisuras.
Sobre hablar de lo que no se ve o se ve por su reflejo o intermediación, sobre intentos de dar borrón y cuenta nueva al hacer esa película y sobre batacazos que hacen tornar al redil, así como sobre el “aquí estoy yo” autoral, va la cosa. Pocas veces esas dos películas, los recorridos de esos dos grandes directores, resultan tan bien, de manera tan precisa, explicados.

No se ve nada bien, pero no he encontrado otra captura mejor. En la escena de la estación de tren hace su aparición Chaplin (quien por primera vez no es protagonista de una de sus películas) haciendo de porteador de maletas, vestido de tal forma que -à mí me pasó en una primera y quizás en una segunda visión, no ya en la tercera- puede pasar desapercibido para el espectador.

De la misma forma que en “Playtime”, en la escena inicial en el aeropuerto, aparece “un” Mr. Hulot.

 

viernes, 22 de diciembre de 2017

El ilusionista



No me gusta ver dibujos animados. Lo sabe José Luis Márquez, hoy desaparecido en combate, esperemos que sólo para coger un respiro y volver con más fuerza, quien nos suministraba unas sesiones semanales tan bien escogidas que en muchas ocasiones vencía mis reticencias. Pero hoy me he dejado llevar por "El ilusionista" (Sylvain Chomet, 2010, grabado anoche en TV5Monde), una pieza que, por cierto, JLMárquez sacó a colación varías veces, junto a alguna otra joya de Chomet.

Me he dejado llevar por su dibujo, pero sobre todo al distinguir que su protagonista es nada menos que Mr. Tatischeff, un ilusionista con el completo aspecto y movimientos del gran Jacques Tati, autor del guión del film. Un guión que no debía ser autobiográfico salvo en aspectos anecdóticos, porque Tati, aunque se dedicara buena parte de su vida al mundo de las variedades, al proceder de una familia aristocrática rusa exiliada en Francia, no creo que hubiera pasado nunca las penalidades que debe superar el personaje.

Mr. Tatischeff abandona un teatro de variedades parisino ya cansado de su arte y unos dibujos muy buenos nos hace acompañarle en su paso del Canal de la Mancha y su peregrinaje por Gran Bretaña, en busca de un local donde actuar. Lo hace primero en Londres, pero con la mala pata de coincidir con el momento de eclosión de los grupos pop, que acaban con las antiguas formas populares de espectáculo. Luego va a Escocia, llegando hasta -en unas viñetas que tienen mucho del Hergé de "La isla negra"- una perdida isla del norte.

Estos son, para mí, los mejores momentos del film, que luego se enreda un poco demasiado sentimentalmente con una niña que, por su afán de complacerla, le arrastra a la más absoluta ruina y a la necesidad de buscarse trabajos de todo tipo. En compensación, las escenas de esta segunda parte tienen la virtud de presentarnos un vistoso Edimburgo años 60, muy realista, del que quien haya visitado y gustado de la ciudad disfrutará.

Un bálsamo para curar recientes sinsabores.

lunes, 20 de febrero de 2017

Jacques Tati en Ombres Mestres


Estos días voy comprobando que, en general, la gente guarda un buen recuerdo de Jacques Tati, pero hace ya algún tiempo que no ha visto ninguna de sus películas. Quizás entonces a alguno le pueda resultar agradable (y -¿por qué no?- reconfortante) asistir a la sesión de "Ombres Mestres" que le dedicaremos mañana martes 21 por la tarde.

Al pensar en Tati nos viene a la mente su personaje, Monsieur Hulot. Y a él, claro, dedicaremos nuestra atención, observando que es un árbol que tiene sus raíces en sus actuaciones en el Music Hall y en el cartero de "L'ecole des facteurs" o "Jour de Fête", extendiéndose más tarde por casi toda su obra: sólido tronco básico en "Les vacances de Monsieur Hulot", ramas dispersas en "Playtime", en la que hasta aparecen varios posibles Hulot y, si no desaparece, casi se diluye.

Pero Tati no es en absoluto únicamente su personaje, ni mucho menos. Tienen que recorrerse sus películas tanto por sus encuadres (llenos de una vida semioculta que a veces cuesta encontrar, como las monjas de la imagen, en las que aún no he reparado pese a las varias visiones de su espectacular "Playtime") como por la utilización de un sonido a veces más importante que la imagen a la que sirve. Y yo creo que en la sesión se podrá confirmar lo elaborado y efectivo de sus numerosos gags, de todo orden.
Si alguien se anima, en este enlace todos los datos prácticos necesarios:

viernes, 17 de febrero de 2017

El mundo según Tatischeff

Si se inscribe el nombre de Dimitri Tatischeff en la casilla para búsquedas de Google, aparece reseñado un embajador ruso en la corte española de principios del siglo XIX, al que un libro que lleva por título "Breve historia de los Borbones españoles" le adjudica el calificativo de "intrigante", y le hace protagonista de la venta de una buena cantidad de barcos al gobierno español que nunca llegaron a navegar.
Por el nombre, y a falta de los correspondientes análisis (otra web, pero de pago, dice facilitar todo el árbol genealógico de este buen hombre), bien podría ser el abuelo de Dimitri Tatischeff, general ruso adjunto a la embajada en París y abuelo de Jacques Tatischeff, un crío muy bien relacionado con la nobleza rusa exiliada en Francia por motivo de la revolución desatada en su país.
Todo esto sólo nos debería interesar si queremos saber algo sobre la atalaya desde la que podía divisar el mundo de los nuevos ricos en alguna de sus películas Jacques Tati, a la sazón nombre artístico posterior de ese último Tatischeff. Quizás aparezca mencionado, pues, el próximo martes, al ver y analizar alguna secuencia del "Ombres Mestres" con el que intentaremos captar la evolución de su personaje en sus películas, la eterna confrontación que se da en ellas entre un mundo antiguo, desapareciendo aceleradamente, y otro nuevo que, mirado con una buena lente, tanto nos explica sorprendentes paradojas como nos hace advertir jocosos comportamientos.
Pero en lo que intentaremos fijar más nuestra atención es en los mecanismos cinematográficos -sonoros y visuales- que ponía en marcha Tati. Unos mecanismos que, al menos para quien esto escribe, lo colocan en lo que Andrés Sarris llamaba "el Olimpo de los directores", con elementos muy similares a los en ocasiones empleados por un Robert Bresson, luego seguidos por gente también de mi admiración como Otar Iosseliani. Y también está planificado, claro está, disfrutar de unos cuantos de sus gags.

martes, 25 de octubre de 2016

Playtime


En el fotograma de "Playtime", la chica americana vestida de verde ha accedido al escenario del ya deteriorado, pero poco antes flamante nuevo restaurante Royal Garden y toca una delicada pieza al piano. El momento después llega la escena que me indujo a escribir la cosilla esta que hoy, de forma inconsciente, publican en "La Charca Literaria"

À Paris autrefois

Esta escena me atacó muy recientemente y localizó mi fibra sensible en un flanco inusitado, porque lo creo tener, en general, bastante bien defendido.


Estaba viendo Playtime (Jacques Tati, 1967) en el cine, en copia gloriosamente restaurada. Ya ha pasado de todo en la inauguración del Royal Garden, un restaurante con ganas de sorprender por su elegante modernidad y que, curiosamente, recuerda mucho a los que han surgido desde entonces cerca de nuestras casas. Con su decoración hecha trizas por continuos desajustes entre lo pensado para su diseño y su respuesta ante la realidad, los músicos de la orquesta se han ido a casa porque han llegado al límite de lo soportable. Una chica americana acede entonces a tocar el piano, y de los ritmos africanos bailados frenéticamente por los comensales se pasa a una preciosa y calmada pieza. Una señora francesa se acerca a felicitarla. Le comenta que hace mucho tiempo era una buena cantante, y se pone a interpretar una antigua cancioncilla. Hemos llegado al momento.


La canción es À París autrefois, y habla de eso, de la ciudad que vivió en otro tiempo, de unos acordeones, no entendí mucho más. Momento de calma entre la vorágine y el caos, no es que la gente que llena el restaurante, ni siquiera el espectador, haga un mínimo caso a la cantante y a su canción, que se pierde entre el general follón que lo domina todo. Pero en esta ocasión la canción ha sabido encontrar su camino, al menos conmigo. Un camino allanado por la visión previa del París de toda la vida que hace a Mr. Hulot salir a una terraza exterior del moderno y frío edificio de aluminio y vidrio, idéntico a los de otras ciudades de todo el mundo. O por aquel destartalado kiosco de flores que fotografía esa misma americana que toca el piano, turista atípica, que siempre se aparta de su grupo atraída por pequeños detalles que humanizan el entorno. Allanado por lo que fue y se resiste a desaparecer.

jueves, 25 de agosto de 2016

Playtime

Dentro de una hora, en el Verdi, una buena oportunidad para ver la película más elaborada de Jacques Tati en pantalla grande.
Tativille



Uno de los gays visuales más serios.

El neón director.
El ambiente que se ha hecho luego omnipresente de los aeropuertos, los grupos de turistas,...


viernes, 26 de diciembre de 2014

École de facteurs

Ya que por estas fechas se deben decir cosas de éstas: Arranquemos el nuevo año con ganas y fuerza, pero con atención...

https://www.youtube.com/watch?v=b_4lcpc71PE
 
Jacques Tati
youtube.com

domingo, 29 de septiembre de 2013

Tati en el aeropuerto


El viernes estuve intentando poner orden por casa, y le tocó el turno a mis "obras completas". Me hizo gracia encontrar unos escritos para el "Fulls dels Enginyers" ya con años a cuestas, porque dejaron en evidencia que siempre estoy hablando de lo mismo. Por ejemplo, esto es de 1993:
"Surge de la observación durante una espera más larga de lo previsto en una terminal del remozado Aeropuerto del Prat. Un grupo compuesto por la tripulación de una compañía extranjera aparece por un "finger". Una puerta de cristal les cierra el paso. Por el otro lado de ésta, otra azafata se acerca hacia el grupo, hablando por un aparato de radio, hasta llegar a un mostrador a unos metros de ellos, pero siempre con la puerta de cristal por el medio. Debe haber algún fallo técnico, la puerta y/o la radio se estropean, pero el caso es que la azafata del interior hace gestos al grupo del exterior, también gesticulante haciéndose entender, para que se desplacen y den toda una vuelta hasta llegar al nuevo lugar de encuentro. Fue inmediato pensar en que Jacques Tati ("Mon oncle", "Play time", "Traffic",...) consideraría una fuente inagotable de inspiración el aeropuerto de Bofill."

lunes, 18 de febrero de 2013

Tati, guardia urbano

La pantomima comparativa de Jacques Tati comparando un guardia urbano inglés con uno francés...
Jacques Tati en 1973 dans une émission anglaise imitant un…
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miércoles, 30 de enero de 2013

Il portiere




Jacques Tati llegó a hacer en Barcelona, en vivo y en directo, este tipo de actuaciones imitando, por ejemplo, a un portero.
Era volver a las actuaciones de mimo de su juventud, pero justo cuando la ruina de su empresa ("Playtime"...) le condujo a vender su excelente "Trafic" y todos los films anteriores -que, ironías de la vida, tuvieron un éxito inusitado... que enriqueció a otros- y regresar al pasado ("Parade")

https://www.youtube.com/watch?v=Y_ejuEJbNSA

martes, 6 de noviembre de 2012

Tati compara un agente británico con uno francés


A modo desengrasante, una pequeña parodia, muy divertida , de Jacques Tati.
Jacques Tati en 1973 dans une émission anglaise imitant un officier de police officier londonien puis un officier de police français ...
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martes, 4 de septiembre de 2012

La Velosolex de Mon Oncle


Postals - 154
"Mon Oncle. Un film de Jacques Tati"
Junto a un montón de dibujos sobre Tati se han comercializado también postales con algún fotograma característico de sus películas, como éste.
Al margen del equipo habitual de Hulot (sombrero, pipa, gabardina, calcetines, zapatos, paraguas,...) y a un muy feliz sobrino descubriendo mundos vetados, esta foto contiene otro elemento que no dejo de apreciar, por un asunto de biografía personal.
En mi familia había habido unos antecedentes verdaderamente trágicos, que hacían a mis padres oponerse a todo lo que sonase a motocicleta. Es así como a los 14 años accedí al aparato de dos ruedas más peligroso que nunca he conocido, una Velosólex. Pero esa es otra historia...