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martes, 24 de noviembre de 2020

Voices in the wind




El terrible terremoto y tsunami del Japón fue en 2011. En “Voices in the wind” -lo siento: parece haberse hecho norma de repente que todos los títulos se deben nombrar en inglés- (2020), Nobuhiro Suwa nos hace seguir el recorrido de sur a norte del país de Haru, una chica de 17 años que perdió a su familia entonces.
Haru, que vivía con su tía en Hiroshima (75 años después del bombardeo) no quería ni oír hablar de ir a visitar el sitio en el que antes vivía, donde una ola gigante le arrebató a su familia, pero acaba emprendiendo un largo viaje en solitario, que constituye casi toda la película.
Pasados nueve años Nobuhiro Suwa ha debido sentir la necesidad de efectuar el duelo de lo sucedido, saber cómo está ahora todo lo que murió violentamente entonces, y él y su otro guionista hacen verlo por sus ojos -y mostrárnoslo a nosotros- al tiempo que hacen coincidir a Haru en su recorrido con diferente gente que estuvo conectada directamente con la tragedia, para poder tener una visión más amplia.
No me gusta nada su final (el que da nombre a la película, que en realidad es algo así como “Teléfono al viento”), porque es totalmente redundante con lo ya visto en las dos horas previas, sin aportar nada nuevo. Yo lo habría dejado cuando ella revela -y es una revelación importante, oculto hasta entonces- su nombre completo -Primavera radiante-, pero eso son minucias que no restan demasiado al intento.
Sesión, pues, de acercamiento al duelo, al tiempo que una provechosa mirada al Japón actual, en el festival de Gijón, visible en Filmin hasta el jueves 26 a las 19h.


 

viernes, 4 de mayo de 2018

Un couple parfait

Aún sin ese gesto de ir cerrando la puerta, una barrera existe siempre en esa habitación entre ambos, que apenas la franquean.

La única foto que he encontrado del hotel parisino a la que van a parar esa pareja considerada perfecta que llega de Lisboa para asistir a la boda de unos amigos es una captura no muy buena que alguien dejó por la red. Aunque no se vea muy bien, la pongo por aquí: Valeria Bruni-Tedeschi está en ella cerrando la puerta que separa su habitación del estar de la suite, en donde han puesto un plegatín para que duerma en él su marido.
Con la puerta abierta o cerrada esa barrera entre los dos existe y se hace presente siempre, porque la pareja de "Un couple parfait" (Nobuhiro Suwa, 2005, pasada completando ayer en la Filmoteca su retrospectiva del Festival d'A), pese a que les cueste creer a sus amigos, está iniciando un proceso de divorcio. La película sigue y evidencia ese desencuentro entre los dos, más allá de ese muro separador. Nada más empezar, acompañando los títulos de crédito, los vemos, como pasaba en "M/other", juntos pero ajenos el uno del otro, en el taxi que los acerca al hotel, todas las ventanillas cerradas, viendo nosotros más el exterior reflejado en los vidrios del coche que a ellos dos en si interior (segunda foto).
Más reflejos exteriores que vida en el interior del coche.

A partir de ese instante, aunque acudan juntos a algún sitio, una barrera de algún tipo nos indica cuán lejos se hallan entre sí. La perfección formal de Suwa refleja muy bien eso en los encuadres que va presentándonos para que sigamos la acción. El film también sigue a ambos (sobre todo a ella) en sus salidas por su cuenta. En todos notamos que un proceso doloroso, que no deja indiferente, está en curso. Planos siempre de una marcada elegancia, sólo muy de tanto en tanto rematados con dos o tres notas sueltas de piano.
El personaje de Valeria Bruni Tedeschi, aquí separado por muro y luz.

Para ahondar aún más en ello es remarcable sobre todo la escena de la primera visita de ella al museo Rodin, donde oímos un texto de Rilke muy pertinente, pues de alguna manera ella se identifica con la interrogación que contiene sobre a dónde la llevará el futuro.

Elegancia, pero también poder de observación y precisión, he detectado en Suwa, como atestiguan esos pasos zigzagueantes, producto evidente del alcohol, de todos los asistentes a la fiesta de la boda, por ejemplo, en una escena que le sirve para emparentarse con un cine europeo como el de Jacques Doillon, un realizador aquí haciendo de actor que, por cierto, en tiempos también cuidaba en extremo sus encuadres.
A la salida del cine no, pues prevalece entonces el comentario exaltando una u otra secuencia, a tal o cual actriz, tapándolo todo. Pero luego, ya casi llegando a casa, me ha entrado una cierta tristeza, posiblemente por los pasos no dados, por todos los trabajos de amor perdidos, como titulaba Marcos, de una forma tan sentida, su espléndida crítica de "El Sur" para aquel periódico de no muy larga vida, "El observador". Yo ya me entiendo.
La posible amiga nocturna de la pareja. Ella ahí, totalmente expuesta a nuestras miradas, abierta. Él, semiescondido en su butacón.

jueves, 3 de mayo de 2018

M/other y H Story

M/other

"M/other" (Nobuhiro Suwa, 1999) recuerda temáticamente en algún aspecto a "2/Duo" (1997), ya que su pareja protagonista veo que podría ser, en cierto modo, una de las posibles derivaciones futuras de la pareja de esta su película previa, pero incorpora ya alguna de las características estilísticas de "H Story" (2001), como esos cambios de escenas mediante colas vacías manteniendo la intriga sobre si ya acaba ahí la película o si se reanudará de nuevo, de hecho en "H Story" más coherentes con la trama, pues pueden tomarse como empalmes de rushes del rodaje de la ficción), o esas ocasionales notas discordantes musicales de la banda sonora. Por más que lo intente, en cambio, no le saco ningún parecido (de hecho a ninguna de las tres) con "Le lion est mort" (2017).
Por el final de sus larguísimas dos horas y media, ayer me puse a fijarme, viendo Mother", en la utilización de los vidrios, espejos y sus reflejos como elementos de puesta en escena colocados ahí para ayudar al espectador a captar la situación emocional de sus personajes en ese momento de la trama. Hay una escena que anuncia una ruptura resuelta evitando la visión directa entre uno y otra, como ya hizo Truffaut en su "Antoine et Colette". En varias ocasiones se ve a la pareja desde el exterior de la habitación, ellos tras el vidrio del muro, lleno de reflejos que dificultan la visión. También resuelve una escena colocando a la pareja, en crisis, discutiendo, dentro del coche, con los vidrios cerrados y reflejando el ambiente exterior. Te pones a pensar si José Luis Guerin, gran defensor de esta película, no tuvo en cuenta consciente o inconscientemente esta escena para reproducirla, a su modo, en "La academia de las musas".
Es curioso que tanto "M/other" como "H Story" (ésta con su nuevo rodaje, en la ficción, del guión de "Hiroshima mon amour", alcanzando a mi entender sus más altos momentos...cuando incorpora las escenas de la película de Resnais que mostraban fotografías en blanco y negro de la ciudad tras la explosión de la bomba atómica) las he visto estos días con interés, pero la verdad es que me han resultado algo cansinas. Por lo reiterativa de una trama con niño que se veía venir desde un principio en la primera. Por no verse una salida argumental más allá del ambiente ligado a la película de Resnais la segunda. ¿Será ese el destino de los films que quieren ser en su época rompedores?
En cualquier caso, a falta de averiguar mañana si la revisión de "Un couple parfait" (2005) me hace mantener la altísima consideración que tengo de la hasta el año pasado única película francesa del realizador japonés, pase lo que pase, lo que tengo claro es que esto de las retrospectivas de un autor de interés es y será de las cosas mejores que puede ofrecer una institución como la Filmoteca. En colaboración con un festival, como en este caso el de D'A, o por su cuenta y riesgo.
H Story

miércoles, 2 de mayo de 2018

2/Dúo


Dicen que "2/Dúo" (1997, pasada anoche en la Filmoteca, dentro del Festival D'A) fue el primer largometraje de Nabuhiro Suwa y, vista ahora, habla, ciertamente, de la aparición de un autor, que venía a enlazar con los nuevos cines de los 60.
Austera, rodada casi exclusivamente en tres escenarios interiores y uno principal exterior que da pie a un travelling de genio, la vimos en una copia en celuloide, en no demasiado buen estado y, aunque no sé si es el caso, con el grano ese típico del 16mm o el subformato inflado.
Narra el deterioro y rotura de una joven pareja, ella muy aplicada, él un desastre acomodaticio que la maltrata hasta el trastorno.

Está resuelta en general a partir de planos fijos bien resueltos pese a los pequeños espacios en los que hay que plantar la cámara, con la extensión de alguna panorámica que nos acerca a alguna cosa que llama el interés o a la reacción de la chica. Los ruidos de una primitiva lavadora que pone en marcha indolentemente el chico o las miradas que cruza la otra dependienta de la tienda de moda con la chica van pautando la evolución de la situación. Aunque ésta también se puede seguir por el espejo del pequeño apartamento y la relación de cada personaje con él.

Por el final da la impresión de que el director se pusiera a hacer un documental, entrevistándola a ella, preguntándole sobre su personaje. Una apertura hacia otro estilo para dar a entender que convendrá seguir con interés toda la retrospectiva Suwa.

sábado, 28 de abril de 2018

Le lion est mort ce soir


Hablemos, quizás mejor, de la película que pudo ser, de la que hay ramalazos por aquí y por allá, por encima de la que parece que entusiasmó anoche a una sala Chomón de la Filmoteca llena. "Le lion est mort ce soir" (Nobuhiro Suwa, 2017) lo tenía todo a su favor, hice esfuerzos continuados por entrar ella, pero me fue imposible.

Podría llegar a entrar en la película que pudo ser, una vez recuperado de la visión de un Jean Pierre Leaud hecho fosfatina, ese viejo actor angustiado por no saber cómo interpretar su muerte durante el rodaje de un film dirigido por Louis-Do de Lencquesaing, a quién se recuerda con agrado en un papel parecido en "Le père de més enfants", de Mia Hansen-Love. Allí interpretaba a un productor asediado por problemas de todo orden y aquí, aunque se los toma muy serenamente, no está nada mal el surtido de follones que le interrumpen el rodaje.

En esa película que pudo ser estaría, definitivamente, ese encontronazo con Isabel de 
Weingarten, nada menos que la actriz de "Cuatro noches de un soñador", de Robert Bresson o de "La maman et la putain", de Jean Eustache, pero, claro está, muchos años después. Hay el abrazo del encuentro, pero ella se da cuenta por la cara de él: "No era a mí a quien querías ver", le dice, cogiendo sus bolsas y yéndose. Viendo esa escena tuve yo un despiste significativo. En vez de entender el significado literal de la frase, que es el que inmediatamente se revela verdadero (porque es a una mujer muerta hace años a la que realmente quería ver), entendí que quería decir que no era a ella a la que quería ver, sino a la de hacia 50 años...


Otros ramalazos por la película me dieron la impresión de que podía conectar con ella, como esa expresión rápida de JPL que recuerda las de JPL mucho más joven, o apariciones fulgurantes, en escenas como de cuento de hadas, de ese único amor de la vida del viejo actor que murió tan joven.

Los exégetas de la película estarán moviendo la cabeza en señal de negación. Deben considerar inverosímil que no capte esa maravilla de cine dentro del cine (al margen del rodaje profesional que abre y cierra la película, la trama que se entremezcla con la explicada es la de un rodaje de una película de fantasmas por parte de unos niños bastante chapuceros y muy poco uniformes que convencen a JPL para que también sea su actor), esa poesía que emana de la sencillez de la trama y de sus secuencias. Está claro que veo el valor simbólico que tiene que uno de los más reputados directores contemporáneos, como Nobuhiro Suwa, haya escogido para protagonizar su película al que fuera el niño de "Los cuatrocientos golpes" con la intención de hacerle representar su muerte, pero me sabe mal que, signo de los tiempos, no consiga más -en mi apreciación, claro- que una sencilla plasmación de lo que a priori ya sabes leyendo el enunciado de la propuesta.