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viernes, 26 de agosto de 2022

Éric Rohmer y Maurice Schréder


Si tuviera que señalar una cierta tesis que se desprende de la lectura del voluminoso “Éric Rohmer” (Antoine de Baecque y Noël Herpe), ésta sería el sorprendente poso autobiográfico en la filmografía del cineasta.
La sorpresa, básicamente, surge de que, como se indica con profusión en la biografía, te ha quedado clara la radical separación entre dos mundos: el del cineasta Éric Rohmer y el familiar de Maurice Schréder.
Para corroborar esa ausencia de puentes entre esas dos personalidades, creo muy válida la experiencia narrada por Françoise Etchégaray en su “Cuentos de los mil y un Rohmer”:
El octogenario Éric Rohmer está rodando “Triple agente” en las afueras de Paris. Deciden rodar también un festivo, tras largas negociaciones hasta el último momento con los afiliados a los sindicatos del rodaje, pero alguno de ellos se desdice cuando ya han regresado a dormir a Paris, todo preparado para reemprender el rodaje al día siguiente.
Françoise Etchegaray recibe una llamada con la noticia, pero no puede facilitar el teléfono de Rohmer que le solicita el informante para darle también a él el aviso porque ella, que le ha estado haciendo durante unos treinta años de una especie de secretaria para todo, no lo tiene tampoco, pues eso pertenece a la esfera privada de los Schréder.
Françoise Etchegaray utiliza entonces la única información sobre ese mundo privado que posee: su dirección personal. La consiguió, excepcionalmente, cuando, tras el rodaje de la previa “La inglesa y el duque”, Rohmer le confesó en un aparte que iba a sufrir una importante operación quirúrgica que lo iba a mantener aislado durante su recuperación, y le pidió llevarle periódicamente el correo a su casa… en un horario en el que su mujer ya no estaba en ella.
Para ahorrarle la paliza del desplazamiento en un día festivo y el chasco consiguiente, Françoise, que no sabe a qué hora tenía Rohmer previsto ir, pues no lo había detallado y no había una hora de encuentro fijada, acude a las 6h frente a la reja de su edificio de la rue de Ulm. Al cabo de un cierto tiempo lo ve aparecer y le puede dar la nueva.


 

domingo, 21 de agosto de 2022

Sobre el sonido en el cine


Sobre el sonido en el cine.
No deja de ser “Cuentos de los mil y un Rohmer” una especie de cuaderno de notas, de diario, en el que Françoise Etchegaray escribe no sólo todo lo que tuvo que ver con los trabajos que emprendió con Rohmer, sino cualquier tipo de reflexión, y alguna de ellas, como la de a continuación, se conservan en el libro ahora editado por la Ecam,Dama y Caimán.
Françoise Etchegaray hizo durante muchos años de chica para todo en la preparación de películas de Rohmer. Pero en varias ocasiones, y “Cuento de invierno” fue una de ellas, se encargó además del sonido. Provista de un casco y grabando sonidos de la naturaleza en la Île-Aux-Moines, explica que se le abrió un nuevo mundo y luego escribió esta reflexión, que me resulta muy interesante:
“(…) el sonido está más presente que la imagen. Cuando filmamos con una cámara, en 16 o 35 mm, lo que vemos es la muerte en acción. El ojo en el visor ve latir (a veinticuatro imágenes por segundo) la vida que se va. Apenas fijada, ya se ha ido. Latido, párpado, aleteo. Fulgor. La vida como un relámpago, un parpadeo de la eternidad. Y cuando volvamos a ver estas imágenes mucho tiempo después, sólo queda nostalgia, dolor por lo que fue y ya no es. Tan efímero. Mientras que si uno escucha de repente la voz amada de una persona muerta, está inmediatamente presente. Es la llamada abrumadora de la realidad revivida. No hay nostalgia inmediata, sólo el impacto de la vibración. El sonido no tiene pasado ni futuro. Está ahí. Ni envejece ni muere. (…)
En la fotografía, Françoise Etchegaray y Eric Rohmer durante el rodaje de “Un cuento de invierno”.


 

sábado, 20 de agosto de 2022

Cineastas dostoievskianos


Una primera escena del libro de Françoise Etchegaray sobre su larga relación con Rohmer, “Cuentos de los mil y un Rohmer” (ECAM/DAMA/Caimán Cuadernos de cine, 2022), que promete ser muy productivo en ellas:
Explica Françoise que, cuando Rohmer acudió a la oficina el día siguiente de la muerte de Bresson, en diciembre de 1999, le confesó lo siguiente: “Toda mi obra está hecha contra él. Sin duda porque él es dostoievskiano como yo. Hay algo de novela policíaca en Dostoievski”. Y luego: “Me intimida porque a lo que apunta está muy alto”.
Y acaba diciendo que ese día se vieron, gracias a un DVD de Rohmer, “Au hasard Balthazar”. “Era la manera más hermosa -sigue Françoise Etchegaray- de dar las gracias a Bresson”.