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martes, 13 de diciembre de 2022

Manoel de Oliveira fotógrafo

El cartel que vemos cada vez que bajamos por las escaleras mecánicas de la Filmoteca para acceder a una sala de proyecciones. La extraordinaria foto corresponde a la serie que hizo en el Club de Aviación del que formaba parte.


Moholy-Nagy



Rodchenko

Renger Patzch

Renger Patzch


Germaine Krull


Germaine Krull (Paris-Biarritz, tan cinematográfica…)Tarde dedicada a la (buena) fotografía en la Filmoteca.

Primero paseo por la exposición, procedente del Museo de Serralves, en Oporto, dedicada a “Manoel de Oliveira, fotógrafo” (hasta el 19 de marzo), con muestras de sus fotos de los años 30 a 50. Su comisario, Antonio Preto, se va preguntando y respondiendo a cada momento por las conexiones de estas fotos con sus películas posteriores. Algunas surgieron como preparación de éstas, pero otras tienen valor per se y nos hablan de un fotógrafo en el que así de buenas a primeras vi reflejos de los anuncios de Català Pic (del que, claro está, no debía saber nada: su influencia le llegaba de publicaciones europeas de las que también mamaba el fotógrafo catalán) y otros de su época, pero luego directamente, sin pensar en posibles modelos, una serie de retratos de su mujer, María Isabel, impresionantes o, por ejemplo, otra serie también impresionante, aunque en otro sentido, del Club Aéreo del que formó parte.
Luego fue el turno de Marta Dahó, con la conferencia ilustrada “El elogio de la luz. Una aproximación al contexto fotográfico europeo de los años 1920 y 1930”, que nos ordenó muy bien la cabeza sobre una serie de movimientos fotográficos que, aunque ya superados en Europa cuándo Oliveira fue haciendo las fotografías expuestas, marcan perfectamente los diferentes referentes de sus trabajos.
Empezó su exposición con Moholy-Nagy (La nueva visión, surgida en la Bauhaus) y Rodchenko (una fotografía de Oliveira lleva de forma inmediata a pensar en la famosa de este fotógrafo en la que aparece una mujer llevando en brazos a su hija mientras sube una amplia escalera). Situó a Rodchenko (cosas que nos hacen avanzar en la comprensión de la historia de la fotografía) como influido por las perspectivas de Moholy-Nagy, y una serie de fotos que nos mostró de edificios tomados en contrapicado no dejaron lugar a duda alguna.
De la nueva visión pasó a otro movimiento relacionado con el anterior en su afán de ir contra el pictorialismo previo, la nueva objetividad, de la que destacó el nombre de
Renger Patzsch y su búsqueda de “la belleza de las cosas”. Por esa vía llegó a señalar luego a la fotografía publicitaria de Hans Finsler y hasta a Josef Sudek, cuando el fotógrafo checo ya dejó bastante el pictorialismo.
Aunque con menos fuerza que en Alemania, estas tendencias también existieron en Francia. Señaló sobre todo el caso de Germaine Krull -a un tiempo muy relacionada con el cine-, a Florence Henri, y al Eugène Adget no preocupado por documentar la ciudad, para pasar a continuación a los surrealistas y, diagnosticado por primera vez en el cine por André Bazin, el realismo poético, que otros denominaron el fantástico social, para llegar a la fotografía humanista: Brassai, Kerestz, Izis, Emmanuel Sougez.
No podía dejar el panorama global sin hablar de nombres de por aquí a los que llegaron, como a Oliveira, todas estas influencias aunque fuera de forma tardía, y entonces aparecieron los nombres -y alguna imagen- de Català Pic, Antoni Arissa o Gabriel Casas.
Comentó Marta Dahó que no quiso basar su conferencia en la inmediata comparación entre las fotos de Oliveira y sus posibles referentes inmediatos, sino que creía mejor dar esta visión global que marcaba las sensaciones de una época. Todo un acierto.
Unas cuantas de las fotos de Oliveira colgadas en la sala de exposiciones de la Filmoteca nos dejaron, por un lado, ratificar su calidad, por otro, comprobar cómo se relacionan con todo lo anteriormente comentado.
Tras este rollo, cuelgo, incapaz una vez más de sintetizar, una barbaridad de fotografías, pero sólo una pequeña proporción de las que vimos. Unas las obtuve, como se verá, de la misma pantalla de la sala donde tuvo lugar la conferencia. Otras corresponden a fotos que proyectó que he encontrado fácilmente por internet. Perdón de nuevo por tanto exceso.

Eugène Adget.

Brassai. Paris de nuit.

Kertesz

Kertesz

Kertesz

Izis



Oliveira, que no Rodchenko.

Maria Isabel (años 50). Se ve que el comisario de la exposición explicó (hay un catálogo, muy bien valorado por Marta Dahó) que todas las fotos corresponden a una época en la que Oliveira no pudo hacer cine.

Y otra de las fotografías de Oliveira con la que te topas al entrar en la exposición.
 

viernes, 11 de noviembre de 2022

O pão y A caça


Fue una suerte que venciera ayer la enorme pereza, tras un día cansado, que me impedía bajar hasta la Filmoteca para ver la sesión de las 21h, en la que se pasaban, dentro del ciclo dedicado a Manoel de Olivera, dos mediometrajes suyos que no había visto, porque ambos, cada uno dentro de su género, me parecieron una maravilla. Se trataba de “O pão” (1959) y “A caça” (1964).
“A caça” es un cuento sobre la solidaridad que presenta a un par de gamberretes campando a su aire por su pueblo y campo de alrededor. Cuando uno de los chicos protagonistas pasa junto a una casa destartalada, la cámara se pone, inestable, a temblar de la forma más nerviosa. Pero lo más importante es la fuerza con la que se capta el ambiente, la vida del pueblo, con esos camiones pasando a toda velocidad por su calle-carretera y la tensión que va creciendo cuando los dos amigos se pasean por el cenagoso campo. En la sesión presentaron dos finales, uno de ellos obligado por la censura, pero en cualquiera de los dos el mensaje queda bien patente.
Por su parte, “A pão”, más largo que el anterior, presenta todo el proceso de elaboración del pan, sin olvidar ninguna fase. La cámara registra casi primeros planos del arado de un campo, de la siega, la trilla… y continúa luego con un travelling de una intensidad enorme que sigue al camión que lleva el grano por una estrecha carretera entre olivos hasta la enorme harinera. Quizás se extasía demasiado con la modernidad de ésta, que compara con el antiguo molino, por lo que se agradece luego ver el proceso siguiente, que nos lleva hasta la tienda, en un segundo término, en el que las personas han vuelto a ganar protagonismo al engranaje perfecto, sólo con vigilancia humana, de las máquinas. En cualquier caso, y para que aprendan muchos, todo el proceso se sigue perfectamente, sin un solo comentario explicativo directo o en voz en off, consciente el film del poder de transmisión de la imagen y su sonido..
Acostumbrado sobre todo a las últimas películas de Oliveira, no está de más ver sus primeras para descubrir por qué razón llegaba a ese “nuevo cine” que acabó haciendo, con la consideración de tratarse de un veterano de lo más respetado en todo el ámbito cinematográfico.



 

lunes, 31 de enero de 2022

Aniki-Bobó


La etiqueta del precinto del DVD decía diciembre 2009. Eso puede explicar que lo desastre que soy en cuanto a saber lo que tengo y no de cine no viene de la época de los ficheros. Ahí perdido, esperando ser visto…
No importa mucho que los actores de “Aniki-Bobó” (Manoel de Oliveira, 1942), todos no profesionales y la mayoría niños, sobreactúen, ni que la historia que narra, con la rivalidad de dos críos compañeros de clase por el cariño de la niña Teresinha, sea de lo más edulcorada.
Lo fundamental es que las correrías de los niños no están rodadas en su mayoría en decorados, en estudio, sino en exteriores, en las calles y lugares de Oporto, pese a estar hecha en una fecha tan temprana. Siempre con la presencia central del Duero, en cuyas aguas sucísimas, con todo de cuerpos extraños, nadan, por cierto, los niños.
Manoel de Oliveira quiso añadir, pues, una ficción a su inicial “Douro, faina fluvial” sobre Oporto.



 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Visita ou Memórias e Confissões




En 1981, Manoel de Oliveira tenía 73 años y debió pensar que, llegado al final de su vida, debía hacer un alto en el camino y hacer balance. Poco podía imaginar que no iba a fallecer, manteniéndose activo y elaborando películas, hasta 2015.
El producto de esta mirada echando balance es la muy especial “Visita ou Memórias e Confissões” (1982), que hoy ha colgado MUBI en su catálogo.
Es a la vez una película extraña y sencilla. Coincide en el tiempo con el momento en el que Oliveira debe abandonar, después de cuarenta años ocupándola, la casa que edificó para vivir en ella tras su boda con su mujer, María Isabel. Decide entonces filmar la casa antes de abandonarla, recordándome en algún momento un montón al esbozo del proyecto “Las cosas de Teresa” que hice antes de abandonar el dúplex al que fuimos a vivir. Sólo que Oliveira lo viste con un diálogo -parece ser que de la escritora Agustina Bessa-Luís- de una pareja que visita subrepticiamente la casa que me ha resultado (entre el portugués y sus subtítulos en inglés) bastante críptico.
Oliveira mismo aparece ante la cámara explicando diferentes episodios de su vida y sus creencias, así como se interpreta a sí mismo “proyectándonos” alguna película familiar. Me ha divertido, entre otras cosas, constatar que entre los nombres de conocidos cineastas que comenta pasaron por su casa estaba el de Francesc Llinás. Nos muestra también, de la misma manera, la casa donde nació (que construyó, junto a una fábrica, su padre, de quien explica que fue un emprendedor industrial muy activo) y la casa de campo de la familia de su mujer, mostrando los rincones donde preparó ésta o aquella película.
Por el final, la cosa se anima con unos cambios notorios de tono. Por un lado narra, con pequeñas cuñas ilustrativas de ficción, su detención por parte de la PIDE, la policía secreta de la dictadura portuguesa, mientras que más tarde explica sus fracasos para lograr, tras el 25 de Abril, una salida tanto para su casa como para la fábrica que construyera su padre.



Oliveira en el plateau de la Tobis Portuguesa, de la que cuenta en la película eran los únicos estudios aún en pie durante el rodaje de la película.

 

domingo, 22 de julio de 2018

Mausoleo de Manuel de Oliveira


Me lo ha enviado mi hija desde Oporto. Es curioso que en su mausoleo lo caractericen, además de cómo cineasta, como piloto de automóviles y atleta...

 

sábado, 1 de diciembre de 2012

101


101 años era la edad de Manuel de Oliveira (Porto, 1908) cuando Lluis Miñarro le produjo "El extraño caso de Angélica". Y "101" es el nombre del cortometraje que el mismo Lluis Miñarro ha confeccionando aprovechando la presencia de Oliveira para entrevistarlo, acompañando la entrevista con algunas escenas de sus películas (notoriamente de "Angélica"...).
Hoy "101" ha pasado por la casa Elizalde de Barcelona, en sesión de cortos organizada por "Barcelona, Espai de Cinema".
Y al principio de la entrevista Oliveira dice algo que debiéramos ya concederle todos los que hablamos o escribimos sobre él. Algo así como:
"Yo no puedo responder por mi edad. Porque yo no tomé la decisión de nacer. Pero sí que me responsabilizo por completo de mis películas."
Queda claro que, de una vez, debiéramos ya hablar y escribir de sus películas.