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lunes, 24 de abril de 2023

El diario de un cura rural



“Dos clases de películas: las que emplean los recursos del teatro (actores, puesta en escena, etcétera); las que emplean los medios del cinematógrafo y se valen de la cámara para ‘crear’ .”
Ésta es una de las primeras “Notas sobre el cinematógrafo” de Robert Bresson y, aunque llegó mucho más lejos en la depuración de su forma de hacer, en “El diario de un cura rural” (1951), que vi anoche, podemos apreciar fácilmente que ya estaba a fondo en ese empeño.
Una primera pista de ello es en la interpretación de ese actor que hace de ese recién salido del seminario que acude a hacerse cargo de su primera parroquia, en un ambiente más bien hostil, lleno de maledicencia hasta en los personajes que dirías más angelicales. En su pasión personal encajando golpes, buscando asideros que resultan de lo más resbaladizos, soportando muchas penurias, terribles sufrimientos físicos, elimina toda expresión que denote el efecto psicológico que le producen, y ofrece siempre un rostro de un mismo tono, pudiendo captar nosotros espectadores -eso sí- la terrible tristeza de sus ojos.
No pasa así con los actores que encarnan a otros personajes. Aunque estén también ellos muy contenidos, la malicia casi satánica asoma al rostro de la chica que difunde los bulos contra nuestro temeroso e inseguro curilla, o es fácil ver el rastro de la ironía del bon vivant en el del cura de la parroquia vecina, al que va el protagonista a pedir respetuosamente consejo. Me ha gustado comparar las charlas del cura rural y su veterano mentor con las de Depardié y Pialat en la adaptación de este último del mismo Bernanos (“Sous le soleil de Satán”, 1987), y ver divertido como Pialat se reservó para sí mismo ese papel.
Casi diez años antes de la eclosión de la Nouvelle Vague, Bresson iba a la esencia del libro de Bernanos, podándolo de mucha nota ambiental (aunque ésta aparezca diáfana en un diálogo que señala que en ese mísero campo todos son hijos de alcohólicos) y ofreciéndonos directamente de sus personajes aquello que la NV, que todo el cine moderno, quería reflejar: su interior.
Toda la estructura de la película, pero especialmente su primera media hora, es una maravilla mostrando la escritura y lectura (interior) del diario, con la imagen reproduciendo la escena escrita, en un juego que “Une simple histoire” (Marcel Hanoun, 1959), que tanto me la ha recordado anoche, llevó a su extremo.
Durante todo este largo inicio, las muy sencillas y cortas entradas de diario propician unas repetitivas y cortas escenas, separadas por una pantalla en negro.
En una ocasión vemos como el joven sacerdote franquea la verja de la propiedad del conde y se dirige corriendo hacia la mansión, que se distingue a lo lejos, cerrando el cuadro. Bresson, que aún no ha abjurado del todo de estos efectos, deja que la música alce el vuelo mientras se le ve correr.




 

martes, 27 de diciembre de 2022

Cuatro noches de un soñador

Un plano como éste te hace dar cuenta de lo que le deben a Bresson cineastas en principio de coordenadas tan alejadas como las de Koberitze.

A ver si una composición como ésta no vale por ella sola para lanzarse a ver la película.

sabelle Weingarten. ¿Fue Eustache en “La maman”, a través de su alter ego Alexandre, quien explicaba que se enamoró de una mujer porque había sido descubierta para el cine por Bresson o era él mismo quien lo decía? Godard, desde luego, también pudo haberlo dicho. Basta con leer el libro de Anne Wiazemsky…

Recuerdo la expectación previa y la satisfacción posterior, bañada en un seguro embrujo, de ver “Cuatro noches de un soñador” (Robert Bresson, 1971) durante su estreno en España. Creo que fue en el cine Azul de Madrid (o en uno que estaba muy cerca de éste) el último trimestre de 1974, durante una estancia mía en la ciudad, pasando un periodo de la mili.
Ahora, aprovechando que Le Cinema Club ofrece hasta el viernes la película (enlace en versión original francesa subtitulada al inglés abajo), la he vuelto a ver y me ha dado por pensar lo fácil que lo tendría de ser una película actual y que me pidieran participar en ese juego en el que has de decir cuáles de las películas que has visto durante el año te han gustado más.
La nocturna visión inicial de la atractiva y algo fantasmagórica silueta de Isabelle Weingarten en el Pont des Arts marca toda la película y su desarrollo posterior, así como, veo ahora, mucho del cine futuro que seguiría esa cuerda.
“Cuatro noches de un soñador” está íntimamente ligada con la posterior y ahora recuperada “La maman et la putain” (Jean Eustache, 1973) al menos por dos cabos bien sujetos: por un lado está el de la entonces debutante y luego fugaz actriz, posteriormente casada -seguro que jugó un papel importante en eso la fascinación cinematográfica por esta película- con Wim Wenders y Oliver Assayas. Por otro, mucho más fuerte, por su director de fotografía, Pierre Lhome. ¡Cómo se entiende que Eustache, por su admiración por Bresson, coptase a ambos!
Es extraordinario cómo van viéndose los mecanismos que emplea Bresson para, sin olvidar ni uno de sus postulados, ir proporcionando un cierto dinamismo y saber estar actual, que puede resultar hasta inusitado, a la película.
Así, por un lado, vemos cómo, por ejemplo, la cámara encuadra y sigue a la cesta de la compra cuando el personaje entra con ella en la cocina, o vemos de los que curiosean los puestos de los bouquinistes del Sena únicamente sus piernas, pero también, por otro, asistimos a la proyección en un cine de un truculento polar cuyas escenas filma, a la par que detectamos que debe ser el film de Bresson con más música por metro rodado. Aparecen varias veces jóvenes tocando la guitarra ofreciendo pautas musicales a la acción, se sigue de lo más atentamente la evolución de ella delante del espejo a ritmo brasileño y, sobre todo, en otro momento, parece que, rompiendo sus convicciones al respecto, Bresson haya puesto musica a una escena de la película, cuando en seguida vemos que se trata de la que supuestamente produce un grupo brasileño que toca en un bateau mouche que pasa en ese momento.
Como siempre, todos los personajes son perfectos modelos, que besan o lloran apasionadamente…sin aparente pasión más que interna.
Queda de la película el poso dramático que le dan unos de sus protagonistas absolutos, los quais del Sena, río de suicidios o intentos de suicidios y el deje de melancolía que ofrece las miradas del soñador, solitario a su pesar, a las parejas que se abrazan por ese entorno. Decididamente, uno quisiera para ese personaje un final como el de Pickpocket.

Junto al Sena. Guillaume des Forêts me recordó en alguna que otra ocasión al Jesucristo de “La pasión según Mateo” pasoliniana…



 

sábado, 20 de agosto de 2022

Cineastas dostoievskianos


Una primera escena del libro de Françoise Etchegaray sobre su larga relación con Rohmer, “Cuentos de los mil y un Rohmer” (ECAM/DAMA/Caimán Cuadernos de cine, 2022), que promete ser muy productivo en ellas:
Explica Françoise que, cuando Rohmer acudió a la oficina el día siguiente de la muerte de Bresson, en diciembre de 1999, le confesó lo siguiente: “Toda mi obra está hecha contra él. Sin duda porque él es dostoievskiano como yo. Hay algo de novela policíaca en Dostoievski”. Y luego: “Me intimida porque a lo que apunta está muy alto”.
Y acaba diciendo que ese día se vieron, gracias a un DVD de Rohmer, “Au hasard Balthazar”. “Era la manera más hermosa -sigue Françoise Etchegaray- de dar las gracias a Bresson”.



 

jueves, 30 de diciembre de 2021

Dominique Sanda


En la revista Écran de abril de 1977 Claire Clouzot (quien escribe una entradilla que me ha parecido muy buena) entrevista a Dominique Sanda, quien acaba de hacer de Lou Andreas Salomé en una película. Ahí aparece esta fotografía suya, de la que no consta el nombre de su autor.
Entresaco de sus declaraciones, traduciendo a mi aire, estas frases:
“Me gusta la imagen que doy en mi primer film, ‘Une femme douce’, de Bresson. La imagen pura. Considero que es el film donde resultó mas pura. Pero es que tenia 16 años, lo era…
Y me temo que al pobre Bresson se le echaría ahora encima una buena masa de opinadores (aun sin haber visto su película)que le pondrían difícil hacer su cine. Sigue luego:
“También me gusta mi imagen en ‘Novecento’ pero es una imagen más cruel, más dura. También estoy filmada en una escena de una forma que me choca y con la que no estoy de acuerdo: cuando estoy desnuda en la paja con Robert de Niro. Es una escena repulsiva, que molesta a la gente que me conoce, a mi familia, muy puritana, por ejemplo. Se sorprendieron de que la rodase. A mí eso no me molestó, pues la chica es virgen y es normal que esté desnuda. Pero si yo hubiera sido Bertolucci, no habría puesto mi cámara allá arriba, sobre los fardos de heno. Eso da un aspecto voyeur a la escena. Cuando lo vi, debí irme, debería haber rechazado la escena. Pero estaba cansada, era el final del día de rodaje y la hice. Bertolucci no debería haberla conservado en el montaje final. Pero encontraba las otras tomas demasiado ‘estéticas’. “


 

jueves, 9 de diciembre de 2021

Jean Eustache. Interior cine (y 2)

La recompensa de ver a Daniel triunfante, alcanzando el objeto de su deseo, después de tantos penosos trabajos.



Con sigilo, Daniel aproxima su mano a la pierna de la niña que, como él, observa al coro de la feria...

... de una foma muy similar, inspirada en la secuencia de Pickpocket en la que Michel aproxima, sigilosamente, su mano al bolso de la dama en el hipódromo.

Más tarde, la mirada de Daniel desde el taller de Narbona...

...puede relacionarse con la de Nosferatu. Si bien hay otras escenas en ambos films mucho más emparentadas.

Jean Eustache. Interior cine (y 2)
Dedicado casi en exclusiva al segundo largometraje de Jean Eustache, “Mes petites amoreuses”, la segunda y última sesión del taller de Ángel Diez (organizado por y con intervenciones de Jose Luis Guerin) acabó anoche tras casi cuatro horas de conexión on line: todos queríamos más y nos resistíamos a que acabara.
Es curiosa la deriva de los entusiastas de Eustache, decantando paulatinamente sus preferencias hacia su segundo (primero en cuanto a proyecto) largometraje, que va subiendo en estima a medida que se repite su visión. Se le va descubriendo, al margen de la profunda relación vital con la experiencia del adolescente Eustache –como pasara en “La maman et la putain” con su experiencia más reciente-, una maestría cinematográfica que va dejando boquiabierto –y profundamente emocionado- secuencia tras secuencia.
Quizás lo que más me sorprendió de la sesión fue ver las evidencias de la discreta pero convincente forma con la que Eustache homenajeó a sus maestros,
Bresson fue un modelo claro para el trabajo con los actores, pero independientemente de eso, Diez nos pasó una escena (Daniel acudiendo a la feria y yendo a escuchar al coro de niñas) inspirado claramente en la escena del hipódromo de “Picpocket”, que también pasó. Ver las capturas de dos planos de detalle de ambas…
Más sutil, en su caso, resulta la relación de la película en sus escenas en que aparecen seres con un cierto halo famtasmagórico con otras con ese componente explícito de Mizoguchi.
Pero Diez nos dejó convencidos de una relación que no suele señalarse: con el “Nosferatu” de Murnau. Quizás las escenas de David mirando a las chicas tras la puerta del taller y la de Nosferatu detrás de la ventana (ver también capturas adjuntadas) sólo tengan una relación estilística superficial, por cuanto las intenciones de uno y otro voyeur son bien distintas, pero eso no puede decirse de otra escena que nos pasó, en la que la inspiración es innegable.
Otra inspiración que vio y comentó también Diez fue con Vermeer, sacando punta a la visión, una décima de segundo, del color amarillo de la ropa interior de una chica que pasa en su Mobilette por delante del café de Narbonne, a la que el viento y la velocidad le levantan la falda enseñando su muslo. Es, posiblemente, una deducción descabellada, pero muy interesante, por lo que tiene de demostración de los mecanismos de elaboración de un plano por parte de Eustache y de análisis creativo por parte de Diez.
Si es enormemente productivo el taller es por el exhaustivo conocimiento de Ángel Diez sobre cómo se llevaron a cabo todas y cada una de las escenas del film de Eustache. Eso y sus análisis posteriores dan como resultado la trasmisión de una serie de claves sobre cómo trabajó Eustache la creación y mostración de diferentes tiempos de representación, por ejemplo. El tratamiento del sonido en varias escenas, detalles de la dirección de fotografía de Néstor Almendros, etc. fueron desfilando por el monitor, alcanzando todo una densidad raramente alcanzada en este tipo de cosas.
Empezó la sesión, que no lo he dicho, con otro cuadro de Vermeer, “El geógrafo”. Y es que se ve que Jean Eustache decía a todo el mundo que él era el retratado en el cuadro. En todo caso, es verdad que ese geógrafo tenía un innegable parecido con este cineasta con el que Diez aconsejó que no nos obsesionáramos, porque “hace que te plantees el cine de una forma muy radical”. Experiencia propia la suya.


Previamente, en una escena en la que Eustache aplicó, mediante un interminable travelling, esa suspensión del tiempo que logró en varios momentos, Daniel tiene su primera erección -como explica una voz en off en primera persona- durante la primera comunión, acercándose a la niña que va a tomarla delante suyo. La precisión y laboriosodad incansable de Ángel Diez llegó hasta el punto de buscar -y encontrar- las manos del cura real que ofreció la primera comunión a esos dos niños en la ficción. Ya oficiaba en otro pueblo y guardaba una sorpresa muy interesante bajo su personalidad.

Daniel yendo en tren desde su natal Pessac hasta Narbonne.

En cuya estación una presencia -la de su madre- le espera.

Ángel Diez, intentando vencer la reacción de la vacuna, durante sus explicaciones.

Néstor Almendros haciendo prodigios con la oscuridad de la sala del cine, donde Daniel está viendo a Ava Gardner y acostándose a la ocupante de la butaca de delante.

Captura de una de las escenas más complejas del film, que formalmente contiene una serie de travellings y panorámicas y semánticamente la muestra de la diferencia entre los dos lugares que pueden ocuparse en el cine: la pasividad de la sala de butacas o la puesta en acción en la pantalla.

 

viernes, 15 de diciembre de 2017

La femme douce


Después de mucho tiempo, he vuelto a ver "La femme douce" (Robert Bresson, 1969). La escena choque inicial, la que inevitablemente se recuerda, por su fuerza, pero también por la dulzura de ese chal danzando suavemente por el aire, abre paso -tras un "¿Tu te acuerdas?" y la correspondiente respuesta ("Oui!")- al primero de los flashback que van punteando toda la estructura del film, en un continuo ida y vuelta hasta cerrar el relato completo.
Historia de una relación imposible entre un hombre calculador, que lo planifica todo, y una Dominique Sanda, descubierta para la ocasión y para el cine por Bresson, que deja fluir de otra forma bien diferente la vida. Bresson se basó en un relato de Dostoyevski, con el que continuó en su película siguiente, la también difícil de ver "Cuatro noches de un soñador" (1971).
Reproduciendo unas escenas del "Benjamín" de Deville (que la pareja va a ver a un cine donde se inicia una posible relación promiscua de ella), con escenas de coches en atascos que podrían estar en una película de Tati, la película va mostrando un París fragmentado pero muy centrado y plausible: Lipp, La Hune, Les Deus Magots,etc, mientras que, de forma casi matemática, Bresson va repitiendo ciertos encuadres de lugares con los que, gracias a que los ha cartografiado previamente, nos permite situar y seguir el relato.
En un momento de la narración fuente del recortado pero a la vez continuo flashback, él dictamina un positivo "Nuestra desigualdad nos placía" que la imagen nos pone en duda: Mientras ella escucha música o lee un libro, él se esfuerza por sacar un crucigrama. Previamente Bresson se ha cuidado también de mostrar por separado a la pareja, o distanciados por algún tipo de obstáculo físico, que reproducen otros obstáculos de otro tipo que existen y que sólo se querrían aniquilar cuando ya nada es posible.
Maravilla ver cómo Bresson acaba, bruscamente, la película. Lo hace con una imagen y un sonido repetitivo, insidioso, de una tuerca que va siendo atornillada de forma continua. Una imagen y un sonido que seguro el narrador revivirá continuamente en su cabeza y con el que los espectadores nos podemos ir también a casa.
Viendo hoy de nuevo "Une femme douce" te das cuenta de la singularidad del estilo, las formas de Bresson, la de imitadores que ha tenido y los pocos que salen, como él, airosos en el embate.

jueves, 31 de diciembre de 2015

El Bresson de "Cinéastes de notre temps"




El pie de foto es preciso: Bresson filmado por Weyergans, Weyergans dirigido por Bresson. Cuenta Andrée S. Labarthe en su libro “La saga. Cinéastes, de notre temps”, que está resultando una mina, que el capítulo sobre el escritor de las “Notas sobre el cinematógrafo” fue dirigido en buena parte por él mismo, quien además acabó quedándose con la mujer de quien realmente figura como su realizador. Traduzco a lo bestia:

“Rodamos algunos planos por París, en jardines, de los que hablaba mucho. Prefería los jardines salvajes, a la inglesa. Cuando Weyergans le anunció que iba a realizar algunos planos de introducción para el film, Bresson le respondió: ‘¡Sí, pero no introduzcas demasiado!’ (…)”

“(…) Fuimos al campo, donde vivía Bresson, para seguir el rodaje. Ahí, Weyergans le planteaba él mismo las preguntas a Bresson, quien respondía de forma lapidaria, como en sus ‘Notes sur le cinématographe’. Al final, Bresson se giró hacia Weyergans y le dijo: ‘Ahora vamos a hacer los planos sobre ti, para filmar las preguntas. Pon la cámara aquí’. ¡Weyergans dirigido por Bresson! ‘Va, haz tu pregunta, baja la cabeza, no, vuelve a subirla, no reflexiones y venga, haz tu pregunta sin reflexionar. No, reflexionas demasiado. No, piensas demasiado en lo que vas a decir’ (…).

“(…) Pobre Weyergans, por otra parte. Vino con su mujer, Mylène, que era su ayudante durante el rodaje y… ¡que se quedó con Bresson luego! Hoy es su viuda.”

martes, 14 de febrero de 2012

Entrevista rápida con Bresson

Bresson acaba de presentar "Pickpocket", y se somete, aunque parezca algo acorralado, a una entrevista en la que vierte una serie de respuestas rápidas, directas.
Interview conducted by some french peuples in which Bresson discusses his filmmaking methods.
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