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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Alegrías de Cádiz

Dijo anoche en la Filmoteca Gonzalo García Pelayo que actuó en “Alegrías de Cádiz” (2013) por acumulación: Debía salir la Caleta, la plaza de la Mina, los puestos del pescado, Fernando Quiñones, el Tío de la Tiza,… Que le hablaron de la calle de la Soledad y de la calle de la Soledad Moderna y que tuvo que volver para rodarlas y que salieran en el film.
Por encima de sus historias, del elaborado metacine de la película, con su narración en off avanzando lo que sucederá escenas más adelante, con sus poéticos letreros no sólo aclaratorios, “Alegrías de Cádiz” se puede ver como un recorrido vivo pero sentimental, recopilación de la esencia de la ciudad. O al menos así me llega también a mí.
Mi padre se crió en Jerez, Cádiz y Sevilla. En casa, de pequeños, íbamos en verano a L’Escala, de donde era la familia de mi madre, que conservaba una casa en el centro del pueblo. Íbamos cada mañana, claro, a las playas de Empuries, que son, ciertamente, muy bonitas. Pero mi padre no hacía sino ponerles peros, y siempre acababa diciendo eso de “En Cádiz sí que había unas playas…”
No fue hasta hará unos seis años, ya hacía tiempo muerto mi padre, que fui en peregrinaje a conocer Jerez y Cádiz. Y sí tiene playas esa extraordinaria ciudad. Que, como está mandado, salen también en la película.
En la foto, hecha y fechada por mi abuela, aparece mi abuelo con su hijo mayor –mi padre- en 1928 ...en la playa de Cádiz.


martes, 23 de septiembre de 2014

Alegrías de Cádiz


Desvelo un secreto de la cocina interna del grupo Projecte Pasolini Barcelona. Nos hemos pasado un buen tiempo buscando películas que, si no herederas de Pasolini, que eso hemos reafirmado como casi imposible, pudieran entablar un cierto diálogo, actual, con alguno de sus temas.
Pensando en ello, vi que Marcos Ordóñez, en uno de esos escritos que hace de tanto en tanto en los que vuelca y explica su entusiasmo de tal forma que asegura el interés de la gente por un libro, una obra de teatro o una película, hablando de "Alegrías de Cádiz" acababa precisamente diciéndose que era un film que gustaría a Pasolini. Yo entendí enseguida por qué lo decía, y fue desde entonces una de mis constantes, arduamente defendidas, candidatas.
Los deseos de uno para una actividad así deben ser similares a los de un miembro de un jurado durante las tareas para otorgar un premio en un festival. He tenido suerte en esto último, y me siento orgulloso por los tres premios que hemos otorgado, siempre por unanimidad, jurados de la Federación Internacional de Cine - clubs en festivales a los que la Federación Catalana me ha enviado. Pero cuando ya casi tenía convencidos en la selección a mis compañeros, pude pasarles un enlace de la película de Gonzalo García Pelayo. Quedó claro que se esperaban otra cosa, de una intensidad dramática más acusada, y la alegría que se expande entre los personajes de la película, hasta inundar el título, les desconcertó, y no la vieron adecuada.
Pero, pese a todo, estoy satisfecho, porque hoy precisamente Marcos Ordoñez, junto al mismo Gonzalo García Pelayo, presentan en la sala grande de la Filmoteca, en Barcelona, "Alegrías de Cádiz" (2013). No pude volver a ver "Frente al mar", la película que me hizo entrar por la puerta grande en el gozo de su cine, pero hoy, aunque ya la haya visto un par de veces, no me pierdo, a toda pantalla, de volver a ver a todos esos gozosos personajes por la aún más gozosa ciudad de Cádiz, un reducto de esos de los que para nada desaparecieron sus luciérnagas.
Éste due el escrito de Marcos Ordóñez:

martes, 11 de febrero de 2014

Alegrías de Cádiz

Azoteas, calles, playas y gentes de Cádiz.
Por fin he visto hoy "Alegrías de Cádiz", aprovechando que se ofrece libre hasta el 16 de febrero (http://www.margenes.org/…/gonza…/alegr%C3%ADas-de-cádiz.html). La he visto sin poder apagar la sonrisa, hasta que Lucy, que "también es Cádiz", explicando porqué para ella se acabó el mundo, me ha humedecido los ojos. Luego vuelta a la luz radiante, hasta que nuevamente, esta vez con una canción de Aruz, volvió la duda acuosa.
Contiene un magnífico casting para el papel de Pepa con cuatro chicas muy diferentes, que se resuelve en empate; bailoteos varios; algún cante; ocurrencias poéticas; títulos derivados de esa fuerza poética, que puntúan y subrayan (como este tan evocador: "Mientras mi mano toca una rodilla en un cine"); un personaje con verborrea y pasión amatoria de apisonadora y otro sembrado de dudas; un homenaje a "Le Mépris", también junto al mar, pero con sombrero en vez de libro; conversaciones, tanteos y confesiones varias mientras se toman unas cervezas; placas y detalles de hermosos rincones de la ciudad; marea baja; besos junto al ficus centenario; la vista de la caleta salpicada de barquitas; el hermoso recuerdo de la dinámica de grupo frente al mar y, toda la parte final, una buena ensalada de chirigotas.
Walter Ruttmann hizo "Berlín, sinfonía de una ciudad" y ahora Gonzalo García Pelayo ha sacado de Cádiz, si no una sinfonía, un buen retrato, con una de sus películas más libres, diciendo que monta una ficción en ella, pero seguro mostrando sus alegrías, bulerías y todo lo que se tercie. ¡Qué bueno que ha vuelto al cine! ¡Qué andanada de aire fresco que representa!

Alegrías de Cádiz

Al final la canción de Fernando Arduán para la película de Gonzalo García Pelayo no se llevó nada en los Goya. Pero es una canción preciosa, que quedará.