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lunes, 20 de septiembre de 2021

¿Dónde poner la cámara?


Es una fotografía que hice en Mantova, pero sólo la pongo como recurso, al no haber encontrado fotos con los dos sin la presencia adicional de Buñuel.
Según Jean-Claude Carrière, Louis Malle “decía de Truffaut que ‘no tenía el sentido del cuadro’, contrariamente a Godard, maestro en la materia”.
Eso sólo, dando pie a señalar aquellos cineastas cuyos planos se ve siempre que tienen encuadres estudiados y eficaces (esto último es esencial, porque si no…) diferenciándolos de otros cineastas que parece que compongan el cuadro al tuntún, ya nos llevaría a curiosas listas y discusiones, pero me gustaría anotar también aquí el juego que dice Carrière haber hecho también con Godard, pero muy frecuentemente con Malle:
“(…) Nos gustaba ir juntos a exposiciones, museos, planteándonos a menudo el mismo género de preguntas delante de un cuadro: ‘¿Dónde está la cámara? ¿Con qué objetivo?’ “.
Quien no haya pensado nunca, en esas circunstancias, en este género de cosas, que tire la primera piedra.


 

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los talleres de Carrière


La lectura del índice de este “Ateliers” (Jean-Claude Carriére, Odile Jacob, 2019) me dio ayer la impresión, mirándolo en la librería en la que lo encontré, de que se trataba de una especie de memorias cinematográficas del guionista fallecido este año.
Leído ya uno de sus capítulos, pero además viendo el amplio abanico de temas que Carrière desarrolla en él, veo que lo podré utilizar con facilidad cuando no se me ocurra de que podría versar la entrada que me disponga a hacer por aquí.


 

miércoles, 16 de junio de 2021

Carrière hasta como realizador

Peter Brook y Jean-Claude Carrière en una fotografía de Nina Soufy que aparece en el Positif de junio.

Están surgiendo por muchos sitios homenajes a Jean-Claude Carrière, fallecido recientemente. Es ahora cuando caes en la cantidad de teclas que tocó.
De forma inmediata piensas en su colaboración con Luis Buñuel, materializada en los guiones de seis largometrajes realizados y algún otro que no prosperó, pero ya sólo como guionista, la lista de realizadores de primera categoría para los que trabajó, Buñuel al margen, es extensísima: Étaix, Malle, Forman, Ferreri, Berlanga, Schlondorff, Godard, Saura, Wajda, Garrel,…
Hay quien, contrario a su actividad, señala que produjo la estandarización de la obra de cineastas que hasta ese momento habían hecho una obra personal singular. Puede ser, pero no es ésta la opinión de estos últimos, que se deshacen en alabanzas sobre su ayuda y su creativo método de trabajo. En este sentido, es interesantísimo leer en el dossier del último número de “Positif” las declaraciones de gente como Volker Schlondorff, Peter Brook, Philippe Garrel o el mismo Rappeneau, que explican cosas realmente asombrosas.
Con Brook no se trataba de guiones de cine, sino de una colaboración profunda, ideando obras como el Mahabbarata, que surgió tras unos viajes de trabajo por la India. India es uno de sus temas más allá del cine, y le ha dedicado varios libros, como ha dedicado varios a su relación con Buñuel, pero lo que no sabía es que también hay libros suyos sobre temas científicos, como uno sobre Einstein y otro sobre la física cuántica (una conversación con un científico, desgraciadamente no publicado traducido por aquí).
En el dossier de Positif mencionado aparece una nota sobre el cortometraje que dirigió él solo, “La pince à ongles” (“El cortauñas”, 1969), que realizó con Michel Lonsdale de protagonista, durante su trabajo con Milos Forman para “Taking off”.
He visto que estaba por la red (ver enlace abajo) y me lo he pasado: no es en absoluto despreciable. Si se suele decir que un cortometraje debe limitarse a una única idea, pero sólida, éste podría ser puesto como ejemplo. Como suele suceder en bastantes ocasiones en los guiones de Carrière, la idea viene servida a partir de un mínimo, insignificante objeto, un cortaúñas. Son solo once minutos:


Un fotograma de “La pince à ongles”.

 

lunes, 22 de febrero de 2021

Carrière según Garrel


En “Les Inrockuptibles” de esta última semana preguntan a Philippe Garrel sobre el recientemente fallecido Jean-Claude Carrière, obteniéndose por resultado unas declaraciones que tanto pueden servir para seguir dando pie a sus detractores (que señalan que su colaboración como guionista ha dado fin al misterio de sus películas) o a sus partidarios (que señalan que gracias a ella sus historias han podido llegar a mucha más gente).
Al margen de explicar que su encuentro con él fue a través de su hijo Louis, que sorprendentemente, pese a la diferencia de edad, era muy amigo suyo, Philippe Garrel explica las razones de su elección diciendo que en Francia hay buenos dialoguistas, pero no demasiados verdaderos guionistas, entre los que sitúa a Carrière.
Le gustan mucho -continúa- unos pocos grandes guionistas (nombra a Mark Peploe y Gérard Brach) que “piensan en función de las imágenes de un film. Hacen un trabajo visual. La mayoría de los guionistas se sirven de los diálogos para desarrollar la trama, por ejemplo. Los verdaderos guionistas lo hacen de forma visual. Carrière buscaba contar una historia por una continuación de imágenes, no por el diálogo.”
“Yo trabajo con Jean-Claude, Arlette Langmann y Caroline Deruas, porque el guión lo hago siempre en equipo. Pero Jean-Claude era el Dalái lama, en la vida era un filósofo. Y cuando trabajábamos a cuatro bandas era para nosotros el que tenía la autoridad del que sabe: nos ayudaba a dar a luz el film que queríamos hacer. (...) Me ha enseñado cantidad de reglas sin enunciármelas. Con cuatro guiones en conjunto, he aprendido un montón.”


 

lunes, 25 de enero de 2021

Memorias españolas


Enterarse, por ejemplo, de que el hombre desquiciado por los celos de “Él” (Luis Buñuel) estaba sacado, en buena medida, del marido de Conchita Buñuel, la hermana del director. O hasta que las corridas de toros fueron ya prohibidas por la República y restauradas en 1939. Pero también conocer la visión de un extranjero sobre lo que conocía, va descubriendo y luego cuenta sobre sus experiencias en España. Un par de ejemplos de esto ultimo, sin meternos en las honduras del carácter por las que suele transitar: Su confesado placer aprendiendo “palabras complicadas como berenjena, mantequilla, amanecer o melocotón”. O su descubrimiento de que las trufas negras en conserva españolas son mejores y más baratas que las francesas, por lo que en cada viaje por aquí volvía a su casa con unos cuantos botes.
Esas serían piezas a colocar en el plato positivo de la balanza de este “Para matar el recuerdo. Memorias españolas”, de Jean-Claude Carrière al que, visto en una biblioteca, me llevé para casa y le hice una cuña para su lectura.
En el plato negativo, su versión de algunos chistes muy oídos y en bastantes ocasiones algo tergiversados o la cantidad de errores que se le descubren en lo que explica, que un buen editor (español) le podría haber hecho ver para su corrección.
Pero quizás eso último está bien, puesto que lo que se quiere conocer en un libro de memorias españolas de un foráneo posiblemente sea eso, su visión, por muy equivocada que resulte ésta. Y doblemente gracioso si su intención era deshacer los tópicos con los que se conceptuaba siempre desde Francia a los españoles.
El libro, además, sirve para darle otra vuelta de tuerca a los recuerdos de sus trabajos durante veinte años con Buñuel, que son los que ocupan la mayor proporción de sus páginas.
Aunque ya se lo había oído decir por otro lado, me he vuelto a reír de lo lindo con la anécdota que le contó Geraldine Chaplin, de cuando era la mujer de Carlos Saura y, paseando los dos, se cruzaron con unos que dieron síntomas de haberla conocido:
-Mira, es la hija del Gordo y el Flaco -oyeron.


 

miércoles, 17 de mayo de 2017

Liza (La cagna)


Lo ha dicho, como siempre divertido, el mismo Jean-Claude Carrière en la presentación de “Liza” (“La cagna”, 1972) en la Filmoteca, en homenaje a los ya 20 años de la muerte de Marco Ferreri: Escribió el guión sin saber nunca de qué iba. Si se lo preguntaba a Ferreri, sólo obtenía silencios, o sonidos guturales, por respuesta. Sólo en una ocasión se avino Ferreri a dar explicaciones, aunque fue únicamente una palabra, muy bien deletreada: “Bestialità”.
De lo que tienen las personas de comportamientos animales sí que va “Liza”, pues Catherine Deneuve sustituye a la perra de Marcello Mastroianni en la isla desierta a la que va a parar ella durante un rodaje, sientiéndose atraida por ese dibujante de cómics alejado de todo, que se presenta como Robisnon Crusoe. Pero sobre todo lo que tiene la película (además de un cierto aspecto visual algo descuidado, con sus flous, movientos de óptica, etc) es ese aire de los primeros años setenta, que parecían que iban a acabar con la familia, las relaciones humanas tradicionales, todo. Claro que lo que cuenta la crónica rosa es todo lo contrario: Ahí arrancó la relación sentimental (así se dicen estas cosas) de la pareja...
Hay un par de escenas no rodadas en la Isla de Cavallo, sino en París. Una es precisamente en el ya entonces cerrado mercado de Les Halles, cuyo agujero sería el escenario de la próxima película de Ferreri, “No tocar a la mujer blanca”, siendo la mujer blanca, precisamente....Catherine Deneuve. La otra, mucho más significativa de una época, es en el Café de Flore. Michel Piccoli le está hablando a Mastroinanni de la China (el gran tema político del momento) y de su preocupación por el “después”. No ha acabado aún la frase que encadena con otra: “¿Tú has visto lo bien que está esta negra?”


domingo, 15 de enero de 2017

Buñuel despierta


Pues ya acabé "Buñuel despierta" (Jean-Claude Carrière. Oportet, 2016, traducción al castellano de "Le réveil de Buñuel", publicado en 2011).
Vaya por delante que me atrajo la idea de su artefacto desencadenante (Carrière va al cementerio, abre la tapa de la tumba de Buñuel y éste, aunque casi en los huesos, muy desmejorado, despierta, lo que permite a los dos reemprender sus conversaciones, de las que el guionista de buena parte de la obra de Buñuel se veía faltado. Le lleva la prensa, para que pueda enterarse de lo que ha pasado en estos treinta años de ausencia, y en sucesivas noches se ponen a hablar de ello). Pero también diré que quedé al poco rato un poco harto de tanta tontería para dar "naturalidad" a acción tan disparatada, y he pensado más de una vez leyéndolo que se la podía haber ahorrado y ahorrarnos entonces de leer casi la mitad del libro.
Sí que hablan del mundo contemporáneo y de lo que ha supuesto ese salto temporal. Buñuel murió en 1983, y te das cuenta de la cantidad de cosas impensables que han pasado por el planeta desde entonces, pero todo eso sólo se encuentra básicamente en pequeños detalles bastante superficiales por todo el libro y se concentra por el final. Entre una y otra cosa, al menos un servidor lo que verdaderamente disfrutó del libro es leer a Jean-Claude Carrière poniéndose a recordar el carácter y anécdotas (ya leídas/escuchadas por otros lados o no) sobre Buñuel, que es en este sentido felizmente inagotable.
He ido hablando por aquí de alguno de estos momentos de lectura, pero quedan bastantes más de esos que he señalado con lápiz, para poderlos reencontrar fácilmente (el libro aporta también, para eso, un índice de nombres): De la preparación de "La vía láctea" y el consecuente paseo por los fundamentos religiosos, alguna idea de puesta en escena de "Nazarín", de sus gustos artísticos (la ingenuidad de Calder y los cuadros de Remedios Varo), de su proceso de interpelación mutua para la elaboración de guiones, de Bergamín, de la comida homenaje a sus 80 años en casa de Cukor en Los Ángeles, de sus relaciones con Dalí, de Gustavo Alatriste, etc.
Y alguna que otra idea o sentencias de esas soltadas por ese director de cine único que fue Luis Buñuel, que tantos momentos emocionantes y jocosos nos ha dispensado.

sábado, 7 de enero de 2017

El Alzheimer de la medre de Buñuel


En un gesto que he tenido ocasión de apreciar también desgraciadamente en otras personas más cercanas, se ve que la madre de Luís Buñuel, ya aquejada de Alzheimer, tras hojear una revista volvía a hacerlo de nuevo desde la primera página, pues aunque la acababa de ver, ya no le sonaba nada de ella. Más adelante, cuando iba a visitarla, no le reconocía. En una ocasión, despidiéndole muy cortesmente, le enseñó una de sus fotografías, que tenía colgada en la pared, y con orgullo, señalándola, le dijo: "Es mi hijo".
Esta escena que tanto debió conmocionar al cineasta aparece relatada en las primeras páginas de "Buñuel despierta" (Jean-Claude Carrière, Oportet Editores, 2016), que me cayó ayer, día de Reyes.
En la foto que cuelgo, que no sé quién hizo, Buñuel está sentado junto a su madre, apareciendo también otros miembros de su familia.

jueves, 21 de febrero de 2013

Pierre Étaix en la Filmoteca


El personaje de "Yoyo" (Pierre Étaix, 1964) durante 1925, pese a vivir en la opulencia, con centenares de sirvientes, es, como el del cortometraje "Rupture" (Jean-Claude Carrière y Pierre Étaix, 1961) -ambas hoy en la Filmoteca- un desgraciado.

Luego, con el crac económico, entra en el mundo del circo, y la cosa cambia. Tanto cambia que la película deja de ser muda y, aunque apenas tiene diálogos, pasa a ser muy sonora.

Vistas ahora estas películas recuperadas, se constata que Pierre Étaix continuará siendo un capítulo aparte de la historia del cine. En "Yoyo" hay divertidos homenajes a Keaton (toda la escena del método de comunicación cuando el coche lleva el carromato del circo, o cuando el multimillonario sale a pasear al perro... en coche, por ejemplo) o a Chaplin (la mujer ideal, el circo). Y escenas que hacen ver la existencia de un contemporáneo de Tati con el que emparentarlo.

viernes, 11 de enero de 2013

Carrière en el Club Pickwick

Un maestro es alguien al que sigues sus consejos después de muerto. Es el caso de Buñuel conmigo. Aún hoy en día me pregunto: ¿Cómo actuaría él en estas circunstancias?
Algo así dice, junto a otras muchas más cosas interesantes, Jean-Claude Carrière a Emilio Manzano en esta entrevista
excepcional, que sigue el rastro de su relación con Buñuel -y con él con España- tan como ha registrado en su libro "Para matar el recuerdo" (Lumen).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Entrevista a Jean-Claude Carrière

Larga entrevista (separada en bloques de alrededor de 90 segundos) realizada a Jean-Claude Carrière en su casa del barrio de Pigalle, en la que demuestra sus proverbiales dotes de excelente narrador. Sabe emocionar, divertir, siempre asombrar.
Jean-Claude Carrière talks about the importance of always being prepared
WEBOFSTORIES.COM

sábado, 20 de octubre de 2012

El Alzheimer de la madre de Buñuel


Jean-Claude Carrière, en el "Amb Filosofia" de ayer noche, explicó esa anécdota sobre la madre de Luis Buñuel, enferma de alzheimer: Iba mirando una revista y, cuando llegaba al final, volvía a empezar, como si tal cosa. Le volvía a parecer nueva.
Bien pensado, la anécdota -terrible- puede aportar una luz complementaria sobre ciertos aspectos cíclicos de las últimas películas de Buñuel...
(No he sabido averiguar de quién es esta hermosa fotografía de Buñuel)