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viernes, 15 de julio de 2022

La cordillera de los sueños


Había visto muchas películas de Patricio Guzmán, pero no “La cordillera de los sueños” (2019), que ha pasado Movistar + en su canal Estrenos.
La voz en off de Guzmán, como en otras, centra el enfoque que parece querer dar a la película, basado en el contraste entre una ciudad de un Santiago de Chile que dice ya no reconocer y una cordillera que ve impasible, como auténtico testigo de la historia reciente de su país, tema central de todo su cine.
Pero si he de escoger algo de toda la película, en la que parece no haber presionado demasiado el pedal de la intensidad, serían las imágenes recogidas por el cameraman Pablo Salas de las duras actuaciones de los militares y la policía durante la dictadura contra un gentío social cada vez más numeroso. Como dice Patricio Guzmán, él fue de los que huyó del país, mientras que Pablo Salas se quedó. Todos los documentales del primero informaban de la situación, pero desde fuera, mientras que Salas rodaba y procuraba mostrar todo lo que podía, pero dentro.
Unas imágenes iniciales de militares llevándose a todos los hombres de un lugar y llevarlos a un campo de fútbol convertido en campo de concentración continua luego mostrando los bastonazos que, de forma repetida, dan las “fuerzas del orden” a una mujer, o una serie de botijos arrojando chorros de agua con violencia inaudita a grupos de gente exhibiendo pancartas de protesta.
Por el final, Patricio Guzmán filma las oficinas, hoy abandonadas, del equipo ministerial financiero de Pinochet. Ocasión para explicar quienes, en su opinión, le hicieron irreconocible el Chile que había conocido. Quizás deparando, de hecho, todo un mundo, no solo un país, desconocido.





 

sábado, 17 de julio de 2021

Santiago - Italia

La única aparición de Nanni Moretti en sus entrevistas es con ocasión de ésta a este general que llevaba ya diez años en prisión acusado de homicidios y secuestros y en un momento dado le dice que sí admitió ser entrevistado por él fue porque un amigo le dijo que sería imparcial. En ese momento Moretti saca de dentro su espíritu Comunista (ya sabéis: “Alema, una parola de sinistra!”), hace que el cámara le haga aparecer en cuadro para decir entonces que él NO es imparcial. En el resto de entrevistas se entiende que És él quien hace las preguntas, pero se mantiene en off.

Aparecen unas cuantas imágenes documentales, sobre todo del 11 de septiembre de 1973. No sé si todas son de documentales de Miguel Littin.

Apareció ayer en Filmin, lo firma Nanni Moretti en 2018 y, en su sencillez expositiva, pasa a ser, en mi opinión, uno de los documentales actuales que mejor sabe captar y tocar sentimientos colectivos.
Estos sentimientos colectivos son los de toda una generación que llegó a saber que “la vía democrática hacia el socialismo” tenía unos potentes enemigos, que nunca iban a dejar transitar ese camino (el golpe militar en Chile, un país hasta entonces apartado de las asonadas militares), la extrema crueldad del totalitarismo (las torturas y otros desmanes, hasta el asesinato, durante la “limpieza” efectuada por el régimen de Pinochet) y la solidaridad de clase y el sentido universal de una enorme proporción de la población italiana hace no tantos años (la “Italia roja” que acogió a los chilenos refugiados en la embajada italiana en Santiago de Chile).

Es "Santiago, Italia".


Este personaje es quien tiene las intervenciones más emotivas -entre cortándosele la voz y trasmitiendo al espectador, sin grandes palabras, su emoción- de la película.

Hay dos o tres declaraciones de Patricio Guzmán, quien estaba rodando un documental sobre lo que iba pasando en el periodo de gobierno de Allende y pasó unos días, tras irle a buscar por la noche a su casa, en el Estadio Nacional.

Y Miguel Littin.

 

sábado, 21 de abril de 2018

La memoria del arquitecto Miguel en el desierto de Atacama

Fui un poco cruel con mi amiga. Le pregunté por sus viajes por todo el mundo. Cuando salió a colación el desierto de Atacama, en el altiplano del norte de Chile, disparé:


—¿Qué viste por ahí?


Como su respuesta no decía nada al respecto, seguí preguntando:


—¿No viste gente buscando algo por el suelo?


Le tuve que explicar lo que había averiguado gracias a la visión de «Nostalgia de La Luz» (Patricio Guzmán, 2010). Ya casi no quedan, porque la mayoría cejaron en su empeño hace muchos años, pero aún hay quien anda buscando -¡y encontrando!- huesecillos esparcidos por ahí. Son quizás de familiares suyos, víctimas de la dictadura chilena. A falta del mar de la punta sur del país (donde, arrojándolos drogados desde un avión, fijados a un pesado trozo de raíl, hicieron desaparecer a muchos prisioneros), en Atacama liquidaron a mucha gente que mantenían encerrada en un campo de concentración que luego, apresuradamente, derribaron. Los enterraron cerca y, cuando vieron que había peligro de que se encontrasen las fosas, con ayuda de excavadoras desenterraron los cuerpos y los colocaron en otros lugares. Pero parece que en el traslado de uno a otro lado, debido a algún altibajo del terreno, restos triturados de sus cadáveres saltaron de la pala de alguna excavadora, yendo a caer por el desierto. Esas piezas fueron las que los familiares, armados de paciencia, fueron recogiendo por amplias y hasta alejadas zonas.


De ese campo de concentración del desierto de Atacama del que apenas quedan imágenes es del que quiero hablar hoy. Lo puedo hacer con una idea bastante clara de cómo era gracias a Miguel, un arquitecto que fue arrebatado de su casa y familia sin explicaciones ni juicio y conducido a un paradero desconocido que resultó ser ese. Preso ahí, Miguel fue memorizándolo todo. Explica en la película que medía todo con sus pasos, dibujando por la noche lo que había calculado y retenido en la cabeza durante el día. Cuando tenía hecho el dibujo de uno u otro barracón, de un detalle, el plano de una visión más general del campo, rompía el papel resultante en pedacitos, que hacía desaparecer en la letrina.


Cuando acabó todo, pudo dibujar de nuevo, con una gran precisión, los planos de todo el recinto. El intento de la dictadura militar de hacer desaparecer cualquier imagen del campo había fracasado.


—“Así es la memoria”— nos dice Miguel mirando a la cámara con una sonrisa de satisfacción. Pequeña, ínfima victoria sobre la barbarie que, quieras que no, emociona.

domingo, 4 de febrero de 2018

Nostalgia de la luz y Botón de Nácar

Cazando la información que nos acercan las galaxias difusas que pueden verse desde los observatorios de Atacama.
"¡Cambiáis la noche por el día!" Eso recuerdo que nos decía mi padre. Una y otro se han debido resituar correctamente, porque ayer -cosas de la edad, seguro- me iba entrando una pereza enorme para ir a la sesión nocturna de "Nostalgia de la luz" (Patricio Guzmán, 2010) en la Filmoteca. Salí derrotado por la pereza, pese a que el cielo estrellado y las grandes extensiones del desierto de Atacama conviene verlos en pantalla grande. Como la edad media de los espectadores de salas de cine diría yo que supera con creces la cincuentena, supongo que la segunda sesión de los fines de semana debe ser la única con posibilidades de ocupar un poco los locales resistentes.
Aunque no es lo mismo, para compensar recordé que la película estaba en Filmin, montándome un buen programa doble con "El botón de nácar" (2015), pues ambas muestran las habilidades de Patricio Guzmán para ligar en una misma masa, dándoles un mismo significado, cosas que otros chefs servirían por separado.
Y buscando restos más precisos, de un pasado más cercano que se ha querido ocultar.
En la primera nos hace descubrir que tanto los astrónomos como los arqueólogos tienen un mismo trabajo: recoger información del pasado. Lo hacen con preferencia -como dice uno de los entrevistados en el documental- en sitios transparentes, que permitan llegar a esa información más fácilmente. El desierto de Atacama es uno de ellos. Como se tata de Patricio Guzmán, que sufrió la dictadura de Pinochet en propia persona y es, desde entonces, el tema central de su filmografía, a astrónomos y arqueólogos suma las mujeres que, por ese mismo desierto, van buscando otra información. Buscan, en este caso, las huellas, los restos de sus desaparecidos, víctimas de la inhumana represión política del periodo. Una búsqueda necesaria, clarificadora, que da pie a una visión -pautada por la suave y pausada voz del propio Guzmán como narrador, similar a la empleada por Herzog en sus documentales- de lo más emotiva.
El agua que envuelve en Tiierra de Fuego a la cordillera de los Andes que previamente se ha hundido en el mar.
Por su parte "El botón de nácar" trenza, por el poder unificador del agua, dos historias terribles de la historia chilena (y argentina): el exterminio de las variadas tribus que poblaban la zona de la Tierra de Fuego y el cruel exterminio (y el método para que no dejase huellas) de toda una generación que en tiempos de Allende parecía que iba a cambiar la historia.
El inicio del fin de las tribus que poblaban estas tierras. Patricio Guzmán hace aparecer en "Botón de nácar", hablar en su idioma, a unos pocos de los 20 supervivientes que ha localizado.
Un programa doble impresionante, proclive a la reflexión, al que sólo le faltó ser visto en una buena sala de cine, con descanso en su intermedio.

domingo, 28 de enero de 2018

La isla de Robinson Crusoe

Por este punto, con aproximadamente esta vista, acaba el documental.
Pues sí: Yo también siento atracción por las pequeñas islas en medio del océano, con la condición de que no estén desiertas. Atracción para visitarlas, intentar entender por qué vive ahí algún centenar de personas, captar en directo su pequeña historia. No por vivir un tiempo en ellas, porque entonces, como dijo anoche Patricio Guzmán, te das cuenta de que no hay casi cosas para ver (o filmar) o, como dice Miguel Sánchez Ostiz, quieres marcharte y no tienes luego ningunas ganas de volver.

La cadena La Sept Arte ofrecía a realizadores producirles un documental sobre el sitio del mundo que escogieran con tal de hacer él mismo de cámara y sonidista, hacerlo en primera persona y que no fuera a base de entrevistas. Patricio Guzmán, dice que influido por su lectura, a los trece años, del libro de Defoe, escogió hacerlo de la Isla de Robinsón Crusoe. Ayer, aprovechando su estancia en Barcelona para pasar por la ECIB y la Filmoteca, aceptó la invitación del cine Zumzeig para presentar "La isla de Robinson Crusoe" (1999), el documental de 41 minutos resultante y efectuar luego un largo y al final (cuando habló de los misterios del documental y de lo esencial del montaje) interesante coloquio.

Es muy divertido todo el inicio del documental. Uno diría que dilata la presencia de la isla para crear un cierto misterio sobre ella en el espectador. Él dice que recogió fielmente lo que fue pasando desde que le autorizan el proyecto, y ahí entran avionetas que deben aplazar una y otra vez el viaje por exceso de viento, frustrado viaje a Valparaíso para intentar tomar un barco (con subida en uno de esos rudimentarios funiculares y estancia en uno de sus cafés), visita a bibliotecas y detallado trayecto en vuelo y por mar con la acertada (¿inventada?) descripción de los pasajeros para constituirlos en atractivos protagonistas.
Patricio Guzmán, dispuesto ayer a presentar su película en un Zumzeig lleno mayoritariamente de gente joven.
Juan Fernández, la capital y única población de la isla. Guzmán explicó que hace unos años fue arrasada por un tsunami.
Luego la isla, sus gentes, los escasos restos que dejó el personaje que sirvió de base para la novela, otros momentos de su historia... No demasiado, pero ya me gustaría que en la televisión ofrecieran periódicamente piezas de este estilo, como aseguró Guzmán que le gustaría que le encargaran otras a él (tiene una parecida dedicada a Julio Verne), para poderse desintoxicar un poco entre tanto documental de carácter político o de más alcance.
El libro que Miguel Sánchez-Ostiz escribió sobre la isla y sus pobladores (históricos y recientes) tras pasarse en ella un mes recorriéndola de pe a pa.