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miércoles, 22 de abril de 2020

Para rondar castillos


Cuando José Luis Márquez ideó este libro y nos embarcó a unos cuantos a hacer de su tripulación, al llamado “confinamiento” no lo vislumbraba por el horizonte ni el más apocalíptico. Sin embargo, algunos, entre los que me encontraba, leyeron su propuesta de hablar de los castillos en el cine en su acepción más figurada, en el encerrarse en sí mismo, rodearse de murallas, ponerse una máscara teóricamente protectora.
Tras citar una serie de películas que estos días se han nombrado hasta la saciedad, que dejan claro lo inútil que es encerrarse, construir una empalizada para protegernos, pues es un empeño destinado siempre al fracaso, en mi escrito del volumen paso a hablar con minuciosidad por un lado de “La maman et la putain” (1973) como reflejo de la vida de Jean Eustache y por otro de su propia deriva final, recluido -él voluntariamente- con sus cachivaches electrónicos en su casa.

Este mediodía han llamado al interfono mientras estábamos comiendo. Me han dejado en el ascensor un ejemplar de este “Para rondar castillos” (coord. José Luis Márquez Núñez; Shangrila 35, abril 2020). Engloba, intercalados entre “caligrafías” de J.L. Márquez, textos de poco más de una decena de autores, incluido él mismo. Y está repleto de unas magníficas ilustraciones, tan cuidadas como las que el editor expone amorosamente en su página de Facebook.
A ver quién va a ir a buscar un texto sobre Jean Eustache en un libro de cine sobre castillos, a ver quién puede estar interesado por un libro de cine que habla de castillos, por muy metafóricos que éstos sean, se puede preguntar uno, concluyendo que es difícil que alguien preste atención a esta edición. Pero me ha hecho una ilusión grande que llegara justo un día antes del 23 de abril.
Mira por donde, mañana será el primer día del libro que lo vivo no solo como paseante curioseando y -si se tercia- comprando algún libro (aunque ésta vez sea únicamente de forma telemática), sino también con un libro en el que he colaborado.
En este enlace, el texto de la contraportada y el sumario del libro:

miércoles, 3 de julio de 2019

Murnau en La maman et la putain

Alexandre lleva a Veronique a “Le train bleu”.

Para un trabajillo para el que me he comprometido estoy viendo atentamente “La maman et la putain” (Jean Eustache, 1973) y descubriendo cantidad de cosas que no recordaba. Ayuda volver a ver las películas, sobre todo, cuando conoces los sitios que aparecen en ellas, cosa que podía no suceder en las primeras visiones.
“No tener dinero no debe querer decir comer mal”, le replica a Veronique cuando le cuestiona por qué le ha llevado a ese sitio si no tiene dinero y ha tenido para hacerlo que pedir prestado. He estado cenando en “Le train bleu” en una única ocasión. Una vez previa sólo estuve husmeando un poco. No es que la comida fuera especialmente buena, pero el sitio es espléndido. De hecho, estaba por razones de trabajo con un grupillo en un hotel vecino e incité a mi entonces jefe para que nos llevara ahí a cenar, diciéndole que no podía dejar de conocer “Le train bleu”...
En el trozo del film de más secuencias por cafés y exteriores, Alexandre lleva a Veronique a cenar en “Le train bleu” y le explica que le gusta ese sitio (carísimo, pero a visitar por su carácter) porque es como un film de Murnau: “Está entre el campo y la ciudad, entre la noche y el día”, le dice
Alexandre a Veronique: “Este sitio me recuerda a Murnau (está pensando, sobre todo en ‘Amanecer’): Está entre el campo...
.Se encuentran cosas muy certeras, a la par que hermosas, viendo con detenimiento una película como ésta.
“... y la ciudad”.

lunes, 28 de enero de 2019

Los cafés parisinos de Jean Eustache


En esta ocasión un paseo por los cafés parisinos de los 70/80 atendiendo a los que practicaba Jean Eustache o hace aparecer en sus películas. Eso es la entrada “Bistrot” de su “Diccionario” (Éditions Léo Scheer, 2011).
Para no reproducir toda la escena me ceñiré a los parisinos, cuartel general de él mismo con sus compinches y de la troupe protagonista de “La maman el la putaine” (1973):
“Del café Jean Eustache ha hecho su segunda casa –dice Rémi Fontanel, una vez más autor de la entrada-. Un punto de caída (…), de encuentros amorosos y amistosos; también un terreno de caza; un sitio para escribir las ideas de posibles escenas de un futuro film; un teatro de la palabra para contar las felicidades y las desgracias de la vida, los milagros del cine. A Eustache le gustan los establecimientos que tienen un cierto cachet, y los privilegia. Acompañado de Schuhl, Picq o Biaggi, hace regularmente el mismo circuito, el de los sitios frecuentados por intelectuales y artistas de todo tipo: Le Select, La Coupole, el Rosebud y La Closerie des Lilas, que forman el cuarteto, por orden, de la velada nocturna típica, de un ‘sistema de costumbres, de una errancia sedentaria’, esencialmente en el corazón del barrio de Montparnasse. El ambiente acogedor de los años 30 lo encuentra Eustache en el Bazar (rue des Écoles, en el V) y en la brasserie Mollard (VIII). Tiene también la costumbre de ir al Munich (…). Entre 1975 y 1979, La Closerie des Lilas se convierte en un refugio: cena cada noche, e incluso tiene ahí ‘su’ mesa.
Los personajes de sus films son también clientes asiduos. Del Flore principalmente en ‘La maman et la putaine’, donde Alexandre y Véronika se ven regularmente sin abandonar sin embargo los otros lugares del Barrio Latino. (…) Más que un simple decorado, el café es el sitio donde separarse o reencontrarse (Alexandre, Gilberte y Verónika en la terraza de los Deux Magots), un espacio intermediario que puntúa un recorrido urbano (un bar al azar tras el Train Blue en un paseo nocturno), el lugar del intercambio verbal sobre temas controvertidos sobre el estado del mundo o el del silencio tal que lo expone Verónika en el Flore: ‘Cuando se está bien con la gente, se puede quedar en un café, hablar o callarse’… (Allí) los personajes observan el mundo, lo comentan, disecan su frágil existencia, bromean y pasan el tiempo. Pues practicar los bares es un oficio, releva una cierta filosofía de la vida.”