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lunes, 31 de marzo de 2025

La chambre des magiciennes


No sé por qué extraña (y equivocada) razón asocio al cineasta Claude Miller con el escritor Carlos Pujol. Tienen ambos una obra desigual, variada y poco conocida, y dar con una suya siempre me provoca una cierta excitación, pensando si tendrá el atractivo que para mí han tenido algunas de las anteriormente degustadas.
En la plataforma Arte puede verse libremente, en VOSE, “La chambre des magiciennes” (2001), y el mecanismo del que hablo se ha vuelto a poner en marcha.
Veo dos partes bastante diferenciadas en la película, basada en una novela de Siri Hustvedt: un largo preámbulo, que me ha encantado y hecho quedarme a ver toda la película, y lo que debe ser el grueso y objetivo de novela y film, la estancia de la protagonista en un hospital para pacientes con problemas neurológicos.
En ese preámbulo (y en parte del resto) me ha resultado muy atractivo el papel interpretado (a mi juicio muy bien) por Anne Brochet, a través de cuyos ojos vemos a todos lados los demás. Aquejada de migrañas, que la inutilizan para preparar el trabajo de antropología que ha de presentar ante un tribunal, acude a un psiquiatra para ver de despejarse de esa carga, acrecentada por sus padres (ella, la maravillosa Edith Scob), por su amante y demás. Planos cortos que se suceden con rapidez y empiezan a agruparse en el calendario que separará toda la película por títulos.
Pero el grueso (que ya pasada la sorpresa me ha resultado de menor categoría y algo reiterativo) es la estancia de la estudiante de antropología en la habitación del título, con otras dos pacientes, una misteriosa mujer que parece permanecer en estado catatónico -pero veremos que nada más lejos de eso- y la chica encarnada por Mathilde Seigner, que sólo hace que ver despreocupadamente la televisión.
Aventuro que Siri Hustvedt pasó una experiencia parecida y eso le condujo a escribir su libro, porque toda esta parte, con sus exageraciones, suena a hechos vividos. Personalmente me recuerdan un poco los relatos -muchos para no dormir- que ha escrito sobre su propia experiencia en una residencia un amigo.



 

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Primrose Hill


Hay en el catálogo gratuito de ARTE ahora (porque no lo había visto por ahí) un apartado formado por “Los cortos de los grandes”. Vi anoche los correspondientes a François Ozon (“Action vérité”, 1994), Claude Miller (“Camille ou la comédie catastrophique”, 1971) y Mikhaël Hers (“Primrose Hill”, 2007), que tienen todos ellos esa pulsión de los primeros films, en los que se ha volcado, directa o eludidamente, mucho.
Me han causado una sensación contradictoria. Me ha gustado mucho verlos (sobre todo el tercero, cuyas imágenes y enlace pongo abajo), pero me ha hundido bastante saber que no tendrán recorrido futuro.
Claude Miller -del que se presenta un film de lo más loco- murió en 2012, sin que realmente llegara a destacar nunca: eso queda ejemplificado con lo que se suele decir de él para identificarlo, que fue ayudante de Truffaut y quizás su único discípulo, como demostró rodando “La petite voleuse” (1988), quizás su mejor trabajo.
François Ozon se ha hecho un realizador prolífico y valorado, pero todas sus últimas películas se me caen por una u otra razón, que suele ser la gratuidad, y hasta he dejado de irlas a ver, aunque es uno de los pocos cineastas franceses que se siguen estrenando, y con todos los honores.
Digo que la que más me ha gustado -mucho, en realidad- es “Primrose Hill”, de un cineasta, Mikhaël Hers, del que sólo creo haber visto previamente su último largometraje, “Los pasajeros de la noche” (2022)… sin que me dijera gran cosa. Decepcionando, pues, las esperanzas que podrían ponerse confiadas en él tras haber visto este mediometraje (57 minutos) que ahora ofrece la plataforma.
Si me ha convencido “Primrose Hill” es en primer lugar por su estructura. Primrose Hill es una colina londinense desde la que se tienen muy buenas vistas de la ciudad (también el barrio donde Friedrich Engels escribió alguno de sus libros y a donde acuden ahora durante el fin de semana bastante gente “a la page”), y la voz en off femenina habla de su experiencia en ella, mientras que el grupo de amigos protagonistas, reunidos en un momento que parece clave en sus vidas, a la espera de una decisión que no se sabe tomar, acuden a una colina similar, pero en los alrededores de Paris.
Pero al margen de su estructura, diría que la película ha sabido captar un momento vital juvenil… ya con cierta madurez, como nostálgica de lo que se podría hacer y no se hace. Hers rondaba la treintena cuando la rodó y… quizás revise su última película y procure ver las anteriores, a ver si algo de lo observado en ésta queda.




 

sábado, 30 de mayo de 2020

Mortelle Randonnée

Isabel Adjani, la chica, y Sami Frey, en millonario ciego.
El Ojo (Michel Serrault) es en “Mortelle Randonnée” (Claude Miller, 1983, Sundance Channel) un detective más bien bufo, casi desahuciado, que se habla solo y que va siguiendo por toda Europa (la Europa del lujo: hoteles, casinos, balnearios,...) a una chica (Isabelle Adjani) quien, a su vez, va dejando un reguero de muertos. Ella posiblemente tenga la edad que tendría su hija, a la que está totalmente apegado desde que desapareció de su vida.

Michel Serrault, el detective ya muy desquiciado, siguiendo a Isabel Adjani en una de sus personalidades.
Película llena de divertidos cameos de actores conocidos, de citas a películas clásicas (la más directa y evidente, “El último”, de Murnau) y hasta de camioneros españoles.
Hombre, mujer,... Mientras tenga dinero en abundancia...
Estos días que se reivindica por aquí el polar francés de los 70 y 80, quizás deba sumarse en su nómina ese cineasta poco encuadrable que fue Claude Miller, para mi gusto más por piezas como ésta, entre la parodia y la fantasía melancólica, que con otros acercamientos que, seguramente, se querían más serios.
En nota de guión -o de la novela de Marc Behm (¿famoso?) adaptada- elocuente, la protagonista -en este caso con peluca rubia- es lectora compulsiva de este bouquin. Un Shakespeare y concretamente “Macbeth”.

miércoles, 6 de mayo de 2020

L’effrontée


Tenía 14 años, pero ya apuntaba maneras. En Sundance, uno de los canales de Movistar, han pasado y supongo que seguirán pasando “L’effrontée” (Claude Miller, 1985). No deja de ser una película infantil, pero que puede hablar, por suerte, de una mentalidad diferente en el cine europeo (es verdad que solo en un cierto cine europeo) que en el equivalente norteamericano. Me explico.
Hayley Mills, por ejemplo, tenía la misma edad que Charlotte Gainsbourg cuando hizo “Pollyana” (David Swift, 1960). En la ficción es, como Charlotte, una niña que se ha criado sin madre, afrontando una “edad difícil”, que se dice. Pero vive Dios que la diferencia -proclives a los temas edulcurados o no- entre ambas, es abismal.
En “L’efrontée”, Charlotte, con sus miedos, insatisfacciones, aburrimientos, fatigas por el calor, es un electrón libre admirador de una joven pianista, y se hace ilusiones sobre cómo pasará sus vacaciones. Pero ¡qué lejos de las empalagosas historias de las correspondientes películas “mainstream”!
De Claude Miller recuerdo haber visto en su día, en el cine Diagonal, “La petite voleuse” (1988), una historia de François Truffaut, del que fue ayudante, muy cercana a la de “Los cuatrocientos golpes”, pero con un Antoine Doinel femenino. Debió ver claro, con el resultado que obtuvo de ella en “L’enfrontée”, la madera de la que estaba hecha Charlotte Gainsbourg (nada menos que la de Jane Birkin y Sergi Gainsbourg...), y la escogió de nuevo a ella como protagonista.

lunes, 14 de enero de 2019

La petite voleuse


La vi en el Diagonal, cuando se estrenó, y disfruté detectando todos los detalles Truffaut, pues era una historia suya que su ayudante de dirección, Claude Miller, realizó poco después de su muerte. No sé ahora que pasaría si la volviera a ver. Yo diria, eso sí, que seguirà siendo la pel·lícula más truffautiana post Truffaut.

jueves, 30 de agosto de 2012

Carteles - 8: La petite voleuse

Carteles - 8 (?)
La película es una auténtica curiosidad. Rodada por un antiguo asistente de dirección suyo -que, por cierto, ha fallecido hace poco- a partir de un guión escrito por Truffaut y uno de sus principales guionistas, la vas viendo y te das cuenta de que aparecen escenas, ambientes,... típicos de sus películas.
Ir al cine a verla cuando su estreno (en mi caso al Diagonal de Barcelona, creo), fue como prolongar un poco el feliz ritual de acudir al estreno de la última de Truffaut... cuando éste ya no estaba entre nosotros.
El cartel potencia la longitud de las piernas de una entonces jovencísima Charlotte Gainsbourg. El gesto de traspaso a la edad adulta que representa tan hermosamente debía corresponder únicamente -no recuerdo muy bien- a una estratagema temporal de la cría, para salir huyendo de alguna situación comprometida, como aquellas en que se veía envuelto el niño Antoine Doinel.