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martes, 2 de septiembre de 2025

Les enfants désaccordés


ArteTV tiene un apartado en el que cuelga los primeros cortometrajes de realizadores que luego se hicieron célebres. Suele renovar contenidos cada mes, y ahora acaba de colgar unos cortos iniciales de Claire Denis y Philippe Garrel.
El de Denis (que firma Deni), “Le 15 mai” (1969), hecho con la Fémis, más bien se parece a una obra de tesis grandílocuente, de cineastas amateurs de la época, en plan ciencia ficción. Con planos muy estudiados, pero en el fondo -perdón- bastante infantil.
Pero en el de Philippe Garrel (“Les enfants désaccordés”, 1964) haces el descubrimiento de que Garrel (¡con 16 años cuando la hizo!) ya tenía ese poder que demostró toda su vida para encuadrar los cafés, las calles de París, y las zonas despobladas moviendo y definiendo en ellos sus peculiares personajes, en este caso de su misma edad, salvo la intervención de su padre, Maurice Garrel y Jean-Daniel Roy.
¡Qué gran descubrimiento!


 

martes, 14 de mayo de 2024

Les bureaux de Dieu

Una consejera recibe a dos menores amigas.

Otra escucha atentamente otro caso.

Él acude a las oficinas de planificación familiar porque quiere saber si ella es virgen.

Los dos becarios (él un jovencito Emmanuel Mouret) salen durante una pausa a fumar en el balcón.

Quien haya ido viendo con agrado, como me ha pasado a mí, unas cuantas películas de las que ha hecho Claire Simon a lo largo de su vida, puede acceder ahora gratuitamente en TV5Monde a “Les bureaux de Dieu” (2008).
Me imagino a la documentalista Claire Simon yendo a ver a varias actrices para solicitarles participar en la película, interpretando a las que componen una oficina de planificación familiar establecida en un piso de la ciudad.
El éxito absoluto de Claire Simon en el empeño, entiendo que facilitado por el carácter eminentemente positivo del tema (dar a conocer la existencia de este tipo de centros y la ayuda que ofrecen a mujeres pasando una situación compleja, que requiere reflexión, atención y libertad) lo demuestra la nómina de famosas actrices que participan, con papeles cortos, pero en ocasiones muy gratificantes: Nathalie Baye, Isabelle Carré, Nicole García, Marie Laforet, Béatrice Dalle, Marceline Loridan,…
Chicas o mujeres ya maduras (interpretadas por actrices no profesionales) que no se atreven a confesar que pretenden abortar, otras despistadas sobre los procedimientos a seguir y, en general, mujeres cargadas con dramas y situaciones bien complicadas, que las colocan en un momento decisivo bien difícil, reciben en esas oficinas la atenta escucha de una u otra consejera, que les va lanzando preguntas para entender lo más posible su situación y hacer que sea la misma mujer que ha accedido al servicio la que se responda a sí misma sobre lo que realmente quiere hacer.
Es verdad que ese atiborrado piso de edificio burgués donde está ubicado ese servicio acoge a unas consejeras tan comprensivas, amables y competentes, que uno se pregunta si tendrá mínima correspondencia con servicios de la realidad, cargados de limitaciones de todo tipo y sujetos a los conflictos que surgen siempre en todos los grupos humanos, pero esta mía es, vamos a decirlo, una queja menor.
También podría parecer que ese continuo flujo de entrevistas, una tras otra, que repiten los diálogos grabados durante siete años en centros de esta naturaleza, podría hacer la sesión algo cansina. Pero ahí están, para evitarlo, actrices extraordinarias como N. Baye o N. Garcia, a las que la trama, además de su confrontación con los casos que les cuentan sus “clientes” (interpretados, ya digo, por actores no profesionales), siguen en los intervalos entre clientes, y su buen hacer actoral les permite sugerirnos, a su vez, que son ellas mismas susceptibles de historias vitales bien interesantes.
Y ahí está, también, el carácter cinematográfico -y no de reportaje televisivo- que imprime a la película Claire Simon. Basta ver, para ello, su inicio: la cámara sube en el viejo ascensor del inmueble hasta la sede de la organización. Corte a otro plano en el que distinguimos a dos crías de origen argelino fumando en un balcón y observando a los que pasan por la calle. Pronto sabremos que han salido al balcón para evitar la aglomeración de la sala de espera, y que están ahí para exponer su caso, en busca de ayuda.
O bastaría también ver, más adelante, cómo atendemos al cierre de luces y habitaciones del centro, siguiendo las dudas de una consejera que querría esperar para ver si una mujer en conflicto se decide a aparecer.
¡Ah! Me ha resultado curioso advertir que la legislación francesa debía ser en el momento de producción del film más restrictiva que la española en cuanto a condiciones para el aborto, porque transcurridas unas cuantas semanas de la falta de regla denunciadora del embarazo, envían siempre a abortar a una clínica de Barcelona con la que el despacho parece tener un concierto.

El jovial médico del centro (Michel Boujenah), explicando detalles de los condones a las chicas que efectúan una visita.

Una que ha acudido a la consulta…

Y otra, no representada por una actriz profesional.
 

viernes, 2 de septiembre de 2022

Alcarrás vs Los motivos de Berta



Finalmente, antes de que desaparezca de las salas de cine, donde ha constituido realmente su agosto (y no sólo durante el mes pasado), viendo una práctica unanimidad apreciativa, venciendo mis reticencias, he ido por fin a ver “Alcarrás” (Carla Simón, 2022). Esperando que no resulte por ello linchado, debo decir que he confirmado al completo los prejuicios que me retenían en casa, pero no es de eso de lo que venía aquí a hablar, sino de lo siguiente:
En la escena inicial de la película, unos niños juegan en un coche, un 2CV, abandonado. Rápidamente he recordado una escena similar (allí el coche más dañado) del primer largometraje de José Luis Guerín, “Los motivos de Berta” (1984).
¿Sería posible que Carla Simon la hubiera visto y quisiera hacerle un guiño? En todo caso, al poco tiempo una grúa se lleva el coche con el que jugaban los niños. Sería entonces como si dijera “lo mío va por otro lado”.
Confesaré que mi interés va más por el lado de “Los motivos de Berta”.


 

sábado, 30 de julio de 2022

Vous ne désirez que moi




No me gustaría que se me tildara de pendenciero, y menos con un amigo. Pero como dijo por aquí de esta película que acabo de ver con gran interés que era “plana, monótona y plomiza” y, para acabar de (des)valorizarla, emitía un juicio de valor de su telón de fondo y a la vez tema principal (la escritora y cineasta Marguerite Duras) que me permite deducir que no prestó la debida atención en su visión, entro a rebatirle.
Estoy hablando de “Vous ne désirez que moi” (que aquí han titulado “Quiero hablar sobre Durás” (Filmin/Atlántida Film Festival), y es una película realizada en 2021 por la cineasta Claire Simon a partir de unas cintas que registraban las declaraciones íntimas que efectuara Yann Andrea, el último y muy especial amante de Marguerite Duras, aún en vida de esta última.
Sabía vagamente del tema de la película, si bien mantenía la confusión de su entrevista base con otra que Benoît Jacquot registró con la Duras en casa de ésta y dio lugar a “Écrire”, un (persistente en la memoria) documental del que me han llegado muchos ecos viendo, paseo al anochecer incluido, la película de Simon, que creo rodada en el mismo o por lo menos muy parecido emplazamiento: la casa de la Duras de Les yeux verts.
Nada más empezar, tras una secuencia que personalmente me ha atemorizado, al hacerme pensar erróneamente en una fatalidad que no tiene lugar, un cierto pánico de otro tipo me ha invadido, pues creía que la actriz Emmanuelle Devos iba a hacer de la Duras en la ficción. Por suerte se trataba de otro error mío, puesto que ella interpreta a la periodista Michèle Manceaux, mientras que Swann Arlaud hace de Yann Andrea, respondiendo a sus preguntas y expresando pormenorizadamente los sentimientos que le llevaron hasta Duras y los que desarrolló en los años de su convivencia.
Como digo, un alivio: nadie puede salir haciendo de Marguerite Duras, sino ella misma. Y ella aparece en la película de Claire Simon. Primero en unas pocas secuencias de reportajes previos y/o voz de sus propias películas, de las que se incluye alguna escena, pero sobre todo, fundamentalmente, como auténtico personaje fundamental, siempre en un off muy intenso (en la acción figura que se encuentra en el piso inferior al de la entrevista).
Con una modestia que no puede recibir por mi parte más que encendidos elogios, Claire Simon, muy alejada del divismo de otros cineastas, va haciendo poco a poco su obra. Suele elaborar unos documentales que parecen responder a encargos, pero asumidos como personales y resultando un ejemplo de lo bueno que puede salir de ellos. Uno en mi opinión admirable, en este sentido, es “Le bois dont les rêves sont faits” (2015), sobre el Bois de Vincennes, evocado en la película que nos ocupa cuando se visualizan los encuentros homosexuales de Yann Andrea.
Este “Vous ne désirez que moi” es, entre otras cosas, una vía que juzgo muy adecuada para adentrarse más en el mundo de una personalidad de fuste, como Margueritte Duras. También, expresada como sentir personal de Andrea, pero extensible de forma universal, un retrato de la obsesión lectora, abandonando todo lo demás, que le arrastra hasta, una vez conocidos sus libros hasta en sus recovecos, conocerla en persona y llegar entonces a otro nivel de obsesión, en este caso vital, mucho más allá que la de los libros.
Por el camino, Arlaud (Andrea) ofrece una serie de ideas de fuerza. Una primera es la de “India Song” como celebración fúnebre, de gente muerta (y Claire Simon introduce entonces una secuencia del film en un paisaje urbano todo tapiado, en realidad un viejo caserón decrépito, con hierbas surgiendo del pavimento y tres personajes que se nos aparecen como fantasmagóricos atravesándolo.
El Trouville del Hôtel des Roches Noires, su playa y horizonte marino, presente en dos de sus últimos libros y películas, hace también su aparición en el film, ofreciéndonos otra mirada más rica de la autora, que va más allá de la MD ogro que puede resultar (y no dejaba de ser) a primera vista.
En medio de ese estudio en colores cálidos en los que se desarrolla la entrevista de ficción / realidad, Claire Simon, por boca de Arlaud/Andrea, nos hace entrar en un mundo de deseos, de sentimientos fuertes, de sufrimientos de unos enamoramientos que acercan hasta rondar la muerte.
Para un servidor, todo lo contrario a lo expresado por mi amigo.




 

lunes, 26 de julio de 2021

Le Fils de l’épicière, le maire, le village et le monde…

Lussas y una pareja discutiendo sobre su futuro.

Los dos gerentes lanzando el proyecto.

Audrey Azulay, ministra francesa de Cultura, llega de inauguración a Lussas. A su derecha, el alcalde, cultivador de viñas y uno de los que en los 70 lanzó los Etats Généraux du Film Docmentaire du Lussas.

Su titulo, “Le Fils de l’épicière, le maire, le village et le monde…”, daría para salir corriendo, espantado. Pero se trata de un documental de Claire Simon de 2020 y, habiendo visto y hasta disfrutado de varios documentales de esta mujer, la cosa cambia radicalmente.
Está visible a partir de hoy en Filmin vía el Atlántida film Festival. Claire Denis se fue a Lussas, un pueblo francés, de la región de Ardèche, y sigue al equipo de gente que intenta poner en marcha una plataforma para la visión on line de documentales de autor. Bueno, eso y también alguna tarea de la vida agrícola de la población, pues todos están también directa o indirectamente implicados en ella.


El alcalde, en su viña.

El trío fundador, en París, buscando ayudas para el proyecto.
 

sábado, 8 de junio de 2019

Premières solitudes

Hoy se despedía de la Filmoteca Claire Simon presentando su “Premières solitudes” (2018), un preestreno, por cuanto tendrá distribución. En esta ocasión escoge para su habitual inmersión un lycée de Ivry, en las afueras de París. Allí entabla complicidades con unos cuantos alumnos, les hace hablar preguntándose entre sí sobre sus vidas y como resultado nos ofrece un magnífico retrato de un tipo de adolescentes, seguramente representativos.
Ella ha explicado en el coloquio que creía que la línea de fondo que iba a surgir en el documental sería la de la amistad, quedando bien sorprendida al ver que todos se ponían a hablar de la soledad, en unas familias en las que mayoritariamente los padres están divorciados. Ésta constituyó finalmente la línea de la película. “Ellos son los que querían decir esto”, asegura Claire Simon.

Tras unos días de ver a Claire Simon y a sus films, en ésta he podido ir constatando su forma de hacer. Esas declaraciones a la cámara en primeros planos o planos medios no pueden surgir si no es con una complicidad previa con los protagonistas, que debe costar establecer. Entre conversación y conversación coloca unas cuantas transiciones marca de la casa. Aquí hay varias con un árbol o vegetación de protagonistas, ya sea su sombra imprimiéndose sobre el asfalto o bien el sonido de sus hojas al viento. La vie que coule, quoi!

Pequeños detalles de su buen hacer, apenas perceptibles: una chica baja las escaleras del instituto, se pone los auriculares, en los que suena algo de Bollywood y se marca para nosotros un baile. Cuando llega a un vestíbulo en el que se encuentra con otros estudiantes, podemos observar en una pared un folleto de “La la land”. Otra, al final de la película: es de noche, unas alumnas están en lo alto de uno de los edificios colmena que rodean la parte más antigua, de edificios más bajos, de Ivry. Una chica habla de que no cree que estemos solos en el universo. Claire Simon dirige su cámara hacia el enorme edificio de enfrente. Luces aisladas en unas cuantas habitaciones indican que por ahí debe haber vida humana...

jueves, 6 de junio de 2019

Master Class de Claire Simon

Suelen tener algo de trampa incorporada esos actos que se anuncian bajo el nombre de “master class”. Cuando es un cineasta quien la da, habitualmente efectúa un repaso de su carrera, proyectando alguna escena de sus películas que pueda ser significativa. La mayor parte de las veces, la “máster class” de marras suele estar alejada de cualquier atisbo de enseñanza para quienes acuden a atenderla porque están estudiando o tienen intención de hacer cine.
No ha sido el caso en la apasionante “master class” que ha impartido hoy Claire Simon en la Bonnemaison, dentro de la Mostra de Films de Dones, aunque ella ha empezado diciendo, sonriente, que no sabía qué era eso. Cualquier estudiante de cine ha podido extraer de ahí una serie de planteamientos sobre cómo afrontar sus documentales que no debieran caer en saco roto.

Al final solo ha pasado un trozo de cuatro de sus películas, pero los cuatro trozos resultantes estaban tallados por un mismo patrón. Si Claire Simon dice que le gusta acudir al interior de lo que filma para captar las historias que allí existen, su dispositivo -que ha explicado en cada caso- y su perseverancia le han permitido captar, al menos en esos cuatro trozos, unos enormes momentos -de lo más emotivos- de verdad.
Ha empezado con un “homenaje a Barcelona”, una Barcelona que todos los espectadores hacen suya en su cabeza al asistir a los detalles logísticos que van apareciendo en una conversación en la que un gestor de una oficina de planificación familiar instruye a una chica de 24 años que quiere abortar y lo hará... en Barcelona. La película es “Les bureaux de Dieu” (2008). Claire Simon estuvo asistiendo a un montón de conversaciones entre los responsables del “Planning Center” y su “público” (así ha dicho que llaman a las madres que se ven obligadas a abortar). Una de las normas de estos sitios es mantener el anonimato de estas últimas, lo que, según la propia expresión de la cineasta, causa ciertos problemas a una documentalista como ella, que siempre desea filmar a cuerpo entero, con rostros descubiertos. La ficción, pensó, puede ser en determinados momentos una solución, siempre a condición de mantener la sensación de brutalidad que va emparejada con lo real: Eligió una serie de actores muy famosos y les hizo representar con sus herramientas todo lo que captó previamente, cuando iba a hacer un documental. “Hice un documental de ficción”, asegura.
En “Mimí” (2003), de donde ha sacado la siguiente secuencia, quiso filmar a una amiga que parecía un archivo lleno de historias sobre su vida. Para ello (la aproximación topográfica la ha destacado como uno de sus elementos más utilizados de trabajo), planteó filmarla en diversos sitios de su ciudad, Niza. Iban recorriendo la ciudad y ella sólo había de esperar que el lugar le evocara el correspondiente recuerdo. En la escena que ha puesto, sin embargo, le llevó a un sitio que no conocía. Sólo es entonces a partir de pequeños, casuales motivos, que consigue una escena toda ella evocación, de un enamoramiento.
En “Le bois dont les rêves sont faits” (2015), Claire Simon se adentró en el Bois de Vincennes y extrajo de él cantidad de insospechadas historias. Y sé lo que digo, porque ésta la vi y hasta hablé de ella por aquí. El resumen que ha hecho sobre el Bois es que es un sitio al que la gente acude en busca de su bien, de lo que es bueno para ella. Quizás la mayor fama del lugar la ha adquirido por la prostitución, pero la escena que ha escogida es bien diferente, y ejemplifica uno de esos momentos de trance con los que es beneficiado su trabajo. En ella entra en contacto con una extensa comunidad camboyana, compuesta de gente que huyó en su día de los crímenes de los Jemeres Rojos. Una mujer se muestra agradecida a la cineasta por hablar con ella -con lo que puede practicar el idioma- y por preguntarle -cosa que ningún francés ha hecho hasta entonces- por las razones en que se encuentran en Paris y no en su país. Toda una lección para todos esos cada vez más numerosos grupos de gente que aborrece a todos “esos invasores que vienen a destruir su cultura”.
Ella explica las razones por las que están en Paris, y no en Camboya.
El corte que ha puesto sigue con un camboyano que, también halagado por ser preguntado al respecto, acaba llorando delante de la cámara, tras decir que “Al cabo de bastantes años empecé a entender por qué mi padre se quedó ahí. Está claro que era simplemente porque amaba a su país”
Otro hombre llorando es el punto álgido de la última escena que le ha dado tiempo a pasar. Forma parte de “Premières solitudes” (2018), que podrá verse el sábado en la Filmoteca. Tres jóvenes -dos chicas y un chico- de un instituto están, siguiendo el dispositivo montado por Claire Simon, hablando entre sí, preguntándose por cuestiones íntimas, relativas a viejas historias (sus padres) y otras de bien nuevas (el amor, su futuro). El chico confiesa que él, al contrario que su amiga, sí tiene una madre “muy presente”. ¿Y tu padre? -le preguntan entonces-. Él rompe a llorar...
El chico de la izquierda es el que, sorprendentemente, rompe a llorar.
Una escena, como ella misma ha señalado, que le recuerda a Rohmer, Doillon o Pialat. Escuchar es el secreto, resume por el final, como quien no quiere la cosa, Claire Simon, esta cineasta declarada enemiga acérrima del cliché.

miércoles, 5 de junio de 2019

Récréations

El primer juego que capta la cámara de Claire Simon en el patio del colegio. Esas vallas preparadas para una jornada electoral pasan a marcar inmediatamente para esos niños alternativamente el espacio de una prisión, una peluquería o una cama.
Comprender desde el interior las historias que contiene. Éste propósito que ha señalado Claire Simon tras la proyección en la Filmoteca de “Récréations’ (1998) para ésta y las otras dos películas suyas sobre temas de educación que van a pasarse por la “Mostra de films de dones” yo diría que puede ser la clave de todas sus películas. O cuando menos de las películas suyas que he visto.
“Récréations” combina en su título dos de las posibles líneas de interpretación sobre su film. La del patio de recreo de una escuela de niños de tres a seis años (ese patio que hemos visto tantas veces en películas francesas, desde “Los 400 golpes” hasta, por ejemplo, “La belle personne”) y la de las representaciones de tantas cosas que suponen los juegos que tienen lugar en él.
Claire Simon capta ese reino de la libertad recuperada que es para los niños esa media hora de recreo. Así, de buenas a primeras, ver jugar, imitar roles, pegarse, correr o saltar a niños de esa edad, te dices que no puede ser un plato de buena digestión, pero resulta que, sí entras en el juego -y eso nunca mejor dicho-, te sorprendes de la cantidad de cosas que descubres.
La magnífica escena final del film. La niña de la derecha sufre un montón, porque no se atreve a dar el salto de ese banco, mientras una amiga se lo recrimina: ¡A tu edad..! Para saber si saldrá o no airosa de su empeño, emplazo a ver la película. Vale la pena.
En el coloquio Claire Simon ha explicado una cosa que me parece muy interesante. Le han preguntado cómo grabó el sonido, las voces, lo que dicen los niños en ese batiburrillo que es el patio. Ha contestado que, como consideraba que era imprescindible entender lo que decían para poder rodar la película, se pertrechó de un buen micro e iba todo el tiempo con auriculares. Llevó lo grabado a ARTE y le dijeron que no se entendía nada y que tal como había quedado, todos hablando a la vez, no se podía pasar por la televisión. Entonces Simon tomó una decisión muy arriesgada: todos los niños se doblarían.
Eso, que de verdad no he sido capaz de notar durante la proyección, aporta un matiz importante a la comprensión y significado de la película en su conjunto. Desde el momento en que los niños han admitido doblarse a sí mismos, evidentemente, todo lo que vemos pasa a ser una representación, un juego actoral, asumido por ellos.
Es un film que te hace entrar en todo un conjunto de reflexiones como ésta última, que no me parecen menores.
Octavi Martí, Claire Simon y Marta Nieto.


domingo, 27 de mayo de 2018

Le bois dont les rêves sont faits


Que está lleno de cosas interesantes de lo que hacer una película lo demuestra el trozo que he visto (lo he dejado a mitad, para retomarlo en otro momento, porque si no no hay forma de que avancen las cosas en curso) de "Le bois dont les rêves sont faits" (Claire Simón, 2015), que corre por Filmin.
Este largo documental satisface la curiosidad que puede despertar un inmenso espacio como el bosque de Vincennes, en los alrededores de París. El asombro del contraste que supone adentrarse en él abandonando la ciudad, el meticuloso sistema de puesta en forma de un hombre ya mayor, el ritual de búsqueda para los encuentros homosexuales en los endiablados senderos entrecruzados, el trabajo de los cuidadores del bosque, comprobando la solidez o debilidades de los árboles y dictaminando sentencias de muerte a base de una señal efectuada con hacha, la narración de una prostituta de cómo organiza su faena,... todo eso he visto por ahora en media hora de los 144 minutos de que consta.
Eso: cantidad de mundos por explorar.


miércoles, 6 de diciembre de 2017

Le concours

Una de las pruebas/conversaciones individuales, con un candidato.
Como un Frederick Wiseman, pero firmado por Claire Simon. La institución analizada es la Femis, la escuela de cine francesa, y más concretamente su proceso anual de selección de alumnos. Estoy hablando de "Le concours" (2016), que pasa estos días por TV5Monde.
El aula del examen inicial, repleta de aspirantes.
Primero accedemos a un examen multitudinario en un aula enorme, abarrotada. Tras esa primera criba, a otras muchas pruebas individuales para los que la superaron, eliminando candidatos hasta llegar a cubrir únicamente el cupo de las diferentes especialidades (dirección, guión, producción, distribución, exhibición). Entre prueba y prueba, unas cuantas escenas de exteriores, de pausa, que también se ven en los films de Wiseman, en los que se atiende a la llegada de los convocados, a alguna alumna esperando que le avisen de que ha llegado su turno, a empleados respondiendo por teléfono si se ha aprobado o no o a la secretaria colgando en un vidrio o en una pared los resultados para que directamente los vean los aspirantes, de quienes podemos observar alguna reacción.
Una candidata espera su turno.
Vemos entonces una sucesión de interrogatorios a candidatos por parte de un pequeño tribunal informal compuesto por gentes del oficio, para luego quedarnos en el aula y presenciar las discusiones de los miembros del profesorado sobre lo que han visto y oído. Aparecen ahí las dudas de rechazar a alguien tan solo porque "nos cae mal", las identificaciones, los rechazos viscerales y cierto "cientificismo" que intenta abrir las puertas de la institución a nueva savia, original, para que no todo el cine que se haga en el futuro esté tallado por el mismo patrón. En la etapa previa de conversación con los candidatos, en ocasiones se aprecian las puestas en escena pensadas por el aspirante a alumno... y por los responsables del film.
En general, no obstante, el dispositivo establecido presenta todo el proceso como lo suficientemente fresco como para ser tomado como extracto de "la realidad" retratada. Así pasa en el caso de una chica aspirante a la que le preguntan qué películas le han marcado en su vida y se ve incapaz de recordar ni una sola, con la unánime desesperación posterior de los examinantes. En varias ocasiones te preguntas cómo examinantes y examinados han permitido que aparezcan sus preguntas, respuestas y discusiones en la película, porque mucha cosa íntima, a veces de las de no sentirse muy orgulloso, ha quedado desvelada.
Todo se sigue con atención, el proceso resulta sumamente interesante, al tiempo que llegas a sentir la crueldad de la ligereza con la que en ocasiones se juega con el futuro de gente a la que parece irle la vida en ello.