Mostrando entradas con la etiqueta Bartas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Bartas. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de mayo de 2016

En memoria de un día que pasó

Costaba apreciar si esa doble fila yendo a buena y acompasada marcha era de estudiantes, seminaristas, sacerdotes u otra cosa.
Volviendo a las sesiones de Sharunas Bartas de esta semana en la Filmoteca. En la de cortometrajes se pasó su práctica de graduación en la escuela de cine de Moscú, la VGKI.
En ocasiones, si no fuera por las diferencias de paisaje, daría para un corto de graduación de la EOC en los años 60.

"En memoria de un día que pasó" (1990) es un notorio documental sobre la ciudad de Vilnius, envuelta en cierta tristeza profundizada por la música de Vivaldi de su banda sonora. En un contrastado blanco y negro observa con ojos críticos una ciudad como militarizada (los sacerdotes en formación por la acera) o hasta buñueliana (un hombre que se acerca de rodillas a la iglesia, otro sin piernas que accede a un portal en su plataforma rodada gracias a las planchas que acciona con sus manos, otras personas que pululan por un vertedero). También acompaña a un hombre mayor en su ascenso por unas empinadas escaleras para ver cómo abre un teclado y se pone a tocar: Es el campanero y, desde lo que debe ser el campanario apreciamos ahora a la gente (bajo el sonido del concierto de campanas, como toda la banda sonora de la película algo distanciada de las imágenes) en un pequeño espacio ajardinado, invadido por la nieve.
El campanero va a subir a hacer su concierto.

Hemos asistido a la presentación de Bartas observando su ciudad como un entomólogo. Para completar la idea, ya casi con lupa, nos acercamos a los rostros de la gente entre la multitud, que se cruza con un extraño titiritero.
A los sones de las campañas, la evolución de los pájaros por las ramas de los árboles y esta visión en picado, con la gente como si fueran insectos.

Poco que ver con el Sharunas Bartas posterior, pero el documental, con pinta de ser algo más antiguo que lo que es, como se decía de los maletillas o de los alevines que se introducían en el mundo del fútbol, apuntaba maneras.
Imágenes de la actividad de la ciudad buscadas con buen ojo.
La marioneta mostrada entre la gente.

sábado, 7 de mayo de 2016

Freedom

Causa impresión, ya acostumbrado a los paisajes invernales de sus otras películas, ver Esauira y las barcas de su puerto nada más empezar “Freedom” (Sharunas Bartas, 2000) y luego continuar, tras un lance marítimo, con una peregrinación desesperada por toda la desierta costa marroquí. En dos o tres momentos, acompañando la belleza del mar o la arena, aparece una música que convierte la contemplación del film en algo casi religioso.







viernes, 6 de mayo de 2016

Où en êtes-vous, Sharunas Bartas?


Anoche pasaron en la Filmoteca "Où en êtes-vous, Sharunas Bartas?" (Sharunas Bartas, 2016) como inicio de un programa de cortometrajes del realizador lituano. Encargo del Centre Pompidou para su retrospectiva, Bartas se filma en él a sí mismo en alguno de los ambientes de sus rodajes, fumando como los personajes de sus películas, respondiendo a unas preguntas que no oímos, pero que podemos fácilmente intuir. Destripo unas cuantas cosas de las que dice. Quien hizo las preguntas debió notar que no era precisamente la alegría de la huerta, y quiso averiguar por qué. No creo que saliera con una respuesta satisfactoria, pero sí que el cineasta intentó defender su postura.
- "Sí quiero un poco de alegría, como quiero calma, o libertad. Pero es muy difícil..."
- "Nuestra capacidad de comunicar sin palabras es limitada. Si se consigue hacer sentir, no hace falta explicar nada."
- "La tristeza es uno de los sentimientos más claros. No es desesperanza. La alegría, por su parte, es como unos fuegos artificiales: estallan con gran luminaria y estrépito, y enseguida desaparecen."
Va bien para ratificar la personalidad que trasmiten sus películas.

jueves, 5 de mayo de 2016

Few of us


Al llegar a casa tras ver anoche en la Filmoteca “Few of Us” (Sharunas Bartas, 1996) fui a ver si encontraba alguna documentación sobre la película que corroborara las intuiciones sobre su trama (porque existe) que me he ido formando. Me temía que en sus críticas sólo encontraría frases ambiguas, traspasando impresiones que va captando el espectador, y el escrito de Thierry Lounas para el Cahiers du Cinéma 505 (Septiembre 96) es ciertamente así, pero tiene a su favor su sinceridad y claridad, avanzando hasta donde ve que puede explicar porque ha entendido, y nada más. Es de agradecer, y aún más que no entre en contradicción con lo visto e imaginado, claro.
Una primera reflexión que me hago es que en 1996 no debían ser tan frecuentes como ahora (¡en absoluto!) las películas constituidas “haciendo durar los planos, lo más frecuentemente fijos, de tal forma que (…) seamos continuamente llamados a nuestra condición de espectadores, a que siempre sea dejada abierta nuestra imaginación”. Arranca el film precisamente con un primer plano general (foto comentario 1) en el fondo del cual se aprecia circular un tren de mercancías, y ya sabemos lo largos que pueden llegar a ser los trenes de mercancías lejos de nuestro país. A este plano le sigue otro de un puente para la circulación y después toda una serie de planos desde helicóptero (foto de esta entrada), hasta que veremos que en ellos viaja una chica, con el rostro inexpresivo, pero siempre duro.
Lounas: “No se sabe si su caída en ese paisaje es un regreso a su país o una simple expedición; no se sabe tampoco qué lazos la unen a los demás (que van apareciendo). (…) Ella es un cuerpo extraño sumergido en un medio que parece homogéneo” (en principio el país de los tofolares, en lo más perdido de Siberia). Pronto se verá que ella “hace estallar la ficción”. Primero, en una imagen onírica, que nos acerca –entonces sí- a Tarkovski, haciendo aparecer “un suelo de casa que se transforma en un parterre lleno de helechos y vegetación” (foto comentario 2). A continuación mediante una pelea cuchillo en mano. Por último, haciendo pensar en fugitivos y posibles venganzas.
Un primer personaje de ese mundo que aparece remite directamente a Dersu Uzala, de quien rastreamos todos los surcos de su cara, y a quien vemos fumar a conciencia (foto comentario 3). Un segundo la conduce a ella en una oruga que recorre el cauce de un río (y nuestros ojos se van irremediablemente hacia un cargador repleto de balas, en otro reclamo de suspense y tensión propio de una ficción) hasta una población.
Unos terceros, y ahí es donde yo le lanzaría todos los peros a la película de Bartas, son un buen puñado de habitantes de ese poblado junto al río. Porque sus imágenes nos dan tiempo para apreciar todos los sonidos que caracterizan a ese poblado, desde el agua que hace golpearse entre sí los guijarros del lecho del río hasta los ladridos de los perros (casi únicos intentos reales de comunicación de la localidad), de la misma forma que antes hemos visto y oído cómo los abetos se mecen con el viento, pero también vemos una mugrienta fiesta casera inundada en alcohol, en la que casi todos los que aparecen son border-line, si no están ya en realidad mucho más allá de la línea de la cordura. Una corte de los milagros, bufones malformados de cuadro de Velázquez pero con tintes de las pinturas negras de Goya que Bartas nos podría ahorrar, mientras que, en cambio, parece que se refocile con ello.
Hecha esta salvedad, volviendo a Lounas: “Este cine es un verdadero cine del (acto del) conocimiento”