Jesús Franco no gana para desengaños en “El extraño viaje” desde la muerte de sus padres. Invoca al tiempo pasado continuamente: “¡Con lo buenas que estaban las peras del huerto de papá!” ¿Cuáles podrían ser esas riquísimas peras del huerto de papá, a conservar en la memoria? Aquí –Cine- se intenta recopilar y dejar visibles las impresiones a vuelapluma, en general sin documentación ni análisis previos, de la reciente visión de alguna película que me haya causado buenas vibraciones.
viernes, 23 de marzo de 2018
La femme d'à côté
lunes, 29 de mayo de 2017
El desmayo de Fanny Ardant en el Dictionnaire Truffaut
Para preparar una charla sobre Truffaut he leído el “Le dictionnaire Truffaut” que Antoine de Baecque y Arnaud Guigue editaron, con entradas de 22 autores, en 2004. En él se da un repaso a todos los detalles de sus películas, demostrando lo engarzadas que están entre sí y con su vida. Entre ellos, éste del desmayo del personaje de Fanny Ardant, que tanto me impresionó en la revisión de “La femme d’à coté”, y que me indujo a escribir la nota que publica hoy “La Charca Literaria”:
Ni contigo ni sin tí tienen mis penas remedio
Gran parte de los hallazgos de Truffaut son ideas de guión, luego muy bien resueltas en el rodaje. Ver, ahora de nuevo, todo el principio de La femme d’à coté te lo confirma. Descubrimos que la narradora (la que da pie a esa voz en off tan característica de sus películas, inicialmente con su cara sobreimpresionada mirando a cámara, otro elemento característico del cineasta) es coja, ofreciendo así un punto de intriga sobre el origen de la cojera, sus circunstancias y todo lo desencadenado alrededor de ella a lo largo del metraje. Bernard trabaja —como «l’homme qui amait les femmes»— con unas maquetas de barco de gran tamaño, gracias a lo que se añade un punto de originalidad al personaje de Depardieu, muy por encima de lo que brindaría el sempiterno abogado o periodista. Todo está poblado de pequeñas acciones, diálogos al margen, curiosidades, que amueblan como quien no quiere la cosa la trama, dándole un toque de «realidad» para uno u otro espectador que no existiría si todo fuera directo al grano, sin estos minúsculos puntos de atención adicionales.
Pero Truffaut también tenía mano para que alguno de sus personajes diera a entender de forma inesperada, fulgurante, la pasión que le consume por dentro. Aquí es Mathilde (Fanny Ardant), tras la caricia que le da Bernard en el parking, después de haberse reencontrado tantos años después de su relación y haber serenamente acordado ambos continuar felizmente como amigos, olvidando todo lo que hubo entre ellos, quien cae fulminada al suelo. Todo el recuerdo del fuego que la consumía le sube a la cabeza provocándole un desmayo. Es con elementos así, colocados sin miedo al ridículo, como Truffaut va confeccionando una película de esas de amor más allá de la muerte, que entusiasmaría a los surrealistas.
Esa Fanny Ardant, siempre tan bien puesta y segura de sí misma, cayendo a mis pies, indefensa, cuál pobre pajarillo, me llegó al fondo del alma.

