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martes, 2 de enero de 2024

Buñuel para Bardem


Como es natural, porque lo conocía a fondo, Carlos Saura habla bastante de Luis Buñuel en “De imágenes también se vive. Casi unas memorias” (Taurus, 2023), que estoy leyendo.
Explica, claro, que se conocieron en Cannes, donde él y Pere Portabella habían ido a presentar “Los Golfos” y Buñuel “La joven”, se cayeron la mar de bien… y la amistad siguió toda la vida. La foto, que he sacado del libro, no admite otra razón a esa satisfecha sonrisa de ambos en uno de sus encuentros.
Pero no abusa, no se vanagloria tontamente de su posición. Al contrario, sólo se muestra modestamente agradecido por lo que le supuso esa amistad. Una postura que contrasta con los aspavientos que todo el mundo lanza ahora sobre el de Calanda, sobre el que parece haber ya consenso positivo, y cómo estiran hasta casi romperse su relación, por mínima que fuera, con él.
Saura explica que esa postura actual tan laudatoria no era en absoluto la que existía por aquí respecto a Buñuel, puesto que si no se le ignoraba por completo, se le vilipendiaba de lo lindo. Da un par de ejemplos y remata con este demoledor relato:
“En el año 1960, Ricardo Muñoz Suay, que sabía de mi admiración por Buñuel, me habla de dejarme el guión de ‘Viridiana’ para que lo lea y le dé mi opinión. Juan Antonio Bardem, que dirigía la productora Uninci, me llamó a su despacho en la calle de Ferraz, me lanzó el guión de ‘Viridiana’ sobre la mesa, al tiempo que me decía, despectivo:
-Anda, lee esa porquería que ha escrito Buñuel, tu admirado anarquista de derechas.”


 

viernes, 8 de mayo de 2020

Fernando Rey haciendo de muerto


El proceso actual de recuperación de Bardem se quedó, seguramente, en “Muerte de un ciclista” y “Calle Mayor”, con ciertas cosas de “La venganza”, porque “Sonatas” ya da un giro hacia lo que podría ser un precedente del cine de coproducción que hundió a bastantes cineastas autores de renombre por 1980. Se deja ver como un no del todo molesto cine de aventuras de sesión televisiva de sobremesa, pero nada más.
Pero cuando la vi hará un par de semanas me hizo gracia ver el plano -que Bardem, satisfecho, saca tres o cuatro veces- que explicaba Buñuel le hizo fijarse en Fernando Rey como actor:
-Hay que ver lo bien que hace de muerto ese hombre- explicaba a todo el mundo.
(No encontrando la imagen por la red ni pudiendo -sabiendo- sacar una copia de pantalla de la tele, le hice en el momento oportuno una fotografía directa al monitor. Para evitar los fastidiados reflejos del sol de tarde entrando por una ventana, la tuve que hacer esquinada. Juro que si no acaba de parecerse a Fernando Rey es por eso y no porque utilizara un doble. Viéndola sin deformaciones se nota muchísimo que sí es Fernando Rey, ahí muerto, pero sereno)

jueves, 22 de agosto de 2019

La huella del crimen: El Járabo



Eso de la edad comporta que te interesen las visiones de ciertas cosas que maldita la gracia que te hacían en su día. Por ejemplo, esos SEAT 1500 alargados de los que disponían unos cuantos los grises, la policía armada. Se ven en el inicio del primer capítulo de la serie de Pedro Costa Muste, “La huella del crimen”, que parece se vuelve a pasar por la segunda cadena de televisión.

Después de comer, para hacer la digestión, me he visto ese primer capítulo, “El Jarabo” (1985), que realizó Juan Antonio Bardem y que me ha sorprendido positivamente con cómo efectúa el enlace con su primer flashback. Luego los siguientes ya son más anodinos, pero vaya.

Me ha resultado, sobre todo, bien ambientados esos años 50 en los que figura suceder los hechos narrados, como siempre relato de un truculento y sonado crimen. José Sancho interpreta al protagonista, siempre de una (engorrosa) enorme vitalidad ocasionada por su consumo de drogas. En sus andanzas se mete en un cine en el que Bardem coloca un NO-DO muy bien escogido (con Don Claudio y señora saludando en la Granja al cuerpo diplomático, seguido de unos bailes folclóricos), pero también en Chicote, en un cortijo con bailaoras de los alrededores de Madrid, cercano a la base de Torrejón, o incluso por unas calles y tiendas de la ciudad que cuando se rodó la serie no habían variado de aspecto casi nada respecto a las de finales de los 50.

Bardem introduce a un impagable compañero suyo del PC -Antonio Gamero- en un pequeño papel como taxista, de la misma forma que en la comisaría hace aparecer a un comisario ajeno a la Brigada de Investigación Criminal, alguien más cercano a sus conocimientos (un animal de la Brigada Político y Social). Incluso se permite hacer una broma que igual no es broma y es totalmente cierto, señalándose como compañero de clase en el Colegio del Pilar (donde creo recordar que sí hizo su bachillerato) del propio Jarabo y de Martínez Bordiu, el yernísimo
Para culminar el majo ambiente de una época no dejándote entrar en nostalgias idiotas, por el final aparece también un sórdido garrote vil, funcionando.