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jueves, 20 de agosto de 2020

El sueño de Gabrielle




Me ha sorprendido Nicole Garcia con su “El sueño de Gabrielle” (“Mal de pierres”, 2016, en Movistar Drama). Quizás parte de esas buenas sensaciones vengan de que hizo la adaptación de la novela que le sirvió de base, el guión y diálogos con Jacques Fieschi -con quien también hizo los guiones de sus mejores películas, por ejemplo, Claude Sautet-), aunque la conclusión ofrecida de la historia me ha parecido, la verdad, bastante cogida por los pelos. Pero también me ha sorprendido agradablemente ls película por cosas ajenas al guión:
En todo su planteamiento hay cosas que me ha gustado cómo están rodadas y presentadas: ese inicio con la familia en el coche años 50 (foto) yendo hacia Lyon, por ejemplo, con esa apertura de tuper y reparto interior del picnic o bien luego el paso junto al río en la ciudad. Unas escenas de un tiempo “presente” que sirven para dar pie al largo flashback de un amour fou que constituye, básicamente, la película.
Poco después esa escena con ella (Marion Cotillard) haciendo penetrar el frescor del río en su cuerpo, sobresaltado por primeras sensaciones románticas amorosas. O, un poco más allá, los campos de lavanda cuidados por trabajadores españoles, con todo de zumbidos de insectos a su paso (otra foto).
Según su familia, Gabrielle tiene problemas de los nervios, a los que ven una solución en una boda con el callado republicano español (Alex Brendemühl). Nicol Garcia la presenta a ella junto a una puerta en la oscuridad de un granero. Fuera, en espacio lejano, reducido por el marco de la puerta, la luz, el campo.
Más adelante esta misma composición se repite: Es así, espacio de luz limitada por una densa y oscura pared, como ve también por vez primera al personaje de Louis Garrel (otra foto colgada), o cómo filma el mar como un posible horizonte, entre dos edificios.
Por el medio, no está nada mal tampoco el aspecto tétrico con el que puede visualizarse, según la situación, el lujoso balneario...



 

martes, 10 de septiembre de 2019

Nathalie... Nathalie X

¡Pues no se encarnizaron ni nada las críticas con “Nathalie... Nathalie X” (Anne Fontaine, 2003, ahora en TV5Monde) en el momento de su estreno! Y, sin embargo, es una película poseedora de unos entramados que me resultan atractivos y ciertos detalles de realización que también. Ahora llego.
La grabé no muy convencido, porque su realizadora me suele resultar, cómo decirlo, muy convencional, pese a los detalles modernos que intenta introducir. Y lo hice porque estaba protagonizada por Fanny Ardant, Emmanuelle Béart y Gerard Depardieu.

La casi unánime posición crítica opuesta a la película puede resumirse en dos o tres grandes razones: una su previsibilidad, otra cierta artificialidad de su puesta en escena, una tercera su conclusión, digamos, favorable a un cierto orden establecido. Pero es licito preguntarse si ese desenlace no está, sotto voce, ya mostrado de forma evidente por la misma realización de la película. Por otra parte, alguna de esos elementos artificiosos me pregunto si no serán precisamente los que me la acercan a formas de gente como un Michel Deville, dicho eso a favor. Por último, ese final también puede llegar a interpretarse, paradójicamente, como un camino hacia una cierta libertad personal de actuación.
Los títulos de crédito me han hecho prestar más atención a la película que la que tenía prevista: resulta que tiene como coguionista a Jacques Fieschi, que ha ejercido como tal en películas de gente como Olivier Assayas, Benôit Jacquot o Claude Sautet. Es verdad que también de Nicole Garcia. Viendo ahora la película y teniendo reciente alguna de las últimas de Sautet en las que Fieschi ejerció como guionista, atas cabos y confirmas su enorme influencia. No en vano Depardieu dice en una de las primeras escenas sobre un personaje, afeándoselo, que, como el de “Un coeur en hiver”, “tiene miedo a una verdadera relación”.

He pescado también uno de esos raccords muy similar a los que frecuentemente hace Michel Deville, acelerando la transmisión entre causa y efecto, si bien es verdad que la relación con Deville -y aquí sin Jacques Fieschi por el medio- la encuentro mucho más evidente con la trama argumental de un “Le mouton enragé”, por ejemplo.