Mostrando entradas con la etiqueta Varda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Varda. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de abril de 2025

Documenteur


Es uno de los dibujos que aparecen en “Documenteur” (Agnès Varda, 1981), una áspera, con encuadres muy estudiados, película rodada en Los Ángeles que pinta como pocas el desarraigo de una mujer intentando montar una nueva vida sola con su pequeño hijo (interpretado por el propio hijo de la cineasta, Mathieu). Creo que no la había visto nunca, y ahora está en Filmin.
El niño de la izquierda no, pero la pareja bien podría pasar por un dibujo de Javier de Juan.




 

viernes, 24 de febrero de 2023

Les dites cariatides


Se me puede despreciar por ello, pero diré que ciertas ligeras, dinámicas y muy aplaudidas películas de Agnès Varda se me atragantan cada vez más.
En cambio, veo con placer las que llegan de su pasado como brillante fotógrafa o las que, como ésta pequeña miniatura de “Les dites cariatides” (1984, 11 min; en Mubi) recurren, sin dejar de ser amenas, a la sobriedad y erudición. Aquí un pequeño paseo por las cariátides de finales del XIX que pueden distinguirse en fachadas de París.



 

martes, 24 de agosto de 2021

Du côté de la côte




“Du côté de la côte” (Agnès Varda, 1958; en MUBI), son 25 coloristas y bastante irónicos minutos sobre la Costa Azul, ya entonces con muchos visitantes.



 

lunes, 12 de julio de 2021

Jane B. par Àgnes V.




Este año, en Cannes, Charlotte Gainsbourg ha presentado un documental sobre su madre, Jane Birkin, que tiene ahora 74 años. Pero en 1988 Agnes Varda había hecho ya otro sobre la actriz, tocando muchos puntos de su personalidad y de su historia hasta entonces. “Jane B. par Àgnes V.” es otra de las películas que, en homenaje al festival de Cannes, se puede ver en Mk2Curiosity hasta el 22 de julio.
Ahí aparece desde un primer momento Jane Birkin, con su despreocupados jeans o americana a cuadros, expresándose moviendo sus brazos, confesando a la directora que es cierto, que nunca mira directamente a la cámara, por un cierto pudor. Varda le obliga a hacerlo, de la misma forma que en el documental Birkin nos abre las puertas y nos enseña su casa de la rue de Verneil, la que precisamente ahora abrirá al público su hija Charlotte.
En un momento dado, en Trocadero, Varda le pide que vacíe su bolso, que luce repleto: parece un armario, es todo un mundo.
Durante el metraje emulan cuadros famosos con suma precisión o ella interpreta varios pequeños papeles con actores conocidos (algún sketch, todo sea dicho, horrible, como uno con Laura Betti haciendo de Oliver Hardy, mientras se reserva para ella el papel de Stanley Laurel) y cuenta cosas de ella, de todo tipo.
De hecho, para mi gusto, la película está a punto de naufragar con sus trocitos de ficción, mientras que remonta una y otra vez gracias a Jane Birkin explicando algo de su vida a la cámara.




 

viernes, 19 de junio de 2020

Kung-Fu Master

No recuerdo que “Kung-Fu Master” (Agnes Varda, 1988) se estrenase ni pudiera verse por canales tipo Filmoteca por aquí, o al menos yo no la había podido ver hasta ahora, gracias a que la ha contratado y la pone a disposición Filmin.
Dicen que es un retrato de la edad adolescente y de la familia, pero yo la he degustado, sobre todo, como retrato de Jane Birkin, que la protagoniza con sus padres e hijas Charlotte y Lou y con el hijo de Agnes Varda.




Los sitios, los cálidos encuadres y sobre todo los colores, principalmente en su parte inicial, se revelan claramente escogidos por la cineasta, que se permite también hacer una de sus expediciones hacia un inexplorado mundo popular, el de los videojuegos, como el que da pie al título del film. Todo, como también le gustaba, muy ligado a su tiempo (la expansión del sida, aparición de los punk, etc) y a un tema que hoy podría resultar políticamente incorrecto, si bien veo ahí no eso, sino la inocente sensibilidad de Jane Birkin, de quien partió la historia.

sábado, 13 de abril de 2019

Le bonheur

En TV5Monde deben estar haciendo un mini-ciclo Àgnes Varda (mañana pasan “Les glaneurs et la glaneuse”) y ayer pusieron “Le bonheur” (1965). Se inicia con una escena campestre, de felicidad familiar dominguera, que luego se retoma en varias ocasiones y tiene mucho de anuncio de jabón. Una pareja joven, él carpintero, ella modista, dos niños pequeños, día de asueto y soleado.

Luego, todo lo que proliferó en la filmografía posterior de la realizadora: juegos con los colores, con las palabras, con las acciones, insertos de primeros planos de atrezzo ornamental a juego, planos cortos, dinámicos,...

Llegado un momento, todos queremos saber cómo va a resolver la cineasta avanzada a su tiempo, de moral absolutamente liberal, siempre atenta al papel de la mujer en la sociedad, el conflicto. Quizás una de las moralejas sea -digo yo- la de la constatación de la fugacidad, de esa fugacidad que lo envuelve todo.

viernes, 5 de abril de 2019

Agnès Varda en Les Inrockuptibles


Por una vez, y ojalá sirva de precedente, “Les Inrockuptibles” parece querer hacernos recordar la revista que fue. Le dedica 66 de las 84 páginas del número de esta semana a Agnès Varda.

Seguramente conscientes de que su plantilla no es -¡Ay!- la que había sido (con gente como el gran Frédéric Bonnaud, ya actualmente sin vela en este entierro un Serge Kaganski), pide a un antiguo peso fuerte del Cahiers du Cinéma como Thierry Jousse que elabore un artículo recapitulativo sobre el recorrido cinematográfico de la realizadora y a una serie de gente que ha tenido relación con ella (ver unos cuantos en la foto de portada) que nos expliquen sus recuerdos. Por último, tras unos mini-artículos efectuados por cada miembro de la redacción sobre cada una de sus películas, recuperan tres largas entrevistas efectuadas tiempo atrás en la revista, de épocas en que sus entrevistas, precisamente, hicieron célebre a la publicación.

¡Ah! Y todo trufado con magníficas fotografías, como este autorretrato de Varda, realizado en Venecia en 1960, delante de un Bellini. Habrá que ponerse a su lectura detallada, a ver si se confirman los Buenos augurios. 


sábado, 26 de mayo de 2018

Visages villages

El cartero ¿de Bonnieux?
Los amigos con los que he ido a ver "Visages, villages" (Agnes Varda, JR, 2017) se han enfadado un poco conmigo cuando les he soltado mi sentencia saliendo del cine: "En algún momento me ha recordado a los anuncios de compresas de Isabel Coixet, pero está bien".
La última habitante del grupo de casas de mineros, emocionada.
A continuación me han llovido críticas por mi carácter extremadamente cínico, recalcando entonces ellos los valores positivos -por otra parte evidentes- de la película, como ese dinamismo de una realizadora que sigue haciendo sus juveniles films a una edad que ya no es precisamente juvenil, esa mirada a la fugacidad de las cosas (con por ejemplo su retrato de Guy Bourdin efímeramente visible en un búnker alemán caído a la playa desde un acantilado de Normandía), su constancia en el (amable pero firme) combate feminista, etc.
El retrato que le hizo Agnes Varda a Guy Bourdin, en el búnker caído.
Para congraciarme, yo he añadido al saco de las bondades otros cuantos elementos que hacen decantarse claramente la balanza hacia uno de sus lados, como esa incitación a la visita de varios lugares que quiero precisamente visitar o ese mantenimiento del plano bastante más que lo normal sobre la cara de uno que se prejubila precisamente ese día, y que a la pregunta sobre qué va a hacer el día siguiente dice algo así como que no sabe, que es consciente de que va a dar un salto en el vacío.
La tumba de Henri Cartier-Bresson, entre la lavanda. Al lado, la de su mujer, Martine Franck. No es una imagen del film.
Los dos autores, con sus gafas oscuras y pelo de color, delante de una cabra a la que, desgraciadamente, el cuadro ha cortado sus cuernos


sábado, 18 de octubre de 2014

Agnes Varda y José Luis Guerin con los cine-clubs


Pues que no ha resultado nada mal… Era en la 9 Jornada del Cineclubisme Català, abrigando en Santa Coloma de Gramanet a la Asamblea anual de la Federación Catalana de Cineclubs con la buena idea de reunir a Agnes Varda y José Luis Guerin, que han estado más de dos horas conversando de (y aquí esquema que he anotado):
- La proliferación de los Festivales de cine (“electoralistas”) en vez de apoyar la labor continuada de los Cineclubs.
- La envidia de JLG a AV por formar parte de una comunidad de cineastas (Nouvelle vague y círculos adyacentes), aunque AV ha tachado de idealizar la cosa, porque si se reunían era para comer, jugar a cartas, etc, pero nunca para hablar de cine.
- Cómo combinar la necesidad de llegar con el cine militante a la gente…y de no perder las formas.
- El cine social.
- La mala costumbre de primar la perfección técnica por encima de la verdad de las imágenes imperfectas.
- El gusto por el otro de AV.
- El cierre de los proyectos del cine analógico vs el interminable proceso, siempre abierto, del cine digital.
- La mujer cineasta y, sobre todo, las mujeres cineastas libres.
- Su reconocimiento como cineastas comprometidos, pero libres de buscar la belleza allá donde se encuentre.

La fatiga que le adivinaba ayer a Agnes Varda había hoy sorprendentemente desaparecido. Ha estado animada, sin perder comba. No ha pasado una –sobre todo inicialmente- a Guerin, precisándole todas sus aseveraciones. Todo lo contrario de la entrevistada sujeta a la politesse social a la que tan acostumbrados estamos, vaya. Incluso en alguna ocasión que daba su brazo a torcer, antes se resistía moviendo entre pensativa y negativa su cabeza. Pero –y es un gusto- nada de preguntas y respuestas superfluas, esclavas de las convenciones. Todo palabras medidas.
¡Ah! Y se ha empezado criticando la banalización de los Festivales de cine, pero todos hemos acabado como desenfrenados paparazzi, venga a hacerles fotos.
A ver qué se hace el año que viene, porque el listón ha quedado muy alto…

Jacquot de Nantes




“Evocación de una vocación”, ha dicho Agnes Varda hoy, en su presentación de “Jacquot de Nantes” (1991) en la Filmoteca, que quería subtitular su película. Cansada por el intenso programa de actos que se ha planificado para su estancia en Barcelona, procedente de un tour previo por Portugal, su presentación, de una claridad, detalle e intención que hace dudar que haya sido efectuada por una persona de su edad, ha dejado claro que se trata de un film extremadamente especial para ella.
En él vamos siguiendo una ficción, en blanco y negro y con actores, sobre la evolución, de 1939 a 1944, de esa rara vocación temprana del subtítulo, la de Jacques Demy por el guiñol (de donde no quiere irse una vez ya acabada la función, por si vuelven a abrir el telón), el teatro, y, principalmente, el cine. Pero, de vez en cuando, de esa historia en blanco y negro surgen escenas en color. Unas representan los sueños de Jacquot, prefigurando los films que hará en el futuro, de los que van apareciendo breves escenas, para hacer notar cuánto de ellos surge de su experiencia infantil. Otras presentan al mismo Jacques Demy, evocando su infancia o, simplemente, contemplando el mar en ese año del rodaje, el último de su vida.
La ficción en blanco y negro no es sólo la historia de la vocación de Jacques niño. También puede verse como una historia de la Francia bajo la ocupación alemana, o simplemente de la vida, el trabajo y ocio de las clases populares franceses en esa época y, por la retahíla interminable de canciones populares que en ella se evocan y cantan, una especie de “Canciones para después de una guerra” gala. Maravilla el trabajo que Varda y su equipo hicieron para rescatar a la memoria de la gente los detalles de, por ejemplo, los objetos de las cobradoras de tranvía, o los de una casa o garaje como el de la familia de Demy.
Al margen de ese reconocimiento emocionado en la afición por el cine, y los sucesivos descubrimientos de Jacquot en esa dirección, la película alcanza su cima emotiva, dando a reconocer el enorme acto de amor que supone, en las plácidas escenas del presente. En una de ellas, Agnes Varda hace una panorámica de primerísimo plano de su propia piel, hasta llegar a sus manos, y descubrir en ellas una alianza. Bastante metraje adelante, otra panorámica recorre, en esta ocasión, la piel de Jacques Demy, recorre su brazo, y se encuentra con su correspondiente alianza.
Tenía un recuerdo de “Jacquot de Nantes” como película entrañable, con casi los únicos recuerdos del garaje familiar (que hoy ha explicado Varda que era el original, alquilado para la ocasión) y alguna panorámica de esas sobre la piel de Jacques Demy (enfermo de SIDA), que enlazaba con esas otras imágenes que Agnes Varda se rueda de sus propios brazos y manos en “Les glaneurs et la glaneuse” (2000), que ya presentan también manchas marrones, signo de la llegada de la vejez. En esta nueva visión he agudizado esa impresión, a la vez que he descubierto no pocas cosas más. Ella tiene un cierto carácter de niña grande, que exterioriza muchas veces en sus películas y en sus actos. Hoy ha estado completamente seria, atenta a lo que había de estar. Pocos cineastas han hecho una obra de estas características, a la que ella, ha dicho en la presentación, acompaña a veces como a esos niños violoncelistas en gira, porque no pueden viajar solos.

martes, 30 de julio de 2013

Jacquot de Nantes

La cadena TV5Monde pasa ahora películas en VOSE, y conviene estar atento a su programación. Esta madrugada era el turno de “Jacquot de Nantes” (la película de Agnes Varda de 1991 sobre la infancia de Jacques Demy). La recordaba principalmente por una escena que, como llegué tarde, no volví a ver, pero lo que no recordaba es el nutrido catálogo –sobre todo en su primera parte- de objetos, juegos y canciones populares de una época que representa.
“Le temps des cerises” o este “Boum!!!” de Charles Trenet (la canción que tarareaban felices Hernández y Fernández en un buen Tintín justo antes de que el motor de su coche tuviera una enorme explosión) figuran, entre otras, en su metraje.