Mostrando entradas con la etiqueta CCI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CCI. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de abril de 2021

Antoni Padrós en Filmin

La troupe de "Lock-out", que para mi gusto sigue siendo su mejor película, en el vertedero en el que se rodó.

"Pim, pam, pum, fuego", contra una gauche divine bien concreta. A la pesca en éste y otros cortometrajes de las divertidas frases de Padrós contra la falsa progresía y los convencionalismos.

Miguel Martín, atento a todas estas cosas del cine que se sale de lo normal, avisó de que Filmin ha colgado en su plataforma las películas de Antoni Padrós. Como me salieron unos comentarios así como lanzando información a la gente que no las conozca, los he copiado ahora aquí, para "la posteridá":
Antoni Padrós era a finales de los 60, principios de los 70, un oficinista bancario de Terrassa que por las tardes y fines de semana ejercitaba de Mr. Hyde y se ponía a hacer películas undergrown. Aunque pasó por la Escuela de Aixelà y el Institut de Teatre con Pere Portabella, mantenía un cierto distanciamiento de la corriente general, con un espíritu ácrata muy saludable. Debió de ser por 1974 que pasamos todas sus películas de entonces en el CCI, haciéndole un dossier, del que acompaño foto.
Poco después haría su alargadísima "Shirley Temple Story", en la que por cierto participaba un jovencísimo Marcos Ordoñez, entonces miembro del mismo CCI. Intentó, saldándolo con un fracaso, su entrada en el cine comercial en los años 80 y tras el fracaso sólo realizó esbozos de grandes películas románticas, como Syberbergs estilizados. En 2004 el Cineclub Associació d'Enginyers estuvo con él en Terrassa y producto de esos encuentros fue un libro y un documental (éste, como siempre, dirigido por Martí Rom), de cuyas cubiertas incluyo también foto.
Valerio Carando montó una exposición sobre él (foto again) que se pudo ver en la Sala Moncunill de Terrassa en 2015 y en la de la Filmoteca de Barcelona en 2017. Por esas fechas se exhibió su nuevo cortometraje "L'home precís" y aún estamos esperando que ponga en marcha el rodaje de una nueva película. ésta con la aparición de unas japonesas que matan con la aguja esa que recoge su moño cuando van ataviadas con su traje tradicional...
Yo siempre digo que su obrón es "Lock-Out", que recuerdo que pasamos en sesión especial para ellos en la sala de la Diagonal del Cineclub Ingenieros en 1976 ante los ojos deslumbrados de Manuel Gutierrez Aragón, José Luis García Sanchez y Paco Betriu, tras la experiencia desastrosa del corto ("Els porcs") que quiso pasar él previamente, que casi hace que no vieran el largo. Para mí también "Els porcs", aunque él parezca tenerle aprecio, es su corto que muestra lo peor de lo que es también capaz. Entre sus cortos quizás escogería dos bien diferentes: El sofisticado "Swedenborg", con fotografía de Llorenç Soler, y dos de sus gamberradas político-festivas: "Pim, pam, pum revolución" (un poco contra la gauche divine que poblaba las sesiones del Institut del Teatre) y "¿Qué hay para cenar, querida?", ambas con frases antológicas de su mejor cosecha.


El dossier del CCI por el 1974 o 75. Tendría que ir a mirarlo.

El librito que, junto a un documental, le hicimos en el Cineclub Associació d'Enginyers.

El cartel de la exposición sobre sus cosas que comisarió Valerio Carando.

 

domingo, 9 de noviembre de 2014

Cineclubs - 1. CCI


Tirando apuntes antiguos, gracias a la funesta manía de aprovechar el reverso para escribir, me encuentro con esta octavilla (en tamaño folio) del Cine-club Ingenieros, que hora me da pereza datar, pero debe ser de por 1973. Es una muestra típica de programa semanal del CCI en esa época. Los jueves, en sesión de mañana y tarde, una película "comercial", para poder anular las deudas acumuladas con otras sesiones no tan multitudinarias. El sábado, una película clandestina, o prohibida. En este caso, debido a que por ser conocida, ni pusimos su título (que supongo que será fácil deducir), se jugaba con la broma de que había sido hallada, porque legalmente "no existió" hasta muchos años después

Cine-clubs 1: CCI


Ésta, de la misma época, me hace especial gracia. Utilizando la técnica de las fotonovelas (que no tenían, en algún caso, una calidad muy superior). Se distingue la letra de Martí Rom, que como trabajaba en CPDA (Comisión de Publicaciones de la Delegación de Alumnos) es posible que hasta hubiera sido él (o Robus) quien tirara las planchas en la offset.

domingo, 7 de julio de 2013

Dossier Cine club Ingenieros 1974-1975


Como creo haber acabado las publicaciones sobre cine-clubs genéricos que tengo por casa (Julio Lamaña continuará aportando de su fondo interminable), acudo a publicaciones más personales, en general muy antiguas, para seguir colocando “fotos” a este álbum centrado en este tema, mientras no nos lleguen varias aportaciones de amigos que estamos esperando. Ésta será la número 43 de la colección.
Los cine-clubs suelen dar en ocasiones un programa de mano para documentar sus sesiones. En alguna ocasión, estos programas se editaban en forma de libro que, con una pequeña introducción, los agrupaba a modo de resumen de lo que había sido el curso. En el Cine-club Ingenieros (de la Escuela de la Diagonal de Barcelona) de los años 70 el volumen de esos “libros” llegó a ser escandaloso. Recuerdo –y ahora lo he leído en la introducción- que éste del curso 1974-75, aunque bastante completo, llegaba con propósito de enmienda. “No se trata de una cuestión de páginas –decíamos- sino de contenido”. Y hablábamos de intentar hacer sólo un par de hojas sintéticas con datos recopilados sobre el contenido de la sesión o bien de dossiers con voluntad de contenido original, incluso forzando al trabajo a nuevas generaciones que se incorporaban al trabajo.
En esta línea, el libro contiene un dossier de 43 páginas sobre el recientemente “re-descubierto” underground Antoni Padrós, de quien proyectamos todos sus films; otro de 9 páginas sobre el “Contactos” de Paulino Viota; otro de 20 páginas sobre Jacinto Esteva; uno de 10 páginas sobre Buster Keaton; uno sobre Orson Welles o Joseph Losey preparado por una nueva hornada de ingenieros cautivos del cine, como Félix Arias, luego conocido por su “dossier” de la candidatura olímpica de Barcelona; u otro de Fernando Fernán Gómez, escrito, ya con su peculiar estilo, por un jovencísimo Marcos Ordóñez.
Pero entresaco de la introducción del libro. Ésta señala el mantenimiento (durante un curso en el que se proyectaron 38 largometrajes, 8 mediometrajes y 41 cortometrajes) de las sesiones de los jueves, dedicadas “a ese público más amplio que puede ser el de la escuela” y que “su mayor o menor éxito posibilita la existencia de una programación más minoritaria, teóricamente más ‘adecuada’ para el ámbito universitario en donde nos encontramos –las sesiones de los sábados, en las que hemos dado entrada con especial atención al cine español, y en la mayoría de los casos al cine español poco conocido debido a su marginación, cine independiente,…, cine comercial fallido,… “ (en general eufemismos para hablar de cine prohibido). Me hace gracia ver que, entre esa programación más “comercial” había, por ejemplo, películas de Losey, Welles, Rossellini, del Nuevo Cine Alemán, Peter Watkins,…
Leo también un sonoro lamento, enumerando las causas por las que ese curso no se había programado ningún “week-end cinematográfico” (“la brutal subida de los precios de alquiler de las películas de las distribuidoras comerciales, la inmovilidad del catálogo de la Federación de Cine-Clubs,…”). Aún así, veo que se hicieron sesiones especiales, a mi entender, de gran valor: Sobre la obra de Jean Vigo un día festivo, o sesiones sobre los campos de concentración nazis, la causa palestina o “El campo para el hombre”, un alegato de un colectivo de cine militante.
Por último, y para acabar esta entrada tan maratoniana, el recuerdo agradable –también mencionado en la introducción del libro- de haber sido el año en que TVE, con un despliegue de medios que aún recuerdo asustado, grabó un programa (“La vida cinematográfica en…”) en el cine-club. Habían escogido el CCI como el más representativo de Barcelona pero, para hacerlo más representativo, propusimos ampliar la mirada a otros cine-clubs (Informe-35, Mirador, de barrios y de comarcas), con los que se grabó una mesa redonda planteando al situación de los cine-clubs por aquí. Si alguien ve unas imágenes de un coloquio posterior a la presentación del “Lock-out” de Padrós, en el que se oyen tranquilamente cuestiones tabú hasta entonces para la televisión española, es que el programa acabó con eso.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Pere Portabella

La foto número 32 de este álbum sobre publicaciones relativos a cine-clubs, ideado por Julio Lamaña Orozco, va en clave impudorosa, muy personal:

Contenido:

Datado en mayo de 1975, se trata de una monografía de 178 páginas sobre Pere Portabella en su faceta de productor y realizador cinematográfico. Comprende una “visión global” sobre la España y el cine en el que se encuadraba (o no) la obra de Portabella; su filmografía y fichas completas de sus películas; una serie de jugosas “anotaciones e informaciones paralelas” (en las que se explicaban, creo que por primera vez, asuntos tan curiosos como el del “affaire Viridiana”); un estudio pormenorizado de “No compteu amb els dits”, “Nocturn 29” y “Umbracle” y una recopilación de artículos sobre Portabella, hasta entonces muy dispersos.

Historia personal de la pieza:

Desde que empecé a estudiar en la Escuela de Ingenieros eché el ojo al DAC –Departament d’Activitats Culturals- y al CCI –Cine club Ingenieros-, intentando entrar en este último en repetidas ocasiones. Por desgracia, en mi clase había un miembro del CCI que me iba dando largas en el asunto (“Ahora estamos completos”; “quizás de aquí a unos meses se irá uno y entonces propondré tu incorporación”;…). Pasados ya un par de años, al inicio del curso 1972/73, y ante la nueva negativa de mi compañero de clase, como yo era uno de sus asistentes habituales, hablé directamente con los que llevaban el cotarro, que se miraron asombrados (“¡Pero si estamos buscando gente desde siempre!”). Inmediatamente me dieron la mano, agradecidos por mi solicitud. Luego comprendí que mi co-discípulo, el de las eternas negociaciones para entrarme en el equipo del cine-club, era una persona incluso más especial de lo que había intuido.
Al día siguiente, iniciando lo que sería una fascinante variedad de “école buissonière”, que no consistía en saltarse las clases para ir al cine –que en eso ya estaba curtido-, sino para trabajar en las tareas del cine-club, un Seat 850 salía de la Escuela de Ingenieros y sorteaba de manera endiablada toda serie obstáculos, con el objetivo de llegar en unos minutos al Colegio de Arquitectos. Conducía el bólido Marí Rom, hacía de co-piloto Robus, y yo iba chocando en cada bache en el techo propulsado desde el asiento de la suegra, atrás. Aparcado el coche de cualquier manera delante de las vidrieras que había pintado y borrado en un santiamén Joan Miró, hechas las presentaciones de rigor, nos dispusimos a cumplir la cita acordada para ver las tres películas de Portabella de la serie “Miró, l’altre”. Iniciábamos los trabajos para hacer un largo ciclo con toda la obra de Pere Portabella hasta entonces, empezando con sus largometrajes como productor (sólo pasamos también algún que otro cortometraje producido por él) y siguiendo con toda su obra como realizador, efectuada salvo sus tres primeras piezas totalmente al margen de la industria y, no digamos, de la censura.
La base de todo este trabajo, al cabo de casi tres años reflejado en este libro –como todos los dossiers editados por el CPDA (la Comisión de Publicaciones de la Delegación de Alumnos), donde también se editaron dossiers de otros cine-clubs, como el de “El cine como arma…”, del cine-club Informe 35, por aquí también presentado- fueron las largas entrevistas que efectuamos el trío del 850 en el apartamento que Portabella tenía arriba del mítico Bocaccio, donde recuerdo, cuando superábamos las numerosas citas falsas o los aplazamientos –uno de ellos de causa más que mayor: habían detenido a todos los miembros de la Assamblea de Caytalunya-, la curiosa figura de un hombre paseando sistemáticamente de un lado a otro del terrado de la casa de enfrente. Yo era un pipiolo sin experiencia, con lo que mi intervención casi sólo se redujo a cierto feeling común con el cineasta en la apreciación de unas cuantas películas y en la de grandes astros de jazz, de los que Portabella ha sido siempre un gran seguidor, y en alguna que otra pregunta inocente. La entrevista no se llegó a publicar en el libro (apareció parcialmente en “Historias sin Argumento. El cine de Pere Portabella”, el libro editado para el MACBA y Ediciones de la Mirada en el 2001 por Marcelo Expósito, y hace poco aún quedaba algún rastro de ella en la web del realizador, que últimamente la reivindicaba), pero sirvió de base, junto a la visión en extenso de las películas, como fuente inapreciable de datos para buena parte de lo que figura en este opúsculo.

Relación con los Cine-clubs:

Es un caso extremo, poco común, de dossier de cine-club que fue inflándose y alargándose…hasta convertirse en un libro.