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jueves, 2 de noviembre de 2023

La brèche de Roland

Tengo amigos que, a la que tienen un poco de tiempo, organizan marchas por la montaña, pero no por senderos cualesquiera, sino por los mismos Pirineos. A ellos seguro que les gustará otra de las películas -en este caso un mediometraje, de 47 minutos- que ha colgado ARTE (enlace, abajo), una película de los hermanos Larrieu rodada por los Pirineos, por Monte Perdido.
“La brèche de Roland” (Arnaud y Jean Marie Larrieu, 2000) es, desde luego, una película de montaña, porque la montaña es protagonista principal. Pero también es otras cosas. Roland (Mathieu Amalric) es en ella un padre de família (aunque no lo tenga muy asumido) que tiene lo que yo de montañero, pero se empeña en ascender con su mujer y sus dos hijos adolescentes a ese espectacular paso entre las dos vertientes de los Pirineos que dice tienen que ver con su origen y razón por la que le pusieron el nombre que lleva.
Helos ahí, con lo puesto (bueno, él pasó por una tienda especializada y compró todo un equipo de montaña), enfrentados a la Naturaleza, con mayúscula, haciendo reír, pero también haciéndose contestar a varias cosas de la vida.


Imagen de la brecha, sacada de la página marcada abajo a la derecha.
 

miércoles, 27 de julio de 2022

Tralala



-Sobre todo, no seas tú mismo- Le dice una jovencísima Madona azul aparecida milagrosamente al despreocupado músico callejero que encarna Mathieu Amalric. Y él seguirá el consejo.
Miguel Martín comentó que “Tralala” (Arnaud y Jean-Marie Larrieu, 2021) era lo más fresco que había visto hasta el momento en el Atlántida Film Festival (en Filmin) y, realmente, uno se pregunta cómo han dado los hermanos Larrieu este salto mortal hasta aterrizar en una comedia musical loca, de esas únicas que tolero, en las que los actores se ponen a cantar inesperadamente como Dios les da a entender.
Las calles de París y luego las de Lourdes a donde va Tralala en busca de consolidar un milagro, donde nada más llegar se oye cantar eso de “Ave, ave, ave María” (ahora que lo pienso la canción más antigua que creo recuerdo, pues la oí -y desde entonces me resuena- en Lourdes a mis cuatro años).
Más tarde, por el Hotel de la Consolation de Lourdes y el embarcadero del lago de los aledaños, gente con mascarillas por la pandemia y monjas enfermeras de esas características, que parecen salidas de la Primera Guerra Mundial y se ponen a bailar al son de la música, agitando sus ropas.
Cuando, pasada su mitad, la acción se encierra en una discoteca en vez de discurrir a su aire como hasta entonces por calles bares y hoteles, ya me ha resultado un auténtico rollo. Pero la frescura ya había acabado previamente con estos dañinos calores que nos atacan.





 

viernes, 3 de octubre de 2014

El amor es un crimen perfecto


Buscando esa entelequia del cine europeo standard, que antes se encontraba con cierta facilidad, he visto que hoy aún podía verse en el Cinema Maldá la última película de los hermanos Larrieu, “El amor es un crimen perfecto” (2013), y hemos encaminado hacia allá nuestros pasos.
Una trama ligeramente policiaca que oculta otra de quizás mayor calado, con tintes familiares y psicológicos; paisajes de montaña invernal junto al lago Léman; espectaculares arquitecturas tradicionales y –sobre todo- modernas; Mathieu Amalric llevando un taller de escritura universitario, asaetado continuamente por sus alumnas y soltando de tanto en tanto sonoras frases inmortales; Denis Podayles bordando su papel de patético hombre gris y un ramillete de jóvenes y bellas actrices… Todo, incluida esa pizca de locura que hace recordable a un film, parecería indicar que se trata de una película para tener un respetable éxito, pero en el Maldá, un cine en el que, por el precio que hemos pagado para la sesión de ésta se podían hoy ver hasta cinco películas, éramos cuatro gatos.
Habrá que embriagarse un poco, como el personaje de Amalric parece que hace conduciendo al vaivén de las curvas de la carretera que, entre hielos, le lleva hasta su casa, para taparse aún un poco más los ojos y no darse cuenta de que esto del cine como lo entendíamos ya pertenece al pasado.