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miércoles, 10 de enero de 2024

La Commare secca


Viendo ahora “La Commare secca” (Bernardo Bertolucci, 1962) puedes corroborar fácilmente la sensación que alcanzaba a los que la vieron en su momento, de estar a caballo entre dos formas de ver, sentir y hacer cine.
Con sus ladronzuelos, alucinado recluta y demás gente joven inmersa en la más grande miseria paseando por descampados junto al lecho de un inmundo río, yendo por zonas asalvajadas o con fondo de viviendas en construcción, te recuerda forzosamente por momentos a “Accatonne” (1961), como esa terraza de baile ribereña te lleva a “Mamma Roma” (1962), pues la impronta de Pasolini es aquí enorme, firmando como responsable del argumento y co-guionista junto a Sergio Citti y el mismo Bertolucci.
Desde su inicio pesco la intención de hacer poesía a partir de elementos de lo más basto, la cámara ligera, dejada ir a su aire, casi siempre en exteriores y un cambio estético brutal en los pocos interiores. De aspecto entrecortada, pasamos de los recorridos de unos a los de otros, todos ellos, figura, objetivo de la investigación llevada a cabo por la policía para esclarecer quién puede ser responsable de la muerte de esa prostituta cuyo cuerpo se ha encontrado junto al puente.



 

jueves, 16 de marzo de 2023

12 registi per 12 città


La Bolonia de los Bertolucci

Me gustan las ciudades italianas y me gusta el cine. Por fuerza, pues, me había de gustar “12 registi per 12 città” (1989), por lo que no he parado hasta que un amigo me ha prestado su DVD. Sólo ahora veo que hay una copia en YouTube, es verdad que sin subtítulos (pero poca falta hacen), cuyo enlace pongo abajo.
Debo decir que la decepción es fortísima viendo el primer episodio, dedicado nada menos que por Antonioni a darse un paseo de imágenes por el patrimonio de Roma.
Y también en general, que se nota la disposición de grandes medios puestos a disposición para la obra (ese helicóptero al que recurren muchos cineastas), pero aventuraría que sus toscos movimientos de cámara u ópticos indicaría premura de tiempo para su realización.
Unos cuantos acuden, con menor o mayor gracia, al narrador. Varios se basan, incluso representándola, en la historia, la tradición, literatura o la leyenda.
Casi entran ganas de dejarlo estar cuando llega la, para mí, joya de toda la sesión, la dedicada por Bernardo y Giuseppe Bertolucci a Bolonia. Una niña que juega al escondite nos lleva por la ciudad, introduciéndonos por sus grandes edificios, dejándonos vivir con emoción sus obras, hasta acabar cruzándoles una banda musical que toca La Internacional. Es el episodio que mejor preserva el misterio de la ciudad.
Por suerte, luego también el tono general se eleva, con Ermano Olmi sobre Milán, Francesco Rosi atreviéndose solo a dar “Due note” sobre Nápoles o incluso un viejo Mario Soldati que entabla una reflexión sobre Turín a la vista de una pareja besándose.
Y no sale Venecia, ni Parma, Bérgamo, Navona, Siena, Lucca, Pisa, Perugia, Brescia, Cremona, Padova, Ferrara, Modena,…
Y quedaría aún sitio para Pasolini, Fellini (que, es verdad, hizo su “Roma”), Bellocchio, Comencini,…
¡Qué país, Italia, y qué cineastas!

Lina Wellmullet (que no me suele gustar mucho) saca, sin embargo, a estas mujeres de Bari

Alberto Lattuada pasa rápido de las callejas como ésta de Génova a montarse en un vehículo y rodar desde él recorriendo las autovías las casas de la ciudad.

El beso ante la indiferencia de los turineses que provoca la reflexión de Soldati.
 

jueves, 30 de diciembre de 2021

Dominique Sanda


En la revista Écran de abril de 1977 Claire Clouzot (quien escribe una entradilla que me ha parecido muy buena) entrevista a Dominique Sanda, quien acaba de hacer de Lou Andreas Salomé en una película. Ahí aparece esta fotografía suya, de la que no consta el nombre de su autor.
Entresaco de sus declaraciones, traduciendo a mi aire, estas frases:
“Me gusta la imagen que doy en mi primer film, ‘Une femme douce’, de Bresson. La imagen pura. Considero que es el film donde resultó mas pura. Pero es que tenia 16 años, lo era…
Y me temo que al pobre Bresson se le echaría ahora encima una buena masa de opinadores (aun sin haber visto su película)que le pondrían difícil hacer su cine. Sigue luego:
“También me gusta mi imagen en ‘Novecento’ pero es una imagen más cruel, más dura. También estoy filmada en una escena de una forma que me choca y con la que no estoy de acuerdo: cuando estoy desnuda en la paja con Robert de Niro. Es una escena repulsiva, que molesta a la gente que me conoce, a mi familia, muy puritana, por ejemplo. Se sorprendieron de que la rodase. A mí eso no me molestó, pues la chica es virgen y es normal que esté desnuda. Pero si yo hubiera sido Bertolucci, no habría puesto mi cámara allá arriba, sobre los fardos de heno. Eso da un aspecto voyeur a la escena. Cuando lo vi, debí irme, debería haber rechazado la escena. Pero estaba cansada, era el final del día de rodaje y la hice. Bertolucci no debería haberla conservado en el montaje final. Pero encontraba las otras tomas demasiado ‘estéticas’. “


 

domingo, 13 de mayo de 2018

Partner

La escena inicial, tan cinematográfica, con ese atípico árbol ahí en medio, chupando plano.
Sin recordar absolutamente nada de la visión previa, que me había dejado un fatal recuerdo, me he obligado a ver el "Partner" (1968) de Bertolucci en la Filmoteca, proyectada ayer dentro del ciclo "Mayo del 68. Pierre Clementi y otros iconos". Si alguien previamente me preguntaba por ella le contestaba con una frase hecha: "Nada, una impostura, una copia descarada y fallida de Godard".
Es verdad que Godard ya había hecho "La chinoise" (1967) y que alguna que otra escena tiene un discurso que puede recordarla parcialmente, pero al margen de los colores de la bandera del Vietnam y los correspondientes letreros aupando a un Vietnam libre que se ven por todo su metraje, muy poca cosa del estilo de Godard he apreciado en esta ocasión. Es curioso, pero una escena en que surgen varios chistes me ha recordado en cambio mucho más al "Dante no es únicamente severo" de Esteva y Jordá.
Enseñanzas no tan literarias, o teatrales.
Empieza la película, además, con una escena muy cinematográfica, con Pierre Clementi vigilando desde la cristalera de un bar un portal. Entre las páginas del libro que lee vemos que esconde una pistola, lo que te da idea de cuál es su cometido. La escena siguiente, en el piso del edificio de enfrente, también está resuelta con planos en movimiento cercanos, nerviosos, de esos que hacían por esa época que el cine tuviera un poder altamente cautivador. Pero desgraciadamente ese no es el tono general de la película, que camina por otros derroteros, cercanos a la farsa, al desarrollo alocado de ciertas situaciones, así.
Pierre Clementi, construyendo alrededor suyo un muro de libros.
Pierre Clementi es el partner, el doble de Pierre Clementi y eso, además de poder dar pistas sobre un cierto esquizo, sobre una personalidad dividida, permite mostrar argumentalmente su suplantación en las clases de literatura, en acciones con un grupúsculo poético, en momentos en los que, hablando de teatro, se puede llegar a distinguir dos o tres mensajes "serios", lejos del tono alocado, aparentemente surrealista, general del film. Por ahí entraría Artaud, la necesidad de apartar todas las máscaras, pero también la forma de montar un cóctel Molotov, escenificada en clase.
La vendedora de detergentes (de diversas marcas bien reales), elemento purificador donde los haya, en casa de Pierre Clementi.
Quizás haya sido, tras ver aparecer al Ninetto Davoli de Pasolini, con las escenas con una preciosa Tina Aumont cargada de cubos de detergente, carcomida por el consumismo, cuando verdaderamente he abandonado mi barrera ante la película, y me he dejado llevar por ella, viéndola como una traca inmersa en lo que se dio por llamar el espíritu del 68, que -y hasta, así mirado, puede verse con simpatía- hace notar el sinsentido de todo por lo que nos arrastramos.
Para algo así podía servir también, aunque en realidad no llegara nunca a hacerlo, el cinema. Dicho de esta forma, en italiano.
Contemporaneizador pues, sereno en vez de alterado como esperaba por esa película que antes se me había atragantado, he culminado, signo de amor evidente, mi solicitado sacrificio y me he ido, creo que generoso, resignado, si bien en el infortunio, a casa.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Postals - 208: Stefania Sandrelli en El Conformista

Postals - 208
Angelo Novi - Il Cinema Ritrovato. "Il Conformista", Bernardo Bertolucci, 1970.
(Bolonia - Cineteca del Comune di Bologna)

Me han traído esta postalita. Como le dije a quien me la dio, "Esta chica me ha enseñado muchas cosas". Él también estuvo de acuerdo: "¡A mí también!"


jueves, 23 de mayo de 2013

Passolini prossimo nostro

No recuerdo la cita literal, pero venía a ser esto: “Escribir es hablar de la realidad mediante un lenguaje de signos. Hacer cine es hablar de la realidad mediante la realidad. Por eso yo prefiero hacer cine”. Lo decía Pasolini a Giuseppe Bertolucci en “Pasolini, prossimo nostro”, y supongo que lo dijo por muchos sitios más.


miércoles, 22 de mayo de 2013

Sesión Pasolini

Hoy en la Filmoteca, sesión con programa doble dentro del ciclo Pasolini, del que sales algo aplanado, constatando una vez más la lucidez de que hacía gala.
Por un lado, “La rabbia” (1963), donde sobre una serie de escenas de actualidades monta su comentario poético, para contestar a la pregunta de “por qué nuestra vida está dominada por el descontento, la angustia, el miedo a la guerra”. Hace un recorrido desde la invasión de Hungría por los tanques rusos en 1956 hasta la muerte de Marilyn Monroe. Que se encontraba en un momento de potencia creadora y fuerza activista quizás queda bien reflejado en una escena en que comenta un cuadro típico del realismo soviético, con unos jóvenes sonrientes, conscientes de su papel en la construcción del socialismo. Pero cuando parecía que iba a quedarse ahí, en un canto satisfecho a eso, levanta el vuelo, cambia de ese apaciguador cuadro a uno que los nazis habrían tildado de arte degenerado y lanza un aviso de atención, señalando que la lucha de clases continúa.
Por otro lado se ha pasado “Pasolini, prossimo nostro (Giuseppe Bertolucci, 2006), montaje de entrevistas con Pasolini mientras rueda su último largometraje, “Salo” (1975), del que se van pasando fotogramas congelados. No es en absoluto, para mi gusto, un buen documental, pero tiene el punto fuerte de recoger unas de las últimas declaraciones de Pasolini, antes de su asesinato. Habla de las razones para filmar ese film tan desconcertante después de su “Trilogía de la vida” (hacer un film que no sea integrable), pero a la vez, deja clara su desencantada opinión sobre la sociedad de ese momento: Sobre la uniformización de los hijos, que sí tienen una ideología –el consumismo- y su forma de vestir es su bandera; sobre ese consumismo y su enorme poder destructor ya en 1975, a base de sus valores alienantes; sobre esos productores que obligan a los jóvenes a comer sus productos, que son literalmente mierda;…
La foto en que detrás de Pasolini aparece un pino sale de un fotograma del documental de G. Bertolucci. Ignoro quién es el autor del otro retrato, evidentemente anterior.