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miércoles, 1 de enero de 2025

Inedits


El pobre Roberto Rossellini debió ver al final de su vida que el entusiasmo que mostró por la televisión, diciendo que iba a revolucionar culturalmente a la humanidad entera, y por la que había certificado la muerte del cine unos diez años antes, estaba algo fuera de lugar. Ahora tanto el cine como la televisión parecen dormir el sueño de los justos, mientras ha triunfado lo que llaman una cosa informe que llaman “el audiovisual”.
Personalmente soy muy crítico con TV3, porque por unos instantes, cuando empezó, pareció que realmente apartaba todas unas formas de hacer deplorables y se abría a cosas nuevas que no sólo no eran vergonzantes, sino que te conectaban de verdad con realidades y vanguardias, pero luego… basta ver en qué se convirtió y lo que ha emitido en sus últimos trece años…
Por eso mismo me ha sorprendido muy positivamente su emisión de una serie de entrevistas hechas por el medio el siglo pasado bajo el título de “Inedits” y, sobre todo, la forma en que las han pasado. Me explico:
He visto sólo unas pocas dedicadas a directores de cine. No sé cómo serán las dedicadas a personajes de otros ámbitos, pero al menos éstas, grabadas en su día para “Cinema 3” un programa sobre la actualidad cinematográfica del momento, que aprovechaba como máximo unos minutos de la a veces más de una hora de conversación, se pasan, tras una introducción que sitúa la filmografía del director, tal como se registraron, sin apenas manipulación, a lo bruto, conservando fallos de sonido o imagen, repeticiones, cortes y, lo más interesante, conversaciones previas y finales… que no estaban nunca destinadas a emitirse. Eso les ofrece, me da la impresión, una frescura inusitada, y te acerca muchísimo más al personaje que las entrevistas ortodoxas Werner suelen verse.
Las entrevistas se comprueba, además, que están hechas con conocimiento de causa, por periodistas que, como mínimo, las ha preparado, cosa que no puede decirse la mayoría de las veces.
Ese diría que es el caso de las vistas hasta el momento, que me han arrastrado a escribir estas notas: Pablo López (aunque se empeñe en seguir a la suya pese a las rectificaciones constantes de Marco Ferreri), Octavi Martí en sus entrevistas con Luis G. Berlanga y Carlos Saura, o la de António Weinrichter con Louis Malle, que ahora empiezo a ver.
Algo diferente es la de J. A. Pérez Giner, en la que se nota (es éste un país y un mundo muy pequeño) que él y Jaume Figueras se conocen por completo, y basta que éste último diga una palabra y el otro ya se monta por sí solo la entrevista.
Esta página da acceso a todas las entrevistas de la serie. No respondo más que de las que he visto…:




 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Antonio López. Apuntes del natural

Al empezar “Antonio López. Apuntes del natural” (Nicolás Muñoz Avia, 2019, pasada hoy en el cine Verdi) se ve al pintor llegando con un ayudante hasta una polvorienta colina. Salen de la camioneta y se pone a pleno sol, con camiseta y pantalones ni cortos ni largos sino todo lo contrario, a instalar y pintar las telas de un enorme cuadro panorámico de esos suyos. Mira hacia el horizonte y, aunque la calima no le debe dejar ver demasiado, parece querer captar, para reproducirlo en la tela, el más mínimo detalle de las lejanas casas de la plana. Lanza entonces una explicación sobre las pinturas (¡sorpresa!) de Dalí, diciendo que lo que provoca esa extrañeza que roza lo fantástico en sus cuadros es que pinta cosas lejanísimas con la precisión de lo que se tiene al lado. En este sentido, dice, es el menos impresionista de los pintores.
De apuntes de éstos, junto a sus dudas sobre la propia obra, pero sobre todo de secuencias que muestran su idea fija sobre lo que quiere hacer, que nunca coincide, divertidamente, con lo que le proponen todos sus allegados, está lleno este documental que, a base de pinceladas por aquí y por allí, me da la impresión que trasmite un buen retrato sobre el artista.
Luego uno podrá estar más cercano a sus cuadros que a sus esculturas (como me pasa a mí) o a los cuadros de su primera época o a los últimos, pero eso es lo de menos. Lo importante es ver cómo, siempre que puede, quiere hacerlo todo él mismo (como en ese momento en que le coge una pulidora a un ayudante para rebajar unas rebabas de una estatua), cómo recuerda su infancia y juventud, el rodaje de “El sol del membrillo”, estas cosas.

viernes, 4 de marzo de 2016

Leones


La cámara sigue el recorrido de una chica por un camino sinuoso. Pronto veremos que no está sola, sino acompañada de otros cuatro -tres chicos y otra chica- de su edad. Todos se adentran, ya sin camino, por un bosque. Andan con convicción, pero parecen perdidos. Van jugando, haciéndose comentarios banales que apenas se entienden. Si estuviésemos en una película norteamericana al uso de las que inundan los canales de televisión, al poco rato irían desapareciendo o matándose uno a uno a base de golpes de efecto, pero no se trata de una película adocenada de las del montón, sino de una película argentina, "Leones" (Jazmín López, 2012), pescada por casualidad en Sundance Channel, que con la persuasión hipnótica de sus imágenes en otro momento me habría posiblemente resultado insoportable, pero en esta ocasión me ha abducido.

La cámara, que a veces parece mostrar imágenes subjetivas de uno u otro, también podría ser un sexto personaje. En un par de momentos se queda atrás del grupo, hace una panorámica de 360 grados y vuelve a atraparlos, por lo que se deduce que sí, que están perdidos. En otros parece escoger y vivir pequeños dramas internos con la chica del principio. Hay que decir que, tras casi todo el metraje, se sale del bosque. En los títulos de crédito finales las dedicatorias de la película confirman que sí, que has entendido bien su final, confirmando también las -escasas- músicas y que está rodado por Bariloche.
Podría ser una de esas películas de cineastas noveles del festival de Locarno.