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lunes, 15 de diciembre de 2025

Rentrée des classes


Fue en mi opinión muy buena idea emparentar el “Rentrée des classes” (Jacques Rouzier, 1956) con el “Zéro de conduite” de Jean Vigo. No sólo tratan del mismo tema, especificado en el título de la de Rozier, sino que ambas tienen, en su exposición de la actividad infantil, igual feliz atropello y nerviosismo.
Uno de los niños de “Rentrée des classes”, que siguiendo una apuesta ha lanzado desde un puente su cartera al río, retrasa su entrada en la escuela donde ya empiezan las clases todos los demás. Primero siguiendo la corriente en por de la cartera, se convierte en un pequeño Robinson Crusoe tierra adentro. Después se encuentra una culebra con la que disfruta en remansos paradisíacos, alargando el encontronazo.
También hay una historia muy divertida con el padre de un alumno y hasta un sencillo homenaje a la escena del cochecito cayendo por las escaleras de Odessa de “El acorazado Potemkin”.
La salida final de los niños por la puerta de la escuela, como expansivo y sonoro descorchado de champagne, para recuperar la libertad perdida, recuerda la misma explosión que se produce en circunstancias parecidas en el Thiers de “L”argent de poche” de Truffaut. Y coincide con un tema cinematográfico y de pinturas similar, que me tiene obsesionado: la salida del trabajo.






 

martes, 10 de junio de 2025

Du coté d’Orouët



He pensado mucho en Rivette, en el Rivette de esa misma época, viendo “Du coté d’Orouët” (Las playas d’Orouët, Jacques Rozier, 1971; en Filmin).
Decía que en el documental sobre Rozier que también incluye el lote de películas a él dedicado en Filmin salía a menudo, como reconocida finalidad de todas ellas, eso de captar de la mejor forma posible “la realidad”.
Aquí, con una cámara en mano de 16mm, ese extremo se aprecia, por ejemplo, hasta en lo cargadas de verdad que se ven las maletas que deben ascender las tres protagonistas penosamente, pero sin perder el buen humor, por una duna.
De la oficina a una villa en primera línea de mar para pasar las vacaciones, pero en el mes de septiembre, la temporada ya prácticamente finalizada, la enorme playa desierta.
Las tres, broma tras broma, siempre hambrientas, se lo pasan pipa gozando de la casa de la abuela de una de ellas (que ahora no recuerdo si es la misma que, rompiendo todos los esquemas establecidos para toda ficción que se precie, se dirige a la cámara contándole sus sensaciones). La broma sube de nivel cuando se les junta el jefecillo de una de ellas en París. 20 días de septiembre que un rótulo va anunciando.





 

lunes, 9 de junio de 2025

Blue Jeans

Los dos depredadores en busca de sus víctimas.

…hasta que dan con ellas.

…y actúan.

Si “Adieu, Philippine” (1962) es la expresión más feliz de los postulados de la Nouvelle Vague, relatando ese exprimir el tiempo del verano, con ese joven que ve acabar toda una etapa y quien sabe si algo más, reclamado como está para ir a la mili a Argelia, “Blue Jeans” (1958; también en Filmin), del mismo Jacques Rozier, es su más que digna precedente, contando aproximadamente lo mismo.
Aquí no hay espada de Damocles en forma de amenazadora guerra de Argelia, si no es en lo que uno de los protagonistas, convertido en narrador, que suena sospechosamente al mismo Jacques Rozier, expresa jocosamente a la chica a la que pretende y apremia para que le entregue sus favores: que esto son dos días y qué son nuestras minucias en la época de la bomba atómica.
Rodado en blanco y negro en un caótico Cannes aún por desarrollarse y con playas paradisíacas, a ver quién no se deja llevar por la mínima historia de ese par de depredadores al pegajoso ritmo de la Orquesta Sensación

Resultando victoriosos.



 

viernes, 6 de junio de 2025

Jacques Rozier: de una ola a otra


Blue Jeans.

Adieu, Philippine!

Le partí des choses: Bardot et Godard

Después de muchas semanas en que sólo aportaban películas anodinas, los de Filmin parecen haber abierto el pote de las esencias y este viernes han colgado un conjunto variado de películas muy estimulante.
Y para abrir boca sobre -por algo se ha de empezar- la completa retrospectiva dedicada a Jacques Rozier (realizó tan pocas películas a lo largo de su vida que era fácil abarcarlas), no está nada mal empezar por “Jacques Rozier: de una ola a otra” (Emmanuel Barnault, 2024).
El documental, además de (a base de fragmentos muy bien escogidos de sus películas y entrevistas del momento con él y su entorno) ofrecer un esbozo bastante claro de lo que le espera a quien emprenda la navegación por su retrospectiva, nos informa y deja ver trozos de los me temo que inencontrables programas que realizó en una época muy innovadora de la televisión.
Él mismo o los que hablan en el documental de la obra del director de “Adieu, Philippine” dejan claro repetidamente que su esencia es la búsqueda de la realidad, aunque sea con bases fuertemente ancladas en la locura.
Una oportunidad de comprobar si, pasados los años desde la estupenda “Adieu Philippine!”, se seguían apreciando sus películas únicamente por la simpatía que desprendían, al verlas tan diferentes, como cosa única inesperada respecto a la producción standard.
¡Al abordaje!

Du côté d’Orouët

Náufragos de la isla Tortuga

Maine-Océan.

La respuesta cuando le preguntan por qué ha hecho tan poco cine. 

viernes, 18 de octubre de 2024

56 rue Pigalle

La escena inicial. Jean (Jacques Dumesnil) en una competición de vela. Le pisa los talones una mujer casada, Inés de Montalbán, de la que se enamorará perdidamente.

Escenas propias de un film de vanguardia


Montalbán, negociante de Montevideo. Así se presenta.

Marie-José cantando en un cabaret “Pigalle”. Por el texto he puesto el enlace a la escena, que aporta una visión de elementos de París de forma muy osada.

Hay cosas sorprendentes. ¿Cómo es que no se habla nada de una película como “56, rue Pigalle” (Willy Rozier, 1949), mientras abarca en su seno elementos como para interesar a públicos bien diversos?
-Tiene, por una parte, un lado folletín desenfrenoado de esos de los que traspasan límites.
-Por otra parte, su osada presentación, su primera media hora, hasta entrar en el meollo de la intriga, puede hacer las delicias de un público interesado en el cine de vanguardia. Véase, por ejemplo, las imágenes de París que acompañan a la interpretación por Marie-José de la canción de Georges Ulmer para la película, “Pigalle, que se hizo famosa:
-Más: como hay muerto, podemos llegar a hablar de un polar francés…
🙂
-E incluso presenta una incursión en el ahora tan de moda cine judicial, que en un momento dado troca los consabidos interrogatorios y disquisiciones de sus señorías por una especie de irónico número musical, un pelo grotesco.
Tiene algún detalle suelto adicional muy interesante, como la negrura del cuadro de museo que visitan los dos amantes cuando les van mal dadas, y otros divertidos, como la pobre negra (que parece blanca pintada) con los pechos al aire para dar aire indígena a los del África Colonial.
Y la protagonista, Inés de Montalbán (Marie Déa) cada minuto que pasa se parece más a Charo López en sus buenos tiempos. Sólo me sonaba el nombre de su director, Willy Rozier, asociado a algo de Brigitte Bardot, pero he buscado algo sobre él: nada en libros genéricos y apenas nada por internet, pese a su larguísima filmografía reseñada por IMDB. Viendo lo que explica de su vida la Wikipedia francesa, o no sé si una página web rara, y su fotografía, debió ser alguien, cuando menos, singular.
En YouTube hay una copia bastante buena con subtítulos en español, pero con engorrosas interrupciones para anuncios.

Marie Déa, que a media que avanza la película, se irá pareciendo a Charo López.

Por las dunas de Pilat.

El juicio comporta una escena que obvia buena parte de las declaraciones, para ofrecer una cierta parodia de jueces y abogados.

La escena de mapas que iba buscando, para un próximo “Ombres Mestres”.

Willy Rozier
 

miércoles, 16 de febrero de 2022

Adieu, Philippine

Las dos chicas paseando. Un travelling paradigmático.

Y los tres protagonistas de vacaciones en Córcega, donde, por cierto, antes de circular en su coche por sus solitarios paisajes, se dan un baño de multitudes en el Club Mediterranée. Yo que creía que era un club distinguido, resulta que lo pintan de lo más masivo.

Cuando vi por vez primera -vía una televisión francesa alcanzable por aquí- “Adieu, Philippine” (Jacques Rozier, 1962), me dije que era el mejor compendio de la idea que me había formado sobre las películas de la Nouvelle Vague.
Antes de verla de nuevo ayer en el “Aula de cinema” de la Filmoteca, sólo recordaba de ella su esquema general (un frescales no acaba de decidirse entre dos amigas, con las que sale conjunta o alternativamente, tanto en Paris como en su viaje al sur, a Córcega, donde pasan unas cortas vacaciones antes de ir él a hacer la mili en Argelia) y un travelling prototípico de las dos chicas recorriendo unas calles comerciales de Paris, que recuperamos para un Ombres Mestres. Ahora la he encontrado torpe en ocasiones, pero extremadamente simpática, conservando toda su frescura y llena de sentido en su conjunto, reafirmándome desde luego en lo dicho. Ahí están el rodaje en escenarios naturales, la utilización de actores no profesionales, la intención de captar el modo de vida juvenil.
José Enrique Monterde, que hizo de comentarista de la sesión, explicó las razones de buena parte de sus aparentes torpezas. La banda sonora del film se perdió por completo y tuvieron que volverla a constituir de principio a fin. Otra cosa de gran interés que explicó fue que el guión inicial presentado se centraba básicamente en la partida del protagonista hacia la guerra de Argelia pero, al ser censurado, Rozier filmó el argumento actual, en el que no se habla en absoluto de la guerra (aunque, en mi opinión, pivota sobre eso todo el sentido del film).
Rozier es ya, junto a Godard, el único director de la Nouvelle Vague hoy superviviente, pero según lo que se lee por los papeles, su situación actual no es nada envidiable. A sus 95 años, sin recursos económicos, se dijo que estaba amenazado de desahucio. Lo último que leí al respecto es que MK2 ha comprado cinco de sus películas (dos cortos y tres largometrajes), que se verán próximamente ahora no sé si en salas o gracias a una edición en DVD. Y que había la esperanza de que esa acción salvase al pobre de Rozier de pasar a dormir, a su edad, bajo un puente.


J. E. Monterde, en la sesión.

 

viernes, 22 de mayo de 2020

El rodaje de Le Mépris

La Cinematheque francesa sigue aportando joyas increíbles que mantenía ocultas en sus archivos. Hoy lo ha hecho con una copia en excelente estado de lo que rodó Jacques Rozier durante el rodaje de “Le Mépris” en la casa de Curzio Malaparte en Capri. Aparecen (¡y cómo!) Godard, Lang, Piccoli o Bardot, pero muchas otras cosas del rodaje. Por ejemplo: había leído sobre las dificultades que tuvieron para hacer llegar -via maritima- y subir todo el material del rodaje hasta la casa. Pues bien: aquí quedan documentadles.

lunes, 1 de julio de 2019

1954, la Riviera: et Willy Rozier créa Callaghan

La serie de Callaghan
Producto ligero de esos que van muy bien para degustar mientras se está en una si es/no es siesta, “1954, la Riviera: et Willy Rozier créa Callaghan” (Sonia Medina, 2016; TV5Monde), informa sobre varias cosas de esas ligeras de los años 50, pero que hablan bastante bien de toda una época.
La narradora del documental es la hija de Willy Rozier, a la sazón campeón de natación, olímpico en 1928, corredor automovilístico, actor... que se convirtió en los años 50 en realizador cinematográfico, rodando en los estudios de la Victorine de Niza. En Filmin, por ejemplo, hay una película suya con BB.
Como tal realizador, el documental habla sobre todo de los cuatro films que rodó con el atlético actor británico Tony Wright, creando la serie de Callaghan, una especie de héroe estilo Eddie Constantine, o James Bond...
De la blancura del reportaje habla que, si bien se indique en él que Willy Rozier era un tipo bastante extravagante (vivía con su familia en un barco, retó a un duelo, que ganó, a un periodista que le había insultado), se pase por alto sin mencionarlo que murió al descerrajarse un tiro.
Willy Rozier