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viernes, 24 de febrero de 2023

Les dites cariatides


Se me puede despreciar por ello, pero diré que ciertas ligeras, dinámicas y muy aplaudidas películas de Agnès Varda se me atragantan cada vez más.
En cambio, veo con placer las que llegan de su pasado como brillante fotógrafa o las que, como ésta pequeña miniatura de “Les dites cariatides” (1984, 11 min; en Mubi) recurren, sin dejar de ser amenas, a la sobriedad y erudición. Aquí un pequeño paseo por las cariátides de finales del XIX que pueden distinguirse en fachadas de París.



 

lunes, 6 de junio de 2022

Haut bas fragile

Una de las chicas sale de la clínica donde ha pasado los últimos cinco años.

Y va, dándose tiempo, a un pequeño hotel. La habitación tiene una terraza que da a esa casa con mansardas, que en algún momento definió a Rivette.

Pasé anoche una velada Jacques Rivette, viendo su “Haut, bas, fragile” (1995).
Parece que Rivette la hizo de forma rápida, cuando su productor le pidió algo ligero para resarcirse del fracaso económico que le supuso su anterior “Juana de Arco” (1994).
Aún así, con poco presupuesto, dura casi tres horas y contiene un poco de todo lo que ha frecuentado Rivette a lo largo de su filmografía: primero, desde luego, unas chicas jóvenes que circulan a pie, en Mobilette o hasta en patines por un París muy suyo (en este caso el del Parc Montsouris y alrededores), una del ellas ayudándose de un mapa; luego una sociedad maléfica que llama la atención de una de las tres protagonistas; no olvidándonos de las tablas teatrales, aquí trocadas por un viejo salón de baile, donde Anna Karina canta a un amante perdido.
Todo combinado en esta ocasión con números de comedia musical a lo Jacques Demy dentro de una trama que resulta por una vez muy inteligible. Una trama triple, que se entrelaza, llegando sorprendentemente a conclusiones, correspondiente a las historias de esas tres chicas mencionadas, historias ligadas con un pasado familiar que intriga, a uno no vivido y olvidado debido a haber estado en coma un largo periodo y a uno violento huido, respectivamente.
Por el principio, aparece Rivette haciendo un cameo: cree reconocer a una de las chicas en cuestión, como algo de un pasado ya bastante lejano, quizás dieciocho años: la chica pone pies en polvorosa.
Después de haber visto ésta, ya solo me faltará ver la causante, por su descalabro, de ésta (“Jeanne, la pucelle”) y alguna variación de los Rivette ya vistos. No tendré prisa por agotarlo. Hay que prolongar, en lo posible, los placeres vivificantes.


Otra chica, ha que huye de un hecho violento, se mueve y baila constantemente. Aquí en el café salón de baile.

Número musical arrancado de repente (se dejan sentir llegar) en el Parc de Montsouris (aunque creía que era el de les Buttes Chaumont).

En Paris de los alrededores de Rivette, aquí con una calle con adoquines que he visto en Google Maps que existe y, efectivamente, es cercana al Parc Montsouris.

 

lunes, 30 de agosto de 2021

Paris est toujours Paris

El veloz tour en autocar. Los grandes monumentos de Paris vistos y no vistos.

Mastroiani y Bosé en la Tour Eiffel.

En un bateau mouche el jovencito italiano y la kiosquera que admite hacerle de guia.

Iba viendo los títulos de crédito de “Paris est toujours Paris” (Luciano Emmer, 1952; en TVMonde, aunque la versión francesa, con hasta los italianos hablando en francés, con acento italiano), como siempre entonces previos a la película, y me sonreía, regodeándome ante un casi seguro buen rato. Yves Montand cantando dos canciones, fotografía de Henri Alekan, guión con Sergio Amidei,…
Y los actores. Ya solo lo que representa ser una familia de esta película coral (la de un grupo de italianos que llegan en tren a Paris, hacen turismo desde un autocar, van a un partido de fútbol y prueban un poco el “Paris cochon”) está interpretada por Aldo Fabrizi (el cura de “Roma, città aperta”) como padre, una Lucía Bosé joven y bellísima como hija suya y un no menos joven Mastroiani (anunciado así, por su apellido) como su novio.
Luego, una visita al Louvre más rápida que la de los que baten el récord en “Bande à part”, un recorrido de una pareja formada en el Bateau Mouche, tres hombres anuncios enfrascados en sus botellas de agua mineral, un don Juan que ve como debe ir aflojando la pasta botella de champagne carísima tras otra en un local de fiestas, etc.
¡Qué más pedir para una sobremesa!


Uno de los hombres anuncio con la botella de agua mineral enfundada.

Yves Montand cantando a la pareja en una sala de fiestas.

 

lunes, 19 de julio de 2021

Le Joli Mai

Las imágenes iniciales de Paris, entre brumas y luz.

Nota de ambiente.

Al son de unas campanas una mujer sube por unos escalones de una cubierta como si fuera la Ingrid Bergman del final de “Stromboli” ascendiendo al volcán. Va a contemplar la vista de París, “una de las más bellas”, dice el narrador (cuya voz los títulos de crédito adjudican a Yves Montand).
Con las vistas de Paris, “en un equilibrio entre bruma y luz”, se va a iniciar en una sala Chomón de la Filmoteca no muy llena, en primera sesión de tarde de domingo de julio, “Le Joli Mai” (Chris Marker y Pierre Lhomme, 1963) con una supuesta encuesta entre gente diversa realizada el mes de mayo…
También en 1963, Pier Paolo Pasolini inició una encuesta similar por Italia, preguntando por el amor a todo tipo de gente. Aquí Marker y Lhomme no les pregunta por el amor, sino por su concepto de felicidad y las respuestas que obtienen llevan a sentimientos similares al Pasolini que posteriormente se deprimía al ver cómo el consumismo había arrasado con todo.
Un vendedor de ropa tiene claro que lo único que puede llevar a la felicidad es hacer más caja; por la rue Mouffetard no se sabe contestar demasiado, pero se intuye que será más difícil alcanzar la felicidad en las nuevas casas a donde tendrán que ir a vivir, desalojados de las actuales, por más que éstas no tengan los servicios mínimos necesarios. Se perderá el calor humano que rebosa por las tiendas de verdura de la calle, de la misma forma que dos arquitectos ven que la única idea que hay detrás de los nuevos barrios en construcción, con rascacielos de viviendas todas iguales, es la del rendimiento económico. “¿En dónde quedará sitio para la felicidad?”- se preguntan.
No sé si es Lhomme (el luego director de fotografía, por cierto, de “La maman et la putain”) el que se ve en alguna ocasión haciendo preguntas. A Marker, oculto, se le detecta por alguno de los guiños a los que este ciclo nos acabará por acostumbrar: aparece, por ejemplo, un dibujo muy Marker de un gato y el plano siguiente presenta una placa advirtiendo de un “perro peligroso” o, más tarde, cuando pone en duda lo que está oyendo, hace salir a unos cuantos gatos -o a un búho-, sus animales más apreciados, con pinta de escéptico.
La segunda parte está más centrada en aspectos de rabiosa actualidad política de la época. Aparece Fantomas. La guerra de Argelia, los movimientos de liberación del África Francesa y el racismo latente de la población toman protagonismo.
Aparece también en esta parte, no obstante, un Madison que nos lleva inmediatamente al de Anna Karina y sus partners en “Bande a Part”, que se contrapone con las siguientes imágenes del juicio al general Salan, y una llamada interior preguntándose qué opinará “la gente” tiene unas imágenes correspondientes bien divertidas, pues no salen en cuadro sino directores de cine amigos: Godard, Resnais, Rouch, Rivette…
Por el final alguien valora lo importante, en eso de la felicidad, de la televisión, y vemos una funcionando, con toda la familia. Ya estamos en donde estamos.
Si ahora está película es importante para saber de su época de realización, me imagino el impacto que podía suponer su visión como radiografía anticipadora en su momento.


El vendedor de ropa sitúa el percal.

Los dos arquitectos preguntándose dónde queda sitio para la felicidad en los nuevos barrios que se están construyendo.

La niña que, con toda la familia procedente de Auberville, mira desde la ventana de su nueva vivienda.

La última entrevista a fondo, con un chico argelino que perdió su primer trabajo debido al racismo imperante en su trabajo.

La imagen de la rue Mouffetard, que se vuelve a sobrevolar al final.

 

lunes, 4 de febrero de 2019

Eustache en La Closerie des lilas

C de “Closerie des Lilas (La)” en el Dictionnaire Eustache. Lo escribe Rémi Fontanel. Hablando del atractivo que tenía Montparnasse en artistas e intelectuales, va citando la nómina de los frecuentadores de la inicialmente taberna y aún hoy famoso restaurante: Zola, Cezanne, Gautier, los Goncourt, Lenin, Apollinaire, Tzara, Breton, Modigliani, Aragon, Sartre, Éluard, Beckett, Dalí, Sagan, Gréco, Gainsbiurg,... para decir que a todos ellos se les colocó una placa con su nombre. Vamos, el equivalente al “Hemingway (no) cenó aquí” de Cuchilleros.
Continúa Fontanel en su entrada diciendo que “Jean Eustache perpetua la tradicion. Entre 1975 y 1979, cena en La Closerie casi todas las noches. Ambiente acogedor, luz tamizada, La Closerie des Lilas es su cuartel general (...): la misma mesa (en frente de la barra, idealmente situada para no perderse nada de las idas y venidas de los habituales), las mismas consumiciones (irish coffee o whisky según las horas o su humor)”
Y acaba: “En ‘Mes anées Eustache’, Evane Hanska cuenta que un día, cuando fue en busca de la mesa de Jean Eustache, tuvo que contentarse con la historia de Jean Pierre Leaud. Éste le explicó que, habiendo constatado que no existía ninguna placa de cobre en el lugar donde solía colocarse Eustache, decidió reparar el olvido inscribiendo con un bolígrafo su nombre directamente en la misma madera. Dos meses más tarde, cuando volvió, quedó sorprendido al ver que se había añadido una placa. A título póstumo, Eustache se convirtió así en propietario de una mesa: una forma para La Closerie des Lilas de honorar su memoria”.
Me parece una bella historia...
(La fotografía de La Closerie des Lilas la he sacado de cntraveler.com). Y me voy, claro, cantando: “Quand je vais sur la floriste, je n’achète que des lilas,...”


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Tienda carteles de cine en París


Otra tienda de París que da gusto curiosear, aunque sus precios echan un poco para atrás y a ver quién, a estas alturas, tiene algún espacio de pared adecuado disponible. Con la rentrée de James Bond estaba en noviembre con dedicación preferente a la serie.


sábado, 28 de noviembre de 2015

Los espacios de Rohmer en París

El problema con el que me encontré era irresoluble. No di con una perspectiva como esta pero con el estanque al otro lado porque "La femme de l'aviateur" se rodó en el Parc des Buttes-Chaumont, y en el Parc Monceau el estanque está más centrado, y no da para cuadros como éste. En compensación, vimos un poco el barrio de Monceau, con casas con detalles como los de la otra foto. ¡Si lo llego a preparar bien busco la panadería, y quién sabe si a lo mejor hubiera dado hasta con la boulangère...