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martes, 21 de abril de 2026

Giulia cara mia! Giorgio

Guido Torlonia (quien explicó la amistad entre Strehler y Fellini, y el interés de cada uno de ellos en el oficio del otro, que deseaban practicar, aunque nunca llegaron a ello) con María Mauti (quien Torlonia explicó que está preparando una ópera que se representará en La Scala de Milán).



Anoche en el Teatro Akademia nos ofrecieron ver “Giulia mia cara! Giorgio” (2024), con coloquio posterior con su directora, María Mauti.
De María Mauti había visto previamente otros dos largometrajes documentales sobre arquitectos, “L’amatore” (2016, sobre Piero Portaluppi, de la que cometí recientemente la humorada, gracias a una pequeña participación en su producción, de votarla como una de las mejores películas catalanas de lo que llevamos del siglo) y “Miralles” (2025). Viendo el actual, podemos decir que en él cambia los arquitectos por la gente de teatro (la Giulia del título es la actriz italiana Giulia Lazzarini, y el Giorgio que se dirige a ella Giorgio Strehler), pero desde luego sin olvidar para nada a la arquitectura. La presentación que hace de todos los espacios, tanto de la ciudad como de las piezas de la casa y luego del Piccolo Teatro (del que también iremos viendo todas sus tripas), es remarcable.
Ya solo la aproximación inicial hacia el personaje es magnífica. La cámara va captando encuadres muy vivos y cálidos (fotografía de Ciro Frank Schiappa, que ya había asumido ese cometido en los otros dos documentales) de una vivienda urbana, con el lejano rumor de la ciudad de fondo. Se oye entonces la lectura en off de una carta. Un plano capta un largo pasillo, que entendemos se abre en su final hacia una sala de estar que no vemos, de donde resuenan unas voces, que evocan a unos cuantos fantasmas cuyos rostros empiezan a danzar por la pantalla. Esos fantasmas se convierten finalmente en documentos extraordinarios en blanco y negro sobre representaciones teatrales filmados hace tiempo. Se reproduce aquí también, pues, su sistema de integrar imágenes actuales con las del pasado.
En el coloquio posterior, María Mauti explicó que había conocido a Giulia Lazzarini en el rodaje de “L’Amatore” y quiso hacer un documental sobre ella. Al contrario que en el caso de Portaluppi y Miralles, iba a hacer un documental con una persona viva, que en ese momento tenia 89 años. Como había visto a Lazzarini leyendo un texto de Scurati (quien ejerció de coguionista suyo en “L’Amatore”) como si fuera una partitura, se dijo que ya tenía la idea matriz para el documental: iba a a hacer a Giulia Lazzarini aparecer como personaje suyo. Y así la vemos, actuando (leyendo) para ella, que también aparece “dirigiéndola” en ese trance.
Cumple también este documental la característica de ser un documental sobre un artista, pero que define al biografiado sin ser un documental biográfico pormenorizado al uso. Unas cuantas -muy significativas- obras dirigidas por Strehler con ella serán suficientes para dárnosla a conocer. Porque Strehler, que fabricaba sus montajes -según dijo el director del Teatre Akademia Guido Torlonia, que estuvo tres años como ayudante suyo- empleando métodos que hoy no le dejarían hacer, por el riesgo evidente de ser acusado y condenado por “mobbing”, es el otro protagonista indudable (con el aditamento de la fuerza y belleza de sus cartas enviadas a la actriz, que sirven de hilo conductor) de la película.
Otro acierto es toda la banda sonora de la película. Y ahí están desde esos sonidos de ambiente urbano que envuelven los planos del piso de Giulia hasta las preciosas músicas originales de Florencio Carpi insertadas en el momento preciso, que inicialmente pensé eran musicas preexistentes, muy conocidas.
Menciono dos escenas más, ambas correspondientes a un rodaje nocturno por Milán. La primera es un penetrante travelling nocturno captado desde un coche avanzando, que entiendo se utiliza para cambio de tercio o de obra en el relato. En la segunda (que dadas las limitaciones presupuestarias de las que habló Mauti supongo se grabó ese mismo día de madrugada), se recorre Milán hasta lograr encuadrar, uno tras otro, sus teatros, donde supongo debió actuar a lo largo de su vida como actriz Lazzarini.
Con eso, y con las declamaciones de Streher en su adaptación de Louis Jouvert, la película se convierte también en un total homenaje al Teatro.


Giulia Lazzarini leyendo uno de los textos preparados por Strehler.

Yo no habría escogido este fotograma de interior de vivienda, pero no he encontrado otro para dar una muestra.

Strehler con Lazzarini.

Torlonia también explicó que en una representación ya muy posterior, ella con bastantes años encima, de “La Tempestad”, cuando Giorgio Lazzarini estaba evolucionando volando por el escenario, el maquinista que le sujetaba el cable, que estaba oyendo por un auricular la retransmisión de un partido de fútbol, lo soltó accidentalmente y ella cayó a la piscina que habían puesto abajo. Salió como un pollito mojado, pasando entre el público sin decir nada.

El nuevo Piccolo Teatro, tal como aparece en uno de los planos.




 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Miralles


Filmin ha colgado “Miralles” (Maria Mauti, 2025), once variaciones, con pocas palabras y música de Anahit Simonian, para captar la personalidad y arquitectura de Enric Miralles.
Quiero, después de verla, pasarme un día por Hostalets de Balanyà y otro pasearme en Barcelona por el barrio de La Clota, aunque la casa que construyó ahí a su primo tiene su máximo interés en su interior, y eso está difícil.

Cementerio de Igualada. Éste lucernario debe ser uno de los reflejos de Le Corbusier de los que habla inicialmente el documental.

La fachada de la casa que hizo para su Primo en el barrio de La Clota. Aunque, por lo que vi, lo bueno está en su interior, vaciado, con un lucernario y con todos sus muros estanterías de libros.

El extraño centro dibujado para Hostalets de Balenyà.

El Parlamento de Escocía, en Edimburgo.

Ídem.

En su casa con Benedetta Tagliabue.
 

martes, 13 de marzo de 2018

L'amatore


He aquí una forma original de recorrer la historia reciente del país. Un proyecto de película saldado con éxito, sin responder en absoluto a lo esperado. La han pasado hoy en la Filmoteca, dentro del ciclo "Per amor a l'art", presentada por su realizadora Maria Mauti. Se trata de "L'amatore" (2017), sobre el papel un documental sobre el arquitecto Piero Portaluppi, que diseñó sus obras, básicamente, en Milán durante el periodo fascista.

La omnipresente (en off) narradora inicia la historia por el final. Unas bellísimas imágenes desde el interior de una casa junto a un lago sirven para, como dice, iniciar la historia por el final, la muerte de Piero Portaluppi en 1967. A continuación el documental retrocede al principio y mezcla escenas rodadas en la época por el arquitecto (el cineasta amateur del título), siempre llenas de bromas que te lo llegan a hacer algo cargante, con imágenes actuales a pleno color, en pantalla ancha, todas magníficas, que te permiten ver su obra hoy en día y detectar que su familia actual sigue ostentando los privilegios de la gran burguesía a la que perteneció.

En su presentación Maria Mauti ha señalado que no entraba en aspectos políticos de un arquitecto que se entregó al fascio. No es del todo cierto. Queda clara su mirada tanto a su participación como a las consecuencias. También ha señalado su agradecimiento a Nuria Ezquerra, responsable del montaje del film. Mauti dice que pusieron en sus manos montones de rollos de películas amateurs, ordenadas por el mismo Portaluppi, y que nadie había tocado en más de treinta años. Queda claro que Nuria Ezquerra ha hecho un trabajo extraordinario con esos rollos. Media película al menos es suya, porque la otra media, también perfectamente montada, sí que se puede adjudicar sin miedo a Mauti y a su director de fotografía, Ciro Frank Schiappa, que consiguen transferirnos la admiración por la arquitectura y diseños de ese hombre, por mucho que diera pleitesía al Fascismo y por mal que cayera en sus apariciones en filmes amateurs.

El trailer también está muy bien: