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martes, 29 de julio de 2025

El cuadro robado


Ayer consulté la cartelera, vi que llegaba a tiempo y me presenté en el Cinemes Girona para ver “El cuadro robado” (Pascal Bonitzer, 2024, aunque en la película ponen 2023), haciendo caso a Philip Engel, que había hecho una entrada quejándose de la profunda bajada en el número de espectadores que están teniendo este verano los cines que quedan, siendo, según él, una injusticia, porque precisamente este año están saliendo buenas películas. Le pregunté qué películas de la cartelera valían la pena, y una de las que me dijo era ésta.
Y estoy la mar de contento de haberle hecho caso, porque realmente se sigue muy bien y es de lo mejor que he visto en cines últimamente.
Primero aclarar un malentendido (mío). Viendo el cartel (figuras de ‘bande desinée’ similares a las usadas por el Resnais de sus últimas películas, quizás del mismo dibujante), me trasmitió la idea de que era una película de Podaylés. No es que me supiera mal, porque también suelo ver sus películas, pero es que me interesan infinitamente más las de Bonitzer. Pues bien: creo que el cartel -que por otra parte es del tipo que utiliza siempre últimamente- le hace un flaco favor a la película, pues mucha gente, al verlo, puede llegar a considerar que se trata de una tonta comedia de equívocos, y nada más lejos de la realidad.
Muy pronto, con la gran agudeza que me característica, vi que la cosa iba sobre crítica al racismo de nuestras sociedades, porque nada más empezar asistimos a una reunión de unos técnicos de una casa de subastas con una millonaria de gran patrimonio en su imponente casa, y ésta vierte una serie de frases despectivas sobre los negros, y trata a una empleada de una forma que el técnico de la casa de subastas, adulador y sonriente, hace como si no oyera, pero indigna a su ayudante. Poco después, en una escena en un entorno social totalmente diferente, vemos cómo un chico de piel tostada va a comprar en un kiosco y el dueño del local lo ningunea ostensiblemente.
Pero nada de eso, que queda sólo como rasgos de la realidad que nos circunda a todos los niveles. La película “va” de otra cosa, centrada en el mundo del comercio de alto nivel de obras de arte, principal y precisamente sobre la posición y acciones de esos dos empleados de la gran marca de subastas, con excursiones a otros relacionados.
El chico que ha recibido en la cara el desprecio del kiosquero es amigo de otro obrero que ayuda a su madre, hijo y madre viéndose por una circunstancia azarosa y anunciándose propietarios de un cuadro de Schiele desaparecido hacía mucho tiempo. También, malpensado, he supuesto que madre e hijo propietarios del cuadro eran en la película gente sencilla porque eso le permitía a Bonitzer (también guionista, además de director del film) montar una escena en la que explicándoles a ellos el valor del cuadro y las circunstancias de su previa desaparición, nos informarían sin más problemas a los espectadores. Pero no. Ese chico de la casa modesta tiene un papel fundamental en la película, siendo el protagonista de la que es quizás la escena más emotiva de toda ella, que en general surca por los mares de la comedia.
Buenos actores, ambientes interesantes (ahí están la realmente existente Drouot y la que no sé si es un homenaje a Hitchcock Scottie’s como salas de subastas o ese convincente heredero norteamericano), tramas secundarias intrigantes (como la de la stagiere que no suelta más que mentiras a su padre y a su odiado jefe), la aparición de la Torre Eiffel con una presencia que no había visto desde “Los 400 golpes” o posiblemente superándola,… todo son puntos para acudir al cine a verla… si la dejan continuar en cartelera en los tan escasos cines que nos van quedando…
Por cierto que la muy correcta entrada de ayer en la sala grande del cine me ha hecho pensar si aún siguen teniendo un papel importante la crítica de cine en descubrir y canalizar a los espectadores hacia las buenas películas. Engel, a parte de su interlocución en FB, me contaron que había hecho también un artículo elogioso en La Vanguardia….







 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Agathe, Solange et moi


Un pequeño descubrimiento que me ha hecho por momentos feliz.
Sabía que Agathe Bonitzer era hija de Pascal Bonitzer y Sophie Fillieres. He estado entonces buscando si Louise Narboni era a su vez hija de Jean Narboni, pero como no he logrado sacar nada en claro, me he dispuesto, resignado, a ver la película. Al cabo de un rato, la voz en off de la realizadora aclara que las dos son hijas de los dos antiguos redactores de Cahiers du Cinéma, que son “las Narbonitzers”. Ya satisfecho, me he dispuesto a ver el resto de película.
El pequeño descubrimiento -al menos para mí- es “Agathe, Solange et moi” (Louise Narboni, 2024; visible en ArteTv, por el ArteKino Festival). La misma Louise explica en el film que se ha reencontrado después de muchos años a Agathe en una pequeña galería de su barrio donde exhiben una muestra sobre la abuela de ésta última y que, casi sin pensarlo, le propone hacer una película juntas.
La película, entonces, podría pasar a formar parte de ese grupo ahora relativamente frecuente en la que una cineasta descubre el mundo artístico y hasta los secretos de su abuela, y algo hay de esto, aunque la abuela es de la actriz y no de la realizadora, y ésta lo mezcla todo con sus propios recuerdos personales y de su familia. Eso y sacar a flote un pequeño homenaje que ambas hicieron a la Zazie de Louis Malle hace años, cuando ambas eran unas crías. Por no hablar del continuo ejercicio de constatación del paso del tiempo y la necesidad de aprovecharlo a fondo.
Pero a mí, personalmente, lo que más me ha emocionado ha sido ver esa posible transmisión que últimamente veía en peligro, del cine que amaban los de los Cahiers de los años 80 y 90 (y que marca, en buena parte, el cine que más interés me ha despertado), quizás por herencia de genes, a sus hijas, asegurando la continuidad esperada.

En la galería destaca la cabeza de Pascal Bonitzer.

En la galería.con Alexandre, el hijo de Louise Bonitzer, que también da muestras de poder perpetuar la tradición una generación más.

Agathe en casa de su abuela, ante el cuadro al que llama “Solange de verd”.


 

jueves, 25 de enero de 2024

Cherchez Hortense

Su padre (Claude Rich) parece que vaya a rescatarle de ese mundo de pesadilla en el que ha entrado.

Su mujer (Kristin Scott Thomas) lleva una vida personal totalmente independiente. Ni ese perturbador hijo pequeño común que tienen parece uñirlos.

Con Isabelle Carré.

Quizás sea ese ritmo hasta frenético que imprime, haciendo pasar de una a otra secuencia, todas ellas nerviosas, sin este espectador acabar de captar todo lo que está en juego, lo que me atrae del cine de Pascal Bonitzer.
En TV5Monde pasan una tercera película suya, “Cherchez Hortense” (2012), que está, como todas las demás de su filmografía, mal valorada, pero una vez vista diría que es quizás la que mejor me ha resultado.
Su núcleo está siempre en Damien (Jean-Pierre Bacri), un profesor de mandarín y experto en asuntos chinos, que va encontronazo tras encontronazo, con su mujer (Kristin Scott Thomas, haciendo de directora teatral con inevitables flirteos con sus alumnos), su hijo (observando críticamente el desastre de relación de sus progenitores), su padre (Claude Rich, haciendo de miembro del Consejo de Estado al que no logra nunca pedir un favor que le solicitan), sus amigos de café, etc., pero sin conseguir llegar a hablar franca y abiertamente con ninguno de ellos, entrando en una situación pesadillesca.
Además todo se desarrolla alrededor del jardín del Palais Royal, en París, por donde precisamente acaba. Con eso sólo ya tiene muchos enteros ganados.


Con los amigos del café del barrio.

Descubriendo asombrado, en un restaurante japonés, aspectos desconocidos de su padre.

Agache Bonitzer tiene un papelito, de joven actriz insegura.
 

viernes, 19 de enero de 2024

Tout de suite maintenant

La vida de los jovencitos nuevos titulados, que van a comérselo todo, está muy bien llevada a la pantalla.

Primera entrevista con uno de los socios y directores.

Reuniones con clientes que son como partidas de cartas en mesas de juego.

De la historia paralela superior.

Todo buenos actores.

Voy camino de hacerme forofo de las películas de Pascal Bonitzer, que veo construidas con una carpintería brillante (él está siempre como al menos co-autor del guión) y nada mal realizadas, con un gran dinamismo como marca.
TV5Monde ha pasado ahora también, en lo que ojalá sea un ciclo suyo, en orden cronológico inverso, un segundo film que lleva su firma, “Tout de suite maintenant”, una historia llevada en dos capas en paralelo pero con una relación íntima entre ambas. En una, un personaje interpretado por la hija de Pascal Bonitzer, Agathe, entra en una empresa de asesoría financiera a las órdenes de dos socios (Pascal Gregory y Lambert Wilson) que parece conocían a su padre (Jean-Pierre Bacri).
Un sofisticado mundo de empresas de postín que resultan tener un anclaje en historias sentimentales quizás no del todo limpias.
Con esos actores (hay también unos cuantos jóvenes muy buenos e Isabelle Huppert) y Bonitzer, una satisfactoria sesión…

El peón discordante, que en realidad lo engarza todo, del nivel paralelo superior.

Interconexiones.

Más interconexiones.


 

lunes, 15 de enero de 2024

Les envoûtés

La protagonista (a la derecha) y su amiga española, en la lavandería de una supuesta aparición.

El pintor en los Pirineos. Como dicen en varias ocasiones, donde él posa la vista, España, ahora cubierta por la niebla.

El pintor y la que ha ido a entrevistarlo.

Si TV5Monde programa una película de Pascal Bonitzer -en este caso “Les envoûtés”, de 2019-, aunque no esté bien valorada en IMDB y no haya visto ninguno de sus largometrajes, sabiendo sólo de su firma como redactor del Cahiers du Cinéma y como guionista bastante prolífico, mi instinto me obliga a grabarla y, tras verla, felicitarme de haberlo hecho.
Es curioso. No es ninguna maravilla de película, pero su visión me tuvo pegado a la pantalla en todo momento. Sus cambios -dirías que antes de lo esperado- de planos la hacen muy dinámica, y sus variaciones de escenarios, composición de planos y ritmo permiten situarla en una franja de cine que nutría el grueso de la producción hace no tanto y que hoy ha desaparecido.
Basada en una obra de Henry James, he ido a mirar la traducción de ese “Les envoûltés” del título y aparece algo así como “Los hechizados”. Y ciertamente hechizos varios se relatan en el film, en el que una chica algo apocada (¿o será sólo captada por algún embrujo?) va a entrevistar para una revista a un huraño pintor que vive en un área solitaria de plenos Pirineos del País Vasco francés (en la encarnación de ese teórico salvaje pintor veo el punto menos satisfactorio de la película, porque no veo su comportamiento salvaje por ningún lado) para que le relate en detalle la aparición que dice haber tenido de su madre muerta, mientras que la amiga de la chica, a su vez, ha captado la presencia de su padre… cuando acababa de morir en Huelva.
Todo el final confirmaría que esa proliferación fantasmal si bien sutil, a la manera de James, es el tema de la película, pero mira por donde, la he visto como otra cosa bien diferente, mucho más carnal y de este mundo, pese a las ausencias o ensimismamiento de sus personajes.
¡Ah! La ficha de la película dice que aparece José Luis Gómez, pero me ha pasado desapercibido.

Ella con su amigo y confidente homosexual.

He encontrado esta supuesta fotografía de rodaje por internet. La estación de Biarritz tiene en la película un importante papel.