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miércoles, 13 de septiembre de 2023

Una historia de Taipéi

Chen Pin Chuan, actual encargado de Cultura en la Delegación de Taiwan en Madrid y antiguo director del Taiwán Film Institute), hizo una presentación en la que, celoso de no reventar la trama del film, se centró en destacar lo insólito que resultaba Edward Yang en Taiwán en los 80, en los que su sien apenas se vio, y lo excepcional que era la representación de la mujer en ésta película.


Sólo había visto tres largometrajes de Edward Yang, pero todos ellos me parecieron sobresalientes. Por eso me las prometía felices ante el ciclo de la Filmoteca a él dedicado, por el que tanto había clamado, pero por abstrusas razones de derechos, finalmente sólo podré ampliar la lista con esta “Una historia de Taipéi (1985).
Mucho más áspera y mostrando su preocupación por la vida en la Taiwán del momento de lo que me esperaba, apuesto a que la película será una de esas que van sumando enteros en su aprecio a medida que se va pensando en ella.
No vemos nada en la oscura pantalla en su primer plano. Resuenan, en cambio, unos tacones. Una pareja muy moderna años 80 está visitando un piso en venta, y los diferentes encuadres que nos presentan -con sombras de los personajes que habla en otra pieza y cosas así- nos dan a entender unas cuantas razones por las que en la isla consideraran a Edward Yang un cineasta de vanguardia.
Hay a continuación una elipsis. Él vuelve de una estancia en Estados Unidos y ella sale del edificio de su trabajo. Las cosas han cambiado. El enorme tráfico rodado entre ambos, cada uno en un lado de esa ruidosa avenida/autovía, nos da a entender mejor que nada la gran barrera que ahora los separa.
La de ella es -vemos- una familia tradicional. Para dejarlo claro, asistimos a una cena en su casa, en la que los únicos que hablan son el padre y el novio de ella. En un momento dado, al padre se le cae la cuchara por el suelo. No alcanza a cogerla y, para poder seguir comiendo, se hace tranquilamente con la que estaba preparada para su hija. Basta con esta secuencia para dejar claro el papel que asignan en la “familia tradicional” a la mujer: un cero a la izquierda, a estar callada y pendiente de ellos.
En varios momentos se aprecia como Yang juega con la disposición de personajes para hablarnos de su relación. La más evidente es la de otra pareja -él liado con la protagonista- en la cama, dándose entre sí sus espaldas y cada uno a su bola.
Se ve que el título original de la película no tiene nada que ver con el que señalo, pero lo que es, sin embargo, evidente, es que la ciudad de Taipéi (y sus alrededores) es una de las protagonistas de la función. Se ven las pulsiones modernizadoras que la asaltaban, pero como aún quedan en ella remanentes otros aromas.
El film desprendre a través de sus personajes -y me resulta curioso en Yang, que ya ofrece esa sensación, pero no de forma tan directa- un gran malestar y una buena dosis de tristeza. Se alteran ambientes más o menos sórdidos con anuncios de neones, éstos protagonistas en una escena donde Yang, que mete entonces música, se luce.
Como dice un personaje: “ni Estados Unidos ni el matrimonio resuelven nada”. Ésta sería seguramente la tesis que más se desprende de la película, rodada en una época del país con el estado de excepción declarado, pero con las esperanzas puestas en muchos casos, en esos dos objetivos.




Siempre, la precisa distribución de los personajes en cuadro, que lo dicen todo.



 

domingo, 27 de marzo de 2022

A brighter summer day


“Yi Yi” (2000) fue, creo, la única película de Edward Yang que se estrenó por aquí. Pudo dar a entender a los que la vieron entonces o más tarde, en algún pase posterior que hubo pese a su larguísima duración (cerca de tres horas) hasta en televisión, que realmente lo que se decía elogiosamente del cine de Taiwán tenía consistencia.
La plataforma Mubi dejó ver hace poco también su “Terrorist” (1988), confirmando las sospechas de encontrarnos ante un gran realizador.
En la extraordinaria tienda Potemkine de Paris compré recientemente, entre otros, el DVD de “A brighter summer day”, que he visto ahora, y la solidez de esta película no deja ya ninguna duda sobre la potencia del soplo de aire fresco -¡qué rabia que fuera tan efímero!- que supuso Edward Yang para el cine universal.
Ambientada alrededor de 1960 en la isla en la que se confinó la China Nacionalista tras la victoria de los comunistas en el continente, la película es un prodigio de realización. Pocas como ella juegan con el sonido, las acciones en segundo término, los elegantes movimientos de cámara, encuadres y excelente fotografía para retratar magistralmente un ambiente mientras nos ofrece un tenso relato.
Las tanquetas del ejército, los ejercicios prácticos militares, los ensordecedores sonidos de aviones, cruzándose, siempre presentes como fondo de las acciones de los protagonistas, nos habla de un tiempo con un miedo bélico total, mientras que sobre todo una larga secuencia posterior nos hablará de la losa que representó la dictadura que se estableció en la isla de Taiwán durante toda esa época, envuelta -como dejan ver escenas picoteadas por aquí y por ahí- en corruptelas institucionalizadas varias. El quizás protagonista máximo, Xiao S’ir, estudia en un colegio, por si no quedase ya todo suficientemente claro, en el que las actividades se desarrollan como si de un estamento militar se tratase, yendo todos los alumnos vestidos con uniformes militares.
Un letrero inicial nos explica que, preocupados por la gran amenaza bélica, sin olvidar su Shanghai o sus emplazamientos de origen, los padres de esa generación dejaron sin vigilancia a unos hijos, que, además de quedarse abducidos por la música y costumbres norteamericanos (el rock, el cine, los deportes, la ropa,…), se encuadraron en bandas rivales con consecuencias, en ocasiones, dramáticas. De eso va fundamentalmente la película servida de una forma tan cuidada.
Un acierto la compra del DVD, pues. Se trata de un conjunto de dos discos (para abarcar las cuatro horas que dura el film), el primero de ellos con el extra de una entrevista al que es seguramente el mayor defensor en Occidente del cine de Yang, Jean Michel Frodon, y el único inconveniente de disponer de unos subtítulos que traducen el percutante idioma original con un argot francés que me ha sumado en bastantes ocasiones en serias confusiones.


 

domingo, 10 de enero de 2021

Flowers of Taipei. Taiwán New Cinema

Los directores del Nuevo Cine de Taiwán, que aparecieron en Cannes como un grupo compacto. Hsiao-Hsien -el de más a la izquierda-, por ejemplo, aparecía como actor en las películas de Yang -el de más a la derecha.

Weerasethakul explicando lo que más le sorprendió e influyó del Nuevo Cine de Taiwán.

Koreeda, en el espacio en el que Ozu escribió su “Cuentos de Tokio” con su guionista.

Hsiao-Hsien, al final del documental.

Apichatpong Weerasethakul, reflexivo en un balcón de madera que deja ver alrededor una selva como la de sus películas, comenta que el punto de vista frontal, el uso de ventanas y puertas en esas superficies planas que solía ser el encuadre de las películas del Nuevo Cine Taiwanés, le influyeron mucho en su propio cine.
Olivier Assayas dice que lo que primero le atrajo de ese cine tan moderno de Hsiao Hsin y de Edward Yang fue su ausencia total de exotismo. “Siendo no obstante profundamente del lugar” -le complementa Jean-Michel Assayas.
Wang Bing descubre un inesperadamente poderoso discurso oral, que antes sólo le había visto a través de las imágenes de sus films, mostrándose admirado de la forma de hacer del nuevo cine taiwanés, que sabe presentar personas, individuos de lo más real, frente a un cine de la China Continental que solo sabe presentar lo colectivo, sin saber dibujar el carácter de sus personajes.
Todo esto, junto a escenas muy bien escogidas del cine objeto del documental, puede verse en “Flowers of Taipei. Taiwán New Cinema” (Chinlin Hsieh, 2015; en MUBI), en la que antiguos seleccionadores de los Festivales de Cannes, Venecia o Róterdam y gente de cine y artistas de Francia, Argentina, Japón, Hong Kong, China y la propia Taiwan, elevan su sombrero ante la sorprendente frescura de las obras de ese grupo de cineastas que, ayudándose entre sí, surgieron en los años 80 en Taipei.
Y lo cierto es que algo tienen las películas de Edward Yang o las primeras de Hou Hsiao Hsien (de los únicos que -¡ay!- he visto algo), que al ver alguna de sus escenas te dejan atrapado por la composición de su cuadro, por los (escasos) movimientos de sus cámaras o por el movimiento, la vida, captados por ellas, dándote valiosa información, a la vez, sobre toda una sociedad que había restado muy alejada.
El documental no me parece muy recomendable únicamente por dar a conocer todo lo anterior, sino también por lo bien realizadas y enmarcadas que están -vía puesta en escena- sus entrevistas. Tanto es así que he ido a mirar si su realizadora ha hecho algo más, pero desgraciadamente éste es su único largometraje.
¡Ah! Por si fuera poco, en él Hirokazu Koreeda nos enseña la habitación en la que Ozu y su guionista Kogo Noda escribieron “Cuentos de Tokio”, mantenida desde entonces sin cambios notorios.


“Un día de verano”, de Edward Yang.

“A City of sadness”, de Hou Hsiao-Hsien.


 

sábado, 12 de septiembre de 2020

Terrorista


Habiendo visto sólo -es verdad que varias veces- su extraordinaria “Yi-Yi” (2000), buscaba siempre descubrir las películas anteriores de Edward Yang (lo que supondría un posible -magnífico y poco visto- ciclo, apunto para la Filmoteca).
Pues resulta que MUBI tiene en exhibición una de ellas, “Terrorista” (1986). Es curioso lo que se consigue en esta plataforma. Presenta sólo treinta títulos (cambiantes cada día), pero cada vez que voy pasando por las carátulas de sus ofertas en busca de petróleo, voy descubriendo que por ahí escondido estaba uno u otro bien atractivo (aclaración: sintiéndome poco satisfecho de las comisiones de Filmin, pruebo a ver qué tal las de Mubi).
Se inicia la película con una especie de persecución policiaca, pero vista, a cierta distancia, por los ojos de un chico con cámara de fotos al ristre. Es increíble la sensación de realidad que consigue, con sus planos, Yang.
Toda esta primera parte, con escenas entrecortadas, sobre captura y huida (con los análisis y ordenación posteriores de las fotografías resultantes, casi estilo “Blow-up”), la aparición de esa escritora que dice ver desfallecer su inspiración, la tensión por el disputado ascenso de su marido, te mantiene en vilo.
Deberé confesar también -pero esto suele ser habitual en mí- que después, en todo su trozo central, he quedado envuelto en una morrocotuda confusión sin saber muy bien quién era quién en la trama, pero el caso es que eso me ha quedado compensado tanto por la excelente forma de encuadrar de Edward Yang como por tratarse de una visión de Taipéi, lo que marca un ambiente y estética -arquitectura, vestimentas,...- bien especiales. Finalmente, además, vuelven a destacar potentes efectos visuales en planos de detalle, como el de ese disparo que vacía el agua de un jarrón con flores.
Vamos, que, siendo una de sus primeras películas, yo diría que ya confirmaba que ahí había uno de los más grandes directores de cine orientales.





 

sábado, 4 de julio de 2020

Yi-Yi






Reencuentro personal con la Filmoteca (un mal asunto ese de lidiar con lo de evitar un contagio) y con el “Yi-Yi” (Eduard Yang, 2000), que tan buenas sensaciones me había dejado.
La primera escena es de una boda que podría haber estado filmada por Robert Altman en su mejor época. El alcohol, las precipitaciones de un encuentro como ese te deja la cabeza con una buena confusión respecto a qué personajes se llevan el pato de la sesión, además de la eterna cuestión de quién es quién, para un servidor siempre difícil: ahí más. Pero luego el foco se va cerrando sobre una familia, y casi sobre su segmento más nuclear.
Eduard Yang sólo estrenó por aquí esta película, que cerraba su corta filmografía. Jean-Michel Fodron, que ha escrito un libro sobre el realizador, la señala como una de sus dos obras maestras, siendo la otra “A Brighter Summer Day” (1991), una recreación de su juventud. ¡Qué buena idea para un ciclo en la Filmoteca, o por lo menos qué bien estaría traer esa otra joya aquí desconocida...
He visto poco cine oriental. Pero, viendo de nuevo “Yi-Yi”, pensaba que quizás solo Hong-Sang-soo había llegado luego tan lejos, en ese cine, captando y mostrando la intimidad de unos personajes, más allá de sus relaciones con los demás, siempre difíciles.

viernes, 31 de agosto de 2012

Yi-Yi


He vuelto a ver, gracias a una copia en DVD de Cameo, "Yi-Yi" (2000), la única película de Edward Yang estrenada por aquí, gracias a sus previos éxitos por festivales, y me ha seguido pareciendo de lo mejor del cine oriental contemporáneo.
La película arranca en el caos, con el follón de una fiesta y múltiples personajes, sigue con muchas escenas de diálogos bajo pasos elevados de autovías situadas en medio de la ciudad con sus correspondientes estruendos y, poco a poco, a lo largo de sus intensas tres horas de duración, va concentrándose en un núcleo familiar y las peripecias de sus componentes, dejándote finalmente con una serenidad en el cuerpo de lo más reconfortante.
Si Edward Yang llegó a hacer un peliculón de esta magnitud, que de no ser por prejuicios de esos tontos con el cine oriental (que además aquí son totalmente infundados, porque la película está muy occidentalizada) debería estar semanas y semanas en cartel, atrayendo público por el boca/oreja, debería ser obligado dejar ver por estos pagos sus películas previas, porque seguro que son también de gran interés.
Es evidente que está muy bien la iniciativa de Cameo de editar, al menos