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lunes, 13 de abril de 2020

Tire dié


“La hora de los hornos” (Fernando E. Solanas, Octavio Getino (1968) fue una película casi mítica durante el último periodo del franquismo. Su primera parte hacía un análisis sobre la situación de la sociedad argentina, que se convertía en un diagnóstico demoledor sobre el capitalismo. Fue pasada -clandestinamente, por supuesto, y recuerdo los dispositivos logísticos para ello- por muchos Cineclubs.
Una escena que siempre se recordaba de la película era la de unos chiquillos que vivían en la miseria y que, a la que pasaba un tren por su territorio, se ponían a correr como diablillos a su vera, por la estrecha pasarela de un puente o por un limitado sendero al borde del precipicio, para pedir y a lo mejor obtener unas monedillas de un pasaje que, las más de las veces, bajaban molestos las ventanillas.
Pues bien: Esa escena la sacaron Getino y Solanas de “Tire dié” (Fernando Birri, 1960), como me enteré hace sólo una década o así. Estos días en que aparecen relaciones de películas visibles por la red, he visto que se la nombra. Es una película de 33 minutos de la que hay múltiples versiones por YouTube, pero todas las copias están realmente machacadas. Se pueden encontrar versiones con la imagen mal o fatal, pero ese no es el verdadero problema, que radica en su banda sonora. Sobre todo los diálogos están en su mayor parte, redoblados por actores, perdiéndose la inmediatez -aunque sea penoso- del sonido directo. No sé si esto es así desde el principio, porque en la época el sonido era lo más difícil, con pocos medios, de obtener de calidad y porque hasta ahora no había visto nunca la película completa, pero está claro que te forma una barrera grande con respecto a lo que muestra.
Adjunto el enlace no a la película completa, sino solo a un único fragmento, que contiene al menos parte de las corridas de los críos junto al tren. Por lo menos no tiene casi diálogos ni declaraciones, con lo que no se produce tanto ese efecto tan desgraciado.

martes, 4 de febrero de 2014

La hora de los hornos


La Filmoteca ha pasado hoy la versión completa (más de cuatro horas) de “La hora de los hornos” (O. Getino – F.E. Solanas, 1968). En los últimos meses del franquismo circuló clandestinamente la primera parte (“Neocolonialismo y violencia”), que ahora sabemos que distribuía “el Volti”.
De esas visiones prácticamente sólo recordaba la secuencia de la foto, en la que unos niños corren junto a un tren para pedir unas monedas (y que hace poco me dijeron que era, como he confirmado hoy, del “Tire die” de Fernando Birri); la ironía sangrante del narrador contra una fiesta burguesa dada en honor del escritor Manuel Mujica Laínez, que me alejó de sus libros para los restos, aunque luego me dijeron que no estaban nada mal; y la profusión de títulos y letreros dando frases para la reflexión, o slogans revolucionarios, tomada, desde luego, del primer y efervescente cine cubano.
Vista hoy esa primera parte, que intentaba mostrar una situación en Argentina y toda América Latina que dejaba una única opción de salida, la revolución, pues a mi entender mantiene toda su fuerza. Quizás dicho esto con un deje algo melancólico, porque no es que hayan cambiado las cosas tanto, y sobre todo en otros rincones del mundo.
Contiene escenas de una modernidad inicios de los 60 aplastante, como el montaje paralelo de sofisticados anuncios con escenas de mataderos, mientras suena una musiquilla de nivel de vida. Y acaba con una foto fija del rostro muerto del Ché, congelada varios minutos, señalando el camino…
Ya en la época se decía que en las dos siguientes partes, sentadas las premisas del cultivo revolucionario que era la penosa situación de Latinoamérica, extensible a otras realidades, se centraba en el peronismo, y la cosa tomaba otro aspecto. La central sirve, cuando menos, para informarse de qué pasó en la Argentina entre la guerra mundial y 1965, y contiene una entrevista con Perón que me ha dejado lívido. Luego…he pensado que la cosa ya iba dando vueltas sobre lo mismo, que estaba cansado, y que tenía muchas cosas por hacer… y me he ido.